A mediados de septiembre se ha celebrado el Congreso de “personalidades de los zemstvos y de las instituciones urbanas”. En este Congreso ha sido fundado un nuevo “partido”, con un Comité Central al frente y organismos locales en distintas ciudades. El Congreso ha adoptado un “programa”, ha definido la “táctica” y ha redactado un llamamiento, especial con el que este “partido”, recién salido del cascarón, debe dirigirse al pueblo. En una palabra, las “personalidades de los zemstvos y de las instituciones urbanas” han fundado su propio “partido”. ¿Quiénes son estas “personalidades”, cómo se llaman? Burgueses liberales. ¿Quiénes son los burgueses liberales? Los representantes conscientes de la burguesía acomodada. La burguesía acomodada es nuestro enemigo inconciliable, su riqueza se funda sobre nuestra pobreza, su alegría sobre nuestra amargura. Está claro que sus representantes conscientes serán nuestros enemigos jurados, que intentarán aplastarnos conscientemente. Así, pues, se ha formado un “partido” de enemigos del pueblo, que se propone dirigir un llamamiento al pueblo. ¿Qué quieren estos señores, qué propugnan en su llamamiento? Go son socialistas, odian el movimiento socialista.

Esto significa que afianzan el régimen burgués y luchan contra el proletariado a vida o muerte. De ahí que gocen de gran simpatía en los círculos burgueses. Go son tampoco demócratas, odian la república democrática. Esto significa que afianzan el trono del zar y luchan rabiosamente también contra los atormentados campesinos. De ahí que Nicolás II “tuviese a bien” autorizar sus asambleas y les permitiera convocar el Congreso del “partido”. Quieren solamente cercenar un poco los derechos del zar, y aun eso a condición de que tales derechos pasen a manos de la burguesía. Ahora bien, el zarismo, en opinión de ellos, debe indefectiblemente subsistir como seguro baluarte de la burguesía acomodada, que ésta utilizará contra el proletariado. Por eso en su “proyecto de Constitución” dicen que “el trono de los Románov debe quedar incólume”, es decir, quieren una Constitución amputada con una monarquía restringida. Los señores burgueses liberales “no tienen nada en contra” de que también se concedan derechos electorales al pueblo, pero sólo a condición de que sobre la Cámara de representantes del pueblo se entronice la Cámara de los ricachos, que tratará sin falta de corregir y anular las decisiones de la Cámara de representantes del pueblo.

Por eso precisamente dicen en su programa: “Necesitamos dos Cámaras”. Los señores burgueses liberales se “congratularán mucho” si se otorga la libertad de palabra, de imprenta y de asociación, con tal de que siga restringida la libertad de huelga. De ahí que peroren tanto “acerca de los derechos del hombre y del ciudadano”, mientras que de la libertad de huelga no dicen nada claro, como no sean farisaicos balbuceos sobre no se sabe qué “reformas económicas”. Estos peregrinos señores no dejan de manifestar también su benevolencia al campesinado: “no tienen nada en contra” de que las tierras de los terratenientes pasen a manos de los campesinos, pero a condición de que los campesinos rescaten estas tierras a los terratenientes y no “las reciban gratis”. ¡Ved qué buenas resultan estas “personalidades” de pacotilla! Si llegan a ver cumplidos todos estos deseos, los derechos del zar pasarán a manos de la burguesía y la autocracia zarista se convertirá gradualmente en autocracia de la burguesía. A eso nos conducen las “personalidades de los zemstvos y de las instituciones urbanas”.

Por eso les aterra hasta en sueños la revolución popular y hablan tanto de la “pacificación de Rusia”. No es asombroso, después de ello, que esas infaustas “personalidades” hayan cifrado grandes esperanzas en la llamada Duma de Estado. Como es sabido, la Duma zarista es la negación de la revolución popular, y esto es muy conveniente para nuestros burgueses liberales. Como es sabido, la Duma zarista ofrece “cierto” campo de acción a la burguesía acomodada, y esto es muy necesario para nuestros burgueses liberales. De ahí que basen todo su “programa” y toda su actividad en la existencia de la Duma: con el fracaso de la Duma se vendrían inevitablemente también a tierra todos sus “planes”. Por eso, precisamente, les asusta el boicot a la Duma, por eso precisamente nos aconsejan ir a la Duma. “Será un gran error no participar en la Duma zarista”, dicen por boca de su jefe Yakushkin. Y en efecto, sería un “gran error”, pero la cuestión está en saber para quién: si para el pueblo o para sus enemigos. ¿Cuál es la misión de la Duma zarista, qué dicen de ello las “personalidades de los zemstvos y de las

instituciones urbanas”? “...La primera y principal tarea de la Duma es la transformación de la propia Duma”, dicen en su llamamiento... “Los electores deben obligar a los compromisarios a elegir a aquellos candidatos que deseen ante todo transformar la Duma”, dicen en el mismo documento. ¿En qué consiste, pues, esta “transformación”? En que la Duma tenga “voto decisivo en la elaboración de las leyes... y en la discusión de los ingresos y gastos del Estado... y derecho de control sobre la gestión de los ministros”. Es decir, los compromisarios deben exigir ante todo la ampliación de los derechos de la Duma. He ahí, pues, lo que significa la “transformación” de la Duma. ¿Quién será elegido a la Duma? En su mayor parte, la gran burguesía. Está claro que la ampliación de los derechos de la Duma significa el fortalecimiento político de la gran burguesía. ¡Y las “personalidades de los zemstvos y de las instituciones urbanas” aconsejan al pueblo que elija a la Duma a los burgueses liberales y les encargue ante todo de contribuir al fortalecimiento de la gran burguesía!

Resulta que ante todo y sobre todo debemos preocuparnos de fortalecer con nuestras propias manos a nuestros enemigos: esto es lo que hoy día nos aconsejan los señores burgueses liberales. ¡Un consejo muy “amistoso”, ni que decir tiene! Bien, y ¿los derechos del pueblo?, ¿quién se preocupará de ellos? ¡Oh!, ni que decir tiene que los señores burgueses liberales no se olvidarán del pueblo. Ellos aseguran que cuando vayan a la Duma, cuando se afiancen en ella, exigirán derechos también para el pueblo. Y por medio de tal fariseísmo las “personalidades de los zemstvos y de las instituciones urbanas” confían en lograr su propósito... Por eso resulta que nos aconsejan ante todo ampliar los derechos de la Duma.... Bebel decía: lo que nos aconseja el enemigo, es perjudicial para nosotros. El enemigo aconseja: participad en la Duma; está claro que la participación en la Duma es perjudicial para nosotros. El enemigo aconseja: ampliad los derechos de la Duma; está claro qué la ampliación de los derechos de la Duma es perjudicial para nosotros. Lo que debemos hacer es socavar la confianza en la Duma y sacarla a la vergüenza ante los ojos del pueblo.

Lo que necesitamos no es la ampliación de los derechos de la Duma, sino la ampliación de los derechos del pueblo. Y si, además, el mismo enemigo nos dirige melifluos discursos y nos promete no se sabe qué “derechos”, ello significa que nos tiende una celada y quiere erigirse con nuestras propias manos una fortaleza. De los burgueses liberales nosotros no podemos esperar otra cosa. Mas ¿qué diréis de algunos “socialdemócratas” que nos predican la táctica de los burgueses liberales? ¿Qué diréis de la “minoría” del Cáucaso, que repite al pie de la letra los pérfidos consejos de nuestros enemigos? Por ejemplo, la “minoría” del Cáucaso dice: “Nosotros reconocemos que es necesario participar en la Duma de Estado” (v. “La II Conferencia”, pág. 7). Exactamente igual que lo “reconocen necesario” los señores burgueses liberales. Esta misma “minoría” nos aconseja: “Si la comisión de Buliguin... otorga el derecho a elegir diputados únicamente a los ricos, nosotros deberemos intervenir en estas elecciones y obligar por la vía revolucionaria a los electores a elegir a los candidatos avanzados y exigir en el Zemski Sobor una Asamblea Constituyente.

Por último, recurriendo a todas las medidas posibles..., obligar al Zemski Sobor a convocar una Asamblea Constituyente o a proclamarse él mismo como tal” (v. “Sotsial- Demokrat”, núm. 1). Es decir, aun en el caso de que sólo los ricos disfruten del derecho electoral, aun en el caso de que en la Duma se reúnan sólo los ricos, ¡deberemos exigir que se concedan derechos de Asamblea Constituyente a esta Asamblea de los ricos! Aun en el caso de que sean cercenados los derechos del pueblo, ¡deberemos tratar de ampliar lo más posible los derechos de la Duma! Ni que decir tiene que las elecciones de “candidatos avanzados” no serán más que palabras vacías si los derechos electorales han de ser otorgados únicamente a los ricos. Como hemos visto más arriba, lo mismo nos predican los burgueses liberales. Una de dos: o los burgueses liberales se han menchevizado o la “minoría” del Cáucaso se ha liberalizado. Sea como fuere, no hay duda de que el “partido” de los burgueses liberales, recién salido del cascarón, tiende hábilmente su celada... Destrozar esta celada, ponerla de manifiesto, luchar despiadadamente contra los liberales, enemigos del pueblo: he ahí lo que necesitamos ahora.

Publicado sin firma el 15 de octubre de 1905 en el núm. 13 del periódico “Proletariati Brdzola”. Traducido del georgiano.