¡Truena la revolución! ¡Se ha puesto en pie el pueblo revolucionario de Rusia y asedia al gobierno zarista, para lanzarse al asalto contra él! Flamean las banderas rojas, levántanse barricadas, el pueblo empuña las armas y asalta las instituciones estatales. De nuevo se oye el grito de combate de los valientes, de nuevo ha entrado en conmoción la vida que había vuelto a la tranquilidad. La nave de la revolución ha alzado velas y se dirige veloz hacia la libertad. El proletariado de Rusia la conduce. ¿Qué desean los proletarios de Rusia, a dónde van? Los proletarios de Rusia dicen hoy: derrocaremos la Duma zarista y crearemos la Asamblea Constituyente de todo el pueblo. El proletariado no exigirá del gobierno pequeñas concesiones, no exigirá de él que ponga término al “estado de guerra” y a las “flagelaciones públicas” en algunas ciudades y pueblos: el proletariado no descenderá a tales pequeñeces. Quien exige del gobierno concesiones, no cree en la muerte del gobierno, y en el proletariado alienta esta fe. Quien espera del gobierno “mercedes”, no cree en la potencia de la revolución, y el proletariado vive con esta fe. ¡No! El proletariado no dispersará sus energías en reivindicaciones insensatas.

Frente a la autocracia zarista, el proletariado no tiene más que una reivindicación: ¡Abajo la autocracia, muera la autocracia! Y, efectivamente, en los ámbitos de Rusia resuena con audacia creciente el clamor revolucionario de los obreros: ¡Abajo la Duma de Estado! ¡Viva la Asamblea Constituyente de todo el pueblo! Esta es la aspiración actual del proletariado de Rusia. El zar no otorgará la Asamblea Constituyente de todo el pueblo, el zar no destruirá su propia autocracia: ¡no lo hará! ¡La amputada “Constitución” que “otorga” es una concesión temporal, una promesa farisaica y nada más! Naturalmente, nosotros nos aprovecharemos de esta concesión, no renunciaremos a arrancar al cuervo esta nuez para destrozarle con ella la cabeza. No obstante, sigue siendo un hecho que el pueblo no puede confiar en la promesa del zar; debe confiar únicamente en sí mismo, debe basarse únicamente en su propia fuerza: la liberación del pueblo debe ser obra del mismo pueblo. ¡Solamente sobre las cenizas de los opresores podrá erigirse la libertad popular, solamente con la sangre de los opresores podrá abonarse el terreno para el Poder soberano del pueblo!

Sólo cuando el pueblo armado se alce con el proletariado a la cabeza y enarbole la bandera de la insurrección general, podrá ser derrocado el gobierno zarista, sostenido por las bayonetas. No frases vacías, no el absurdo “armarse por sus propios medios”, sino el armamento efectivo y la insurrección armada: hacia eso van hoy los proletarios de toda Rusia. La insurrección victoriosa conducirá a la derrota del gobierno. Pero más de una vez ha ocurrido que los gobiernos vencidos han vuelto a ponerse en pie. También en nuestro país el gobierno puede volver a ponerse en pie. Las fuerzas oscuras, que durante la insurrección se esconden por los rincones, saldrán de sus madrigueras al día siguiente de la insurrección y querrán poner en pie al gobierno. Así es como resucitan los gobiernos vencidos. ¡El pueblo debe ineludiblemente aplastar a estas fuerzas oscuras, debe destrozarlas! Y para ello es necesario que el pueblo victorioso, ya al día siguiente de la insurrección, se arme desde el pequeño al grande, se convierta en un ejército revolucionario y esté siempre pronto a defender con las armas en la mano los derechos conquistados. Sólo cuando el pueblo victorioso se convierta en un ejército revolucionario, estará en condiciones de aplastar definitivamente a las fuerzas oscuras emboscadas.

Sólo un ejército revolucionario puede dar fuerza a los actos del gobierno provisional, sólo un gobierno provisional podrá convocar la Asamblea Constituyente de todo el pueblo, que debe implantar la república democrática, Ejército revolucionario y gobierno provisional revolucionario: éstas son hoy las aspiraciones de los proletarios de Rusia. Tal es el camino por el que ha entrado la revolución rusa. Este camino lleva al Poder soberano del pueblo, y el proletariado llama a todos los amigos del pueblo a seguir este camino. La autocracia zarista cierra el paso a la revolución popular; con su mensaje de ayer quiere frenar este grandioso movimiento: claro está que las olas de la revolución envolverán y arrojarán a la autocracia zarista... ¡Desprecio y odio a todos los que no sigan el camino del proletariado, porque traicionan vilmente la revolución! ¡Que la infamia cubra a los que, siguiendo de hecho este camino, de palabra dicen lo contrario, porque temen pusilánimes la verdad! ¡Nosotros no tememos la verdad, no tememos la revolución! ¡Qué retumbe con más fuerza el trueno, que se desencadene con más fuerza la tempestad! ¡La hora de la victoria está cercana! Proclamemos, pues, con entusiasmo las consignas

del proletariado de Rusia: ¡Abajo la Duma de Estado! ¡Viva la insurrección armada! ¡Viva el ejército revolucionario! ¡Viva el gobierno provisional revolucionario! ¡Viva la Asamblea Constituyente de todo el pueblo! ¡Viva la república democrática! ¡Viva el proletariado!

Se publica de acuerdo con el texto de la proclama editada el 19 de octubre de 1905 en la imprenta clandestina de Avlabar de la Unión del Cáucaso del P.O.S.D.R. Firma: El Comité de Tiflis. Traducido del georgiano.