La segunda Duma ha sido disuelta, y no de una manera sencilla, sino con estrépito, exactamente igual que la primera. También en este caso tenemos un “mensaje de disolución” expresando la “sincera condolencia” del farisaico zar con motivo del acontecimiento. Tenemos asimismo una “nueva ley electoral”, que reduce a la nada los derechos electorales de los obreros y de los campesinos. Tenemos hasta la promesa de “renovar” Rusia, con ayuda, claror está, de fusilamientos y de una tercera Duma. En una palabra, tenemos en este caso todo lo que se produjo, bien reciente aún, al ser disuelta la primera Duma. El zar ha repetido, en forma abreviada, la disolución de la primera Duma... El zar tenía sus razones para disolver la segunda Duma; no lo ha hecho, ni mucho menos, sin objetivo alguno. Quería valerse de la Duma para ligarse a los campesinos, convertirlos, de aliados del proletariado, en aliados del gobierno y, con ello, dejar solo al proletariado, aislarlo, desbaratar la revolución y hacer imposible su victoria.

Con este fin el gobierno recurrió al concurso de la burguesía liberal, que goza todavía de alguna influencia entre las masas atrasadas del campo, pues quería ligarse, a través de ella, a los millones y millones de campesinos. Así es como deseaba el gobierno utilizar la segunda Duma de Estado. Pero resultó lo contrario. En las primeras sesiones de la segunda Duma se puso ya de manifiesto la desconfianza de los diputados campesinos, no sólo hacia el gobierno, sino también hacia los diputados de la burguesía liberal. Esta desconfianza aumentó a consecuencia de varias votaciones y acabó convirtiéndose en franca hostilidad a los diputados de la burguesía liberal. De esta manera el gobierno no consiguió agrupar a los diputados campesinos en torno a los liberales, y, a través de ellos, alrededor del viejo Poder. El deseo del gobierno -utilizar la Duma para ligarse con el campesinado y aislar al proletariado- no se cumplió. Al contrario: los diputados campesinos fueron agrupándose más y más estrechamente en torno a los diputados proletarios, en torno a los socialdemócratas. Y cuanto más se apartaban de los liberales, de los demócratas constitucionalistas, tanto más resueltamente se acercaban a los diputados socialdemócratas.

Esto facilitó en grado considerable la agrupación de los campesinos en torno al proletariado fuera de la Duma, Por lo tanto, no fue el proletariado quien quedó aislado de los campesinos, sino la burguesía liberal y el gobierno; el proletariado se aseguró el apoyo de los millones de campesinos; por lo tanto, no fue la revolución, como quería el gobierno, sino la contrarrevolución la que quedó desbaratada. En vista de ello, la pervivencia de la segunda Duma se hacía para el gobierno cada vez más peligrosa, y el gobierno “disolvió” la Duma. Y a fin de desbaratar con mayor éxito el acercamiento de los campesinos al proletariado, a fin de sembrar en las masas atrasadas de campesinos la hostilidad a los socialdemócratas y de agrupar a estas masas en torno suyo, el gobierno recurrió a dos medidas. En primer lugar, atacó a la minoría socialdemócrata de la Duma, acusó falsamente a sus miembros de llamar a la insurrección inmediata y los presentó, así, como los principales culpables de la disolución de la Duma. Nosotros, decía, no hubiéramos disuelto, amados campesinos, vuestra “anhelada Duma”, pero los socialdemócratas nos amenazaban con la insurrección y nos hemos visto obligados a “disolverla”.

En segundo lugar, el gobierno promulgó una “nueva ley”, según la cual reducía a la mitad el número de compromisarios campesinos, aumentaba en la misma proporción el número de compromisarios de los terratenientes, permitía a estos últimos elegir en asambleas conjuntas los diputados de los campesinos, reducía el número de compromisarios obreros también casi a la mitad (124 compromisarios en lugar de 237), se reservaba el derecho de redistribuir a los electores “por localidades, por el tipo de censo restrictivo y por nacionalidades”, anulaba toda posibilidad de una propaganda electoral libre, etc., etc. Y todo ello para no dar entrada en la tercera Duma a representantes revolucionarios de los obreros y de los campesinos, para llenarla de representantes liberales y reaccionarios de los terratenientes y de los fabricantes, para desnaturalizar la representación de los campesinos, haciendo posible que, en contra de la voluntad de los propios campesinos, fuesen elegidos los diputados más conservadores de los campesinos y arrebatando así al proletariado la posibilidad de agrupar abiertamente en torno suyo a las grandes masas campesinas, es decir, creando para sí la posibilidad de acercarse de una forma abierta al campesinado. Tal es el sentido de la disolución de la segunda Duma de Estado. La burguesía liberal, por lo visto, ha comprendido todo eso y, a través de sus demócratas

constitucionalistas, está dispuesta a secundar los propósitos del gobierno. En la segunda Duma había pactado ya con el viejo Poder y, coqueteando con los diputados campesinos, había tratado de aislar al proletariado. En víspera de la disolución, Miliukov, el líder de los demócratas constitucionalistas, exhortaba a su partido a agrupar a todo el mundo en torno al “gobierno de Stolypin”, a llegar a un acuerdo con éste y a declarar la guerra a la revolución, es decir, al proletariado. Y otro líder de los demócratas constitucionalistas, Struve, ya después de la disolución defendía la “idea de la entrega” de los diputados socialdemócratas al gobierno, llamaba a los demócratas constitucionalistas a emprender una lucha franca contra la revolución, a fundirse con los contrarrevolucionarios octubristas y a combatir al inquieto proletariado, aislándolo previamente. El partido demócrata constitucionalista calla; por tanto, está de acuerdo con sus líderes. Evidentemente, la burguesía liberal comprende toda la importancia del momento que estamos viviendo. Por ello se plantea con tanta mayor nitidez al proletariado el derrocamiento del Poder zarista. Pensad por un momento. Tuvimos la primera Duma, tuvimos la segunda, pero ni la una ni la otra “han resuelto” -ni podían “resolver”- ningún problema de la revolución. Todo sigue como estaba: los campesinos sin tierra, los obreros sin la jornada de ocho horas, todos los ciudadanos sin libertades políticas. ¿Por qué?

Porque el Poder zarista todavía no ha muerto, porque existe todavía y disuelve tras la primera Duma la segunda, organiza la contrarrevolución y trata de desunir las fuerzas de la revolución, de separar de los proletarios a los millones de campesinos. Mientras tanto, las fuerzas subterráneas de la revolución -la crisis en las ciudades y el hambre en las aldeas- continúan haciendo su obra, exasperando cada vez con mayor fuerza a las grandes masas de obreros y de campesinos, exigiendo cada vez más insistentemente que se solucione los problemas cardinales de nuestra revolución. Los forcejeos del Poder zarista no hacen más que agravar la crisis. Los esfuerzos de la burguesía liberal -por separar a los campesinos de los proletarios- no hacen más que fortalecer la revolución. Está claro que, sin derrocar el Poder zarista y sin la convocatoria de una Asamblea Constituyente de todo el Pueblo, es imposible dar satisfacción a las grandes masas de obreros y de campesinos. No menos claro está, además, que sólo en alianza con el campesinado, contra el Poder zarista y la burguesía liberal, se podrá resolver los problemas cardinales de la revolución. Derrocamiento del Poder zarista y convocatoria de una Asamblea Constituyente de todo el Pueblo: he ahí lo que nos plantea la disolución de la segunda Duma. Guerra contra la traidora burguesía liberal, estrecha alianza con el campesinado: he ahí lo que nos dicta la disolución de la segunda Duma. La tarea del proletariado consiste en seguir conscientemente este camino y cumplir dignamente el papel de jefe de la revolución.

Publicado sin firma el 20 de junio de 1907 en el núm. 1 del periódico “Bakinski Proletari”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.