Participar en la Conferencia con los industriales petroleros o boicotearla no es para nosotros una cuestión de principio, sino de conveniencia práctica. No podemos decidir de una vez para siempre el boicot de toda conferencia, como proponen ciertos “individuos” irritados y no del todo en su sano juicio. Y, por el contrario, no podemos decidir de una vez para siempre la cuestión a favor de participar en las conferencias, como han sabido hacerlo esos camaradas nuestros que tanto se asemejan a los demócratas constitucionalistas. El problema de la participación o del boicot debemos enfocarlo teniendo en cuenta los hechos reales y concretos y sólo desde el punto de vista de estos hechos. Puede ocurrir que, ante determinados hechos, en determinadas condiciones, nuestra tarea de unir a las masas imponga la necesidad de la participación, y entonces debemos participar sin ningún género de dudas. Y, por el contrario, en otras condiciones, esa misma tarea puede imponer la necesidad del boicot, y entonces debemos recurrir a él sin ningún género de dudas. Además, debemos fijar de antemano, para evitar confusiones, los conceptos con que operamos. ¿Qué significa “participar” en la Conferencia? ¿Qué significa “boicotear” la Conferencia?

Si nosotros, al formular en las asambleas reivindicaciones generales, al elegir apoderados, etc., etc., no nos proponemos frustrar la Conferencia, sino que, por el contrario, vamos a ella, nos atenemos a su reglamento y nos apoyamos en él para sostener negociaciones con los industriales petroleros y concertar en resumidas cuentas este o el otro contrato, debemos calificar tal conducta de participación en la Conferencia. Pero si nosotros, al elaborar las reivindicaciones, al elegir apoderados para formularlas mejor, al popularizarlas y publicarlas, no nos proponemos participar en los trabajos de la Conferencia con los industriales petroleros, sino frustrarla, frustrar todo contrato con los industriales petroleros antes de la lucha (el contrato después de una lucha, particularmente después de una lucha afortunada, lo consideramos necesario), debemos calificar tal conducta de boicot de la Conferencia, boicot, naturalmente, activo, pues al fin y al cabo frustra la Conferencia. Aquí no hay que confundir en modo alguno la táctica en relación a la Duma con la táctica respecto a la Conferencia. La participación en la Conferencia o el boicot de ésta tiene por finalidad preparar las condiciones para mejorar una situación determinada en las explotaciones petroleras; en cambio, la participación o el boicot de la Duma tiene por finalidad mejorar las condiciones generales en el país.

La suerte de la Conferencia la determina por entero y de una manera exclusiva el proletariado de la localidad dada, pues sin su participación la Conferencia es imposible; en cambio, la suerte de la participación o del boicot de la Duma no la determina el proletariado solo, sino que la determinan también los campesinos. Por último, en boicot activo de la Conferencia (el frustrarla) puede efectuarse fácilmente sin acciones enérgicas, lo que no puede decirse en cuanto a los resultados del boicot de la Duma. Hechas estas observaciones generales, pasemos a la cuestión concreta del boicot de la Conferencia en perspectiva. La historia de la lucha económica de los obreros de Bakú puede dividirse en dos períodos. El primero es el período de lucha que llega hasta los últimos tiempos. En él actuaban como protagonistas los obreros de los talleres; y los obreros de los pozos, sencillamente, les seguían de una manera confiada, viendo en ellos a sus jefes. Entonces los obreros de los pozos aun no tenían conciencia de su enorme papel en la producción.

La táctica de los industriales petroleros en este período puede ser calificada de táctica de coqueteo con los obreros de los talleres, de táctica de concesiones sistemáticas a los obreros de los talleres y de desprecio sistemático por las necesidades de los obreros de los pozos. El segundo período empieza con el despertar de los obreros de los pozos, con su salida independiente a la escena; a la vez, los obreros de los talleres son desplazados a segundo plano. Por lo demás, esta salida a escena no puede tener un carácter más caricaturesco, pues 1) no va más allá de las infamantes gratificaciones y 2) está impregnada de la desconfianza más funesta hacia los obreros de los talleres. Los industriales petroleros quieren aprovechar la nueva situación y cambian de táctica. Ya no coquetean con los obreros de los talleres, ya no tratan de ganárselos mediante concesiones, pues saben bien que ahora los obreros de los pozos no siempre irán tras ellos. Hoy, por el contrario, los propios industriales petroleros tratan de provocar a los obreros de los talleres, para que vayan a la huelga sin los obreros de los pozos, a fin de demostrar así la impotencia relativa de los obreros de los talleres y hacerlos dóciles. A la vez, los industriales petroleros, que antes no prestaban ninguna atención a los

obreros de los pozos, ahora coquetean con ellos sin ningún recato, obsequiándoles con gratificaciones. Quieren así apartar definitivamente a los obreros de los pozos de los obreros de los talleres, corromperlos hasta la médula, inocularles una confianza servil hacía los industriales petroleros, sustituir el principio de la lucha intransigente por el “principio” del chalaneo y de la pedigüeñería lacayuna, para hacer así imposible toda mejoría seria. Con esos mismos fines “idearon” la Conferencia en perspectiva. Es evidente, por ello, que la tarea inmediata de los camaradas de vanguardia consiste en sostener una lucha encarnizada por conquistar a los obreros de los pozos, por agrupar estrechamente a los obreros de los pozos en torno a sus camaradas de los talleres. Para ello se debe inculcar en la conciencia de los obreros de los pozos una desconfianza absoluta hacia los industriales petroleros y extirpar de sus cabezas los dañinos prejuicios del chalaneo y de la pedigüeñería. A la masa de los obreros de los pozos, que por primera vez sale a la escena y, además, actúa de una manera tan torpe y caricaturesca (el “beshkesh”, etc.), debemos decirlo bien alto y con toda energía (¡debemos decírselo con hechos, y no sólo con palabras!) que las mejoras en la vida no vienen de arriba ni se obtienen regateando, sino que se arrancan desde abajo, mediante la lucha común al lado de los obreros de los talleres.

Sólo teniendo presente esta tarea podremos resolver con acierto la cuestión de la Conferencia. Pues bien, consideramos que participar en la Conferencia en perspectiva y llamar a la colaboración de los industriales petroleros y de los obreros con vistas a confeccionar un contrato obligatorio ahora, cuando la lucha aun no es general cuando la lucha es todavía parcial, cuando la lucha general está aún por venir y los industriales petroleros distribuyen gratificaciones a diestro y siniestro, separan a los obreros de los pozos de los obreros de los talleres y corrompen su conciencia, poco madura, consideramos que “ir a la Conferencia” en tal momento, no extirpará, sino que afianzará en las cabezas de la masa los prejuicios del “beshkesh”. Participar en la Conferencia no sería inculcar en la conciencia de la masa la desconfianza en los industriales petroleros, sino la confianza en ellos; no sería agrupar estrechamente a los obreros de los pozos en torno a los obreros de los talleres, acercarlos a éstos, sino dejarlos abandonados temporalmente, entregarlos a las garras de los capitalistas. Naturalmente, “no hay mal que por bien no venga”; la Conferencia, en el momento presente, podría también reportar cierto provecho en cuanto a la organización, en cuanto a la “ampliación de la lucha”, como dice el camarada Kochegar.

Pero si el daño causado por la Conferencia es, sin duda alguna, superior a este cierto provecho, es indudable que debemos desecharla, como chatarra inútil. Pues si el camarada Kochegar “va a la Conferencia”, sobre todo porque la Conferencia “organiza” y “amplía la lucha”, es absolutamente incomprensible por qué no se puede también “ir a la Conferencia” en los períodos de auge, en vísperas de la lucha general, al comienzo de la lucha general que se esté organizando. ¿Qué es lo que se teme? ¿Acaso no es entonces particularmente necesaria la “organización general”, la “ampliación de la lucha”? ¿Acaso no es entonces cuando menos debe la masa dejarse influenciar por las concesiones hechas desde arriba? Pero el quid de la cuestión está precisamente en que elegir a los apoderados no significa todavía organizar a la masa. El quid de la cuestión está precisamente en que organizar (en nuestro sentido, claro está, y no en el sentido gaponiano*) significa ante todo desarrollar la conciencia del antagonismo inconciliable entre los capitalistas y los obreros. Lo que hace falta es esa conciencia, y lo demás ya vendrá. Pero eso es precisamente lo que la Conferencia en perspectiva no puede dar. En vista de ello, la única táctica que en las condiciones actuales responde a nuestro objetivo es la táctica del boicot de la Conferencia.

La táctica del boicot es la que mejor desarrolla la conciencia del antagonismo inconciliable entre los obreros y los industriales del petróleo. La táctica del boicot, al minar los prejuicios del “beshkesh” y apartar de los industriales a los obreros de los pozos, agrupa estrechamente a éstos en torno a los obreros de los talleres. La táctica del boicot, al infundir la desconfianza hacia los industriales petroleros, es la que hace ver con mayor realce a la masa la necesidad de la lucha como único medio para mejorar las condiciones de vida. Por eso, debemos iniciar la campaña del boicot: organizar asambleas en las empresas, elaborar reivindicaciones, elegir apoderados para la mejor formulación de las reivindicaciones comunes, darlas a conocer por medio de publicaciones, explicarlas, presentadas una vez más a las masas para su aprobación definitiva, etc., etc. Todo eso debemos realizarlo bajo la consigna del boicot, para que, después de haber popularizado las reivindicaciones comunes y aprovechado las “posibilidades legales”, podamos frustrar la Conferencia, ridiculizarla y hacer así más patente la necesidad de la lucha por las reivindicaciones comunes. Así, pues, ¡hay que boicotear la Conferencia!

Publicado con la firma de K o... el 29 de

* Gapón: pope, agente de la Ojrana zarista. En 1904 fundó en Petersburgo una organización seudoobrera para impedir el desarrollo del movimiento obrero revolucionario. (F. del T.)

septiembre de 1907 en el núm. 4 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.