El poderoso titán, el proletariado de Rusia, de nuevo se pone en pie... Un vasto movimiento huelguístico abarca toda Rusia. Como por obra de magia, ha quedado repentinamente paralizada la vida en todo el inmenso territorio de Rusia. Sólo en Petersburgo y en su red ferroviaria se han declarado en huelga más de un millón de obreros. El incendio revolucionario se ha extendido a todo Moscú, la antigua capital tranquila, inmóvil, fiel a los Románov. Járkov, Kiev, Ekaterinoslav y otros centros culturales e industriales, toda la Rusia central y meridional, toda Polonia y, por último, todo el Cáucaso han paralizado sus actividades y miran cara a cara, con aire amenazador, a la autocracia. ¿Qué sucederá? Estremecida y con el corazón en suspenso aguarda toda Rusia contestación a esta pregunta. El proletariado lanza un reto al maldito monstruo bicéfalo. ¿Seguirá a este reto una verdadera batalla, se convertirá la huelga en franca insurrección armada o, a semejanza de las huelgas anteriores, terminará “pacíficamente”, se “extinguirá”? ¡Ciudadanos! Cualquiera que sea la contestación a esta pregunta, termine de una u otra manera la huelga actual, una cosa debe ser clara e indudable para todos: nos encontramos en vísperas de la insurrección de todo el pueblo de Rusia, y la hora de esta insurrección se halla cercana.

La huelga general política que acaba de desencadenarse, huelga sin precedente y de grandiosidad sin igual, no sólo en la historia de Rusia, sino incluso en la historia del mundo entero, puede quizá terminar hoy sin convertirse en una insurrección de todo el pueblo, pero será tan sólo para conmocionar mañana de nuevo al país con mayor fuerza y transformarse en la grandiosa insurrección armada que debe dirimir el pleito secular del pueblo ruso con la autocracia zarista y aplastar la cabeza a este monstruo abominable. La insurrección armada de todo el pueblo: ¡ése es el desenlace fatal a que lleva con inevitabilidad histórica todo el conjunto de los acontecimientos ocurridos en la vida política y social de nuestro país durante estos últimos tiempos! La insurrección armada de todo el pueblo: ¡ése es el gran problema que está planteado en el momento actual ante el proletariado de Rusia y que reclama imperiosamente solución! ¡Ciudadanos! Vuestros intereses, a excepción de los intereses del pequeño grupo de la aristocracia financiera y agraria, reclaman que os adhiráis al llamamiento del proletariado y vayáis con él a esta salvadora insurrección de todo el pueblo.

La criminal autocracia zarista ha llevado a nuestro país al borde del abismo. La ruina de los cien millones de campesinos de Rusia, la opresión y la miseria de la clase obrera, las enormes deudas del Estado y los impuestos agobiadores, la falta de derechos de toda la población, la arbitrariedad sin límites y los atropellos que reinan en todos los dominios de la vida y, en fin, la falta absoluta de seguridad para la vida y los bienes de los ciudadanos: tal es el terrible panorama que ofrece ahora Rusia. ¡Así no se puede continuar por mucho tiempo! ¡La autocracia, que ha creado todos estos sombríos horrores, debe ser aniquilada! ¡Y lo será! La autocracia se da cuenta de ello, y cuanto más se percata tanto más sombríos son estos horrores, tanto más terrible es la danza infernal que organiza alrededor suyo. Además de los centenares y millares de ciudadanos pacíficos, de obreros, que ha asesinado en las calles de las ciudades; además de las decenas de millares de obreros e intelectuales, los mejores hijos del pueblo, que padecen en las cárceles y en el destierro; además de las interminables matanzas y desmanes que cometen los jenízaros zaristas en las aldeas, entre los campesinos, en todo el territorio de Rusia, la autocracia ha discurrido, por último, nuevos horrores.

Ha comenzado a sembrar la enemistad y el encono entre el pueblo mismo y a enfrentar a las distintas capas de la población y a nacionalidades enteras. Ha armado y azuzado a elementos rusos del hampa contra los obreros y los intelectuales rusos, a las masas atrasadas y hambrientas de rusos y moldavos en Besarabia contra los judíos y, en fin, a la masa ignorante y fanática de tártaros contra los armenios. Utilizando a los tártaros ha aplastado Bakú, uno de los centros revolucionarios de Rusia y el centro más revolucionario del Cáucaso, y ha apartado de la revolución a toda la provincia armenia. Ha convertido íntegramente el multinacional Cáucaso en un campamento militar, donde la población espera cada momento verse atacada no sólo por la autocracia, sino también por las nacionalidades vecinas, víctimas infelices de la autocracia. ¡Así no se puede continuar! ¡Y sólo la revolución puede poner fin a todo ello! Sería peregrino y ridículo esperar que la autocracia, que ha creado todos estos infernales horrores, quiera y pueda ella misma ponerles fin. No hay reformas, no hay remiendos puestos a la autocracia -como la Duma de Estado, los zemstvos,

etc., que es a lo que quiere limitarse el partido liberal- capaces determinar con estos horrores. Por el contrario, todas las tentativas en este sentido, así como toda oposición al ímpetu revolucionario del proletariado, contribuirán a la exacerbación de tales horrores. ¡Ciudadanos! El proletariado, la clase más revolucionaría de nuestra sociedad, que ha sostenido hasta el presente sobre sus espaldas todo el peso de la lucha contra la autocracia, y que es su enemigo más decidido e implacable hasta el final, se dispone a la insurrección armada. Y os llama a vosotros, llama a todas las clases de la sociedad, a ayudarle y apoyarle. Armaos, ayudadle a armarse y preparaos para el combate decisivo. ¡Ciudadanos! ¡La hora de la insurrección está cerca! ¡Es preciso que nos encuentre bien pertrechados! Sólo en tal caso, sólo por medio de la insurrección armada general, desencadenada al mismo tiempo y en todas partes, podremos vencer a nuestro vil enemigo -la maldita autocracia zarista- y erigir sobre sus escombros la república democrática libre que necesitamos. ¡Abajo la autocracia! ¡Viva la insurrección armada general! ¡Viva la república democrática! ¡Viva el proletariado de Rusia en lucha!

Se publica de acuerdo con el texto de la proclama editada en octubre de 1905 en la imprenta del Comité de Tiflis del P.O.S.D.R. Firma: El Comité de Tiflis.