“La socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo”.

Carlos Kautsky

Nuestros “mencheviques” son demasiado impertinentes. Hablo de los “mencheviques” de Tiflis. Se han enterado de que en el partido existen divergencias y no dejan de repetir: nos guste o no, siempre y en todas partes hablaremos de las divergencias; nos guste o no, insultaremos a los “bolcheviques” a diestro y siniestro. Y así se insultan con todas sus fuerzas, como poseídos. En todas las esquinas, ya sea entre los suyos o entre los ajenos, en una palabra, donde sea, vociferan una y la misma cosa: cuidado con la “mayoría”, ellos son extraños, infieles. No contentos con el campo “habitual”, han trasladado “el asunto” a la literatura legal y con ello han mostrado al mundo una vez más su... impertinencia.

¿En qué es culpable la "mayoría"? ¿Por qué se "enoja" tanto nuestra "minoría"?

Recurramos a la historia.

* * *

Por primera vez, "mayoría" y "minoría" surgieron en el segundo congreso del partido (1903). Fue un congreso en el que nuestras fuerzas dispersas debían unirse en un partido único y poderoso. Grandes esperanzas depositábamos nosotros, los trabajadores del partido, en este congreso. ¡Por fin! – exclamábamos con alegría –, ¡también nosotros alcanzaremos la unificación en un partido único, y tendremos la posibilidad de actuar según un plan único!... Por supuesto, actuábamos también antes de esto, pero nuestras acciones eran dispersas y desorganizadas. Por supuesto, también antes de esto intentábamos unirnos, precisamente para eso convocamos el primer congreso del partido (1898), incluso, al parecer, nos "unimos", sin embargo, esta unidad existía solo de palabra: el partido seguía estando fragmentado en grupos separados, las fuerzas seguían estando dispersas y necesitaban unificación. Y he aquí que el segundo congreso del partido debía reunir las fuerzas dispersas y cohesionarlas en un todo único. Debíamos crear un partido único.

Pero en la práctica resultó que nuestras esperanzas fueron, hasta cierto punto, prematuras. El congreso no pudo darnos un partido único e indiviso, solo sentó los cimientos de tal partido. En cambio, el congreso nos mostró claramente que en el partido existen dos direcciones: la dirección de "Iskra" (se trata de la vieja "Iskra")[39] y la dirección de sus adversarios. De acuerdo con esto, el congreso se dividió en dos partes: la "mayoría" y la "minoría". Los primeros se adhirieron a la dirección de "Iskra" y se agruparon en torno a ella; los segundos, como adversarios de "Iskra", ocuparon la posición opuesta.

De este modo, "Iskra" se convirtió en la bandera de la "mayoría" del partido, y la posición de "Iskra" pasó a ser la posición de la "mayoría".

¿Qué camino seguía "Iskra", qué defendía? Para comprenderlo, es necesario saber en qué condiciones apareció en la palestra histórica.

"Iskra" comenzó a publicarse en diciembre de 1900. Era la época en que en la industria rusa se iniciaba una crisis. El auge industrial, acompañado de una serie de huelgas profesionales (1896-98), iba siendo sustituido gradualmente por la crisis. La crisis se agravaba de día en día y se convertía en un obstáculo para las huelgas profesionales. A pesar de ello, el movimiento obrero se abría camino y avanzaba: los arroyos aislados se fundían en un solo torrente, el movimiento adquiría un matiz clasista y poco a poco emprendía el camino de la lucha política. El movimiento obrero crecía con una rapidez asombrosa... Sólo faltaba el destacamento de vanguardia, la socialdemocracia [40], que infundiera a este movimiento la conciencia socialista, lo uniera al socialismo y, de ese modo, diera a la lucha del proletariado un carácter socialdemócrata.

¿Qué hacían entonces los "socialdemócratas" de aquella época (a los que llamaban "economistas")? Quemaban incienso ante el movimiento espontáneo y repetían despreocupadamente: la conciencia socialista no es tan necesaria para el movimiento obrero, este alcanzará su objetivo perfectamente sin ella, lo esencial es el movimiento mismo. El movimiento lo es todo, y la conciencia es una nimiedad. Movimiento sin socialismo: he aquí a lo que aspiraban.

¿En qué consiste, entonces, la misión de la socialdemocracia rusa? Ella debe ser un instrumento dócil del movimiento espontáneo, afirmaban ellos. No es asunto nuestro introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero, no es asunto nuestro encabezar este movimiento; eso sería una violencia infructuosa; nuestro deber es solo escuchar al movimiento y registrar con exactitud lo que ocurre en la vida social; debemos arrastrarnos a la cola del movimiento espontáneo [41]. En una palabra, la socialdemocracia era presentada como una carga superflua en el movimiento.

Quien no reconoce la socialdemocracia, no debe reconocer tampoco al partido socialdemócrata. Precisamente por eso los “economistas” repetían con tanta insistencia que la existencia de un partido político del proletariado en Rusia era imposible. Que los liberales se ocupen de la lucha política, eso les sienta mejor, decían. ¿Y qué debemos hacer nosotros, los socialdemócratas? Debemos seguir existiendo en forma de círculos aislados y actuar por separado, cada cual en su rincón.

¡No es un partido, sino un círculo! – decían ellos.

Así, por un lado, el movimiento obrero crecía y necesitaba un destacamento dirigente de vanguardia; por otro lado, la "socialdemocracia", en la persona de los "economistas", en lugar de encabezar el movimiento, se negaba a sí misma y marchaba a la cola del movimiento.

Era necesario proclamar públicamente la idea de que el movimiento obrero espontáneo sin socialismo es un vagar en las tinieblas, que si alguna vez conduce a la meta, quién sabe cuándo y a costa de qué sufrimientos, y que la conciencia socialista, por lo tanto, tiene una importancia muy grande para el movimiento obrero.

Era necesario decir también que la portadora de esta conciencia, la socialdemocracia, está obligada a introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero, estar siempre a la cabeza del movimiento, y no contemplar el movimiento obrero espontáneo desde fuera, no andar a la zaga.

Era necesario expresar también la idea de que el deber directo de la socialdemocracia rusa es reunir los destacamentos avanzados aislados del proletariado, agruparlos en un partido único y, con ello, poner fin de una vez por todas a la dispersión partidaria.

A la elaboración precisamente de estas tareas procedió "Iskra".

He aquí lo que dice ella en su artículo programático (véase “Iskra” nº 1): “La socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo” [44], es decir, el movimiento sin socialismo o el socialismo que se mantiene al margen del movimiento, es un fenómeno indeseable contra el cual la socialdemocracia debe luchar. Y como los “economistas” y los de “Rábocheie Dielo” se inclinaban ante el movimiento espontáneo, como rebajaban la importancia del socialismo, “Iskra” señalaba: “Separado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se empequeñece e inevitablemente cae en el aburguesamiento”. En consonancia con ello, el deber de la socialdemocracia consiste en “señalar a este movimiento su objetivo final, sus tareas políticas, salvaguardar su independencia política e ideológica”.

¿Qué obligaciones incumben a la socialdemocracia rusa? “De aquí se desprende por sí misma la tarea —continúa Iskra— que la socialdemocracia rusa está llamada a realizar: introducir las ideas socialistas y la conciencia política en la masa del proletariado y organizar un partido revolucionario, indisolublemente vinculado al movimiento obrero espontáneo”, “es decir, debe estar siempre a la cabeza del movimiento y su primerísima obligación es aglutinar en un partido único a las fuerzas socialdemócratas del movimiento obrero.”

Así fundamenta su programa la redacción de “Iskra”[45].

¿Realizó "Iskra" este notable programa?

Es de todos conocido cuán abnegadamente llevó ella a la práctica estas importantísimas ideas. Esto nos lo demostró claramente el segundo congreso del partido, que por una mayoría de 35 votos reconoció a "Iskra" como órgano central del partido.

Después de esto, ¿acaso no resulta ridículo cuando algunos pseudomarxistas se ponen a "fustigar" la vieja "Iskra"?

Esto es lo que escribe sobre "Iskra" el menchevique "Social-Demócrata":

“Ella (‘Iskra’) debía analizar las ideas del ‘economismo’, rechazar las concepciones falsas, adoptar las verdaderas y encauzarlo hacia un nuevo rumbo… Pero no ocurrió así. La lucha contra el ‘economismo’ provocó otro extremo: la subestimación de la lucha económica, una actitud desdeñosa hacia ella y el reconocimiento de la importancia predominante de la lucha política. Política sin economía (debe ser: ‘sin economía’) — he aquí la nueva orientación” (véase “Sotsial-Demokrat” Nº 1, “¿Mayoría o minoría?”).

Pero ¿dónde, cuándo, en qué país ocurrió todo esto, honorable "crítico"? ¿Qué hacían Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Mártov, Starovier, por qué no encaminaron a "Iskra" por la senda de la "verdad", si ellos constituían la mayoría en la redacción? ¿Y dónde estuvo usted mismo hasta ahora, respetabilísimo, por qué no previno al segundo congreso del partido: entonces éste no habría reconocido a "Iskra" como órgano central?

Pero dejemos al "crítico".

El hecho es que "Iskra" señaló correctamente las "cuestiones candentes", se situó precisamente en el camino del que hablé más arriba y llevó a la práctica su programa con abnegación.

Aún más clara y convincentemente expresó la posición de "Iskra" Lenin en su notable libro "¿Qué hacer?".

Detengámonos en este libro.

Los "economistas" se inclinaban ante el movimiento obrero espontáneo, pero ¿quién no sabe que el movimiento espontáneo es un movimiento sin socialismo, es "tradeunionismo"[47], que no quiere ver nada más allá del capitalismo? ¿Quién no sabe que el movimiento obrero sin socialismo es un estancamiento en el lugar, dentro de los marcos del capitalismo, un vagabundeo alrededor de la propiedad privada, que, si alguna vez conduce a una revolución social, quién sabe cuándo y a costa de qué sufrimientos? ¿Acaso para los obreros es indiferente si entrarán en la "tierra prometida" en un futuro próximo o después de un largo intervalo de tiempo, por un camino fácil o difícil? Está claro que todo aquel que ensalza el movimiento espontáneo y se inclina ante él, ese, independientemente de su voluntad, cava un abismo entre el socialismo y el movimiento obrero, ese disminuye la importancia de la ideología socialista, ese la expulsa de la vida e, independientemente de su voluntad, somete a los obreros a la ideología burguesa, pues no comprende que "la socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo"[48], que "toda inclinación ante la espontaneidad del movimiento obrero, toda disminución del papel del 'elemento consciente', del papel de la socialdemocracia, significa con ello, —completamente independientemente de si el que la disminuye lo desea o no—, el fortalecimiento de la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros"[49].

Aclaremos con más detalle. En nuestra época sólo pueden existir dos ideologías: la burguesa y la socialista. La diferencia entre ellas consiste, entre otras cosas, en que la primera, es decir, la ideología burguesa, es mucho más antigua, está más difundida y más profundamente arraigada en la vida que la segunda; en que con las concepciones burguesas se tropieza en todas partes y a cada paso, tanto en el medio propio como en el ajeno, mientras que la ideología socialista sólo da sus primeros pasos, apenas se abre camino. Ni que decir tiene que, cuando se trata de la difusión de las ideas, la ideología burguesa, es decir, la conciencia tradeunionista, se difunde con mucha más facilidad y abarca el movimiento obrero espontáneo de un modo mucho más amplio que la ideología socialista, que apenas da sus primeros pasos. Tanto más cierto es esto cuanto que el movimiento espontáneo –el movimiento sin socialismo– de por sí "marcha precisamente hacia su subordinación a la ideología burguesa"[50]. Y la subordinación a la ideología burguesa significa el desplazamiento de la ideología socialista, puesto que se niegan mutuamente.

¿Cómo? —nos preguntarán—, ¿acaso la clase obrera no es atraída hacia el socialismo? Sí, es atraída hacia el socialismo. Si no fuera así, la actividad de la socialdemocracia sería infructuosa. Pero también es cierto que a esta atracción se contrapone y la obstaculiza otra atracción: la atracción hacia la ideología burguesa.

Acabo de decir que nuestra vida social está impregnada de ideas burguesas, por eso es mucho más fácil difundir la ideología burguesa que la socialista. No hay que olvidar que al mismo tiempo los ideólogos burgueses no duermen, se disfrazan a su manera de socialistas e intentan incansablemente someter a la clase obrera a la ideología burguesa. Si, en estas condiciones, también los socialdemócratas, al igual que los "economistas", se quedan con la boca abierta y se arrastran a la cola del movimiento espontáneo (y el movimiento obrero es espontáneo precisamente cuando la socialdemocracia se comporta así), es evidente por sí mismo que el movimiento obrero espontáneo seguirá ese camino trillado y se someterá a la ideología burguesa, naturalmente, hasta que largos vagabundeos y sufrimientos lo obliguen a romper el vínculo con la ideología burguesa y a lanzarse hacia la revolución social.

Esto es lo que se llama inclinación hacia la ideología burguesa.

Esto es lo que dice Lenin:

La clase obrera tiende espontáneamente al socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y constantemente resucitada en las más diversas formas), se impone sin embargo espontáneamente por encima de todo al obrero[51]. Precisamente por eso el movimiento obrero espontáneo, mientras sea espontáneo, mientras no se haya unido a la conciencia socialista, se subordina a la ideología burguesa y tiende a esa subordinación[52]. Si esto no fuera así, entonces sería superflua la crítica socialdemócrata, la propaganda socialdemócrata, entonces sería también superfluo "unir el movimiento obrero con el socialismo".

La socialdemocracia está obligada a luchar contra esta inclinación hacia la ideología burguesa y a favorecer la otra inclinación: la inclinación hacia el socialismo. Por supuesto, algún día, tras largos extravíos y sufrimientos, el movimiento espontáneo, incluso sin la ayuda de la socialdemocracia, se impondrá, llegará a las puertas de la revolución social, ya que "la clase obrera tiende espontáneamente hacia el socialismo"[53]. Pero, ¿y hasta ese momento, qué debemos hacer hasta ese momento? ¿Cruzarnos de brazos, como los "economistas", y ceder el lugar a los Struve y los Zubátov? ¿Rechazar la socialdemocracia y contribuir así al dominio de la ideología burguesa, tradeunionista? ¿Olvidar el marxismo y no "unir el socialismo con el movimiento obrero"?

¡No! La socialdemocracia es el destacamento de vanguardia del proletariado[54], y su deber es marchar siempre a la cabeza del proletariado, su deber es "apartar al movimiento obrero de esa tendencia espontánea del tradeunionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía y atraerlo bajo el ala de la socialdemocracia revolucionaria"[56]. El deber de la socialdemocracia es introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero espontáneo, unir el movimiento obrero con el socialismo y, de este modo, imprimir a la lucha del proletariado un carácter socialdemócrata.

Dicen que en algunos países la propia clase obrera elaboró la ideología socialista (el socialismo científico) y que ella misma la elaborará también en los demás países, por lo cual sería completamente superfluo introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero desde fuera. Pero esto es un profundo error. Para elaborar el socialismo científico, es necesario estar a la cabeza de la ciencia, estar armado de conocimientos científicos y saber investigar a fondo las leyes del desarrollo histórico. Y la clase obrera, mientras siga siendo clase obrera, no está en condiciones de ponerse a la cabeza de la ciencia, de impulsarla hacia adelante ni de investigar científicamente las leyes históricas: para ello no tiene ni tiempo ni medios. El socialismo científico “sólo puede surgir sobre la base de un profundo conocimiento científico...”, dice K. Kautsky. “...Y la portadora de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa (subrayado por K. Kautsky). En las cabezas de miembros aislados de esta capa surgió, en efecto, el socialismo moderno, y por ellos fue comunicado a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual...”[57]

De acuerdo con esto, Lenin dice: todos los que se postran ante el movimiento obrero espontáneo y, con los brazos cruzados, lo contemplan desde fuera, todos los que constantemente menosprecian la importancia de la socialdemocracia y ceden el lugar a los Struve y los Zubátov, todos ellos se imaginan que este movimiento elaborará por sí mismo el socialismo científico. "Pero esto es un profundo error" [59]. Algunos piensan que los obreros de Petersburgo que hicieron huelga en la década de 1890 poseían conciencia socialdemócrata, pero también esto es un error. Ellos no tenían tal conciencia "y no podían tenerla. Esta (la conciencia socialdemócrata) solo podía ser traída desde fuera. La historia de todos los países atestigua que, exclusivamente con sus propias fuerzas, la clase obrera está en condiciones de elaborar únicamente una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de la necesidad de unirse en sindicatos, luchar contra los patronos, conseguir del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo surgió de aquellas teorías filosóficas, históricas y económicas que fueron elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por la intelectualidad. Los fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían ellos mismos, por su posición social, a la intelectualidad burguesa" [60]. Esto, por supuesto, no significa, continúa Lenin, "que los obreros no participen en esta elaboración. Pero participan no en calidad de obreros, sino en calidad de teóricos del socialismo, en calidad de Proudhon y Weitling (ambos eran obreros); participan, en otras palabras, solo entonces y en la medida en que logran, en mayor o menor grado, dominar el saber de su siglo e impulsar hacia adelante este saber" [61].

Todo esto se lo puede imaginar, aproximadamente, de la siguiente manera. Existen regímenes capitalistas. Hay obreros y hay patronos. Entre ellos se desarrolla una lucha. El socialismo científico, por ahora, no se ve por ninguna parte. No había socialismo científico en ningún sitio ni por asomo cuando los obreros ya libraban la lucha... Sí, los obreros luchan. Pero luchan por separado contra sus patronos, chocan con sus autoridades locales: en un sitio organizan huelgas, en otro salen a mítines y manifestaciones, en un sitio exigen derechos a las autoridades, en otro declaran el boicot, unos hablan de lucha política, otros de lucha económica, etc. Pero esto aún no significa que los obreros tengan conciencia socialdemócrata, esto aún no significa que el objetivo de su movimiento sea la destrucción del régimen capitalista, que estén tan seguros del derrocamiento del capitalismo y la instauración del régimen socialista como lo están de la inevitabilidad de la salida del sol, que consideren la conquista de su dominación política (la dictadura del proletariado) como el instrumento necesario para la victoria del socialismo, etc.

Mientras tanto, se desarrolla la ciencia. El movimiento obrero atrae gradualmente su atención. La mayor parte de los científicos llega a la idea de que el movimiento obrero es una revuelta de inquietos, a los que no estaría de más hacer entrar en razón con el látigo. Otros, en cambio, consideran que el deber de los ricos es dar a los pobres algunas migajas, es decir, que el movimiento obrero es un movimiento de mendigos cuyo objetivo es obtener limosna. Y entre esos miles de científicos, tal vez solo uno pueda resultar ser aquel que aborda científicamente el movimiento obrero, investiga científicamente toda la vida social, sigue el choque de las clases, escucha el murmullo de la clase obrera y, finalmente, demuestra científicamente que el régimen capitalista no es en absoluto algo eterno, que es tan transitorio como el feudalismo, que tras él debe seguir inevitablemente, negándolo, el régimen socialista, el cual solo puede ser instaurado por el proletariado mediante la revolución social. En una palabra, se elabora el socialismo científico.

Por supuesto, si no hubiera capitalismo ni lucha de clases, no habría socialismo científico. Pero también es cierto que esos pocos, digamos Marx y Engels, no habrían elaborado el socialismo científico si no hubieran poseído conocimientos científicos.

¿Qué es el socialismo científico sin el movimiento obrero? – Una brújula que, al ser dejada sin aplicación, no puede sino oxidarse, y entonces habría que arrojarla por la borda.

¿Qué es el movimiento obrero sin socialismo? – Un barco sin brújula, que de todos modos atracará en otra orilla, pero, si tuviera brújula, alcanzaría la orilla mucho más rápido y encontraría menos peligros.

Unan lo uno y lo otro, y obtendrán un magnífico navío que se dirigirá directamente a la otra orilla y alcanzará incólume el puerto.

Unid el movimiento obrero con el socialismo, y obtendréis un movimiento socialdemócrata que se lanzará por el camino directo hacia la "tierra prometida".

He aquí, pues, la obligación de la socialdemocracia (y no solo de los intelectuales socialdemócratas): unir el socialismo con el movimiento obrero, introducir en el movimiento la conciencia socialista y, de este modo, conferir al movimiento obrero espontáneo un carácter socialdemócrata.

Así habla Lenin.

Algunos afirman que, según la opinión de Lenin y de la "mayoría", el movimiento obrero, si no está vinculado a la ideología socialista, irá hacia la ruina, no alcanzará la revolución social. Pero esto es una invención, una invención de gente ociosa, que solo pudo ocurrírsele a marxistas de pacotilla como An (véase "¿Qué es el partido?", "Mogzauri" [62] № 6).

Lenin afirma categóricamente que "la clase obrera se inclina espontáneamente hacia el socialismo"[63], y si no se detiene largamente en ello, es solo porque considera superfluo demostrar lo que ya está demostrado de por sí. Además, Lenin no se proponía en absoluto investigar el movimiento espontáneo, solo quería mostrar a los prácticos lo que deben hacer conscientemente. He aquí lo que dice Lenin en otro pasaje, donde polemiza con Mártox:

"Nuestro partido es el portavoz consciente del proceso inconsciente". Exactamente así, y precisamente por eso es incorrecto aspirar a que "cada huelguista" pueda llamarse miembro del partido, pues si "cada huelga" fuera no solo la expresión espontánea del poderoso instinto de clase y de la lucha de clases, que conduce inevitablemente a la revolución social, sino la expresión consciente de ese proceso… entonces nuestro partido… acabaría de inmediato con toda la sociedad burguesa"[64].

Como ven, según la opinión de Lenin, tanto esa lucha de clases como esos choques de clase que no pueden ser denominados socialdemócratas, conducen, sin embargo, inevitablemente a la clase obrera a la revolución social.

Si le interesa la opinión de otros representantes de la "mayoría", escuche. Esto es lo que dice en el segundo congreso del partido uno de ellos, el camarada Gorin:

"¿Cómo sería la situación si el proletariado fuera abandonado a sí mismo? La situación sería análoga a lo que tuvo lugar en vísperas de la revolución burguesa. Los revolucionarios burgueses no tenían ninguna ideología científica. Y sin embargo, el régimen burgués surgió. El proletariado sin ideólogos, por supuesto, a fin de cuentas trabajaría en dirección a la revolución social, pero instintivamente... El proletariado practicaría el socialismo también instintivamente, pero no tendría una teoría socialista. El proceso sería sólo lento y más penoso"[65].

Las explicaciones sobran.

Así pues, el movimiento obrero espontáneo, el movimiento obrero sin socialismo, inevitablemente se degrada y adquiere un carácter tradeunionista: se subordina a la ideología burguesa. ¿Se puede deducir de esto que el socialismo lo es todo y el movimiento obrero no es nada? ¡Por supuesto que no! Sólo los idealistas hablan así. Algún día, después de un tiempo muy largo, el desarrollo económico llevará inevitablemente a la clase obrera a la revolución social y, en consecuencia, la obligará a romper todo vínculo con la ideología burguesa. La cuestión es que este camino será muy largo y penoso.

Por otro lado, el socialismo sin el movimiento obrero, por muy científica que sea la base sobre la que haya surgido, seguirá siendo una frase vacía y perderá su significado. ¿Se puede sacar de aquí la conclusión de que el movimiento lo es todo y el socialismo no es nada? ¡Por supuesto que no! Así razonan solo los pseudomarxistas, para quienes la conciencia no tiene ninguna importancia, puesto que nace de la propia vida social. El socialismo se puede unir al movimiento obrero y, de ese modo, convertirlo de una frase vacía en un arma afilada.

Conclusión?

La conclusión es tal: el movimiento obrero debe ser unido al socialismo, la actividad práctica y el pensamiento teórico deben fundirse en uno solo y, con ello, imprimir al movimiento obrero espontáneo un carácter socialdemócrata, pues "la socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo"[66]. Entonces el socialismo, unido al movimiento obrero, de frase vacía se convertirá en manos de los obreros en una fuerza grandiosa. Entonces el movimiento espontáneo, transformado en socialdemócrata, a pasos rápidos y por camino seguro marchará hacia el régimen socialista.

Así pues, ¿en qué consiste la misión de la socialdemocracia rusa? ¿Qué debemos hacer?

Nuestro deber, el deber de la socialdemocracia, es apartar al movimiento espontáneo de los obreros del camino tradeunionista y encauzarlo por la vía socialdemócrata. Nuestro deber es introducir en este movimiento la conciencia socialista[67] y agrupar a las fuerzas de vanguardia de la clase obrera en un partido único y centralizado. Nuestra tarea consiste en marchar siempre a la cabeza del movimiento y luchar sin descanso contra todos – sean enemigos o “amigos” – que estorben la realización de estos objetivos.

Tal es, en general, la posición de la “mayoría”. ¡A nuestra “minoría” no le gusta la posición de la “mayoría”: dicen que es “no marxista”, que “contradice de raíz” el marxismo! ¿De verdad, respetabilísimos? ¿Dónde, cuándo, en qué planeta? Lean nuestros artículos, dicen ellos, y se convencerán de que tenemos razón. Bueno, leámoslos.

He aquí el artículo: «¿Qué es el partido?» (véase «Mogzauri» nº 6). ¿De qué acusa el «crítico» An a la «mayoría» del partido? «Ella (la “mayoría”)... se proclama jefa del partido... y exige sumisión de los demás... y, para justificar su conducta, a menudo inventa incluso nuevas teorías, como, por ejemplo: el pueblo trabajador no puede asimilar por sus propias fuerzas (subrayado por mí) los “elevados ideales”, etc.»[68].

Ahora se pregunta: ¿acaso el “bolchevismo” ha planteado o planteó alguna vez semejantes “teorías”? ¡En ninguna parte, jamás! Al contrario, el representante ideológico del “bolchevismo”, el camarada Lenin, dice de manera absolutamente clara que la clase obrera asimila muy fácilmente los “elevados ideales”, asimila muy fácilmente el socialismo. Escuchen:

A menudo se dice: la clase obrera tiende espontáneamente al socialismo. Esto es completamente justo, en el sentido de que la teoría socialista define de manera más profunda y más certera que todas las demás las causas de las calamidades de la clase obrera, y por eso los obreros la asimilan tan fácilmente[69].

Como ven, según la opinión de la “mayoría”, los obreros asimilan fácilmente esos “elevados ideales” que se denominan socialismo.

Entonces, ¿qué es lo que enreda An, dónde ha desenterrado su extraño "descubrimiento"? El caso, lector, es que el "crítico" An tenía en mente algo completamente distinto. Tenía en mente aquel pasaje del libro "¿Qué hacer?" donde Lenin habla de la elaboración del socialismo, donde afirma que la clase obrera por sus propias fuerzas no puede elaborar el socialismo científico [70]. Pero, ¿cómo es eso? – diréis vosotros. Una cosa es la elaboración del socialismo y otra es su asimilación. ¿Por qué An ha olvidado aquellas palabras de Lenin en las que habla tan claramente de la asimilación de los "elevados ideales"? Tenéis razón, lector, pero ¿qué puede hacer An si tiene tantísimas ganas de ser un "crítico"? Imaginaos tan solo qué hazaña heroica: inventar una "teoría" propia, atribuírsela al adversario y, acto seguido, bombardear uno mismo el fruto de su propia fantasía. ¡He ahí la crítica! En cualquier caso, es indudable que An "por sus propias fuerzas no ha podido asimilar" el libro de Lenin "¿Qué hacer?".

Ahora analicemos el llamado "Socialdemócrata". ¿Qué dice el autor del artículo "¿Mayoría o minoría?" (véase "Socialdemócrata" nº 1)?

Envalentonándose, se alza con gran estrépito contra Lenin por considerar que, en su opinión, "el desarrollo natural (debería decir: 'espontáneo') del movimiento obrero no va hacia el socialismo, sino hacia la ideología burguesa"[71]. El autor, por lo visto, no comprende que el movimiento obrero espontáneo es un movimiento sin socialismo (que el autor demuestre que no es así), y tal movimiento se subordina inevitablemente a la ideología burguesa-tradeunionista, gravita hacia ella, pues en nuestra época solo pueden existir dos ideologías: la socialista y la burguesa, y donde falta la primera, aparece indefectiblemente la segunda y ocupa su lugar (¡demuestre lo contrario!). Sí, eso es exactamente lo que dice Lenin. Pero al mismo tiempo, él no olvida otra inclinación inherente al movimiento obrero: la inclinación al socialismo, que solo temporalmente se ve eclipsada por la inclinación a la ideología burguesa. Lenin dice directamente que "la clase obrera gravita espontáneamente hacia el socialismo"[72], y observa con razón que el deber de la socialdemocracia es acelerar el triunfo de esta inclinación, entre otras cosas, también mediante la lucha contra los "economistas". ¿Por qué usted, estimado "crítico", no citó en su artículo estas palabras de Lenin? ¿Acaso no pertenecen al mismo Lenin? No le convenía, ¿verdad?

“En opinión de Lenin... el obrero, por su posición (subrayado por mí), es más bien burgués que socialista...”[73] — continúa el autor. ¡Vaya estupidez, que no esperaba ni siquiera de semejante autor! ¿Acaso Lenin habla de la posición del obrero, acaso afirma que el obrero, por su posición, es burgués? ¿Qué imbécil puede decir que el obrero, por su posición, es burgués — un obrero que está privado de los medios de producción y vive de la venta de su fuerza de trabajo? ¡No! Lenin dice algo completamente distinto. El caso es que yo puedo ser proletario, y no burgués, por mi posición, pero al mismo tiempo no tener conciencia de mi posición y, por ello, someterme a la ideología burguesa. Precisamente así ocurre en este caso con la clase obrera. Y esto significa algo completamente distinto.

En general, al autor le gusta lanzar palabras vacías: ¡las suelta sin pensar! He aquí, por ejemplo, que el autor repite obstinadamente que "el leninismo contradice de raíz al marxismo"[74]; lo repite sin comprender adónde lo llevará esa "idea". Creyámosle por un minuto que el leninismo, en efecto, "contradice de raíz al marxismo". ¿Y después? ¿Qué resultará de esto? Resultará lo siguiente. "El leninismo arrastró consigo" a "Iskra" (la vieja "Iskra") –esto tampoco lo niega el autor–; en consecuencia, también "Iskra" "contradice de raíz al marxismo". El II Congreso del partido, por mayoría de 35 votos, reconoció a "Iskra" como órgano central del partido y se pronunció con grandes elogios sobre sus méritos [75]; en consecuencia, también este congreso, su programa y su táctica "contradicen de raíz al marxismo"... Resulta ridículo, ¿verdad, lector?

El autor continúa sin embargo: "Según la opinión de Lenin, el movimiento obrero espontáneo va hacia la unión con la burguesía..." Sí, sí, el autor indudablemente va hacia la unión con la estupidez, y sería bueno que se apartara de ese camino.

Pero dejemos al "crítico". Pasemos al marxismo.

El estimado "crítico" repite obstinadamente que la posición de la "mayoría" y de su representante, Lenin, contradice de raíz al marxismo, ¡pues tanto Kautsky como Marx y Engels dicen, según él, lo contrario de lo que defiende Lenin! ¿Es esto cierto? ¡Veamos!

«K. Kautsky —nos informa el autor— en su “Programa de Erfurt” escribe: “Los intereses del proletariado y de la burguesía son tan contrapuestos que las aspiraciones de estas dos clases no pueden ser unidas por un tiempo más o menos prolongado. En cada país con modo de producción capitalista, la participación de la clase obrera en la política conduce, tarde o temprano, a que ésta se separe de los partidos burgueses y forme un partido obrero independiente”».

¿Pero qué se desprende de esto? Solo que los intereses de la burguesía y del proletariado se contraponen entre sí, que "tarde o temprano" el proletariado se separará de la burguesía formando un partido obrero independiente (recuérdenlo: un partido obrero, y no un partido obrero socialdemócrata). ¡El autor supone que aquí Kautsky discrepa de Lenin! Sin embargo, Lenin dice que el proletariado, tarde o temprano, no solo se separará de la burguesía, sino que también llevará a cabo la revolución social, es decir, derrocará a la burguesía[76]. La tarea de la socialdemocracia —añade— consiste en esforzarse para que esto se realice lo antes posible y de manera consciente. Sí, de manera consciente, y no espontánea, ya que Lenin precisamente escribe sobre esta conciencia.

...Allí donde se ha llegado a la formación de un partido obrero independiente –sigue citando el "crítico" el libro de Kautsky–, éste, tarde o temprano, debe, por necesidad natural, asimilar las tendencias socialistas, si no está animado por ellas desde el principio, debe, en última instancia, convertirse en un partido obrero socialista, es decir, en la socialdemocracia[77].

¿Qué significa esto? Sólo que el partido obrero asimila las tendencias socialistas. ¿Acaso Lenin lo niega? ¡De ningún modo! Lenin dice directamente que no sólo el partido obrero, sino toda la clase obrera asimila el socialismo [78] Así que, ¿qué despropósito suelta ese "Socialdemócrata" y su héroe embustero? ¿A qué vienen tantos disparates? Como se dice, oyó campanas, pero no sabe de dónde vienen. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido a nuestro confundido autor.

Como ven, Kautsky aquí no se aparta ni un ápice de Lenin. En cambio, todo esto demuestra con excepcional claridad la insensatez del autor.

¿Dice algo Kautsky en favor de la posición de la "mayoría"? He aquí lo que escribe en uno de sus notables artículos, en el que analiza el proyecto de programa de la socialdemocracia austriaca:

“Muchos de nuestros críticos revisionistas (seguidores de Bernstein) suponen que Marx afirmaba que el desarrollo económico y la lucha de clases crean no solo las condiciones de la producción socialista, sino que también engendran directamente la conciencia (subrayado por K. Kautsky) de su necesidad. Y he aquí que estos críticos objetan que el país de mayor desarrollo capitalista, Inglaterra, es el más ajeno a esta conciencia. Basándose en el proyecto (austriaco) se podría pensar que este... punto de vista... es compartido también por la comisión que elaboró el programa austriaco. En el proyecto se dice: “Cuanto más el desarrollo capitalista incrementa el proletariado, tanto más este se ve forzado y obtiene la posibilidad de luchar contra el capitalismo. El proletariado llega a la conciencia” de la posibilidad y necesidad del socialismo. En tal relación, la conciencia socialista se presenta como un resultado directo necesario de la lucha de clases proletaria. Y esto es completamente falso… La conciencia socialista moderna puede surgir solo sobre la base de un profundo conocimiento científico… Y el portador de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa (subrayado por K. Kautsky). En las cabezas de miembros individuales de esta capa surgió también el socialismo moderno, y por ellos fue comunicado (el socialismo científico) a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, quienes luego lo introducen en la lucha de clases del proletariado... De este modo, la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clases del proletariado, y no algo surgido espontáneamente de ella. En correspondencia con esto, el viejo programa de Hainfeld [79] decía con toda razón que la tarea de la socialdemocracia es introducir en el proletariado la conciencia de su situación y la conciencia de su tarea...”[80]

¿No recuerda usted, lector, pensamientos análogos de Lenin sobre esta cuestión, no recuerda la conocida posición de la "mayoría"? ¿Por qué el "Comité de Tiflis" y su "Socialdemócrata" ocultaron la verdad, por qué el respetable "crítico", al hablar de Kautsky, no citó en su artículo estas palabras de Kautsky? ¿A quién engañan los muy honorables, por qué "tratan con tanto desdén" al lector? ¿No será porque... temen la verdad, se esconden de la verdad y piensan que también la verdad se puede esconder? ¡Se asemejan a aquel pájaro que esconde la cabeza bajo el ala e imagina que nadie lo ve! Pero se equivocan tanto como aquel pájaro.

Si la conciencia socialista se ha elaborado sobre una base científica, si esta conciencia, gracias a los esfuerzos de la socialdemocracia[81], se introduce en el movimiento obrero desde fuera, está claro que todo esto sucede porque la clase obrera, mientras siga siendo clase obrera, no puede ponerse al frente de la ciencia y elaborar por sus propias fuerzas el socialismo científico: para ello no tiene ni tiempo ni medios.

Esto es lo que dice K. Kautsky en su "Programa de Erfurt":

...El proletario puede, en el mejor de los casos, asimilar una parte de los conocimientos elaborados por la erudición burguesa y adaptarlos a sus fines y necesidades, pero mientras siga siendo proletario, no tendrá el ocio ni los medios para desarrollar por sí mismo la ciencia más allá del límite alcanzado por los pensadores burgueses. Por eso, también el socialismo obrero original debía llevar todas las características esenciales del utopismo[82] (utopismo: teoría falsa, no científica).

Este tipo de socialismo utópico adquiere con frecuencia un carácter anárquico, continúa Kautsky, pero “...Como es sabido, en todas partes donde el movimiento anárquico (entendiendo por tal el utopismo proletario. K. Kautsky) penetraba realmente en las masas y se convertía en un movimiento de clase, siempre, tarde o temprano, a pesar de su aparente radicalismo, terminaba por transformarse en el más estrecho movimiento puramente profesional”[83].

En otras palabras, si el movimiento obrero no está unido al socialismo científico, inevitablemente se empequeñece, adquiere un carácter "estrechamente profesional" y, en consecuencia, se subordina a la ideología tradeunionista.

“¡Esto es humillación de los obreros, esto es exaltación de la intelectualidad!” — clama nuestro “crítico” y su “Sozial-Demokrat”… Pobre “crítico”, lastimoso “Sozial-Demokrat”… Consideran al proletariado una señorita caprichosa a la que no se le puede decir la verdad, a la que eternamente hay que hacerle cumplidos para que no se escape. ¡No, respetabilísimos! ¡Nosotros creemos que el proletariado mostrará más firmeza de lo que ustedes piensan. Nosotros creemos que él no temerá la verdad! Y ustedes… Pero qué decirles: he aquí que también ahora ustedes temieron la verdad y en su artículo no comunicaron al lector las auténticas opiniones de Kautsky.

Así, el socialismo científico sin el movimiento obrero es una frase vacía que siempre se puede echar fácilmente al viento.

Por otro lado, el movimiento obrero sin socialismo es un deambular tradeunionista que algún día, por supuesto, conducirá a la revolución social, pero a costa de largos sufrimientos y tormentos. ¿Conclusión?

"El movimiento obrero debe unirse al socialismo"; "la socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo"[84].

Así habla Kautsky, el teórico del marxismo.

Hemos visto que lo mismo dicen "Iskra" (la vieja) y la "mayoría".

Hemos visto que en esta misma posición se encuentra el camarada Lenin.

Así pues, la “mayoría” se mantiene firmemente en las posiciones marxistas.

Está claro que "la actitud despectiva hacia los obreros", "la exaltación de la intelectualidad", "la postura no marxista de la mayoría" y otras perlas semejantes, con las que tan pródigos son los "críticos" mencheviques, no son más que palabras altisonantes, fantasía de los "mencheviques" de Tiflis.

Por el contrario, veremos que, en realidad, "al marxismo contradice de raíz" la propia "minoría" de Tiflis, el "Comité de Tiflis" y su "Socialdemócrata". Pero de esto más adelante. Por ahora, prestemos atención a lo siguiente.

En confirmación de sus afirmaciones, el autor del artículo “¿Mayoría o minoría?” cita las palabras de Marx (?): “el teórico de una u otra clase llega teóricamente a la misma conclusión a la que la propia clase ya ha llegado en la práctica”[85].

Una de dos. O el autor no conoce el idioma georgiano, o se trata de un error del tipógrafo. Ninguna persona culta diría “al que ya ha llegado”. Lo correcto sería: “al que ya ha llegado” o “hacia el que ya se dirige”. Si el autor se refiere a esto último (hacia el que ya se dirige), debe señalarse que transmite incorrectamente las palabras de Marx; Marx no dijo nada semejante. Y si el autor se refiere a la primera formulación, la frase citada por él adoptará la siguiente forma: “el teórico de una u otra clase llega teóricamente a la conclusión a la que la propia clase ya ha llegado en la práctica”. Dicho de otro modo, si Marx y Engels llegaron teóricamente a la conclusión de que son inevitables el hundimiento del capitalismo y la construcción del socialismo, ¡esto significa que el proletariado ya ha rechazado el capitalismo en la práctica, ya ha derrumbado el capitalismo y ha construido en su lugar la vida socialista!

¡Pobre Marx! ¡Quién sabe cuántas tonterías más le atribuirán nuestros pseudomarxistas!

¿Es realmente eso lo que dice Marx? He aquí lo que dice en realidad: los representantes teóricos de la pequeña burguesía “llegan teóricamente a las mismas tareas y soluciones a las que el pequeño burgués llega en la práctica, gracias a sus intereses materiales y a su posición social. Tal es, en general, la relación entre los representantes políticos y literarios de una clase y la clase que representan”[86].

Como puede ver, Marx no dice en absoluto "ya ha llegado". Estas palabras "filosóficas" se las ha inventado el respetado "crítico",

En este caso, las palabras de Marx adquieren un sentido completamente diferente.

¿Qué idea desarrolla Marx en la tesis citada? Únicamente la de que el teórico de tal o cual clase no puede crear un ideal cuyos elementos no existan en la vida, que solo puede advertir los elementos del futuro y, sobre esa base, crear teóricamente el ideal al que tal o cual clase llega en la práctica. La diferencia consiste en que el teórico se adelanta a la clase y advierte antes que ella el germen del futuro. Esto es lo que se llama “llegar a algo teóricamente”.

Esto es lo que dicen Marx y Engels en su "Manifiesto":

Los comunistas (es decir, los socialdemócratas), por consiguiente, en la práctica son la parte más decidida, la que siempre impulsa hacia adelante, de los partidos obreros de todos los países, y en el aspecto teórico tienen sobre el resto de la masa del proletariado la ventaja de comprender las condiciones, la marcha y los resultados generales del movimiento proletario.

Sí, los ideólogos "impulsan hacia adelante", ven mucho más lejos que "el resto de la masa del proletariado", y en eso consiste toda la esencia. Los ideólogos impulsan hacia adelante, y precisamente por eso la idea, la conciencia socialista, tiene una gran importancia para el movimiento.

¿Por eso atacáis a la “mayoría”, honorable “crítico”? Entonces despedíos del marxismo y sabed que la “mayoría” se enorgullece de su posición marxista.

La situación de la “mayoría” en este caso recuerda en muchos aspectos a la situación de Engels en los años noventa.

La idea es la fuente de la vida social, afirmaban los idealistas. Según su opinión, la conciencia social es aquella base sobre la cual se construye la vida de la sociedad. Por eso se les llamaba idealistas.

Era necesario demostrar que las ideas no caen del cielo, que son engendradas por la vida misma.

Marx y Engels irrumpieron en la arena histórica y desempeñaron este papel de manera brillante. Demostraron que la vida social es la fuente de las ideas, por lo que la vida de la sociedad es el fundamento sobre el que se construye la conciencia social. De este modo, cavaron la tumba del idealismo y despejaron el camino al materialismo.

Algunos semimarxistas entendieron esto como si la conciencia, las ideas, tuvieran en la vida una importancia muy pequeña. Era necesario demostrar la gran importancia de las ideas.

Y entonces intervino Engels y en sus cartas (1891-94) subrayó que las ideas, ciertamente, no caen del cielo, sino que son engendradas por la vida misma, pero, una vez nacidas, adquieren una gran importancia, unen a las personas, las organizan e imprimen su sello en la vida social que las engendró: las ideas tienen una gran importancia en el movimiento histórico.

“Esto no es marxismo, esto es una traición al marxismo”, gritaron Bernstein y otros como él. Los marxistas se limitaron a sonreír…

En Rusia hubo semimarxistas, los “economistas”. Ellos afirmaban que, puesto que las ideas son engendradas por la vida social, la conciencia socialista tiene una importancia insignificante para el movimiento obrero.

Era necesario demostrar que la conciencia socialista tiene una gran importancia para el movimiento obrero, que sin ella el movimiento es un vagabundeo tradeunionista, del cual el proletariado no se sabe cuándo se liberará y llegará a la revolución social,

Y he aquí que apareció "Iskra", la cual cumplió magníficamente ese papel. Se publicó el libro "¿Qué hacer?", en el que Lenin subraya la gran importancia de la conciencia socialista. Se formó la "mayoría" del partido, que emprendió firmemente este camino.

Pero entonces aparecen los pequeños bernsteinianos y empiezan a gritar: esto "contradice de raíz el marxismo".

¿Acaso sabéis vosotros, pequeños “economistas”, qué es el marxismo?

* * *

¡Sorprendente! – dirá el lector. ¿De qué se trata? – preguntará. ¿Por qué Plejánov escribió su artículo crítico contra Lenin (véase la nueva "Iskra", núms. 70, 71)? ¿Por qué censura a la "mayoría"? ¿Acaso los desdichados marxistas de Tiflis y su "Social-Demócrata" no repiten las ideas expresadas por Plejánov? Sí, las repiten, pero de manera tan torpe que resulta repugnante. Sí, Plejánov salió con críticas. Pero ¿sabéis de qué se trata? Plejánov no discrepa de la "mayoría" ni de Lenin. Y no solo Plejánov, sino también Mártov, Zasúlich y Axelrod. En efecto, en la cuestión de la que hemos hablado más arriba, los líderes de la "minoría" no discrepan de la vieja "Iskra". Y la vieja "Iskra" es la bandera de la "mayoría". ¡No os asombréis! He aquí los hechos.

Conocemos el artículo programático de la vieja "Iskra" (véase más arriba). Sabemos que en ese artículo está plenamente expresada la posición de la "mayoría". ¿A quién pertenece ese artículo? A la redacción de entonces de "Iskra". ¿Quiénes formaban parte de esa redacción? Lenin, Plejánov, Axelrod, Mártov, Zasúlich y Starovier. De ellos, hoy sólo Lenin forma parte de la "mayoría", los otros cinco dirigen la "minoría", pero el hecho, no obstante, sigue siendo un hecho: el artículo programático de "Iskra" salió bajo su redacción, por consiguiente, no deberían renegar de sus palabras, ellos, evidentemente, creían en lo que escribían.

Pero, si usted lo desea, dejemos "Iskra". He aquí lo que escribe Mártov:

«De este modo, la idea del socialismo surgió por primera vez no entre las masas obreras, sino en los gabinetes de científicos provenientes del seno de la burguesía»[88].

Y he aquí lo que escribe Vera Zasúlich:

"Incluso la idea de la solidaridad de clase de todo el proletariado… no es tan simple como para surgir por sí sola en la cabeza de cada obrero… El socialismo… no crece en absoluto en las cabezas de los obreros 'por sí mismo'... La teoría socialista fue preparada por todo el desarrollo tanto de la vida como del conocimiento… y fue creada por una mente genial armada con ese conocimiento. Asimismo, el inicio de la difusión de las ideas del socialismo entre los obreros lo dieron, en casi todo el continente europeo, socialistas que habían recibido educación en instituciones docentes para las clases superiores"[89].

Escuchemos ahora a Plejánov, que tan importante y solemnemente se pronunció contra Lenin en la nueva "Iskra" (núms. 70, 71). El asunto tiene lugar en el segundo congreso del partido. Plejánov polemiza con Martínov y defiende a Lenin. Reprocha a Martínov, quien, aferrándose a una frase de Lenin, pasó por alto el libro "¿Qué hacer?" en su conjunto, y continúa:

Recepción del camarada Martínov me recuerda a un censor que decía: "denme el 'padre nuestro' y permítanme arrancar de allí una frase, y les demostraré que a su autor habría que colgarlo". Pero todos los reproches dirigidos contra esta desafortunada frase (de Lenin), y no solo por el camarada Martínov, sino por muchos y muchos otros, se basan en un malentendido. El camarada Martínov cita las palabras de Engels: "El socialismo moderno es la expresión teórica del movimiento obrero moderno". El camarada Lenin también está de acuerdo con Engels... Pero las palabras de Engels son una tesis general. La cuestión es quién formula por primera vez esa expresión teórica. Lenin no escribía un tratado de filosofía de la historia, sino un artículo polémico contra los "economistas", que decían: debemos esperar a ver a qué llega la clase obrera por sí misma, sin la ayuda del "bacilo revolucionario" (es decir, sin la socialdemocracia). A esta última se le prohibía decir nada a los obreros, precisamente porque ella es el "bacilo revolucionario", es decir, porque posee conciencia teórica. Pero si ustedes eliminan el "bacilo", queda solo una masa inconsciente, en la cual la conciencia debe ser introducida desde fuera. Si ustedes quisieran ser justos con Lenin y leyeran atentamente todo su libro, verían que él dice precisamente eso[90].

Así habló Plejánov en el segundo congreso del partido.

Y he aquí que el mismo Plejánov, instigado por los mismos Mártov, Axelrod, Zasúlich, Starover y otros, al cabo de unos meses interviene de nuevo y, aferrándose a la misma frase de Lenin que defendió en el congreso, declara: Lenin y la “mayoría” no son marxistas. Él sabe que si incluso del “padre nuestro” se arranca una frase y se la interpreta de forma aislada, su autor bien podría acabar en la horca por apostasía. Él sabe que eso sería injusto, que un crítico imparcial no obraría así, pero aun así arranca esa frase del libro de Lenin, aun así obra injustamente y se escupe públicamente a sí mismo. Y Mártov, Zasúlich, Axelrod y Starover le dan la razón, publican bajo su redacción en el nuevo “Iskra” el artículo de Plejánov (núms. 70, 71) y con ello se deshonran una vez más.

¿Por qué mostraron tal falta de carácter, por qué estos líderes de la "minoría" se escupieron a sí mismos, por qué renegaron del artículo programático en "Iskra", bajo el cual habían firmado, por qué renegaron de sus propias palabras? ¿Se ha oído hablar alguna vez de semejante falsedad en un partido socialdemócrata?

¿Qué ocurrió, pues, en los pocos meses transcurridos entre el segundo congreso y la aparición del artículo de Plejánov?

El asunto es este. De seis redactores, el segundo congreso eligió como redactores de "Iskra" solo a tres: Plejánov, Lenin y Mártov. En cuanto a Axelrod, Starover y Zasúlich, el congreso los colocó en otros puestos. El congreso, por supuesto, tenía derecho a ello, y cada uno estaba obligado a someterse a él: el congreso es el portavoz de la voluntad del partido, el órgano supremo del partido, y quien va contra sus decisiones, pisotea la voluntad del partido.

Pero estos redactores obstinados no se sometieron a la voluntad del partido, a la disciplina partidaria (la disciplina partidaria es la misma voluntad del partido). ¡Resulta que la disciplina partidaria ha sido inventada para gente como nosotros, simples trabajadores! Se enfurecieron con el congreso porque no los eligieron redactores, se apartaron, arrastraron consigo a Mártov y formaron la oposición. Declararon el boicot al partido, renunciaron al trabajo partidario y comenzaron a amenazar al partido: elíjannos en la redacción, en el Comité Central, en el Consejo del partido, o provocaremos una escisión. Y comenzó la escisión. Con ello pisotearon una vez más la voluntad del partido.

He aquí las exigencias de los redactores en huelga:

Se restablece la antigua redacción de "Iskra" (es decir, dennos tres puestos en la redacción).

En el Comité Central se incorpora un número determinado de miembros de la oposición (es decir, de la “minoría”).

En el Consejo del partido se otorgan dos puestos a los miembros de la oposición, etc. …

Planteamos estas condiciones como las únicas que garantizan al partido la posibilidad de evitar un conflicto que amenaza la existencia misma del partido" (es decir, satisfágannos, o de lo contrario provocaremos una gran escisión en el partido)[91].

¿Qué les respondió el partido?

Representante del partido. El Comité Central y otros camaradas les declararon: no podemos ir contra el congreso del partido, las elecciones son asunto del congreso, pero intentaremos restablecer la paz y la concordia, aunque, a decir verdad, es vergonzoso luchar por los puestos, ustedes, por los puestos, quieren escindir el partido, etc.

Los editores en huelga se ofendieron, se sintieron incómodos: en efecto, resultaba que habían emprendido una lucha por los puestos; atrajeron a Plejánov[92] a su lado y comenzaron su gesta heroica. Necesitaban encontrar alguna divergencia más "sólida" entre la "mayoría" y la "minoría" y demostrar así que no luchaban por los puestos. Buscaron y buscaron, y encontraron un pasaje en el libro de Lenin al que, si se arranca del texto y se interpreta de forma aislada, realmente se le puede poner reparos. Una idea afortunada, pensaron los líderes de la "minoría": Lenin es el dirigente de la "mayoría", denigremos a Lenin y así inclinaremos al partido a nuestro lado. Y comenzaron las peroratas de Plejánov acerca de que "Lenin y sus seguidores no son marxistas". Es cierto que ayer mismo defendían precisamente aquella idea del libro de Lenin contra la que hoy se han alzado en armas, pero qué se le va a hacer: al oportunista se le llama oportunista precisamente porque la integridad de principios no goza de estima en él.

He ahí por qué se escupen a sí mismos, he ahí dónde se esconde la fuente de la falsedad. Pero esto no es todo.

Pasó algún tiempo. Ellos vieron que a su agitación contra la “mayoría” y Lenin nadie prestaba atención, salvo algunas personas ingenuas, vieron que los “asuntos” iban mal y decidieron teñirse una vez más de otro color. El mismo Plejánov, los mismos Mártov y Axelrod, el 10 de marzo de 1905, aprobaron en nombre del Consejo del partido una resolución en la que, entre otras cosas, se dice:

“¡Camaradas! (se dirigen a la 'mayoría')... Ambas partes (es decir, la 'mayoría' y la 'minoría') han expresado reiteradamente su convicción de que las diferencias tácticas y organizativas existentes no son de tal naturaleza que imposibiliten el trabajo dentro de los límites de una organización partidaria única”[95], por lo tanto, convoquemos, dicen, un tribunal de camaradas (con la participación de Bebel y otros) y resolvamos nuestra pequeña disputa.

En una palabra, las divergencias partidarias no son más que una riña que resolverá un tribunal de camaradas, y nosotros, por así decirlo, somos un todo único.

¿Pero cómo es eso? A nosotros, los “no marxistas”, nos llaman a las organizaciones del partido, diciendo que somos un todo único y cosas por el estilo... ¿Qué significa esto? ¡Esto es una traición al partido de vuestra parte, dirigentes de la “minoría”! ¿Acaso se puede poner a los “no marxistas” al frente del partido? ¿Acaso los “no marxistas” tienen lugar en un partido socialdemócrata? ¿O tal vez también vosotros habéis traicionado al marxismo y por eso habéis cambiado de frente?

Pero sería ingenuo esperar una respuesta. El hecho es que estos notables líderes tienen en el bolsillo varios "principios", y cuando necesitan alguno, lo sacan. ¡En ellos, como se dice, cada día es un cambio de opinión!

Así son los jefes de la llamada "minoría".

Es fácil imaginar cómo debe ser el séquito de tales jefes: la, por así decirlo, "minoría" de Tiflis... La desgracia está también en que a veces la cola no obedece a la cabeza y deja de someterse. He aquí, por ejemplo, que mientras los jefes de la "minoría" consideran posible la reconciliación y llaman a los militantes del partido a la concordia, la "minoría" de Tiflis y su "Socialdemócrata" continúan enfureciéndose: ¡entre la "mayoría" y la "minoría", declaran, "la lucha es a vida o muerte"[96], y debemos exterminarnos unos a otros! Uno por aquí, otro por allá.

La “minoría” se queja de que los llamamos oportunistas (sin principios). Pero, ¿cómo llamar a esto sino oportunismo, si reniegan de sus propias palabras, si se precipitan de un lado a otro, si siempre vacilan y titubean? ¿Es posible que un verdadero socialdemócrata cambie constantemente de convicciones? Ni siquiera los pañuelos se cambian con tanta frecuencia.

Nuestros pseudomarxistas repiten obstinadamente que la “minoría” tiene un carácter verdaderamente proletario. ¿Es así? Veamos.

Kautsky dice que “al proletario le es más fácil imbuirse de los principios del partido, es propenso a una política de principios, independiente de los estados de ánimo del momento, de los intereses personales o locales”[97].

¿Y la “minoría”? ¿Acaso también ella es propensa a una política que no dependa de estados de ánimo pasajeros y demás? Al contrario: vacila constantemente, titubea eternamente, odia la política firme y de principios, prefiere la falta de principios, sigue los estados de ánimo del momento. Los hechos ya los conocemos.

Kautsky dice que el proletario ama la disciplina del partido: "El proletario no es nada mientras permanece como individuo aislado. Toda su fuerza, toda su capacidad de progreso, todas sus esperanzas y aspiraciones las extrae de la organización…" Precisamente por eso no le seducen ni el beneficio personal ni la gloria personal, él "cumple con su deber en cualquier puesto donde lo coloquen, sometiéndose voluntariamente a la disciplina que impregna todo su sentimiento, todo su pensamiento"[98].

¿La "minoría"? ¿Está igualmente imbuida de disciplina? Al contrario, desprecia la disciplina del partido y se burla de ella[99]. El primer ejemplo de violación de la disciplina del partido lo dieron los líderes de la "minoría". Recuerden a Axelrod, Zasúlich, Starover, Mártov y otros, que no acataron la decisión del segundo congreso.

«Completamente distinto es el caso del intelectual», continúa Kautsky. Él se somete con gran dificultad a la disciplina de partido, y aun así por coacción, no por libre voluntad. «Él reconoce la necesidad de la disciplina sólo para la masa, y no para las almas selectas. A sí mismo, naturalmente, se incluye entre las almas selectas... El modelo ideal de intelectual que se ha imbuido por entero del sentir proletario, que... ha trabajado en cualquier puesto para el que se le designara, se ha subordinado por completo a nuestra gran causa y ha despreciado esos lloriqueos lacios... que a menudo oímos de los intelectuales... cuando les toca quedarse en minoría, el modelo ideal de tal intelectual... fue Liebknecht. Aquí se puede nombrar también a Marx, que nunca se abrió paso a codazos hacia el primer lugar y de manera ejemplar se subordinó a la disciplina de partido en la Internacional, donde más de una vez se quedó en minoría»[100].

¿La “minoría”? ¿Se manifestó en ella en algo un “talante proletario”? ¿Se parece su conducta a la de Liebknecht y Marx? Al contrario: hemos visto que los dirigentes de la “minoría” no subordinaron su “yo” a nuestra santa causa, hemos visto que precisamente esos dirigentes se entregaron al “lloriqueo fláccido al quedar en minoría” en el segundo congreso, hemos visto que después del congreso precisamente ellos se quejaron por los “primeros puestos”, y precisamente por esos puestos provocaron la escisión del partido...

¿Es ése vuestro "carácter proletario", estimados mencheviques?

Entonces, ¿por qué en algunas ciudades los obreros están de nuestro lado? — nos preguntan los mencheviques.

Sí, es cierto, en algunas ciudades los obreros están del lado de la "minoría", pero eso no demuestra nada. Los obreros también siguen a los revisionistas (los oportunistas en Alemania) en algunas ciudades, pero eso aún no significa que su posición sea proletaria, eso aún no significa que ellos no sean oportunistas. En una ocasión, hasta un cuervo encontró una rosa, pero eso aún no significa que el cuervo sea un ruiseñor. No en vano se dice:

Si el cuervo encuentra la rosa,

Se cree ya un ruiseñor.

* * *

Ahora está claro en qué terreno surgieron las divergencias partidarias. Como se ve, en nuestro partido se han manifestado dos tendencias: la tendencia de la firmeza proletaria y la tendencia de la inestabilidad intelectualoide. Y he aquí que el actual grupo minoritario es el portavoz de esta inestabilidad intelectualoide. ¡El “comité” de Tiflis y su “Socialdemócrata” son dóciles esclavos de este “grupo minoritario”!

De eso se trata.

Es cierto que nuestros desdichados marxistas gritan a menudo que están en contra de la "psicología intelectual", tratando al mismo tiempo de acusar a la "mayoría" de "vacilación intelectual", pero esto recuerda el caso del ladrón que robó el dinero y luego empezó a gritar: "¡Detened al ladrón!".

Además, es sabido: a quien le duele algo, de eso habla.

Se imprime según el texto del folleto publicado por el Comité de Unión del Cáucaso del POSDR en mayo de 1905.

Traducción del georgiano