(Discurso pronunciado en la séptima sesión del IV Congreso del P.O.S.D.R.61 el 13 (26) de abril de 1906) Ante todo me referiré a los métodos de argumentación empleados por algunos camaradas. El camarada Plejánov ha hablado mucho de las “maneras anarquistas” del camarada Lenin, del carácter pernicioso del “leninismo”, etc., etc., pero de la cuestión agraria, en esencia, nos ha dicho muy poco. Sin embargo, ha sido presentado como uno de los informantes sobre la cuestión agraria. Considero que tal manera de argumentar, qué crea una atmósfera de irritación, además de contradecir el carácter de nuestro Congreso, llamado de unificación, no introduce absolutamente ninguna claridad en el planteamiento de la cuestión agraria. También nosotros podríamos decir algo sobre las maneras del camarada Plejánov, propias de los demócratas constitucionalistas, pero con ello no avanzaríamos un paso en la solución del problema agrario. Además, John, basándose en ciertos datos de la vida de Guria, del territorio de Letonia, etc., hace conclusiones en favor de la municipalización para toda Rusia. Yo debo decir que, hablando en términos generales, así no se confecciona un programa.

Para la confección de un programa no hay que partir de los rasgos específicos de ciertas partes de ciertas regiones periféricas, sino de los rasgos generales, propios de la mayoría de las localidades de Rusia: un programa sin una línea dominante, no es un programa, sino una combinación mecánica de distintos enunciados. Así, precisamente, están las cosas en cuanto al proyecto de John. Además, John se funda en datos erróneos. A su juicio, el proceso mismo del desarrollo del movimiento campesino habla a favor de su proyecto, pues en Guria, por ejemplo, en el proceso de dicho movimiento se fue formando una administración autónoma regional, que disponía de los bosques, etc. Pero, en primer lugar, Guria no es una región, sino un distrito de la provincia de Kutaís; en segundo lugar, nunca ha existido allí una administración autónoma revolucionaria única para toda Guria; allí no había más que pequeñas unidades administrativas autónomas, que de ninguna manera se pueden igualar, por tanto, con la administración autónoma regional; en tercer lugar, disponer es una cosa y poseer es otra completamente distinta.

En general, sobre Guria hay difundidas numerosas leyendas, y los camaradas de Rusia hacen mal en aceptarlas como verdades... Por lo que atañe al fondo de la cuestión, debo decir que como punto de partida de nuestro programa ha de servir el siguiente planteamiento: puesto que concertamos una alianza revolucionaria temporal con el campesinado en lucha, puesto que no podemos, por tanto, dejar de tener en cuenta sus reivindicaciones, debemos apoyarlas, si en general no contradicen la tendencia del desarrollo económico ni el curso de la revolución. Los campesinos reivindican el reparto; el reparto no está en contradicción con dichos fenómenos; luego debemos apoyar la confiscación total y el reparto. Desde este punto de vista, tanto la nacionalización como la municipalización son por igual inaceptables. Proclamando la consigna de la municipalización o de la nacionalización, nosotros, sin ganar nada, hacemos imposible la alianza del campesinado revolucionario con el proletariado. Los que hablan del carácter reaccionario del reparto confunden dos fases del desarrollo: la capitalista y la precapitalista. Sin duda, en la fase capitalista el reparto es reaccionario, pero en las condiciones precapitalistas (por ejemplo, en las condiciones del campo ruso) el reparto es, en términos generales, revolucionario. Naturalmente, no se puede repartir los bosques, las aguas, etc., pero se les puede nacionalizar, lo cual de ninguna manera está en contradicción con las reivindicaciones revolucionarias de los campesinos. Por lo demás, la consigna que propone John -comités revolucionarios, en lugar de la consigna: comités campesinos revolucionarios- está en contradicción radical con el espíritu de la revolución agraria. La revolución agraria tiene como objetivo, ante todo y sobre todo, la liberación de los campesinos, y por lo tanto, la consigna: comités campesinos, es la única que corresponde al espíritu de la revolución agraria. Si la emancipación del proletariado puede ser obra del proletariado mismo, también la emancipación de los campesinos puede ser obra de los campesinos mismos.

Actas del Congreso de Unificación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, celebrado en Estocolmo en 1906, págs. 69-60, Moscú, 1907.