I

No pertenecemos a esas personas que, al oír la palabra "anarquismo", se apartan con desprecio y dicen con un gesto de la mano: "¡Vaya idea ocuparse de eso, ni siquiera vale la pena hablar de ello!" Consideramos que semejante "crítica" barata es indigna e inútil.

Tampoco pertenecemos a esas personas que se consuelan pensando que los anarquistas "no tienen masas y por eso no son tan peligrosos". La cuestión no es a quién sigue hoy una "masa" mayor o menor; la cuestión reside en la esencia de la doctrina. Si la "doctrina" de los anarquistas expresa la verdad, entonces, evidentemente, ella misma se abrirá camino y reunirá a las masas en torno suyo. Si, por el contrario, es inconsistente y está construida sobre una base falsa, no se sostendrá mucho tiempo y quedará suspendida en el vacío. Y la inconsistencia del anarquismo debe ser demostrada.

Consideramos que los anarquistas son verdaderos enemigos del marxismo. Por consiguiente, reconocemos también que contra los verdaderos enemigos hay que librar una verdadera lucha. Por lo tanto, es necesario examinar la "doctrina" de los anarquistas de principio a fin y sopesarla a fondo desde todos los ángulos.

Pero, junto con la crítica del anarquismo, es necesario también esclarecer nuestra propia posición y, de este modo, exponer en líneas generales la doctrina de Marx y Engels. Esto es tanto más necesario cuanto que algunos anarquistas difunden una idea falsa del marxismo y siembran la confusión en las cabezas de los lectores.

Así pues, manos a la obra.

* * *

En el mundo todo se mueve... La vida cambia, las fuerzas productivas crecen, las viejas relaciones se derrumban... El movimiento eterno y la eterna destrucción-creación: tal es la esencia de la vida.

K. Marx

(véase "La miseria de la filosofía")

El marxismo no es solo una teoría del socialismo; es una concepción integral del mundo, un sistema filosófico del que se desprende lógicamente el socialismo proletario de Marx. Este sistema filosófico se llama materialismo dialéctico. Está claro, pues, que exponer el marxismo significa exponer también el materialismo dialéctico.

¿Por qué este sistema se llama materialismo dialéctico?

Porque su método es dialéctico y su teoría es materialista.

¿Qué es el método dialéctico?

¿Qué es la teoría materialista?

Se dice que la vida consiste en un crecimiento y desarrollo ininterrumpidos, y eso es cierto: la vida social no es algo inmutable y petrificado; nunca se detiene en un nivel; se encuentra en un movimiento eterno, en un eterno proceso de destrucción y creación. No en vano decía Marx que el movimiento eterno y la eterna destrucción-creación constituyen la esencia de la vida. Por eso en la vida siempre existe lo nuevo y lo viejo, lo que crece y lo que muere, la revolución y la reacción; en ella siempre muere algo y al mismo tiempo siempre nace algo...

El método dialéctico dice que la vida debe ser considerada exactamente tal como es en la realidad. La vida se encuentra en un movimiento ininterrumpido; por consiguiente, debemos considerar la vida en su movimiento, en su destrucción y creación. ¿Hacia dónde va la vida, qué muere y qué nace en la vida, qué se destruye y qué se crea? He aquí las cuestiones que ante todo deben interesarnos.

Tal es la primera conclusión del método dialéctico. Lo que en la vida nace y crece día a día es invencible; es imposible detener su avance; su victoria es inevitable. Es decir, si, por ejemplo, en la vida nace el proletariado y crece día a día, por débil y poco numeroso que sea hoy, al final vencerá. Y, a la inversa, lo que en la vida muere y marcha hacia la tumba debe inevitablemente sufrir una derrota; es decir, si, por ejemplo, la burguesía pierde el terreno bajo sus pies y retrocede día a día, por fuerte y numerosa que sea hoy, al final debe sufrir una derrota y descender a la tumba. De aquí surgió la conocida tesis dialéctica: todo lo que realmente existe, es decir, todo lo que crece día a día, es racional.

Tal es la segunda conclusión del método dialéctico. En los años ochenta del siglo XIX, en el seno de la intelectualidad revolucionaria rusa surgió una notable polémica. Los populistas decían que la fuerza principal capaz de asumir la "liberación de Rusia" era el campesinado pobre. ¿Por qué?, les preguntaban los marxistas. Porque, decían, el campesinado es más numeroso que todos los demás y al mismo tiempo más pobre que todos en la sociedad rusa. Los marxistas respondían: es cierto que el campesinado constituye hoy la mayoría y que es muy pobre, pero ¿acaso se trata de eso? El campesinado constituye la mayoría desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no ha manifestado ninguna iniciativa en la lucha por la "libertad" sin la ayuda del proletariado. ¿Y por qué? Porque el campesinado como estamento se destruye día a día, se descompone en proletariado y burguesía, mientras que el proletariado como clase crece y se fortalece día a día. Y la pobreza no tiene aquí una significación decisiva: los "descamisados" son más pobres que los campesinos, pero nadie dirá que ellos puedan asumir la "liberación de Rusia". Solo importa quién crece y quién envejece en la vida. Y como el proletariado es la única clase que crece y se fortalece sin cesar, nuestro deber es ponernos a su lado y reconocerlo como la fuerza principal de la revolución rusa; así respondían los marxistas. Como veis, los marxistas consideraban la cuestión desde el punto de vista dialéctico, mientras que los populistas razonaban metafísicamente, porque contemplaban los fenómenos de la vida como "inmutables, petrificados, dados de una vez para siempre" (véase F. Engels, "Filosofía, economía política, socialismo").

Así considera el método dialéctico el movimiento de la vida.

Pero hay movimiento y movimiento. Hubo un movimiento social en los "días de diciembre", cuando el proletariado, irguiendo la espalda, asaltaba los depósitos de armas y atacaba a la reacción. Pero también debe llamarse movimiento social el de los años anteriores, cuando el proletariado, en condiciones de desarrollo "pacífico", se limitaba a huelgas aisladas y a la creación de pequeños sindicatos. Es evidente que el movimiento tiene formas diferentes. Y he aquí que el método dialéctico dice que el movimiento tiene una forma doble: evolutiva y revolucionaria. El movimiento es evolutivo cuando los elementos progresistas continúan espontáneamente su labor cotidiana e introducen en el viejo orden pequeños cambios cuantitativos. El movimiento es revolucionario cuando esos mismos elementos se unen, se impregnan de una sola idea y se lanzan contra el campo enemigo para destruir de raíz el viejo orden con sus rasgos cualitativos y establecer un orden nuevo. La evolución prepara la revolución y crea el terreno para ella, y la revolución corona la evolución y contribuye a su labor ulterior.

Los mismos procesos tienen lugar también en la vida de la naturaleza. La historia de la ciencia muestra que el método dialéctico es un método verdaderamente científico: desde la astronomía hasta la sociología, en todas partes se confirma la idea de que en el mundo no hay nada eterno, que todo cambia, todo se desarrolla. Por consiguiente, todo en la naturaleza debe ser considerado desde el punto de vista del movimiento, del desarrollo. Y esto significa que el espíritu de la dialéctica impregna toda la ciencia contemporánea.

En cuanto a las formas del movimiento, en cuanto al hecho de que, según la dialéctica, los pequeños cambios cuantitativos conducen finalmente a grandes cambios cualitativos, esta ley tiene la misma fuerza en la historia de la naturaleza. El "sistema periódico de los elementos" de Mendeléiev muestra claramente qué gran importancia tiene en la historia de la naturaleza la aparición de cambios cualitativos a partir de cambios cuantitativos. Lo mismo atestigua en biología la teoría del neolamarckismo, que va desplazando al neodarwinismo.

No decimos nada de otros hechos, suficientemente esclarecidos por F. Engels en su "Anti-Dühring".

* * *

Así pues, ahora conocemos el método dialéctico. Sabemos que, según este método, el mundo se encuentra en un movimiento eterno, en un eterno proceso de destrucción y creación, y que, por consiguiente, todo fenómeno, tanto en la naturaleza como en la sociedad, debe ser considerado en su movimiento, en el proceso de destrucción y creación, y no como algo petrificado e inmóvil. Sabemos también que ese mismo movimiento tiene una doble forma: evolutiva y revolucionaria...

¿Cómo ven el método dialéctico nuestros anarquistas?

El fundador del método dialéctico, como es sabido, fue Hegel. Marx solamente depuró y perfeccionó este método. Esta circunstancia es conocida por los anarquistas; también saben que Hegel era conservador, y he aquí que, aprovechando la "ocasión", insultan furiosamente a Hegel, lo arrastran por el fango como "reaccionario" y partidario de la "restauración", demuestran con empeño que "Hegel... es el filósofo de la restauración..., que él ensalza el constitucionalismo burocrático en su forma absoluta, que la idea general de su filosofía de la historia se subordina y sirve a la dirección filosófica de la época de la restauración", etc. (véase "Nobati" núm. 6. Artículos de V. Cherkesishvili). Es verdad que nadie les discute esto; al contrario, todos están de acuerdo en que Hegel no fue un revolucionario, que fue partidario de la monarquía; sin embargo, los anarquistas siguen "demostrando" y consideran necesario "demostrar" sin cesar que Hegel es partidario de la "restauración". ¿Para qué? Probablemente para desacreditar a Hegel con todo esto, para hacer sentir al lector que el método del "reaccionario" Hegel es "repugnante" y anticientífico. Si es así, si los señores anarquistas piensan refutar por este camino el método dialéctico, debo decir que por este camino no demostrarán nada más que su propia impericia. Pascal y Leibniz no fueron revolucionarios, pero el método matemático que descubrieron es reconocido actualmente como un método científico; Mayer y Helmholtz no fueron revolucionarios, pero sus descubrimientos en el campo de la física constituyen la base de la ciencia; tampoco fueron revolucionarios Lamarck y Darwin, pero su método evolucionista puso en pie la ciencia biológica... Sí, por este camino los señores anarquistas no demostrarán nada más que su propia impericia.

Sigamos adelante. Según los anarquistas, "la dialéctica es la metafísica" (véase "Nobati" núm. 9. Sh. G.), y como ellos "quieren liberar a la ciencia de la metafísica, a la filosofía de la teología" (véase "Nobati" núm. 3. Sh. G.), rechazan el método dialéctico.

¡Vaya anarquistas! Como se dice: "Echar la culpa al sano, teniéndola el enfermo". La dialéctica maduró en la lucha contra la metafísica, en esta lucha conquistó su gloria, pero según los anarquistas resulta que "la dialéctica es la metafísica". El "fundador" de los anarquistas, Proudhon, creía que en el mundo existe una "justicia inmutable" establecida de una vez para siempre (véase "El anarquismo" de Eltzbacher, págs. 64-68, edición del extranjero), por lo cual a Proudhon se le llamaba metafísico. Marx luchó contra Proudhon con ayuda del método dialéctico y demostró que, puesto que en el mundo todo cambia, la "justicia" también debe cambiar, y que, por consiguiente, la "justicia inmutable" es una fantasía metafísica (véase "La miseria de la filosofía" de Marx). Pero los discípulos georgianos del metafísico Proudhon salen y "demuestran" que "la dialéctica es la metafísica", que la metafísica reconoce lo "incognoscible" y la "cosa en sí" y al final pasa a la teología vacía de contenido. En oposición a Proudhon y Spencer, Engels, con ayuda del método dialéctico, luchó tanto contra la metafísica como contra la teología (véase "Ludwig Feuerbach" y "Anti-Dühring" de Engels). Demostró su risible vaciedad. Pero nuestros anarquistas "demuestran" que Proudhon y Spencer son científicos, y Marx y Engels metafísicos. Una de dos: o los señores anarquistas se engañan a sí mismos, o no comprenden qué es la metafísica. En todo caso, el método dialéctico no es culpable de nada.

¿De qué más acusan los señores anarquistas al método dialéctico? Dicen que el método dialéctico es un "embrollo", un "método de sofismas", un "salto mortal lógico y mental" (véase "Nobati" núm. 8. Sh. G.), "con cuya ayuda se demuestra con igual facilidad tanto la verdad como la mentira" (véase "Nobati" núm. 4. V. Cherkesishvili).

A primera vista puede parecer que la acusación formulada por los anarquistas es correcta. Escuchemos lo que dice Engels sobre el seguidor del método metafísico: "...su lenguaje se compone de 'sí, sí; no, no; lo que pasa de esto, de mal procede'. Para él, una cosa existe o no existe; un objeto no puede ser al mismo tiempo él mismo y otra cosa; lo positivo y lo negativo se excluyen mutuamente de modo absoluto..." (véase "Anti-Dühring". Introducción). ¡Cómo es posible!, se exalta el anarquista. ¿Acaso es posible que un mismo objeto sea al mismo tiempo bueno y malo? ¡Eso es un "sofisma", un "juego de palabras"; significa que "ustedes quieren demostrar con la misma facilidad tanto la verdad como la mentira"!...

Sin embargo, reflexionemos sobre la esencia del asunto. Hoy exigimos la república democrática, pero la república democrática consolida la propiedad burguesa; ¿se puede decir que la república democrática es buena siempre y en todas partes? No, no se puede. ¿Por qué? Porque la república democrática es buena solo "hoy", cuando estamos destruyendo la propiedad feudal, pero "mañana", cuando emprendamos la destrucción de la propiedad burguesa y el establecimiento de la propiedad socialista, la república democrática ya no será buena; al contrario, se convertirá en cadenas que romperemos y arrojaremos lejos; y como la vida se encuentra en un movimiento constante, como no se pueden separar el pasado y el presente, como luchamos simultáneamente contra los feudales y contra la burguesía, decimos: en la medida en que la república democrática destruye la propiedad feudal, es buena y la defendemos; pero en la medida en que consolida la propiedad burguesa, no es buena y por eso la criticamos. Resulta que la república democrática es al mismo tiempo "buena" y "mala", y así, a la pregunta planteada se puede responder tanto "sí" como "no". Precisamente estos hechos tenía en mente Engels cuando con las palabras citadas demostraba la corrección del método dialéctico. Pero los anarquistas no lo entendieron y lo tomaron por "sofisma". Los anarquistas, por supuesto, son libres de notar o no notar estos hechos; incluso pueden no ver la arena en la orilla arenosa: es su derecho. Pero ¿qué culpa tiene el método dialéctico, que, a diferencia de los anarquistas, no mira la vida con los ojos cerrados, siente el pulso de la vida y dice abiertamente: puesto que la vida cambia, puesto que la vida se mueve, todo fenómeno vital tiene dos tendencias: positiva y negativa; la primera debemos defenderla, y la segunda rechazarla? ¡Gente sorprendente, los anarquistas: no paran de hablar de "justicia" y tratan al método dialéctico de manera muy injusta!

Sigamos adelante. Según nuestros anarquistas, "el desarrollo dialéctico es un desarrollo catastrófico, según el cual primero se destruye por completo el pasado y luego, de manera totalmente separada, se afirma el futuro... Los cataclismos de Cuvier eran engendrados por causas desconocidas; las catástrofes de Marx-Engels son engendradas por la dialéctica" (véase "Nobati" núm. 8. Sh. G.). Y en otro lugar el mismo autor dice que "el marxismo se apoya en el darwinismo y se relaciona con él de manera acrítica" (véase "Nobati" núm. 6).

Reflexione bien, lector.

Cuvier niega la evolución darwiniana; reconoce únicamente los cataclismos, y el cataclismo es una explosión inesperada "engendrada por causas desconocidas". Los anarquistas dicen que los marxistas se adhieren a Cuvier y, por consiguiente, rechazan el darwinismo.

Darwin rechaza los cataclismos de Cuvier; reconoce la evolución gradual. Y he aquí que los mismos anarquistas dicen que "el marxismo se apoya en el darwinismo y se relaciona con él de manera acrítica"; por consiguiente, los marxistas no son partidarios de los cataclismos de Cuvier.

¡He ahí la anarquía! Como se dice: la viuda del suboficial se azotó a sí misma. Está claro que Sh. G. del número ocho de "Nobati" se olvidó de lo que decía Sh. G. del número seis. ¿Cuál de los dos tiene razón: el número seis o el número ocho? ¿O acaso ambos mienten?

Recurramos a los hechos. Marx dice: "En cierta etapa de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad... Entonces se abre una época de revolución social". Pero "ninguna formación social desaparece antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella..." (véase K. Marx, "Contribución a la crítica de la economía política". Prefacio). Si aplicamos las ideas de Marx a la vida social contemporánea, resulta que entre las fuerzas productivas modernas, que tienen un carácter social, y la apropiación de los productos, que tiene un carácter privado, existe un conflicto radical que debe culminar en la revolución socialista (véase F. Engels, "Anti-Dühring". Segundo capítulo de la tercera sección). Como veis, según Marx y Engels, la "revolución" (la "catástrofe") no es engendrada por "causas desconocidas" a la manera de Cuvier, sino por causas sociales perfectamente determinadas y vitales, llamadas "desarrollo de las fuerzas productivas". Como veis, según Marx y Engels, la revolución solo se produce cuando las fuerzas productivas han madurado lo suficiente, y no de forma inesperada, como le parecía a Cuvier. Está claro que entre los cataclismos de Cuvier y el método dialéctico no hay nada en común. Por otro lado, el darwinismo rechaza no solo los cataclismos de Cuvier, sino también la revolución entendida dialécticamente, mientras que, según el método dialéctico, la evolución y la revolución, los cambios cuantitativos y cualitativos son dos formas necesarias de un mismo movimiento. Está claro que de ninguna manera se puede decir que "el marxismo... se relaciona de manera acrítica con el darwinismo". Resulta que "Nobati" miente en ambos casos, tanto en el número seis como en el número ocho.

Y he aquí que estos "criticuchos" mentirosos nos asedian repitiendo: quiéranlo o no, ¡nuestra mentira es mejor que vuestra verdad! Probablemente creen que a un anarquista todo se le perdona.

Los señores anarquistas no pueden perdonar aún otra cosa al método dialéctico: "La dialéctica... no da la posibilidad de salir ni saltar fuera de sí mismo, ni de saltar por encima de uno mismo" (véase "Nobati" núm. 8. Sh. G.). Esto, señores anarquistas, es la pura verdad; aquí, estimados, tienen ustedes toda la razón: el método dialéctico no da esa posibilidad. ¿Pero por qué no la da? Pues porque "saltar fuera de sí mismo y brincar por encima de uno mismo" es ocupación propia de cabras montesas; el método dialéctico fue creado para personas. ¡He aquí el secreto!...

Tales son, en general, las opiniones de nuestros anarquistas sobre el método dialéctico.

Está claro que los anarquistas no comprendieron el método dialéctico de Marx y Engels; inventaron su propia dialéctica y es precisamente con ella con la que luchan tan despiadadamente.

A nosotros solo nos queda reír ante este espectáculo, pues cómo no reírse cuando se ve que una persona lucha con su propia fantasía, destruye sus propias invenciones y al mismo tiempo asegura con vehemencia que está abatiendo al enemigo.

II

"No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, al contrario, su ser social el que determina su conciencia."

K. Marx

¿Qué es la teoría materialista?

Todo en el mundo cambia, todo en el mundo se mueve, pero ¿cómo ocurre este cambio y en qué forma se produce este movimiento? He aquí la cuestión. Sabemos, por ejemplo, que la Tierra fue en otro tiempo una masa ardiente incandescente; después se enfrió gradualmente; luego surgió el mundo animal; al desarrollo del mundo animal siguió la aparición de un tipo de simios de los cuales surgió después el hombre. Pero ¿cómo se produjo este desarrollo? Algunos dicen que la naturaleza y su desarrollo fueron precedidos por una idea universal que luego constituyó la base de este desarrollo, de modo que el curso de los fenómenos naturales resulta ser una forma vacía del desarrollo de las ideas. A estas personas se les llamó idealistas, quienes posteriormente se dividieron en varias corrientes. Otros dicen que en el mundo existen desde el comienzo dos fuerzas opuestas entre sí: la idea y la materia; que, en correspondencia con esto, los fenómenos se dividen en dos series: ideal y material; entre ellas tiene lugar una lucha constante, de modo que el desarrollo de los fenómenos de la naturaleza resulta ser una lucha constante entre fenómenos ideales y materiales. A estas personas se les llama dualistas, quienes, al igual que los idealistas, se dividen en diversas corrientes.

La teoría materialista de Marx rechaza de raíz tanto el dualismo como el idealismo. Es cierto que en el mundo existen fenómenos ideales y materiales, pero esto no significa en modo alguno que se nieguen mutuamente. Al contrario, lo ideal y lo material son dos formas diferentes de un mismo fenómeno; existen juntos y se desarrollan juntos; entre ellos existe un vínculo estrecho. Por consiguiente, no tenemos ningún motivo para pensar que se niegan mutuamente. De este modo, el llamado dualismo se derrumba de raíz. La naturaleza única e indivisible, expresada en dos formas diferentes —material e ideal—: así es como hay que considerar el desarrollo de la naturaleza. La vida única e indivisible, expresada en dos formas diferentes —ideal y material—: así es como debemos considerar el desarrollo de la vida.

Tal es el monismo de la teoría materialista de Marx. Al mismo tiempo, Marx rechaza también el idealismo. Es incorrecta la idea de que la idea y, en general, el aspecto espiritual, precede en su desarrollo a la naturaleza y, en general, al aspecto material. Cuando todavía no existían seres vivos en el mundo, ya existía la llamada naturaleza externa, inorgánica. El primer ser vivo —el protoplasma— no poseía conciencia alguna (idea); poseía únicamente la propiedad de la irritabilidad y los primeros gérmenes de la sensación. Después, en los animales se fue desarrollando gradualmente la capacidad de sentir, transformándose lentamente en conciencia a medida que se desarrollaba su sistema nervioso. Si el simio no hubiera erguido su espalda, si siempre hubiera caminado a cuatro patas, su descendiente, el hombre, no habría podido usar libremente sus pulmones y cuerdas vocales y, por lo tanto, no habría podido usar el habla, lo que habría retrasado sustancialmente el desarrollo de su conciencia. O bien: si el simio no se hubiera puesto de pie sobre las patas traseras, su descendiente, el hombre, se habría visto obligado a mirar siempre solo hacia abajo y solo de allí sacar sus impresiones; no habría tenido la posibilidad de mirar hacia arriba y a su alrededor y, por consiguiente, no habría tenido la posibilidad de proporcionar a su cerebro más material (impresiones) que el simio; y así se habría retrasado sustancialmente el desarrollo de su conciencia. Resulta que para el desarrollo del propio aspecto espiritual es necesaria una estructura correspondiente del organismo y el desarrollo de su sistema nervioso. Resulta que el desarrollo del aspecto material, el desarrollo del ser, precede al desarrollo del aspecto espiritual, al desarrollo de las ideas. Está claro que primero cambian las condiciones externas, primero cambia la materia, y luego cambian correspondientemente la conciencia y otros fenómenos espirituales; el desarrollo del aspecto ideal va a la zaga del desarrollo de las condiciones materiales. Si al aspecto material, a las condiciones externas, al ser, etc., los llamamos contenido, entonces al aspecto ideal, a la conciencia y a otros fenómenos semejantes, debemos llamarlos forma. De aquí surge la conocida tesis materialista: en el proceso de desarrollo, el contenido precede a la forma; la forma va a la zaga del contenido.

Lo mismo debe decirse de la vida social. También aquí el desarrollo material precede al desarrollo ideal; también aquí la forma va a la zaga de su contenido. El socialismo científico ni siquiera se mencionaba cuando ya existía el capitalismo y se libraba una intensa lucha de clases; todavía no había surgido en ningún lugar la idea socialista, y el proceso de producción ya tenía un carácter social.

Por eso dice Marx: "No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, al contrario, su ser social el que determina su conciencia" (véase K. Marx, "Contribución a la crítica de la economía política"). Según Marx, el desarrollo económico es la base material de la vida social, su contenido, y el desarrollo jurídico-político y religioso-filosófico es la "forma ideológica" de ese contenido, su "superestructura"; por eso Marx dice: "Con el cambio de la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la enorme superestructura" (véase ibíd.).

Sí, también en la vida social primero cambian las condiciones externas, materiales, y luego el pensamiento de los hombres, su concepción del mundo. El desarrollo del contenido precede al surgimiento y desarrollo de la forma. Por supuesto, esto no significa en modo alguno que, según Marx, sea posible un contenido sin forma, como le pareció a Sh. G. (véase "Nobati" núm. 1. "Crítica del monismo"). El contenido sin forma es imposible; pero el asunto es que tal o cual forma, dado que va a la zaga del contenido, nunca corresponde plenamente a ese contenido, y así, con frecuencia el nuevo contenido se ve "obligado" a revestirse temporalmente de la vieja forma, lo que provoca un conflicto entre ellas. En la actualidad, por ejemplo, al contenido social de la producción no corresponde el carácter privado de la apropiación de los productos de la producción, y precisamente sobre esta base se produce el "conflicto" social contemporáneo. Por otro lado, la idea de que la idea es una forma de existencia no significa en modo alguno que la conciencia sea por su naturaleza la misma materia. Así pensaban solo los materialistas vulgares (por ejemplo, Büchner y Moleschott), cuyas teorías contradicen radicalmente el materialismo de Marx y de quienes se burlaba justamente Engels en su "Ludwig Feuerbach". Según el materialismo de Marx, la conciencia y el ser, el espíritu y la materia, son dos formas diferentes de un mismo fenómeno que, en general, se llama naturaleza; por consiguiente, no se niegan mutuamente y, al mismo tiempo, no representan un mismo y único fenómeno. Solo se trata de que en el desarrollo de la naturaleza y la sociedad, a la conciencia, es decir, a lo que ocurre en nuestra cabeza, le precede el correspondiente cambio material, es decir, lo que ocurre fuera de nosotros. Tras tal o cual cambio material sigue, tarde o temprano, inevitablemente un correspondiente cambio ideal; por eso decimos que el cambio ideal es la forma del correspondiente cambio material.

Tal es, en general, el monismo del materialismo dialéctico de Marx y Engels.

Bien, nos dirán algunos, todo esto es correcto con respecto a la historia de la naturaleza y la sociedad. Pero ¿cómo nacen en nuestra cabeza las diferentes representaciones e ideas sobre tal o cual objeto en la actualidad? ¿Y existen realmente las llamadas condiciones externas, o solo existen nuestras representaciones de esas condiciones externas? ¿Y si existen las condiciones externas, hasta qué punto es posible percibirlas y conocerlas?

A este respecto decimos que nuestras representaciones, nuestro "yo" existe solo en la medida en que existen condiciones externas que producen impresiones en nuestro "yo". Quienes dicen sin reflexionar que no existe nada salvo nuestras representaciones se ven obligados a negar la existencia de cualesquiera condiciones externas y, por consiguiente, a negar también la existencia de las demás personas, excepto su propio "yo", lo que contradice radicalmente los principios fundamentales de la ciencia y la actividad vital. Sí, las condiciones externas existen realmente; estas condiciones existían antes que nosotros y existirán después de nosotros; su percepción y conocimiento son posibles tanto más rápida y fácilmente cuanto más frecuente e intensamente actúan sobre nuestra conciencia. En cuanto a cómo nacen actualmente en nuestra cabeza las diferentes representaciones e ideas sobre tal o cual objeto, debemos señalar que aquí se repite brevemente lo mismo que ocurre en la historia de la naturaleza y la sociedad. También en este caso el objeto, que se encuentra fuera de nosotros, precede a nuestra representación de él; también en este caso nuestra representación, la forma, va a la zaga del objeto como de su contenido, etc. Si miro un árbol y lo veo, esto significa solamente que aún antes de que en mi cabeza naciera la representación del árbol, existía el árbol mismo, el cual provocó en mí la correspondiente representación.

No es difícil comprender qué significación debe tener el materialismo monista de Marx y Engels para la actividad práctica de los hombres. Si nuestra concepción del mundo, nuestras costumbres y tradiciones son provocadas por las condiciones externas, si la inconveniencia de las formas jurídicas y políticas se basa en el contenido económico, entonces está claro que debemos contribuir a la transformación radical de las relaciones económicas para que, junto con ellas, cambien radicalmente las costumbres y tradiciones del pueblo y el régimen político del país.

He aquí lo que dice al respecto Karl Marx:

"No se necesita una gran perspicacia para ver la conexión entre la doctrina del materialismo... y el socialismo. Si el hombre obtiene todos sus conocimientos, sensaciones, etc., del mundo sensible..., entonces hay que organizar el mundo circundante de tal modo que el hombre conozca en él lo verdaderamente humano, que se habitúe en él a educarse en sí mismo las cualidades humanas... Si el hombre no es libre en el sentido materialista, es decir, si es libre no por la fuerza negativa de evitar esto o aquello, sino por la fuerza positiva de manifestar su verdadera individualidad, no se debe castigar los delitos de las personas aisladas, sino destruir las fuentes antisociales del delito... Si el carácter del hombre es creado por las circunstancias, es necesario, pues, hacer humanas las circunstancias" (véase "Ludwig Feuerbach". Apéndice: "K. Marx sobre el materialismo francés del siglo XVIII").

Tal es la conexión entre el materialismo y la actividad práctica de los hombres.

* * *

¿Cómo ven los anarquistas el materialismo monista de Marx y Engels?

Si la dialéctica de Marx tiene su origen en Hegel, su materialismo es un desarrollo del materialismo de Feuerbach. Esto es bien conocido por los anarquistas, que intentan, utilizando las deficiencias de Hegel y Feuerbach, desacreditar el materialismo dialéctico de Marx-Engels. En lo que respecta a Hegel, ya hemos señalado que semejantes artimañas de los anarquistas no pueden demostrar nada más que su propia impotencia polémica. Lo mismo hay que decir respecto a Feuerbach. He aquí, por ejemplo, que subrayan insistentemente que "Feuerbach era panteísta...", que "deificó al hombre..." (véase "Nobati" núm. 7. D. Delendi); que "según Feuerbach, el hombre es lo que come..."; que de aquí Marx supuestamente sacó la siguiente conclusión: "Por consiguiente, lo más importante y lo primero es la situación económica", etc. (véase "Nobati" núm. 6. Sh. G.). Es verdad que en el panteísmo de Feuerbach, en su deificación del hombre y en otros errores semejantes ninguno de nosotros tiene dudas; al contrario, Marx y Engels fueron los primeros en descubrir los errores de Feuerbach; sin embargo, los anarquistas consideran necesario "desenmascarar" de nuevo los errores ya desenmascarados de Feuerbach. ¿Por qué? Probablemente porque, insultando a Feuerbach, quieren desacreditar de algún modo también el materialismo que Marx tomó de Feuerbach y luego desarrolló científicamente. ¿Acaso Feuerbach no podía tener, junto con ideas erróneas, también ideas correctas? Afirmamos que con semejantes artimañas los anarquistas no socavarán en lo más mínimo el materialismo monista; solo demostrarán su propia impotencia.

En el seno de los propios anarquistas existe desacuerdo en las opiniones sobre el materialismo de Marx. Si se escucha al señor Cherkesishvili, resulta que Marx y Engels odian el materialismo monista; según su opinión, su materialismo es vulgar, no monista: "Esa gran ciencia de los naturalistas, con su sistema de evolución, transformismo y materialismo monista, que tanto odia Engels... evitaba la dialéctica", etc. (véase "Nobati" núm. 4. V. Cherkesishvili). Resulta que el materialismo científico-natural, que agrada a Cherkesishvili y que odiaba Engels, era un materialismo monista. Otro anarquista nos dice que el materialismo de Marx y Engels es monista y, por lo tanto, merece ser rechazado. "La concepción histórica de Marx es un atavismo de Hegel. El materialismo monista del objetivismo absoluto en general y el monismo económico de Marx en particular son imposibles en la naturaleza y erróneos en la teoría... El materialismo monista es un dualismo mal disimulado y un compromiso entre la metafísica y la ciencia..." (véase "Nobati" núm. 6. Sh. G.). Resulta que el materialismo monista es inaceptable, ya que Marx y Engels no solo no lo odiaban, sino que, al contrario, eran ellos mismos materialistas monistas, por lo que el materialismo monista debe ser rechazado.

¡He ahí la anarquía! Ellos mismos aún no han comprendido la esencia del materialismo de Marx, ellos mismos todavía no han entendido si es materialismo monista o no, ellos mismos todavía no se han puesto de acuerdo entre sí sobre sus méritos y defectos, ¡y ya nos aturden con su jactancia: nosotros, dicen, criticamos y arrasamos con el materialismo de Marx! Ya solo por esto se puede ver cuán sólida puede ser su "crítica".

Sigamos adelante. Algunos anarquistas, resulta, ni siquiera saben que en la ciencia hay diferentes tipos de materialismo y entre ellos existe una gran diferencia: hay, por ejemplo, el materialismo vulgar (en las ciencias naturales y en la historia), que niega la significación del aspecto ideal y su influencia sobre el aspecto material; pero hay también el llamado materialismo monista, que examina científicamente la relación entre los aspectos ideal y material. Algunos anarquistas confunden todo esto y al mismo tiempo declaran con gran aplomo: quieran o no, ¡nosotros criticamos a fondo el materialismo de Marx y Engels! Escuchen: "Según Engels, y también según Kautsky, Marx prestó un gran servicio a la humanidad al haber descubierto...", entre otras cosas, "la concepción materialista". "¿Es esto cierto? No lo creemos, porque sabemos... que todos los historiadores, científicos y filósofos que sostienen el punto de vista de que el mecanismo social es puesto en movimiento por condiciones geográficas, climáticas-telúricas, cósmicas, antropológicas y biológicas, todos ellos son materialistas" (véase "Nobati" núm. 2. Sh. G.). ¡Y hable usted con ellos! Resulta que no hay diferencia entre el "materialismo" de Aristóteles y Montesquieu, entre el "materialismo" de Marx y Saint-Simon. ¡Esto es lo que se llama comprender al adversario y criticarlo a fondo!...

Algunos anarquistas oyeron en algún sitio que el materialismo de Marx es una "teoría del estómago" y se pusieron a popularizar esta "idea", probablemente porque el papel no cuesta caro en la redacción de "Nobati" y esta operación le saldrá barata. Escuchen: "Según Feuerbach, el hombre es lo que come. Esta fórmula actuó mágicamente sobre Marx y Engels", y he aquí que, según los anarquistas, de aquí Marx concluyó que, "por consiguiente, lo más importante y lo primero es la situación económica, las relaciones de producción..." Además, los anarquistas nos aleccionan filosóficamente: "Decir que el único medio para este fin (la vida social) es la comida y la producción económica sería un error... Si la ideología estuviera determinada principalmente, de manera monista, por la comida y el ser económico, algunos glotones serían genios" (véase "Nobati" núm. 6. Sh. G.). ¡Vean qué fácil resulta criticar el materialismo de Marx: basta escuchar de alguna colegiala un chismorreo callejero sobre Marx y Engels, basta repetir este chismorreo callejero con aplomo filosófico en las páginas de algún "Nobati" para ganarse inmediatamente la fama de "crítico"! Pero díganme una cosa, señores: ¿dónde, cuándo, en qué país y qué Marx dijo que "la comida determina la ideología"? ¿Por qué no han citado ni una sola frase, ni una sola palabra de las obras de Marx para confirmar su acusación? ¿Acaso el ser económico y la comida son una misma cosa? Confundir estos conceptos completamente diferentes es perdonable, digamos, a alguna colegiala; pero ¿cómo pudo suceder que ustedes, "destructores de la socialdemocracia", "regeneradores de la ciencia", repitan también tan despreocupadamente el error de las colegialas? ¿Y cómo puede la comida determinar la ideología social? ¡Veamos, piensen en sus propias palabras: la comida, la forma de comer no cambia; en la antigüedad la gente comía, masticaba y digería la comida igual que ahora, mientras que la forma de la ideología cambia y se desarrolla continuamente. Antigua, feudal, burguesa, proletaria: tales son, entre otras, las formas que adopta la ideología. ¿Acaso es admisible que lo que, en general, no cambia, determine lo que cambia constantemente? La ideología es determinada por el ser económico; eso es lo que dice Marx, y eso es fácil de comprender; pero ¿acaso la comida y el ser económico son una misma cosa? ¿Por qué les ha parecido bien atribuir a Marx su propia torpeza?...

Sigamos adelante. Según nuestros anarquistas, el materialismo de Marx "es el mismo paralelismo..."; o también: "el materialismo monista es un dualismo mal disimulado y un compromiso entre la metafísica y la ciencia..." "Marx cae en el dualismo porque presenta las relaciones de producción como materiales y las aspiraciones y la voluntad humanas como ilusión y utopía que no tiene significación, aunque exista" (véase "Nobati" núm. 6. Sh. G.). En primer lugar, el materialismo monista de Marx no tiene nada en común con el absurdo paralelismo. Mientras que desde el punto de vista del materialismo el aspecto material, el contenido, precede necesariamente al aspecto ideal, la forma, el paralelismo rechaza este punto de vista y declara resueltamente que ni el aspecto material ni el ideal preceden el uno al otro, que ambos se mueven juntos, paralelamente. En segundo lugar, ¿qué tiene en común el monismo de Marx con el dualismo, cuando sabemos bien (y debe ser conocido también por ustedes, señores anarquistas, si leen la literatura marxista) que el primero parte de un solo principio —la naturaleza, que tiene formas material e ideal—, mientras que el segundo parte de dos principios —material e ideal—, que, según el dualismo, se niegan mutuamente? En tercer lugar, ¿quién ha dicho que "las aspiraciones y la voluntad humanas no tienen significación"? ¿Por qué no indican dónde dice eso Marx? ¿Acaso no habla de la significación de "las aspiraciones y la voluntad" Marx en "El dieciocho brumario de Luis Bonaparte", en "Las luchas de clases en Francia", en "La guerra civil en Francia" y en otros folletos? ¿Por qué entonces Marx se esforzó en desarrollar en un espíritu socialista "la voluntad y las aspiraciones" de los proletarios? ¿Por qué hacía propaganda entre ellos, si no reconocía la significación de "las aspiraciones y la voluntad"? O, ¿de qué habla Engels en sus conocidos artículos de 1891-94, sino de "la significación de las aspiraciones y la voluntad"? Las aspiraciones y la voluntad humanas toman su contenido del ser económico, pero eso no significa en modo alguno que no ejerzan ninguna influencia sobre el desarrollo de las relaciones económicas. ¿Tan difícil les resulta a nuestros anarquistas digerir esta sencilla idea? Sí, sí; no en vano se dice que una cosa es la pasión por la crítica y otra la crítica misma...

Otra acusación más formulada por los señores anarquistas: "no se puede representar la forma sin contenido...", por lo tanto no se puede decir que "la forma va a la zaga del contenido... ellos 'coexisten'... De lo contrario, el monismo es un absurdo" (véase "Nobati" núm. 1. Sh. G.). Se enredaron un poco los señores anarquistas. El contenido sin forma es impensable, pero la forma existente nunca corresponde plenamente al contenido existente; el nuevo contenido siempre está en cierta medida revestido de la vieja forma, a consecuencia de lo cual entre la vieja forma y el nuevo contenido siempre existe un conflicto. Precisamente sobre esta base se producen las revoluciones, y en esto, entre otras cosas, se expresa el espíritu revolucionario del materialismo de Marx. Pero los anarquistas no comprendieron esto y repiten obstinadamente que el contenido sin forma no existe...

Tales son las opiniones de los anarquistas sobre el materialismo. Nos limitaremos a lo dicho. Ya está suficientemente claro que los anarquistas inventaron su propio Marx y le atribuyeron su "materialismo" inventado por ellos, y luego luchan contra él. Al Marx verdadero y al materialismo verdadero no les alcanza ni una sola bala...

¿Cuál es la conexión entre el materialismo dialéctico y el socialismo proletario?

Periódico "Ajali Tsjovréba"

("Vida Nueva") núms. 2, 4, 7 y 16;

21, 24, 28 de junio y 9 de julio de 1906

Firma: Koba

Traducción del georgiano