Habéis oído hablar seguramente de la liberación de los campesinos. Fue un tiempo en que el gobierno recibió un doble golpe: desde el exterior, la derrota de Crimea, y desde el interior, el movimiento campesino. Por eso mismo el gobierno, espoleado desde ambos lados, hubo de ceder y empezó a hablar de la liberación de los campesinos: “Debemos liberar nosotros mismos a los campesinos desde arriba, porque, si no, el pueblo se sublevará y conseguirá por sus propios medios la liberación desde abajo”. Sabemos qué fue aquella “liberación desde arriba”... Y si entonces el pueblo se dejó engañar, si prosperaron los planes farisaicos del gobierno, si por medio de reformas fortaleció su situación y aplazó así la victoria del pueblo, ello significa, entre otras cosas, que entonces el pueblo no estaba todavía preparado y que se le podía engañar fácilmente. La misma historia se repite ahora en la vida de Rusia. Como se sabe, también ahora el gobierno recibe el mismo doble golpe: desde fuera, la derrota en Manchuria, y desde dentro, la revolución popular. Como se sabe, el gobierno, espoleado desde ambos lados, tiene que ceder una vez más y, lo mismo que entonces, habla de “reformas desde arriba”: “Debemos dar al pueblo la Duma de Estado desde arriba, porque, si no, el pueblo se sublevará y convocará por sí mismo la Asamblea Constituyente desde abajo”.

Así, pues, con la convocatoria de la Duma se quiere apaciguar la revolución popular, exactamente lo mismo que ya en otro tiempo con la “liberación de los campesinos” se apaciguó el gran movimiento campesino. De aquí que nuestra tarea consista en desbaratar con toda energía los planes de la reacción, barrer la Duma del Estado y desbrozar así el camino a la revolución popular. Ahora bien, ¿qué es la Duma, de qué elementos se compone? La Duma es un aborto de parlamento. Sólo de palabra tendrá voto decisivo; de hecho dispondrá únicamente de voz consultiva, pues en calidad de censores serán entronizados sobre ella la Cámara alta y un gobierno armado hasta los dientes. En el mensaje se dice explícitamente que ningún acuerdo de la Duma podrá ser puesto en práctica si no lo aprueban la Cámara alta y el zar. La Duma no es un parlamento popular, es el parlamento de los enemigos del pueblo, pues las elecciones a la Duma no serán ni por sufragio universal, ni iguales, ni directas, ni secretas. Los insignificantes derechos electorales concedidos a los obreros no existen más que en el papel.

De los 98 compromisarios que deben elegir diputados a la Duma por la provincia de Tiflis, sólo dos pueden ser representantes de los obreros; los 96 compromisarios restantes deben pertenecer a las otras clases: así reza el mensaje. De los 32 compromisarios que deben enviar diputados a la Duma por las circunscripciones de Batum y Sujum, sólo una puede ser representante de los obreros; los 31 compromisarios restantes deben representar a las otras clases: así reza el mensaje. Lo misma hay que decir también de las demás provincias. Huelga señalar que serán elegidos diputadas sólo los representantes de las otras clases. Gi un diputado de los obreros, ni un voto a los obreros: tales son los principios en que descansa la Duma. Si a todo esto se añade, además, el estado de guerra, si se tiene en cuenta la prohibición de la libertad de palabra, de imprenta, de reunión, y de asociación, está claro por sí mismo qué gente se reunirá en la Duma zarista... Ni que decir tiene que nosotros debemos con tanta mayor decisión tratar de barrer esta Duma y levantar la bandera de la revolución. El problema estriba ahora en saber cómo podemos barrer la Duma: si con la participación en las elecciones o con el boicot de las elecciones.

Unos dicen: debemos participar sin falta en las elecciones para envolver a la propia reacción en las redes tendidas por ella y hacer fracasar así de modo definitivo la Duma de Estado. Otros les contestan: participando en las elecciones, ayudáis involuntariamente a la reacción a crear la Duma y así caéis de lleno en las redes tendidas por la reacción. Y esto significa que, primera, creáis, juntos con la reacción, la Duma zarista y, después, intentáis, bajo la presión de la realidad, destruir la Duma creada por vosotros mismos, lo cual es incompatible con las exigencias de nuestra política de principios. Una de dos: o renunciáis a participar en las elecciones y frustráis la Duma, o renunciáis a frustrar la Duma y acudís a las elecciones, para que no tengáis que destruir después vuestra propia obra. Está claro que el único camino certero es el boicot activo, por medio del cual aislamos del pueblo a la reacción, organizamos el fracaso de la Duma y, de tal modo, privamos de toda base a este aborto de parlamento. Así discurren los partidarios del boicot. Ahora bien, ¿quién de ellos tiene razón? Dos condiciones son necesarias para una verdadera táctica socialdemócrata: la primera, que no debe contradecir el curso de la vida social, y la segunda, que debe elevar-más y más el espíritu revolucionario de las masas. La táctica de la participación en las elecciones contradice el curso de la vida social, ya que la vida socava los fundamentos de la Duma, y la participación en las elecciones refuerza sus fundamentos y, por tanto, va contra la realidad. En cambio, la táctica del boicot se deduce por sí sola del curso de la revolución, ya que, con la revolución, desacredita y socava desde el comienzo mismo los fundamentos de la Duma policíaca. La táctica de la participación en las elecciones debilita el espíritu revolucionario del pueblo, ya que los defensores de la participación llaman al pueblo a unas elecciones policíacas y no a acciones revolucionarias, ven la salvación en las papeletas electorales y no en el alzamiento del pueblo. Y las elecciones policíacas engendrarían en el pueblo una idea engañosa sobre la Duma de Estado, despertarían en él falsas esperanzas y le llevarían sin querer a esta idea: por lo visto, la Duma no es tan mala, puesto que, de otro modo, los socialdemócratas no nos aconsejarían participar en ella; a lo mejor nos sonríe la suerte y la Duma viene a favorecernos. En cambio, la táctica del boicot no siembra ninguna esperanza falsa en la Duma, sino que dice de manera clara e inequívoca que la única salvación está en el alzamiento victorioso del pueblo, que la liberación del pueblo sólo puede ser obra del pueblo mismo, y como la Duma lo estorba, hay que ponerse ya desde ahora a eliminarla.

En tal caso el pueblo confía únicamente en sí y desde el comienzo mismo ocupa una posición hostil a la Duma como baluarte de la reacción, lo que ha de levantar cada día más su espíritu revolucionario, preparando el terreno para un victorioso alzamiento general. La táctica revolucionaria debe ser clara, concreta y definida, y la táctica del boicot reúne precisamente estas cualidades. Se dice: sólo con agitación verbal no basta, hay que convencer con hechos a la masa de la inutilidad de la Duma y contribuir así a su fracaso, pero esto exige la participación en las elecciones y no el boicot activo. A eso responderemos: huelga decir que la agitación por los hechos tiene mucha más importancia que las explicaciones verbales. Precisamente vamos a las asambleas electorales populares, para en la lucha con los otros partidos, en los choques con ellos mostrar con claridad meridiana al pueblo la perfidia de la reacción y de la burguesía y así “manejar hechos concretos en la agitación” entre los electores. Y si los camaradas no se conforman todavía con ello, si a todo eso añaden aún la participación en las elecciones, hay que señalar que las elecciones por sí solas -depositar o no depositar las papeletas- no añaden absolutamente nada ni a la agitación “por los hechos” ni a la agitación “verbal”.

En cambio, el daño que de ello resulta es grande, puesto que mediante tal “agitación por los hechos” los defensores de la participación aprueban sin querer la existencia de la Duma y afianzan de tal modo el terreno en que descansa. Ahora bien, ¿con qué quieren esos camaradas compensar este enorme daño? ¿Depositando las papeletas? Ni siquiera vale la pena hablar de ello. Por otra parte, la “agitación por los hechos” también debe tener sus límites. Cuando Gapón marchaba con la cruz y los iconos al frente de los obreros de Petersburgo, igualmente decía: el pueblo cree en la bondad del zar, todavía no se ha convencido de la criminalidad de la administración pública, y debemos llevarlo al palacio del zar. Gapón, naturalmente, estaba equivocado. Su táctica era una táctica perniciosa, lo que se confirmó el 9 de enero. Y esto quiere decir que debemos mantenernos alejados de la táctica gaponiana. En cambio, la táctica del boicot es la única que rechaza de plano las elucubraciones de Gapón. Se dice: el boicot originará el divorcio entre la masa y su vanguardia, ya que en el boicot os seguirá sólo la vanguardia, en tanto que la masa quedará con los reaccionarios y liberales, que la ganarán para su campo. A eso diremos que allí donde ocurra tal fenómeno, es evidente que la masa simpatiza con otros partidos y, de todas formas, no elegirá compromisarios a los socialdemócratas, por mucho que participemos en las elecciones.

¡Las elecciones por sí solas no pueden, en efecto, revolucionarizar a la masa! Por lo que se refiere a la agitación electoral, la realizan ambas partes, con la diferencia de que los partidarios del boicot llevan a cabo contra la Duma una agitación más intransigente y decidida que los defensores de la participación en las elecciones, ya que una crítica acerba de la Duma puede inducir a las masas a abstenerse de las elecciones, lo que no entra en los planes de los defensores de la participación en los comicios. Si esa agitación surte efecto, el pueblo se agrupará en torno a los socialdemócratas, y cuando éstos llamen al boicot de la Duma, el pueblo les seguirá inmediatamente, y los reaccionarios quedarán solos con sus notables elementos del hampa. Pero si la agitación “no surte efecto”, las elecciones no acarrearán más que daño, ya que al aplicar la táctica de la participación en la Duma nos veremos obligados a aprobar la actuación de los reaccionarios. Como veis, el boicot es el mejor medio de unir estrechamente al pueblo en torno a la socialdemocracia, por supuesto, donde sea posible esta agrupación, y donde no lo sea, las elecciones no reportarán más que daño. Además, la táctica de la participación en la Duma enturbia la conciencia revolucionaria del pueblo. El

hecho consiste en que todos los partidos reaccionarios y liberales acuden a las elecciones. La táctica de la participación no da a la masa una respuesta explícita a la pregunta de qué diferencia existe entre dichos partidos y los revolucionarios. La masa puede fácilmente confundir a los demócratas constitucionalistas, que no son revolucionarios, con los socialdemócratas, que sí lo son. En cambio, la táctica del boicot marca una neta línea divisoria entre los revolucionarios y los no revolucionarios, que desean salvar con ayuda de la Duma las bases del viejo régimen. Y el establecimiento de esta línea divisoria tiene gran importancia para la educación revolucionaria del pueblo. Y por último, se nos dice que aprovechando las elecciones crearemos Soviets de Diputados Obreros y así uniremos en el terreno de la organización a las masas revolucionarias. A esto contestamos que en las condiciones actuales en que son detenidos hasta los participantes en las asambleas más inofensivas, la actividad de los Soviets de Diputados Obreros es completamente imposible, y, por lo tanto, plantearse semejante tarea es engañarse a sí mismo. Así, pues, la táctica de la participación ayuda, quiérase o no, a reforzar la Duma zarista, debilita el espíritu revolucionario de las masas, enturbia la conciencia revolucionaria del pueblo, no es capaz de crear ninguna organización revolucionaria, va contra el desarrollo de la vida social y, como tal, debe ser rechazada por la socialdemocracia. La táctica del boicot: en este sentido se desarrolla ahora la revolución. En ese mismo sentido debe marchar también la socialdemocracia.

Publicado con la firma de I. Besoshvili el 8 de marzo de 1906 en el núm. 3 del periódico “Gantiadi”. Traducido del georgiano.