Recordaréis seguramente el último artículo sobre la “municipalización” (v. “Elva”, núm. 12). No queremos entregarnos al examen de todas las cuestiones que trata el autor: ni es interesante ni necesario. Sólo queremos referirnos a dos cuestiones principales: ¿contradice la municipalización el aniquilamiento de los restos del régimen de servidumbre? Y ¿es reaccionario el reparto de tierras? Precisamente así plantea el problema nuestro camarada. Por lo visto, la municipalización, el reparto de tierras y otras cuestiones análogas le parecen cuestiones de principio, mientras que el Partido plantea el problema agrario en un terreno completamente distinto. Se trata de que la socialdemocracia no considera cuestión de principio ni la nacionalización, ni la municipalización, ni el reparto de tierras, ni se opone desde el punto de vista de los principios a ninguna de estas tres medidas. Repasad el “Manifiesto” de Marx, “La cuestión agraria” de Kautsky, las “Actas del II Congreso”, “La cuestión agraria en Rusia” del mismo Kautsky, y veréis que es precisamente así. El Partido enfoca todos esos problemas desde el punto de vista de la práctica y plantea la cuestión agraria en el terreno práctico: ¿qué convierte en realidad de una manera más completa nuestro principio: la municipalización, la nacionalización o el reparto de tierras?

En este terreno plantea la cuestión el Partido. Se comprende que el principio del programa agrario -la destrucción de los restos del régimen de servidumbre y el libre desarrollo de la lucha de clases- ha permanecido invariable: sólo han cambiado los medios de realización de este principio. Precisamente así es como el autor debía haber planteado la cuestión: ¿qué es mejor para destruir los restos del régimen de servidumbre y para desarrollar la lucha de clases: la municipalización o el reparto de tierras? Pero él ha saltado del modo más inesperado al terreno de los principios, presenta las cuestiones prácticas como cuestiones de principio y nos pregunta: La llamada municipalización “¿contradice la destrucción de los restos del régimen de servidumbre y el desarrollo del capitalismo?” Ni la nacionalización ni el reparto de tierras contradice la tarea de destruir los restos del régimen de servidumbre ni el desarrollo del capitalismo, ¡pero esto no quiere decir que entre la una y el otro no haya diferencia, que el partidario de la municipalización deba ser al mismo tiempo partidario de la nacionalización y del reparto de tierras!

Está claro que entre estas dos medidas hay cierta diferencia práctica. De esto precisamente es de lo que se trata, y por eso mismo el Partido planteó el problema en un terreno práctico. En cambio, el autor, como ya hemos señalado más arriba, trasladó la cuestión a otro terreno completamente distinto, confundió el principio con los medios de llevado a la práctica y, de este modo, eludió sin querer la cuestión planteada por el Partido. Además, el autor nos asegura que el reparto de tierras es reaccionario, es decir, nos reprocha lo mismo que reiteradamente hemos oído en boca de los socialistas revolucionarios. Cuando los metafísicos eseristas* nos dicen que el reparto de tierras, desde el punto de vista del marxismo, es reaccionario, no nos extraña en lo más mínimo tal reproche, pues sabemos perfectamente que no enfocan la cuestión desde el punto de vista de la dialéctica: no quieren comprender que todo tiene su tiempo y su lugar y que lo que mañana se convierte en reaccionario, hoy puede ser revolucionario. Pero cuando nos dirigen este mismo reproche los dialécticos materialistas, no podemos por menos de preguntar: ¿en qué se diferencian entonces los dialécticos de los metafísicos?

Naturalmente, el reparto de tierras sería reaccionario si fuese dirigido contra el desarrollo del capitalismo, pero si está dirigido contra los restos del régimen de servidumbre, cae por su peso que es un procedimiento revolucionario, al que la socialdemocracia debe apoyar. ¿Contra qué va dirigido hoy el reparto de tierras: contra el capitalismo o contra los restos del régimen de servidumbre? No puede caber duda de que va dirigido contra los restos del régimen de servidumbre. En consecuencia, la cuestión se resuelve por sí sola. Naturalmente, después de que el capitalismo se afirme lo bastante en el campo, el reparto de tierras se convertirá en una medida reaccionaria, ya que estará dirigido contra el desarrollo del capitalismo, pero entonces tampoco la socialdemocracia lo apoyará. En el momento actual la socialdemocracia sostiene con ardor la reivindicación de la república democrática como medida revolucionaria, pero más tarde, al plantearse prácticamente la cuestión de la dictadura del proletariado, la república democrática será ya reaccionaria y la socialdemocracia se esforzará por destruirla. Lo mismo hay que decir del reparto de tierras. El reparto de tierras y, en general,

* Eseristas: socialistas revolucionarios o socialrevolucionarios. (N. del T.)

La cuestión agraria

la hacienda pequeñoburguesa son revolucionarios cuando se lucha contra los restos del régimen de servidumbre, pero este mismo reparto de tierras es reaccionario cuando va dirigido contra el desarrollo del capitalismo. Tal es la concepción dialéctica del desarrollo social. Con este mismo criterio dialéctico enfoca Carlos Marx la hacienda agraria pequeñoburguesa, cuando en el tercer tomo de “El Capital” la denomina progresiva respecto a la hacienda feudal. Además de todo esto, veamos lo que entre otras cosas dice C. Kautsky sobre el reparto: “El reparto del fondo de tierras, es decir, de la gran propiedad agraria, reparto que exigen y comienzan ya a realizar prácticamente los campesinos rusos..., no sólo es inevitable y necesario, sino, además, útil en el más alto grado. Y la socialdemocracia tiene todos los motivos para apoyar este proceso” (v. “La cuestión agraria en Rusia”, pág. 11). Para solucionar un problema posee enorme importancia su acertado planteamiento. Cualquier problema debe ser planteado dialécticamente, es decir, nunca debemos olvidar que todo cambia, que todo tiene su tiempo y su lugar, y, por lo tanto, debemos plantear los problemas también de acuerdo con las condiciones concretas. Esta es la primera condición para resolver la cuestión agraria. En segundo lugar, no debemos olvidar tampoco que los socialdemócratas de Rusia plantean hoy esta cuestión en el terreno práctico, y quien desee resolverla debe situarse, precisamente en ese terreno. Esta es la segunda condición para resolver la cuestión agraria. Ahora bien, nuestro camarada no ha tenido en cuenta ninguna de estas condiciones. Bien, contestará este camarada, supongamos que el reparto de tierras es revolucionario.

Está claro que nosotros trataremos de apoyar este movimiento revolucionario, pero eso no significa en manera alguna que debamos incluir en nuestro programa las reivindicaciones de este movimiento: para tales reivindicaciones no hay en absoluto lugar en el programa, etc. Por lo visto, el autor confunde el programa mínimo y el programa máximo. El sabe que en el programa socialista (es decir, en el programa máximo) deben figurar tan sólo reivindicaciones proletarias, pero olvida que el programa democrático (es decir, el programa mínimo), y con tanta mayor razón el programa agrario, no es socialista, y por eso, lógicamente, en él figurarán sin ningún género de dudas reivindicaciones democrático-burguesas, que nosotros apoyamos. La libertad política es una reivindicación burguesa, ya pesar de ello, ocupa en nuestro programa mínimo un puesto de honor. Mas ¿para qué ir lejos? Ved el segundo punto del programa agrario y leeréis: el Partido exige “…la derogación de todas las leyes que ponen trabas a los campesinos para disponer de su tierra”; leed todo eso y responded: ¿qué hay de socialista en este punto? Nada, diréis, ya que este punto exige la libertad de la propiedad burguesa y no su abolición. A pesar de ello, dicho punto figura en nuestro programa mínimo. ¿De qué se trata, pues? Únicamente de que el programa máximo y el programa mínimo son dos conceptos distintos, que no hay que confundir. Cierto, los anarquistas no quedarán satisfechos, pero ¿qué le vamos a hacer?, ¡nosotros no somos anarquistas!... Respecto a la aspiración de los campesinos al reparto de tierras, hemos dicho ya que su importancia se mide por la tendencia del desarrollo económico, y como la aspiración de los campesinos “emana directamente” de esta tendencia, nuestro Partido debe apoyarla y no oponerse a ella.

Publicado con la firma de I. Besoshvili el 29 de marzo de 1906 en el núm. 14 del periódico “Elva”. Traducido del georgiano.