¡Grandes esperanzas y una gran desilusión! ¡En lugar de la hostilidad nacional, el cariño mutuo y la confianza! ¡En lugar de un pogromo fratricida, una manifestación grandiosa contra el zarismo, culpable de los pogromos! Se han frustrado las esperanzas del gobierno zarista: ¡no ha conseguido enfrentar a las nacionalidades que conviven en Tiflis.... Hace mucho tiempo que el gobierno zarista se esfuerza por lanzar unos contra otros a los proletarios, hace mucho tiempo que se esfuerza por fraccionar el movimiento general del proletariado. Por eso precisamente organizó los pogromos de Gómel, de Kishiniov y de otros lugares. Con el mismo fin provocó en Bakú una guerra fratricida, y por último, las miradas del gobierno zarista se detuvieron en Tiflis. ¡Aquí, en el centro del Cáucaso, se había propuesto representar una tragedia sangrienta y repetirla después en provincias! No era una broma: ¡azuzar unas contra otras a las nacionalidades del Cáucaso y ahogar en su propia sangre al proletariado caucasiano! El gobierno zarista se frotaba las manos de satisfacción. ¡Hasta había difundido proclamas instigando a matar a los armenios! Y confiaba en el éxito.

Pero de pronto, el 13 de febrero, una muchedumbre de millares de armenios, de georgianos, de tártaros y de rusos, como para llevar la contraria al gobierno zarista, se congregan en el patio de la catedral de Vank y se juran mutuo apoyo “en la lucha contra el diablo, que siembra la discordia entre nosotros”. La unanimidad es completa. Se pronuncian discursos llamando a la “unidad”. La masa aplaude a los oradores. Se distribuyen nuestras proclamas (3.000 ejemplares). La masa las arrebata de las manos. El ánimo de las masas se exalta. Para contrariedad del gobierno, la masa decide congregarse al día siguiente en el patio de la misma catedral, a fin de, una vez más, “jurar amarse los unos a los otros”. 14 de febrero. El pueblo llena todo el patio de la catedral y las calles adyacentes. Nuestras proclamas se distribuyen y se leen en público. La masa se reúne en grupos y discute el texto de las proclamas. Se pronuncian discursos. El ánimo de las masas se exalta. Se decide desfilar ostensiblemente junto a la catedral de Sión y la mezquita, “jurar amarse los unos a los otros”, detenerse en el cementerio persa, prestar una vez más juramento y disolverse. La masa cumple su decisión. Por el camino, cerca de la mezquita y en el cementerio persa se pronuncian discursos y se distribuyen nuestras proclamas (este día son distribuidas 12.000 proclamas).

El ánimo de las masas se exalta más y más. La energía revolucionaria acumulada se desborda. La masa decide recorrer ostensiblemente la calle Dvortsóvaia y la avenida Golovinski y sólo después disolverse. Nuestro Comité aprovecha el momento y organiza en el acto un pequeño núcleo dirigente. Este núcleo, presidido por un obrero avanzado, ocupa el lugar central, y ante el propio palacio se iza una bandera roja improvisada. El abanderado, que sostienen en volandas los manifestantes, pronuncia un discurso eminentemente político, en el que, ante todo, ruega a los camaradas que no se extrañen por la falta de la consigna socialdemócrata en la bandera. “¡No importa, no importa -responden los manifestantes-, nosotros la llevamos en nuestros corazones!” Después explica la significación de la bandera roja, critica a los oradores anteriores desde el punto de vista de la socialdemocracia, pone al desnudo las medias tintas de sus discursos, señala la necesidad de aniquilar el zarismo y el capitalismo y llama a los manifestantes a luchar bajo la bandera roja de la socialdemocracia. “¡Viva la bandera roja!”, contesta la masa. Los manifestantes avanzan hacia la catedral de Vank. En el camino se detienen tres veces para escuchar al abanderado.

Este exhorta de nuevo a los manifestantes a luchar contra el zarismo y a prestar juramento de que irán con la misma unanimidad al levantamiento como van ahora a la manifestación. “¡Lo juramos!”, responde la masa. Luego, los manifestantes llegan hasta la catedral de Vank y, después de una ligera colisión con los cosacos, se disuelven. Tal ha sido la “manifestación de los 8.000 ciudadanos de Tiflis”. Así han respondido los ciudadanos de Tiflis a la farisaica política del gobierno zarista. Así se han vengado del vil gobierno por la sangre de los ciudadanos de Bakú. ¡Gloria y honor a los ciudadanos de Tiflis! Ante la muchedumbre de millares de ciudadanos de Tiflis, que, congregados bajo la bandera roja, han pronunciado reiteradamente la sentencia de muerte al gobierno zarista, los viles lacayos del vil gobierno han tenido que retroceder, desistiendo del pogromo. Mas, ¿significa esto, ciudadanos, que el gobierno zarista no tratará en lo sucesivo de organizar pogromos? ¡Ni mucho menos! Mientras viva, y cuanto más terreno pierda, con mayor frecuencia recurrirá a los pogromos. El único medio de extirpar los pogromos consiste en el aniquilamiento de la autocracia zarista.

¿Queréis vivir y queréis que vivan vuestros allegados? ¿Queréis a vuestros amigos y familiares y no deseáis los pogromos? ¡Sabed, pues, ciudadanos, que sólo acabando con el zarismo, acabaréis con los pogromos y con el derramamiento de sangre que traen consigo. ¡El derrocamiento de la autocracia zarista es lo que ante todo debéis tratar de conseguir! ¿Queréis el aniquilamiento de toda hostilidad nacional? ¿Aspiráis a lograr la plena solidaridad de los pueblos? ¡Sabed, pues, ciudadanos, que sólo con el aniquilamiento de la desigualdad, sólo con la abolición del capitalismo se eliminará toda discordia nacional! ¡El triunfo del socialismo es a lo que, en definitiva, debéis aspirar! Mas, ¿quién barrerá de la faz de la tierra el régimen ignominioso del zarismo, quién os librará de los pogromos? El proletariado, dirigido por la socialdemocracia. Y, ¿quién destruirá el régimen capitalista, quién implantará sobre la tierra la solidaridad internacional? Este mismo proletariado, dirigido por esta misma socialdemocracia. El proletariado, y sólo el proletariado, es el que conquistará para vosotros la libertad y la paz. ¡Agrupaos, pues, en torno al proletariado y marchad bajo la bandera de la socialdemocracia! ¡Bajo la bandera roja, ciudadanos! ¡Muera la autocracia zarista! ¡Viva la república democrática! ¡Abajo el capitalismo! ¡Viva el socialismo! ¡Viva la bandera roja! 15 de febrero de 1905.

Se publica de acuerdo con el texto de la proclama editada en la imprenta del Comité de Tiflis del P.O.S.D.R. Firma: El Comité de Tiflis.