La unión de la burguesía puede ser quebrantada solo por la unión del proletariado. C. Marx.

¡Extraordinariamente compleja es la vida contemporánea! Ofrece un abigarrado conjunto de clases y grupos diferentes la burguesía grande, media y pequeña; los feudales grandes, medios y pequeños; los oficiales, los peones y los obreros fabriles cualificados; el clero alto, medio y bajo; la burocracia alta, media y pequeña; la heterogénea intelectualidad y otros grupos análogos. ¡Tal es el abigarrado cuadro que presenta nuestra vida! Pero es también evidente que cuanto más se desarrolla la vida, con tanta mayor diafanidad se manifiestan en esta compleja vida dos tendencias fundamentales, tanto más acentuadamente se divide esta compleja vida en dos campos opuestos: el campo de los capitalistas y el campo de los proletarios. Las huelgas económicas de enero (1905) mostraron con nitidez que Rusia se divide realmente en dos campos. Las huelgas de noviembre en Petersburgo (1905) y las huelgas de junio y julio en toda Rusia (1906) han enfrentado a los jefes de uno y otro campo y han dejado así por completo al descubierto las modernas contradicciones de clase.

Desde entonces, el campo de los capitalistas no se duerme, en este campo llévanse a cabo febriles e incesantes preparativos: se constituyen asociaciones locales de capitalistas, las asociaciones locales se unen en asociaciones regionales, las asociaciones regionales en asociaciones de toda Rusia, se fundan cajas y órganos de prensa, se convocan congresos y conferencias de capitalistas de toda Rusia… Así, pues, los capitalistas se organizan en clase aparte con el fin de reprimir al proletariado. Por otro lado, tampoco se duerme el campo de los proletarios. En él se efectúan asimismo febriles preparativos para la lucha que se avecina. A pesar de las persecuciones de la reacción, en él también se fundan sindicatos locales, los sindicatos locales se unen en sindicatos regionales, fúndanse cajas de resistencia, aumenta la prensa sindical, se convocan congresos y conferencias de los sindicatos obreros de toda Rusia. Como se ve, también los proletarios se organizan en clase aparte con el fin de poner freno a la explotación. Hubo un tiempo en que “la paz y la tranquilidad” reinaban en la vida. Entonces no se veían estas clases, con sus organizaciones de clases.

Naturalmente, también entonces había lucha, pero ésta revestía un carácter local y no un carácter general de toda la clase: los capitalistas no tenían sus asociaciones, y cada uno de ellos se veía precisado a entendérselas con “sus” obreros valiéndose de sus propias fuerzas. Tampoco los obreros tenían tales asociaciones, y, por consiguiente, los obreros valiéndose de sus propias fuerzas. Cierto, las organizaciones locales socialdemócratas ejercían la dirección de la lucha económica de los obreros, pero todo el mundo convendrá en que esta dirección era débil y ocasional: las organizaciones socialdemócratas no conseguían ni siquiera solventar los asuntos del Partido. Ahora bien, las huelgas económicas de enero marcan un viraje. Los capitalistas, sobresaltados, se han puesto en movimiento y han comenzado a organizar asociaciones locales. Las asociaciones de capitalistas de Petersburgo, de Moscú, de Varsovia, de Riga y de otras ciudades tienen por origen las huelgas de enero. En cuanto a los capitalistas de la industria del petróleo, del manganeso, del carbón y del azúcar, han convertido sus viejas y “pacíficas” asociaciones en asociaciones “de lucha” y han comenzado a afianzar sus posiciones.

Sin embargo, a los capitalistas no les bastaba con eso. Decidieron formar una asociación de toda Rusia, y en marzo de 1905, por iniciativa de Morózov, se reunieron en el Congreso general de Moscú, que fue el primer Congreso de los capitalistas de toda Rusia. En él han concertado un acuerdo en virtud del cual se comprometen a no hacer concesiones a los obreros sin haber llegado a una inteligencia entre sí, y en caso “extremo” a declarar el lockout*. Este momento marca el comienzo de una lucha encarnizada de los capitalistas contra los proletarios. Este momento marca el comienzo de un período de grandes lockouts en Rusia. Para una lucha seria es preciso una asociación seria, y los capitalistas decidieron reunirse de nuevo para crear una asociación más estrechamente unida. Así, en Moscú, tres meses después del primer Congreso (en julio de 1905), fue convocado el segundo Congreso de los capitalistas de toda Rusia. En él ratificaron una vez más las resoluciones del primer Congreso, reconocieron una vez más la necesidad de los lockouts y eligieron un Buró que debía redactar los estatutos y encargarse de la convocatoria de un nuevo Congreso. Al mismo

* Lockout: huelga de patronos, que consiste en cerrar premeditadamente las fábricas, para romper la resistencia de los obreros y no satisfacer sus reivindicaciones.

tiempo se ponían en práctica las resoluciones de los Congresos. Los hechos han demostrado que los capitalistas cumplen con exactitud estas resoluciones. Si recordáis los lockouts declarados por los capitalistas en Riga, en Varsovia, en Odesa, en Moscú y en otras grandes ciudades, si recordáis las jornadas de noviembre en Petersburgo, en que setenta y dos capitalistas amenazaron con un cruel lockout a 200.000 obreros, comprenderéis fácilmente qué gran fuerza representa la asociación de los capitalistas de toda Rusia y con qué exactitud cumplen éstos los acuerdos de su asociación. Más tarde, después del segundo Congreso, los capitalistas organizaron otro Congreso (en enero de 1906), y, por último, en abril de este año se ha celebrado ya el Congreso inaugural de la asociación de los capitalistas de toda Rusia, en el que han sido adoptados los estatutos únicos y elegido un Buró central. Según comunican los periódicos, dichos estatutos han sido aprobados ya por el gobierno. Así, pues, no hay duda de que la gran burguesía de Rusia se ha organizado ya en clase aparte, tiene sus entidades locales, regionales y central y puede, con arreglo a un plan único, poner en pie a los capitalistas de toda Rusia. Rebajar el salario, prolongar la jornada de trabajo, debilitar al proletariado y destruir sus organizaciones: tal es la finalidad de la asociación general de los capitalistas.

Al mismo tiempo, ha ido ascendiendo y desarrollándose el movimiento sindical de los obreros. Las huelgas económicas de enero (1905) han ejercido también aquí su influencia. El movimiento ha adquirido un carácter de masas, sus demandas se han ampliado, y en el curso del tiempo se ha visto que las organizaciones socialdemócratas no pueden llevar simultáneamente los asuntos del Partido y los asuntos sindicales. Era necesaria una especie de división del trabajo entre el Partido y los sindicatos. Era necesario que dirigiesen los asuntos del Partido las organizaciones del Partido, y los sindicatos, los asuntos sindicales. Y entonces ha comenzado la organización de los sindicatos. En Moscú, en Petersburgo, en Varsovia, en Odesa, en Riga, en Járkov, en Tiflis, en todas partes se han ido fundando sindicatos. Es cierto que la reacción ha opuesto obstáculos, pero las necesidades del movimiento han prevalecido y los sindicatos han ido multiplicándose. Poco después de los sindicatos locales han aparecido los sindicatos regionales, y, por último, la cosa ha llegado hasta el punto de que en septiembre del año pasado fue convocada una Conferencia de sindicatos de toda Rusia, la primera Conferencia de sindicatos obreros. Fruto de dicha Conferencia, entre otras cosas, ha sido acercar entre sí a los sindicatos de diferentes ciudades y, por último, elegir un Buró central encargado de preparar la convocatoria de un Congreso general de sindicatos.

Vienen después las jornadas de octubre y los sindicatos duplican sus fuerzas. Los sindicatos locales y, por último, los sindicatos regionales han ido aumentando de día en día. Es cierto que la “derrota de diciembre” ha frenado visiblemente la formación de sindicatos, pero después el movimiento sindical se rehace, y las cosas se arreglan hasta tal punto que en febrero de este año es convocada la segunda Conferencia de sindicatos, con una representación mucho más amplia y completa que la primera. La Conferencia ha reconocido la necesidad de constituir organismos centrales en las localidades y regiones y un organismo central de toda Rusia ha elegido una “comisión de organización” para la convocatoria del proyectado Congreso de toda Rusia y ha adoptado las resoluciones pertinentes respecto a los problemas palpitantes del movimiento sindical. Así, pues, es indudable que, a pesar del desenfreno de la reacción, el proletariado también se organiza en clase aparte, fortalece infatigablemente sus organizaciones sindicales locales, regionales y central y, asimismo, trata infatigablemente de unir contra los capitalistas a sus innumerables hermanos de clase. Conseguir el aumento del salario, la reducción de la jornada de trabajo, la mejora de las condiciones de éstos poner freno a la explotación y socavar las asociaciones de los capitalistas: tal es la finalidad de los sindicatos obreros.

De tal forma, la sociedad contemporánea se escinde en dos grandes campos, cada uno de los cuales se organiza en clase aparte, la lucha de clases entablada entre ellos se ahonda y recrudece de día en día, y en torno a estos dos campos reúnanse todos los demás grupos. Marx decía que toda lucha de clases es una lucha política. Esto significa que si hoy los proletarios y los capitalistas sostienen entre sí una lucha económica, mañana tendrán que sostener, además, una lucha política y, de este modo, defender sus intereses de clase mediante una lucha de doble carácter. Los capitalistas tienen sus intereses profesionales privados. Precisamente para garantizar estos intereses, existen sus organizaciones económicas. Pero, además de los intereses profesionales privados, tienen intereses generales de clase, que consisten en fortalecer el capitalismo. Precisamente para defender estos intereses generales necesitan la lucha política y un partido político. Los capitalistas de Rusia han resuelto este problema de manera muy sencilla; vieron que el único partido que defendía “franca e intrépidamente” sus intereses era el partido de los octubristas, por lo cual decidieron agruparse alrededor de este partido y subordinarse a su dirección ideológica. Desde entonces los capitalistas sostienen su lucha política bajo la dirección ideológica de este partido, con cuya ayuda ejercen influencia sobre el actual gobierno (que clausura los

sindicatos obreros, pero, en cambio, autoriza apresuradamente las asociaciones de los capitalistas), llevan a los candidatos de dicho partido a la Duma, etc., etc. Es decir, lucha económica con ayuda de asociaciones, lucha general política bajo la dirección ideológica del partido de los octubristas: tal es la forma que adopta hoy la lucha de clase de la gran burguesía. Por otra parte, fenómenos análogos se observan también actualmente en el movimiento de clase del proletariado. Para defender los intereses profesionales de los proletarios se constituyen sindicatos, que luchan por el aumento del salario y la reducción de la jornada de trabajo, etc. Pero, además de los intereses profesionales, los proletarios tienen intereses generales de clase, que consisten en la revolución socialista y en la implantación del socialismo. Ahora bien, es imposible llevar a cabo la revolución socialista mientras el proletariado no conquiste la dominación política como clase única e indivisa. Para eso precisamente necesita el proletariado la lucha política y un partido político que ejerza la dirección ideológica de su movimiento político. Naturalmente, los sindicatos obreros son, en su mayor parte, sin partido y neutrales. Pero esto no significa sino que son independientes de los partidos tan sólo en el sentido financiero y en el sentido de la organización, es decir, tienen sus cajas propias, tienen sus órganos directivos propios, celebran sus congresos propios y desde un punto de vista formal no están obligados a someterse a las decisiones de los partidos políticos. Por lo que se refiere a la dependencia ideológica de los sindicatos respecto a este o el otro partido político, tal dependencia ha de existir indudablemente y no puede dejar de existir, aunque sólo sea, entre otras razones, porque los sindicatos se componen de miembros de distintos partidos, que inevitablemente han de llevar a ellos sus convicciones políticas.

Está claro que si el proletariado no puede prescindir de la lucha política, tampoco puede prescindir de la dirección ideológica de este o el otro partido político. Es más, él mismo debe buscar un partido que conduzca dignamente sus sindicatos a la “tierra de promisión”, al socialismo. Pero en esto el proletariado debe estar alerta y obrar con cautela. Debe inquirir con atención en el bagaje ideológico de los partidos políticos y aceptar libremente la dirección ideológica de aquel partido que defienda con valor y consecuencia sus intereses de clase, mantenga en alto la bandera roja del proletariado y le conduzca con audacia a la dominación política, a la revolución socialista. Hasta ahora este papel es desempeñado por el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, y, consecuentemente, la tarea de los sindicatos estriba en aceptar su dirección ideológica. Como es sabido, así ocurre precisamente en la realidad. Así, pues, batallas económicas con ayuda de los sindicatos, ataques políticos bajo la dirección ideológica de la socialdemocracia: tal es la forma que ha adoptado hoy la lucha de clase del proletariado. No cabe duda de que la lucha de clases ha de avivarse con fuerza creciente. La tarea del proletariado consiste en introducir en su lucha el sistema y el espíritu de organización. Mas para ello es necesario fortalecer los sindicatos y unirlos, en lo que podría prestar un gran servicio el Congreso de sindicatos de toda Rusia. Ahora no necesitamos un “Congreso obrero sin-partido”, sino un Congreso de los sindicatos obreros, para que el proletariado se organice en una clase única e indivisa. Y, al mismo tiempo, el proletariado debe procurar por todos los medios consolidar y fortalecer el partido que ha de ejercer la dirección ideológica y política de su lucha de clase.

Publicado con la firma de Ko… el 14 de noviembre de 1906 en el núm. 1 del periódico “Ajali Droeba”. Traducido del georgiano.