I

Todo cambia... Cambia la vida social y, junto con ella, cambia también la "cuestión nacional". En distintas épocas, diferentes clases entran en la arena de la lucha, y cada clase entiende a su manera la "cuestión nacional". En consecuencia, la "cuestión nacional" en distintas épocas sirve a distintos intereses, adopta distintos matices según qué clase y cuándo la plantea.

Existió entre nosotros, por ejemplo, la llamada “cuestión nacional” nobiliaria, cuando – tras la “anexión de Georgia a Rusia” – la nobleza georgiana sintió cuán desventajosa era para ella la pérdida de los antiguos privilegios y el poder que había tenido bajo los zares georgianos y, considerando la “simple condición de súbditos” como una merma de su dignidad, deseó la “liberación de Georgia”. ¡Con ello pretendía poner a la cabeza de “Georgia” a los zares y a la nobleza georgianos y entregarles, de ese modo, la suerte del pueblo georgiano! Este era un “nacionalismo” feudal-monárquico. Este “movimiento” no dejó ninguna huella perceptible en la vida de los georgianos, no se cubrió de gloria con ningún hecho, si no se tienen en cuenta las conspiraciones aisladas de los nobles georgianos contra los gobernantes rusos en el Cáucaso. Bastó con que los acontecimientos de la vida social rozaran ligeramente este “movimiento”, de por sí débil, para destruirlo hasta sus cimientos. Y, en efecto, el desarrollo de la producción mercantil, la abolición de la servidumbre, la fundación del banco nobiliario, el recrudecimiento del antagonismo de clase en la ciudad y en el campo, el movimiento intensificado de los campesinos pobres, etc. – todo esto asestó un golpe mortal a la nobleza georgiana y, junto con ella, al “nacionalismo feudal-monárquico”. La nobleza georgiana se escindió en dos grupos. Uno de ellos renunció a todo “nacionalismo” y tendió la mano a la autocracia rusa, a fin de obtener a cambio de ello cargos lucrativos, crédito barato y aperos agrícolas, para que el gobierno la protegiera de los “revoltosos” rurales, etc. El otro grupo, más débil, de la nobleza georgiana entabló amistad con los obispos y archimandritas georgianos y, de ese modo, cobijó el “nacionalismo” perseguido por la vida bajo el ala del clericalismo. Este grupo se dedica con gran entusiasmo a restaurar las iglesias georgianas en ruinas (¡este es el artículo principal de su “programa”!) – “monumentos de la grandeza pasada” – y espera con devoción el milagro llamado a realizar sus “deseos” feudal-monárquicos.

De este modo, el nacionalismo feudal-monárquico, en los últimos minutos de su vida, adoptó una forma clerical.

Al mismo tiempo, la vida social contemporánea ha planteado entre nosotros la cuestión nacional de la burguesía. Cuando la joven burguesía georgiana sintió cuán difícil le resultaba la libre competencia con los capitalistas "extranjeros", comenzó, por boca de los nacionaldemócratas georgianos, a balbucear sobre una Georgia independiente. La burguesía georgiana quería proteger el mercado georgiano con un cordón aduanero, expulsar por la fuerza de ese mercado a la burguesía "extranjera", elevar artificialmente los precios de las mercancías y, mediante tales artimañas "patrióticas", alcanzar el éxito en la arena del enriquecimiento.

Tal fue y sigue siendo el objetivo del nacionalismo de la burguesía georgiana. Huelga decir que para la realización de este objetivo se necesitaba una fuerza, y esa fuerza está en el proletariado. Solo el proletariado podía infundir vida al desvirtuado “patriotismo” de la burguesía. Era necesario atraer al proletariado a su lado, y he aquí que entran en escena los “nacional-demócratas”. Gastaron mucha pólvora para refutar el socialismo científico, difamaron en gran medida a los socialdemócratas y aconsejaron a los proletarios georgianos que se apartaran de ellos, ensalzaron al proletariado georgiano y lo persuadieron de que, “en interés de los propios obreros”, fortaleciera de algún modo a la burguesía georgiana. Suplicaban insistentemente a los proletarios georgianos: no arruinéis a “Georgia” (¿o a la burguesía georgiana?), olvidad las “divergencias internas”, haced amistad con la burguesía georgiana, etc. ¡Pero en vano! Los melosos cuentos de los publicistas burgueses no pudieron adormecer al proletariado georgiano. Los implacables ataques de los marxistas georgianos, y en especial las potentes acciones de clase, que convirtieron a los proletarios rusos, armenios, georgianos y de otras nacionalidades en un solo destacamento socialista, asestaron un golpe demoledor a nuestros nacionalistas burgueses y los expulsaron del campo de lucha.

"Para restaurar el nombre deshonrado", nuestros patriotas fugados necesitaban "cambiar al menos el color", al menos revestirse con un atuendo socialista, si no podían asimilar las ideas socialistas. Y, en efecto, apareció en escena el ilegal... órgano burgués-nacionalista —dicho sea con permiso— "socialista" "Sakartvelo"[6]! ¡Así querían seducir a los obreros georgianos! ¡Pero ya era tarde! Los obreros georgianos habían aprendido a distinguir lo negro de lo blanco, adivinaron fácilmente que los nacionalistas burgueses "solo cambiaron el color", pero no la esencia de sus ideas, que "Sakartvelo" solo tenía de socialista el nombre. ¡Lo comprendieron y pusieron en ridículo a los "salvadores" de Georgia! ¡No se justificaron las esperanzas de los don quijotes de "Sakartvelo"!

Por otro lado, nuestro desarrollo económico tiende gradualmente un puente entre los círculos avanzados de la burguesía georgiana y "Rusia", vincula económica y políticamente a estos círculos con "Rusia" y, de este modo, socava la base del ya de por sí debilitado nacionalismo burgués. ¡Y este es el segundo golpe al nacionalismo burgués!

Entró en la arena de la lucha una nueva clase, el proletariado, y con ella surgió una nueva "cuestión nacional", la "cuestión nacional" del proletariado. En la misma medida en que el proletariado se diferencia de la nobleza y de la burguesía, se diferencia la "cuestión nacional" planteada por el proletariado de la "cuestión nacional" de la nobleza y de la burguesía.

Ahora hablemos de este “nacionalismo”.

¿Cómo entiende la socialdemocracia la “cuestión nacional”?

El proletariado ruso ha comenzado a hablar de lucha hace tiempo. Como es sabido, el objetivo de toda lucha es la victoria. Pero para la victoria del proletariado es necesaria la unión de todos los obreros sin distinción de nacionalidad. Está claro que la destrucción de las barreras nacionales y la estrecha cohesión de los proletarios rusos, georgianos, armenios, polacos, judíos y demás es una condición necesaria para la victoria del proletariado ruso.

Tales son los intereses del proletariado ruso.

Pero la autocracia rusa, como el peor enemigo del proletariado ruso, opone constantemente resistencia a la causa de la unificación de los proletarios. Persigue de manera bandidesca la cultura nacional, la lengua, las costumbres y las instituciones de las nacionalidades "ajenas" de Rusia. La autocracia las priva de los necesarios derechos civiles, las oprime por todos lados, siembra farisaicamente entre ellas la desconfianza y la hostilidad, las incita a choques sangrientos, mostrando con ello que el único objetivo de la autocracia rusa consiste en enemistar a las naciones que habitan Rusia, agudizar entre ellas la discordia nacional, reforzar las barreras nacionales y, de ese modo, con mayor éxito, separar a los proletarios, con mayor éxito, disgregar a todo el proletariado ruso en pequeños grupos nacionales y, por esa vía, cavar la tumba a la autoconciencia de clase de los obreros, a su unión de clase.

Tales son los intereses de la reacción rusa, tal es la política de la autocracia rusa.

Está claro que los intereses del proletariado ruso, tarde o temprano, inevitablemente debían chocar con la política reaccionaria de la autocracia zarista. Así ocurrió, y precisamente sobre esta base surgió en la socialdemocracia la “cuestión nacional”.

¿Cómo destruir las barreras nacionales erigidas entre las naciones, cómo eliminar el aislamiento nacional para acercar mejor a los proletarios rusos entre sí, para cohesionarlos más estrechamente?

Tal es el contenido de la “cuestión nacional en la socialdemocracia”.

Dividirse en partidos nacionales separados y crear a partir de ellos una "unión libre", responden los federalistas socialdemócratas.

Lo mismo repite la “Organización Obrera Socialdemócrata Armenia”.[7]

Como ven, nos aconsejan no unirnos en un solo partido ruso con un centro único a la cabeza, sino dividirnos en varios partidos con varios centros dirigentes, y todo ello para fortalecer la unidad de clase. Queremos acercar entre sí a los proletarios de las distintas naciones. ¿Qué debemos emprender entonces? — Alejen a los proletarios unos de otros y alcanzarán el objetivo — responden los federalistas socialdemócratas. Queremos unir a los proletarios en un solo partido. ¿Qué debemos emprender entonces? — ¡Dispersen al proletariado ruso en partidos separados y alcanzarán el objetivo! — responden los federalistas socialdemócratas. Queremos destruir las barreras nacionales. ¿Qué medidas emprender? — ¡Refuercen las barreras nacionales con barreras organizativas y alcanzarán el objetivo! — responden ellos. ¡Y todo esto nos lo aconsejan a nosotros, los proletarios rusos, que luchamos en condiciones políticas idénticas, que tenemos un mismo enemigo común! En una palabra, nos dicen: ¡actúen para regocijo de los enemigos y entierren su objetivo común con sus propias manos!

Pero pongámonos de acuerdo por un minuto con los federalistas socialdemócratas y sigámoslos, ¡veamos adónde nos llevan! Se ha dicho: persigue al mentiroso hasta el umbral de la mentira.

Supongamos que hicimos caso a nuestros federalistas y fundamos partidos nacionales separados. ¿Qué resultados se derivarían de esto?

Esto no es difícil de comprender. Si hasta el presente, mientras éramos centralistas, prestábamos la atención principal a las condiciones generales de la situación de los proletarios, a la unidad de sus intereses, y hablábamos de sus “diferencias nacionales” solo en la medida en que ello no contradijera sus intereses generales, – si hasta el presente la cuestión primordial para nosotros era la cuestión de – en qué coinciden entre sí los proletarios de las nacionalidades de Rusia, qué tienen de común entre ellos, – para, sobre la base de estos intereses comunes, construir un partido centralizado único de los obreros de toda Rusia, – en la actualidad, cuando “nosotros” nos hemos convertido en federalistas, nuestra atención es atraída por una nueva cuestión principalísima: en qué se diferencian entre sí los proletarios de las nacionalidades de Rusia, cuál es la diferencia entre ellos, para, sobre la base de la “diferencia nacional”, construir partidos nacionales separados. De este modo, las “diferencias nacionales”, secundarias para el centralista, se convierten para el federalista en el fundamento de los partidos nacionales.

Si continuamos por este camino, tarde o temprano nos veremos obligados a concluir que las diferencias “nacionales” y otras diferencias cualesquiera, por ejemplo, del proletario armenio, son las mismas que las de la burguesía armenia, que el proletario armenio y el burgués armenio tienen las mismas costumbres y el mismo carácter, que constituyen un solo pueblo, una sola “nación” indivisible[8]. De aquí no hay mucha distancia hasta el “terreno común de acción conjunta”, en el cual deben situarse tanto el burgués como el proletario y tenderse fraternalmente la mano, como miembros de una misma “nación”. Con ello, la política farisaica del zar autocrático puede parecer una “nueva” prueba de tal amistad, y las conversaciones sobre el antagonismo de clase parecerán un “doctrinarismo inoportuno”. Y luego, alguna mano poética tocará “con más audacia” las cuerdas estrechamente nacionales que aún subsisten entre los proletarios de las nacionalidades de Rusia, y las hará sonar en el tono correspondiente. Se abrirá crédito (confianza) a la charlatanería chovinista, los amigos parecerán enemigos, los enemigos amigos, se producirá confusión y se debilitará la autoconciencia de clase del proletariado ruso.

De este modo, en lugar de destruir las barreras nacionales, nosotros, por gracia de los federalistas, las reforzaremos aún más con barreras organizativas; en lugar de impulsar la autoconciencia de clase del proletariado, la haremos retroceder y la someteremos a peligrosas pruebas. Y "se regocijará el corazón" del zar autocrático, pues jamás habría logrado conseguir ayudantes gratuitos como nosotros. ¿Acaso era esto lo que perseguíamos?

Y, por último, en un momento en que necesitamos un partido único, flexible y centralizado, cuyo Comité Central sea capaz de poner en pie en un instante a los obreros de toda Rusia y conducirlos al asalto decisivo contra la autocracia y la burguesía, ¡nos meten en las manos una monstruosa y dispersa “unión federalista” dividida en partidos separados! En lugar de un arma afilada, nos dan una oxidada y nos aseguran: ¡con esto, dicen, acabaréis más rápido con vuestros enemigos de sangre!

He ahí a dónde nos conducen los federalistas socialdemócratas.

Pero como nosotros no buscamos el "fortalecimiento de las barreras nacionales", sino su destrucción, como no necesitamos un arma oxidada, sino un arma afilada para arrancar de raíz la injusticia actual, como no queremos causar alegría al enemigo, sino amargura, y queremos arrasarlo hasta los cimientos, está claro que nuestro deber es apartarnos de los federalistas y encontrar una respuesta mejor para resolver la "cuestión nacional".

II

Hasta ahora hemos hablado de cómo no se debe resolver la «cuestión nacional». Ahora hablemos de cómo hay que resolver esta cuestión, es decir, cómo la resolvió el partido obrero socialdemócrata[11].

Ante todo es necesario recordar que el partido socialdemócrata que actúa en Rusia se ha denominado Ruso (y no ruso). Evidentemente, con ello ha querido mostrarnos que bajo su bandera agrupará no solo a los proletarios rusos, sino también a los proletarios de todas las nacionalidades de Rusia y que, por consiguiente, adoptará todas las medidas para destruir las barreras nacionales levantadas entre ellos.

Además, nuestro partido ha depurado la "cuestión nacional" de la niebla que la envolvía, dándole un aspecto misterioso, ha descompuesto esta cuestión en elementos separados, ha otorgado a cada uno de ellos el carácter de una reivindicación de clase y los ha expuesto en el programa en forma de artículos separados. Con ello nos ha mostrado claramente que, tomados por sí mismos, los llamados "intereses nacionales" y "reivindicaciones nacionales" no tienen un valor especial, que estos "intereses" y "reivindicaciones" merecen atención solo en la medida en que hacen avanzar o pueden hacer avanzar la autoconciencia de clase del proletariado, su desarrollo de clase.

Con todo ello, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ha trazado con claridad el camino que ha emprendido y la posición que ha adoptado al resolver la "cuestión nacional".

¿De qué partes consta la "cuestión nacional"?

¿Qué exigen los señores federalistas socialdemócratas?

1) ¿Igualdad civil para las nacionalidades de Rusia?

¿Le preocupa a usted la desigualdad civil que impera en Rusia? ¿Quiere usted devolver a las nacionalidades los derechos civiles arrebatados por el gobierno y por eso exige para esas nacionalidades la igualdad civil? ¿Acaso nosotros estamos en contra de esta exigencia? Comprendemos perfectamente la gran importancia que tienen los derechos civiles para los proletarios. Los derechos civiles son un arma de lucha; arrebatar estos derechos significa arrebatar el arma; ¿y quién no sabe que los proletarios desarmados no pueden luchar bien? Para el proletariado ruso es necesario que los proletarios de todas las nacionalidades de Rusia luchen bien, pues cuanto mejor luchen estos proletarios, mayor será su conciencia de clase, y cuanto mayor sea su conciencia de clase, más estrecha será la unidad de clase del proletariado ruso. ¡Sí, todo esto lo sabemos, y por eso luchamos y lucharemos con todas nuestras fuerzas por la igualdad civil de las nacionalidades de Rusia! Lea el artículo 7 de nuestro programa del partido, donde el partido habla de "la plena igualdad de derechos de todos los ciudadanos, independientemente del sexo, la religión, la raza y la nacionalidad", y verá usted que el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia asume la realización de estas exigencias.

¿Qué más exigen los federalistas socialdemócratas?

2) “¿Libertad de idioma para las nacionalidades de Rusia”?

¿Le preocupa a usted el hecho de que a los proletarios de las nacionalidades "ajenas" de Rusia se les prohíba casi estudiar en su lengua materna, hablar en su lengua materna en las instituciones públicas, estatales y de otro tipo? ¡En efecto, hay motivos para preocuparse! La lengua es un instrumento de desarrollo y de lucha. Las diferentes naciones tienen diferentes lenguas. Los intereses del proletariado de Rusia exigen que los proletarios de las nacionalidades de Rusia tengan pleno derecho a utilizar la lengua en la que pueden recibir educación más libremente, en la que pueden luchar mejor contra los enemigos en las reuniones, en las instituciones públicas, estatales y de otro tipo. Tal lengua ha sido reconocida como la lengua materna. A los proletarios de las nacionalidades "ajenas" se les priva de su lengua materna, ¿y acaso podemos nosotros callar?, dicen ellos. Pues bien, ¿cómo responde a esto, al proletariado de Rusia, nuestro programa del partido? Lean el artículo 8 de nuestro programa del partido, en virtud del cual nuestro partido exige: "El derecho de la población a recibir instrucción en su lengua materna, garantizado mediante la creación, a cargo del Estado y de los órganos de autogobierno, de las escuelas necesarias para ello; el derecho de cada ciudadano a expresarse en su lengua materna en las reuniones; la introducción de la lengua materna en pie de igualdad con la lengua estatal en todas las instituciones públicas y estatales locales"; lean todo esto y convénzanse de que el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia asume la realización también de esta exigencia. ¿Qué más exigen los federalistas socialdemócratas?

3) “¿Autogobierno para las nacionalidades de Rusia”?

¿Quiere usted decir con esto que unas mismas leyes no pueden aplicarse de igual manera a distintas localidades del Estado ruso, que se diferencian entre sí por sus peculiares condiciones de vida y por la composición de su población? ¿Desea usted que a dichas localidades se les conceda el derecho de adaptar las leyes generales del Estado a sus condiciones peculiares? Si es así, si tal es el contenido de su reivindicación, es necesario darle también la forma correspondiente, hay que desechar la nebulosidad nacionalista, la confusión, y llamar a las cosas por su nombre. Y si usted sigue este consejo, se convencerá de que nosotros no tenemos nada en contra de semejante reivindicación. No tenemos ninguna duda de que las distintas localidades del Estado ruso, que se diferencian entre sí por sus peculiares condiciones de vida y por la composición de su población, no pueden aplicar de igual manera la constitución del Estado, y de que es necesario conceder a dichas localidades el derecho de realizar la constitución general del Estado en aquella forma en que obtengan mayor provecho, en la que desarrollen más plenamente las fuerzas políticas existentes en el pueblo. Esto lo exigen los intereses de clase del proletariado ruso. Y si usted relee el artículo 3 de nuestro programa del partido, donde nuestro partido exige "una amplia autonomía local; una autonomía regional para aquellas localidades que se distinguen por sus condiciones peculiares de vida y por la composición de su población", verá que el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia primero depuró esta reivindicación de la niebla nacionalista y después asumió su realización.

4) ¿Acaso nos señalan ustedes el zarismo autocrático, que persigue bestialmente la "cultura nacional" de las nacionalidades "ajenas" de Rusia, que se inmiscuye bandidescamente en su vida interna y las oprime por todos lados, que ha destruido (y continúa destruyendo) bárbaramente las instituciones culturales de los finlandeses, que ha confiscado bandidescamente los bienes nacionales armenios, etc.? ¿Acaso exigen ustedes garantías contra las violencias bandidescas de la autocracia? ¡Pero, es que acaso no vemos las violencias de la autocracia zarista, y acaso no hemos luchado constantemente contra estas violencias?! En la actualidad es evidente para todos cómo oprime y sofoca el actual gobierno ruso a las nacionalidades "ajenas" de Rusia. Tampoco está sujeto a duda que semejante política del gobierno corrompe día tras día y somete a peligrosas pruebas la conciencia de clase del proletariado ruso. Por consiguiente, lucharemos siempre y en todas partes contra la política corruptora del gobierno zarista. Por consiguiente, defenderemos siempre y en todas partes de las violencias policiales de la autocracia no solo las instituciones útiles, sino incluso las inútiles de estas nacionalidades, ya que los intereses del proletariado ruso nos dictan que solo las propias nacionalidades tienen derecho a destruir o desarrollar unos u otros aspectos de su cultura nacional. Pero lean el artículo 9 de nuestro programa. ¿Acaso no se trata de esto en el artículo 9 de nuestro programa del partido, el cual, dicho sea de paso, ha suscitado muchas habladurías tanto entre nuestros enemigos como entre los amigos.

Pero aquí nos interrumpen y nos aconsejan que dejemos de hablar del artículo 9. ¿Por qué?, preguntamos nosotros. “Porque”, nos responden, este artículo de nuestro programa “contradice radicalmente” los artículos 3, 7 y 8 del mismo programa, porque, si se conceden a las nacionalidades los derechos de organizar voluntariamente todos sus asuntos nacionales (véase el art. 9), entonces en el mencionado programa no debería haber lugar para los artículos 3, 7 y 8, y, a la inversa, si estos artículos permanecen en el programa, entonces, indudablemente, debe ser excluido del programa el artículo 9. Sin duda, algo semejante dice “Sakartvelo”*iii, cuando con la ligereza que le caracteriza pregunta: “¿qué lógica es esa de decir a una nación: te concedo la autonomía regional, y al mismo tiempo recordarle que tiene derecho a organizar a su discreción todos sus asuntos nacionales?” (véase “Sakartvelo”, núm. 9). “Al parecer”, se ha deslizado en el programa una contradicción lógica, “al parecer”, para eliminar esta contradicción es necesario excluir del programa uno o varios artículos. ¡Sí, “indudablemente” hay que excluirlos, pues cómo no, miren, la lógica misma protesta por boca del ilógico “Sakartvelo”.

Se recuerda una antigua leyenda. Vivió una vez un “sabio-anatomista”. A su disposición tenía “todo lo necesario” para un anatomista “de verdad”: diploma, local, instrumentos, pretensiones desmedidas. Solo le faltaba una pequeñez: el conocimiento de la anatomía. En una ocasión, se dirigieron a él con la petición de que explicara qué relación existía entre las partes del esqueleto que él había esparcido sobre la mesa anatómica. De este modo, a nuestro “célebre sabio” se le presentó la ocasión de distinguirse. ¡El “sabio” se puso a la “tarea” con gran pompa y solemnidad! Pero, ¡he ahí la desgracia! ¡El “sabio” no entendía ni una pizca de anatomía, no sabía qué parte juntar a cuál para obtener como resultado un esqueleto completo! ¡El pobre se afanó largo rato, mucho sudó, pero en vano! Finalmente, cuando todo se le embrolló y nada resultó, agarró varias partes del esqueleto, las arrojó lejos de sí y, mientras tanto, maldijo filosóficamente a las personas “malintencionadas” que supuestamente habían puesto sobre su mesa partes no auténticas del esqueleto. Los espectadores, por supuesto, se rieron a carcajadas del “sabio-anatomista”.

Una «aventura» semejante le ocurrió también a «Sakartvelo». Se le antojó analizar nuestro programa del partido, pero resultó que no sabía qué es nuestro programa y cómo se debe analizar, no comprendió qué vínculo existe entre los distintos artículos de este programa y qué representa cada artículo por separado, y he aquí que nos aconseja «filosóficamente»: como yo no pude comprender tales y cuales artículos de vuestro programa, ¡por lo tanto (?) es necesario expulsarlos del programa!

Pero yo no quiero poner en ridículo al ya de por sí ridículo "Sakartvelo" – dicen: ¡a caído no se le golpea! Al contrario, estoy dispuesto incluso a prestarle ayuda en la tarea de esclarecer nuestro programa, pero con la condición de que 1) reconozca por su propia boca su ignorancia; 2) me escuche atentamente y [12] esté en armonía con la lógica*[13].

El asunto es el siguiente. Los artículos 3, 7 y 8 de nuestro programa surgieron sobre la base del centralismo político. Cuando el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia incluyó estos artículos en su programa, se guió por la consideración de que la llamada solución "definitiva" de la "cuestión nacional", es decir, la "liberación" de las nacionalidades "ajenas" de Rusia, es, en general, imposible mientras el dominio político esté en manos de la burguesía. Esto tiene una doble causa: en primer lugar, el desarrollo económico actual tiende gradualmente un puente entre las "nacionalidades ajenas" y "Rusia", establece una conexión cada vez mayor entre ellas y, con ello, engendra sentimientos amistosos en los círculos dirigentes de la burguesía de estas nacionalidades, lo que priva de base a sus aspiraciones de "liberación nacional"; y en segundo lugar, en general, el proletariado no apoyará el llamado movimiento de "liberación nacional", ya que hasta el presente todo movimiento de este tipo se ha realizado en beneficio de la burguesía, corrompiendo y mutilando la conciencia de clase del proletariado. Estas consideraciones engendraron la idea del centralismo político y los artículos 3, 7 y 8 de nuestro programa del partido, condicionados por ella.

Pero ésta, como se ha dicho más arriba, es la visión general.

Esto, sin embargo, no excluye la posibilidad de que se creen condiciones económicas y políticas en las que los círculos avanzados de la burguesía de las nacionalidades "ajenas" deseen la "liberación nacional".

Puede ocurrir también que tal movimiento resulte ventajoso para el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado.

¿Cómo debe actuar entonces nuestro partido?

Precisamente para estos casos posibles se ha incluido en nuestro programa el artículo 9; precisamente en previsión de tales circunstancias posibles se concede a las nacionalidades el derecho en virtud del cual tratarán de arreglar sus asuntos nacionales según sus deseos (por ejemplo, "liberarse" por completo, separarse).

Nuestro partido, el partido que se propone como objetivo ser el dirigente del proletariado en lucha de toda Rusia, debe afrontar preparado semejantes casos posibles en la vida del proletariado, y precisamente por eso debía incluir un artículo semejante en su programa.

Así está obligado a proceder todo partido previsor y con visión de futuro.

Sin embargo, resulta que a los "sabios" de "Sakartvelo", así como a algunos federalistas socialdemócratas, no les satisface semejante sentido del artículo 9. Ellos exigen una respuesta "enérgica", "directa" a la pregunta: ¿es ventajosa o no para el proletariado la "independencia nacional"?[14]

Recuerdo a los metafísicos rusos de los años 50 del siglo pasado, que preguntaban insistentemente a los dialécticos de entonces si la lluvia es beneficiosa o perjudicial para la cosecha, y exigían de ellos una respuesta "terminante". A los dialécticos no les costaba demostrar que semejante planteamiento de la cuestión no es en absoluto científico, que en distintas épocas se debe responder de manera diferente a tales preguntas, que durante la sequía la lluvia es beneficiosa, mientras que en tiempo lluvioso es inútil e incluso perjudicial, y que, por consiguiente, la exigencia de una respuesta "terminante" a tal pregunta es una evidente estupidez.

Pero semejantes ejemplos no le sirvieron de provecho al periódico "Sakartvelo".

De una respuesta igualmente "categórica" exigían a los marxistas los partidarios de Bernstein a la pregunta: ¿son útiles o perjudiciales para el proletariado las cooperativas (es decir, las asociaciones de consumo y producción)? A los marxistas no les resultó difícil demostrar la vacuidad de semejante planteamiento de la cuestión. Explicaron de manera muy sencilla que todo depende del tiempo y del lugar, que allí donde la autoconciencia de clase del proletariado ha alcanzado el debido nivel de desarrollo, donde los proletarios están unidos en un solo partido político fuerte, allí las cooperativas pueden aportar un gran beneficio al proletariado, si su creación y dirección las asume el propio partido; mientras que allí donde no se dan estas condiciones, las cooperativas son perjudiciales para el proletariado, ya que engendran en los obreros tendencias pequeño-mercantiles y un aislamiento gremial, deformando así su autoconciencia de clase.

Pero este ejemplo tampoco sirvió de lección a los "sakartveloístas". Ellos preguntan con aún mayor insistencia: ¿la independencia nacional es útil o perjudicial para el proletariado? ¡Dad una respuesta decisiva!

Pero nosotros vemos que aquellas circunstancias que pueden engendrar y desarrollar un movimiento "nacional-liberador" entre la burguesía de las nacionalidades "ajenas", esas circunstancias por ahora no existen, y no son tan inevitables en el futuro, las hemos admitido solo como circunstancias posibles. Además, por ahora tampoco es posible saber en qué grado de desarrollo se encontrará entonces la autoconciencia de clase del proletariado, cuán útil o perjudicial será ese movimiento para el proletariado. Cabe preguntar: ¿sobre qué base construir[15] una respuesta "categórica" a esta cuestión, de dónde deducirla? ¿Y acaso no es una necedad exigir una respuesta "categórica" ante semejante estado de cosas?

Está claro que la resolución de este problema debe ser otorgada a las propias nacionalidades "ajenas", y nosotros debemos conquistar para ellas el derecho a resolver esta cuestión. ¡Que las propias nacionalidades decidan, cuando se les exija: si la "independencia nacional" es beneficiosa o perjudicial para ellas y, si es beneficiosa, en qué forma debe realizarse? ¡Solo ellas pueden resolver este problema!

De este modo, en virtud del artículo 9, se concede a las nacionalidades "ajenas" el derecho a organizar sus asuntos nacionales de acuerdo con sus deseos. Y nosotros, en virtud del mismo artículo, estamos obligados a procurar que los deseos de esas nacionalidades sean auténticamente socialdemócratas, que esos deseos partan de los intereses de clase del proletariado, para lo cual es necesario ilustrar en el espíritu socialdemócrata a los proletarios de esas nacionalidades, someter a una severa crítica socialdemócrata ciertas costumbres, usos e instituciones nacionales reaccionarias, lo que en modo alguno nos impedirá defender esas mismas costumbres, usos e instituciones contra la violencia policial.

Tal es la idea fundamental del artículo 9.

Es fácil advertir la profunda conexión lógica que tiene este artículo de nuestro programa con los principios de la lucha de clases proletaria. Y como todo nuestro programa está construido sobre este principio, es evidente por sí misma la conexión lógica del artículo 9 con todos los demás artículos del programa de nuestro partido.

El obtuso "Sakartvelo" precisamente por eso se autodenomina un "sabio" órgano de prensa, porque no digiere pensamientos tan sencillos.

¿Qué queda, pues, de la "cuestión nacional"?

5) “¿Defensa del espíritu nacional y de sus atributos”?

¿Pero qué es ese “espíritu nacional y sus propiedades”? La ciencia, por boca del materialismo dialéctico, ha demostrado hace tiempo que ningún “espíritu nacional” existe ni puede existir. ¿Ha refutado alguien esta concepción del materialismo dialéctico? La historia nos dice que nadie la ha refutado. Por consiguiente, estamos obligados a estar de acuerdo con la mencionada concepción de la ciencia, obligados a repetir, junto con la ciencia, que ningún “espíritu nacional” existe ni puede existir. Y si esto es así, si ningún “espíritu nacional” existe, es evidente por sí mismo que toda defensa de lo que no existe es una estupidez lógica, que inevitablemente acarreará consigo correspondientes consecuencias históricas (indeseables). Hablar de semejantes estupideces “filosóficas” le sienta bien acaso sólo a “Sakartvelo”, “órgano del partido revolucionario de los social-federalistas georgianos” (véase “Sakartvelo” núm. 9)[16].

* * *

Así están las cosas con la cuestión nacional. Como se ve, nuestro partido la ha descompuesto en sus partes integrantes, ha extraído de ella los jugos vitales, los ha hecho circular por las venas de su programa y con todo ello ha mostrado cómo debe resolverse la "cuestión nacional" en la socialdemocracia para destruir hasta los cimientos las barreras nacionales, sin apartarse ni por un minuto de nuestros principios.

¿Para qué se necesitan —se pregunta— los partidos nacionales separados? O bien: ¿dónde está esa "base" socialdemócrata sobre la cual deben construirse las concepciones organizativas y políticas de los federalistas socialdemócratas? Tal "base" no se ve, no existe. Los federalistas socialdemócratas flotan en el aire.

De tal situación incómoda pueden salir por un doble camino. O bien deben apartarse definitivamente del punto de vista del proletariado revolucionario y aceptar el principio del fortalecimiento de las barreras nacionales (oportunismo en forma federalista); o bien deben renunciar a todo federalismo en la organización del partido, alzar audazmente la bandera de la eliminación de las barreras nacionales y unirse en el campo único del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

Periódico "Proletariatis Brdzola"

“La Lucha del Proletariado” № 7

1 de septiembre de 1904.

Traducción del georgiano

Artículo sin firma