Ante todo debo pedir perdón al lector por haber retardado la respuesta. ¡Qué se le va a hacer! Las circunstancias me han obligado a trabajar en otro terreno y he debido aplazar por cierto tiempo mi respuesta; bien lo sabéis: no disponemos de nosotros mismos. Debo además indicar lo siguiente: muchos consideran que el autor del folleto "Brevemente sobre las discrepancias en el Partido" es el Comité de la Unión y no una sola persona. Debo declarar que el autor del folleto soy yo. Al Comité pertenece únicamente su redacción. Y ahora pasemos al asunto. Mi adversario me acusa de "no ver el objeto de la discusión", de "esfumar las cuestiones"*, y de que "se discuten problemas de organización y no de programa" (pág. 2). Un poco de sentido de la observación basta para descubrir la falsedad de tal aserto. Mi folleto es respuesta al primer número del "Sotsial-Demokrat": el folleto había sido entregado ya a la imprenta cuando salió el segundo número del "Sotsial- Demokrat". ¿Qué dice el autor en el primer número? Únicamente que la "mayoría" sigue la senda del idealismo y que su actitud "contradice de raíz" el marxismo. Allí no se dice ni una palabra de los problemas de organización.

¿Qué debía yo responder? Exclusivamente lo que respondí, a saber: la "mayoría" se mantiene en las posiciones del auténtico marxismo, y si la "minoría" no lo entiende, eso quiere decir que es ella la que se ha desviado del auténtico marxismo. Así hubiera procedido todo el que esté avezado, por poco que sea, en la polémica. Pero el autor insiste en lo suyo: ¿por qué, dice, no se refiere a los problemas de organización? No me refiero a ellos, honorable filósofo, porque usted no dijo entonces ni palabra de estas cuestiones. Y no se puede contestar a cuestiones de las que todavía no se ha tratado. Está claro que eso de "esfumar las cuestiones" de "silenciar el objeto de la discusión", etc., son infundios del autor. Por el contrario, yo tengo fundamento para sospechar que él mismo silencia algunas cuestiones. Dice que se discuten problemas de organización", siendo así que entre nosotros existen también discrepancias tácticas, las cuales tienen mucha más importancia que las discrepancias en el terreno de la organización. Sin embargo, nuestro "crítico" no ha dicho ni una palabra de estas discrepancias en su folleto. Eso es lo que se llama "esfumar las cuestiones".

* Véase: “Respuesta la Comité de la Unión”. ¿De qué se habla en mi folleto? La vida social moderna está organizada al modo capitalista. En ella existen dos grandes clases: la burguesía y el proletariado, que sostienen entre sí una lucha a vida o muerte. Las condiciones en que vive la burguesía la obligan a afianzar el régimen capitalista. En cambio, las condiciones en que vive el proletariado le obligan a socavar el régimen capitalista, a destruirlo. A tenor con estas dos clases, también se elaboran dos clases de conciencia: la burguesa y la socialista. A la situación del proletariado corresponde la conciencia socialista. Por eso, el proletariado acepta esta conciencia, la asimila y lucha con fuerza redoblada contra el régimen capitalista. Huelga decir que si no hubiese capitalismo ni lucha de clases, tampoco habría conciencia socialista. Pero ahora la cuestión está en saber quién elabora, quién tiene la posibilidad de elaborar esta conciencia socialista (es decir, el socialismo científico). Kautsky dice, y yo repito su pensamiento, que la masa de los proletarios, mientras siguen siendo proletarios, no dispone ni de tiempo ni de posibilidad para elaborar la conciencia socialista.

"La conciencia socialista moderna puede surgir únicamente sobre la base de profundos conocimientos científicos"*, dice Kautsky. Ahora bien, los portadores de la ciencia son los intelectuales, entre ellos, por ejemplo, Marx, Engels y otros, que tienen tiempo y posibilidad de ponerse al frente de la ciencia y de elaborar la conciencia socialista. Está claro que la elaboración de la conciencia socialista es obra de unos pocos intelectuales socialdemócratas, que disponen para ello de tiempo y de posibilidades. Pero, ¿qué importa por sí sola la conciencia socialista, si no es difundida entre el proletariado? ¡Será una frase vacía, y nada más! Las cosas tomarán un giro completamente distinto si esta conciencia se propaga entre el proletariado: el proletariado adquiere conciencia de su situación y marchará a pasos acelerados hacia la vida socialista. Aquí precisamente, es donde aparece la socialdemocracia (y no sólo los intelectuales socialdemócratas), que introduce en el movimiento obrero la conciencia socialista. Esto es lo que tiene presente Kautsky al decir que "la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clase del proletariado"**.

* Véase el artículo de C. Kautsky, citado en “¿Qué hacer?”. ** Véase el artículo de C. Kautsky, citado en “¿Qué hacer?”.

Así, pues, la conciencia socialista la elaboran unos pocos intelectuales socialdemócratas. Ahora bien, en el movimiento obrero esta conciencia es introducida por toda la socialdemocracia, que imprime a la lucha espontánea del proletariado un carácter consciente. De esto se trata en mi folleto. Tal es la actitud del marxismo y, con él, la de la "mayoría". ¿Qué aduce contra esto mi adversario? Propiamente hablando, nada esencial. Se ocupa más de insultar que de esclarecer la cuestión. ¡Se ve que está muy enfurecido! No se atreve a plantear francamente los problemas, no responde de modo directo a ellos, sino que, como un "luchador" miedoso, se escabulle del objeto de la discusión, esfuma hipócrita las cuestiones planteadas con toda claridad y, por añadidura, afirma a todos: ¡yo he esclarecido de un golpe todos los problemas! Por ejemplo, el autor no plantea para nada el problema de la elaboración de la conciencia socialista, no se resuelve a decir sin rodeos a quién se adhiere en esta cuestión: si a Kautsky o a los "economistas". Cierto, en el primer número del "Sotsial-Demokrat", nuestro "crítico" ha hecho declaraciones bastante audaces, ha hablado claramente con el lenguaje de los "economistas". Pero ¿qué se le va a hacer?

Entonces era una cosa y ahora tiene "otro humor" y, en vez de emplear la crítica, elude esta cuestión, quizá porque se ha persuadido de su error, aunque no se decide a reconocerlo francamente. En suma, nuestro autor se ve entre dos fuegos. No llega a discernir a quién debe adherirse. Si se adhiere a los "economistas", habrá de romper con Kautsky y con el marxismo, cosa que no le conviene; y si rompe con el "economismo" y se adhiere a Kautsky, habrá de suscribir ineludiblemente lo que dice la "mayoría"; mas para esto le falta valor. Queda, pues, entre dos fuegos. ¿Y qué le restaba por hacer a nuestro "critico"? Aquí mejor es callar, resuelve él, y, en efecto, elude cobardemente el problema planteado más arriba. ¿Qué dice el autor acerca de la introducción de la conciencia? También aquí pone de manifiesto la misma vacilación y cobardía. Suplanta la cuestión y declara con gran aplomo: Kautsky no dice en manera alguna que "los intelectuales introducen desde fuera el socialismo en la clase obrera" (pág. 7). ¡Muy bien!, pero si tampoco lo decimos nosotros, los bolcheviques, señor "crítico", ¿qué falta le hacía luchar contra molinos de viento? ¿Cómo no puede comprender que, según nuestra opinión, según la opinión de los bolcheviques, la conciencia socialista es introducida en el movimiento obrero por la socialdemocracia* y no sólo por los intelectuales socialdemócratas? ¿Por qué cree usted que en el

* Véase. “Brevemente sobre las discrepancias en el Partido”. (Ver el presente tomo. N. de la Edit.) Partido socialdemócrata hay sólo intelectuales? ¿Acaso no sabe usted que en las filas de la socialdemocracia hay muchos más obreros de vanguardia que intelectuales? ¿Acaso los obreros socialdemócratas no pueden introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero? Al parecer, el autor mismo comprende también que su "prueba" no tiene nada de convincente y pasa a presentar otra "prueba". "Kautsky escribe -continúa nuestro "crítico"-: "Con el proletariado nace, por necesidad natural, la tendencia al socialismo, tanto en los proletarios mismos como en los que asimilan el punto de vista del proletariado; así se explica el nacimiento de las aspiraciones socialistas". De aquí se desprende claramente -comenta nuestro "crítico"- que el socialismo no se introduce desde fuera en el proletariado, sino que, por el contrario, sale del proletariado y entra en la mente de los que asimilan las concepciones del proletariado" ("Respuesta al Comité de la Unión", pág.8). ¡Así escribe nuestro "crítico" y se imagina que ha esclarecido el problema! ¿Qué significan las palabras de Kautsky? Únicamente que la tendencia al socialismo nace por sí sola en el proletariado. Y esto, por supuesto, es cierto. Pero nuestra discusión no gira en torno a la tendencia al socialismo, sino en torno a la conciencia socialista" ¿Qué hay de común entre la una y la otra?

¿Acaso la tendencia y la conciencia son la misma cosa? ¿Acaso el autor no puede distinguir la "tendencia al socialismo" de la "conciencia socialista"? ¿Y acaso no revela indigencia mental, cuando de las palabras de Kautsky infiere que "el socialismo no se introduce desde fuera"? ¿Qué hay de común entre "el nacimiento de la tendencia al socialismo" y la introducción de la conciencia socialista? ¿Acaso el mismo Kautsky no dice que "la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clase del proletariado"? (v. "¿Qué hacer?", pág. 27). El autor, por lo visto, comprende que ha caído en una situación falsa y como conclusión se ve obligado a agregar: "De la cita de Kautsky se desprende, en efecto, que la conciencia socialista es introducida en la lucha de clases desde fuera" (v. "Respuesta al Comité de la Unión", pág. 7). Sin embargo, no se atreve a reconocer franca y valientemente esta verdad científica. Nuestro menchevique pone aquí también de manifiesto las mismas vacilaciones y la misma cobardía de antes frente a la lógica. Tal es la ambigua "respuesta" del señor "crítico" a los dos problemas principales. Ahora bien, ¿qué se puede decir de los pequeños problemas restantes que se deducen por si mismos de estos grandes problemas? Mejor será que el propio lector compare mi folleto con el folleto de nuestro autor. Sólo es necesario tocar un problema más. De creer al autor, resulta que, a nuestro juicio, "la

Respuesta al "Sotsial-demokrat"

escisión se produjo porque el Congreso... no eligió redactores a Axelrod, Zasúlich y Starovier..." ("Respuesta", pág. 13.), que con ello mismo nosotros "negamos la escisión, ocultamos su alcance en el terreno de los principios y presentamos toda la oposición como obra de tres redactores "amotinados" (lug. cit. pág. 16). Aquí el autor embrolla otra vez el asunto. Se trata de que aquí hay planteadas dos cuestiones: la causa de la escisión y la forma en que se manifiestan las divergencias. A la primera cuestión contesto directamente: "Ahora está claro sobre qué base surgieron las discrepancias en el Partido. Como se ve, en nuestro Partido se han manifestado dos tendencias: la tendencia de la firmeza proletaria y la tendencia del titubeo intelectualista. Y el exponente de este titubeo intelectualista es precisamente la actual "minoría"" (v. "Brevemente sobre las discrepancias en el Partido", pág. 46)*. Como veis, yo no explico las discrepancias por la conducta de Mártov y de Axelrod, sino por el hecho de que en nuestro Partido existen la tendencia intelectualista y la tendencia proletaria. La conducta de Mártov y otros es únicamente expresión del titubeo intelectualista. Pero nuestro menchevique, al parecer, no ha comprendido este pasaje de mi folleto. Por lo que se refiere a la segunda cuestión, yo decía, en efecto, y diré siempre que los cabecillas de la "minoría" han vertido lágrimas por los "primeros puestos", y esta es precisamente la forma que han dado a la lucha en el seno del Partido.

Nuestro autor no quiere reconocerlo. Sin embargo, es un hecho que los cabecillas de la "minoría" han declarado el boicot al Partido, han exigido públicamente puestos en el Comité Central, en el Órgano Central, en el Consejo del Partido, y además han declarado: "Presentamos estas condiciones como las únicas que aseguran al Partido la posibilidad de evitar un conflicto que pone en peligro la propia existencia del Partido" (v. "Comentarios", pág. 26) ¿Qué significa esto sino que en la bandera de los cabecillas de la "minoría" no fue inscrita la consigna de la lucha ideológica, sino la de la "lucha por los puestos"? Como se sabe, nadie les impedía sostener una lucha ideológica, de principios. ¿Acaso los bolcheviques no les decían: cread un órgano de prensa aparte y defended vuestros puntos de vista, el Partido puede poner a vuestra disposición tal órgano (v "Comentarios")? ¿Por qué no accedieron a ello, si realmente les interesaban los principios y no los "primeros puestos"? Todo eso es lo que llamamos inconsecuencia política de los jefes mencheviques. No os molestéis, señores, si llamamos a las cosas por su nombre. Los jefes de la "minoría" no discrepaban antes del marxismo ni de Lenin en que la conciencia socialista es introducida en el movimiento obrero desde fuera

* Véase el presente tomo. (N. de la Edit.) (v. el artículo programático de "Iskra", núm. 1). Pero después comenzaron a vacilar y entablaron la lucha contra Lenin, quemando lo que ayer habían adorado. Yo llamé a esto versatilidad. No os molestéis tampoco por ello, señores mencheviques. Ayer os inclinabais ante los organismos centrales y nos fulminabais con rayos y centellas, porque habíamos expresado desconfianza al Comité Central. Y hoy vosotros mináis no sólo los organismos centrales, sino también el centralismo (v. "La Primera Conferencia de toda Rusia"). Yo llamo a esto ausencia de principios y espero que tampoco por ello os indignéis contra mí, señores mencheviques. Si juntamos rasgos como la inconsecuencia política, la lucha por los puestos, la falta de firmeza, la ausencia de principios y otros rasgos semejantes, obtendremos cierta cualidad general: el titubeo intelectualista, del que adolecen ante todo los intelectuales. Está claro que el titubeo intelectualista es el terreno (la base) sobre el cual surge la "lucha por los puestos", la "ausencia de principios, etc. Ahora bien, la falta de firmeza de los intelectuales obedece a su situación social. He aquí cómo explicamos nosotros la escisión en el Partido. ¿Ha comprendido usted, por fin, señor autor, qué diferencia existe entre la causa de la escisión y sus formas? Lo dudo.

Tal es la absurda y ambigua posición que ocupan el "Sotsial-Demokrat" y su extraño "crítico". En cambio, este "crítico" manifiesta gran desenvoltura en otro terreno. En su folleto de unas ocho hojas se las ha ingeniado para mentir ocho veces en contra de los bolcheviques, y de tal forma que causa risa. ¿No lo creéis? He aquí los hechos. Mentira primera. A juicio del autor, "Lenin quiere reducir el marco del Partido, convertir el Partido en una organización estrecha de profesionales" (pág. 2). Pero Lenin dice: "No debe pensarse que las organizaciones del Partido habrán de constar sólo de revolucionarios profesionales. Necesitamos las organizaciones más variadas, de todos los tipos, categorías y matices, comenzando por organizaciones extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo por organizaciones muy amplias, libres" ("Actas", pág. 240). Mentira segunda. Según el autor, Lenin quiere "hacer entrar en el Partido únicamente a los miembros de los Comités" (pág. 2). Pero Lenin dice: "Todos los grupos, círculos, subcomités, etc. deben ser considerados organismos del comité o secciones filiares del comité. Algunos de ellos manifestarán directamente su deseo de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y, siempre que medie la aprobación del comité, ingresarán en el Partido" (v. "Carta a un camarada", pág. 17)*48.

* Como veis, según la opinión de Lenin, no sólo el Comité Central, sino también los comités locales pueden dar ingreso en el Partido a las organizaciones.

Mentira tercera. A juicio del autor, "Lenin exige que se establezca en el Partido el dominio de los intelectuales" (pág. 5). Pero Lenin dice: "En el comité deben figurar..., en lo posible, todos los dirigentes principales del movimiento obrero surgidos de entre los propios obreros" (v. "Carta a un camarada", págs. 7-8), es decir, no sólo en todas las demás organizaciones, sino también en el comité deben predominar los votos de los obreros de vanguardia. Mentira cuarta. El autor afirma que la cita reproducida en la pág. 12 de mi folleto y que dice que "la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo", etc. "es una invención completa" (pág. 6). Pero lo cierto es que este lugar simplemente lo he tomado y traducido de "¿Qué hacer?". He aquí lo que se dice en la pág. 29 de dicha obra: "La clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y resucitada sin cesar en las formas más diversas), se impone, sin embargo, espontáneamente más que nada al obrero". Este pasaje está traducido en la pág. 12 de mi folleto. ¡Y a esto llama nuestro "crítico" una cita inventada! No sé a qué atribuirlo, si a una distracción o a la charlatanería del autor. Mentira quinta.

A juicio del autor, "Lenin no ha dicho en ninguna parte que los obreros van por "necesidad natural" al socialismo" (pág. 7). Pero Lenin dice que "la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo" ("¿Qué hacer?", pág. 29). Mentira sexta. El autor me atribuye la idea de que, en mi opinión, "el socialismo es introducido en la clase obrera desde fuera por los intelectuales" (pág. 7). Mientras tanto yo digo que la socialdemocracia (y no sólo los intelectuales socialdemócratas) introduce en el movimiento la conciencia socialista (pág. 18). Mentira séptima. A juicio del autor, Lenin dice que la ideología socialista surgió "independientemente en absoluto del movimiento obrero" (pág. 9). Pero a Lenin, sin duda, ni siquiera se le vino a las mientes tal idea. Lenin dice que la ideología socialista surgió "independientemente en absoluto del crecimiento espontáneo del movimiento obrero" ("¿Qué hacer?", pág. 21). Mentira octava. El autor dice que mis palabras acerca de que "Plejánov abandona la "minoría" son chismes". Sin embargo, mis palabras se han visto confirmadas. Plejánov ha abandonado ya la "minoría"... * Y no me refiero ya a las pequeñas mentiras con que el autor ha aderezado tan abundantemente su folleto. Pero hay que reconocer que el autor ha dicho, a pesar de todo, una verdad. Nos dice que "cuando una

* ¡Y este autor tiene la audacia de reprocharnos en el núm. 5 del “Sotsial-Demokrat” haber deformado, según él, los hechos relativos al III Congreso! organización cualquiera comienza a dedicarse a los chismes, sus días están contados" (pág. 15). Esto, naturalmente, es la pura verdad. La cuestión reside tan sólo en saber quién chismorrea: ¿el "Sotsial- Demokrat" con su extraño caballero o el Comité de la Unión? Que juzgue el lector. Una cuestión mas, y con esto terminamos. El autor declara, dándose aires de gran importancia: "El Comité de la Unión nos reprocha que repetimos las ideas de Plejánov. Repetir a Plejánov, a Kautsky y a otros marxistas tan conocidos es para nosotros un hecho meritorio" (pág. 15). Es decir, para vosotros es un hecho meritorio repetir a Plejánov y a Kautsky. Muy bien, señores. Escuchad, pues: Kautsky dice que "la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente dentro de ella" (v. la cita de Kautsky en "¿Qué hacer?", pág. 27). El mismo Kautsky dice que "es tarea de la socialdemocracia llevar al proletariado la conciencia de su situación y de su misión" (lug. cit.).

Esperarnos que usted, señor menchevique, repetirá estas palabras de Kautsky y disipará nuestras dudas. Pasemos a Plejánov. Plejánov dice: "...No comprendo tampoco por qué piensan que el proyecto de Lenin*, de ser aprobado, cerraría las puertas de nuestro Partido a multitud de obreros. Los obreros que quieran ingresar en el Partido, no temerán ingresar en una organización. Ellos no temen la disciplina. Temerán ingresar en ella muchos intelectuales imbuidos hasta la médula del individualismo burgués. Pero eso es lo bueno, precisamente. Estos individualistas burgueses suelen ser también los representantes de todo género de oportunismos. Necesitamos alejarlos de nuestro lado. El proyecto de Lenin puede servir de baluarte contra su penetración en el Partido, y esto solo basta ya para que todos los adversarios del oportunismo deban votar en favor de dicho proyecto" (v. "Actas", pág. 246). Esperamos que usted, señor "crítico", se quite la careta y repita con franqueza proletaria estas palabras de Plejánov. Si no lo hace, esto significará que sus declaraciones en la prensa son irreflexivas e irresponsables.

Publicado sin firma el 15 de agosto de 1905 en el núm. 11 del periódico “Prolelariatis Brdzola”. Traducido del georgiano.

* Se trata de las fórmulas de Lenin y de Mártov sobre el artículo 1 de los Estatutos del Partido.