En ninguna parte ha sido tan enconada la lucha electoral como en Petersburgo. En ninguna parte ha habido choques tan duros entre los partidos como en Petersburgo. Los socialdemócratas, los populistas, los demócratas constitucionalistas, los cien-negristas; los bolcheviques y los mencheviques en el seno de la socialdemocracia, los trudoviques, los eseristas y los socialistas populares en el campo de los populistas, las alas izquierda y derecha del partido demócrata constitucionalista: todos han sostenido una lucha encarnizada.... Pero, a la vez, en ninguna parte se ha puesto tan claramente de manifiesto la fisonomía de los partidos como en Petersburgo. No podía ser de otro modo: la lucha electoral es acción, y sólo en la acción se puede conocer a los partidos. Como es lógico, cuanto más encarnizada era la lucha, con tanta mayor nitidez debía perfilarse la fisonomía de los contendientes. En este sentido ofrece gran interés la conducta de los bolcheviques y los mencheviques durante la lucha electoral. Recordaréis, probablemente, lo que decían los mencheviques.

Antes de las elecciones declaraban ya que la Asamblea Constituyente y la república democrática eran una carga inútil y que, ante todo, se necesitaba la Duma y un ministerio demócrata constitucionalista; de aquí, la necesidad de un pacto electoral con los demócratas constitucionalistas. En caso contrario -decían- vencerán los cien-negristas. He aquí lo que escribía el líder menchevique Cherevanin en vísperas de las elecciones: “Sería un absurdo y una locura que el proletariado, como proponen algunos, intentase emprender juntamente con los campesinos la lucha contra el gobierno y contra la burguesía, por una Asamblea Constituyente soberana y de todo el pueblo”. (v. “Nashe Dielo”, núm. 1). Otro líder menchevique, Plejánov, hizo coro a Cherevanin; también él se manifestó en contra de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo, proponiendo en cambio “una Duma soberana”, que debería ser “plataforma común” para los demócratas constitucionalistas y los socialdemócratas (v. “Továrisch” del 24 de noviembre de 1906). Y el conocido menchevique Vasiliev decía, con mayor franqueza, que la lucha de clases, “en este momento, es suicida y criminal”, que las diferentes clases y grupos deben “abandonar temporalmente todos “los mejores programas” y fusionarse en un solo partido constitucionalista...” (v. “Továrisch” del 17 de diciembre de 1906).

Así hablaban los mencheviques. Los bolcheviques condenaron desde el comienzo mismo esta posición de los mencheviques. Es indigno de los socialistas, decían, concertar un pacto con los demócratas constitucionalistas; los socialistas deben intervenir independientemente en la lucha electoral. En la primera fase de las elecciones, los pactos no son admisibles sino, como excepción, y eso con los partidos que proclaman como consigna del día la convocatoria de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo, la confiscación de todas las tierras, la jornada de 8 horas, etc. Pero los demócratas constitucionalistas rechazan todo esto. El “peligro cien-negrista es una invención de los liberales para asustar a unos cuantos ingenuos. Los cien-negristas no pueden “copar” la Duma. Los mencheviques repiten las palabras de los liberales cuando hablan del “peligro cien-negrista”. En cambio, existe el “peligro de los demócratas constitucionalistas”, y ése es un peligro real. Nuestra obligación consiste en agrupar en torno de la socialdemocracia a todos los elementos revolucionarios y en luchar contra los demócratas constitucionalistas, que se alían con las fuerzas reaccionarias contra la revolución.

Nosotros debemos luchar al mismo tiempo en dos frentes: contra la reacción y contra la burguesía liberal y sus defensores. Así hablaban los bolcheviques. Mientras tanto, se acercaba la apertura de la Conferencia de la organización socialdemócrata de Petersburgo. En la Conferencia debían presentarse ante el proletariado dos tácticas: la táctica del acuerdo con los demócratas constitucionalistas y la táctica de la lucha contra los demócratas constitucionalistas... En la Conferencia el proletariado debía aquilatar todo lo que hasta entonces habían dicho los bolcheviques y los mencheviques. Pero los mencheviques intuían que les esperaba la derrota, comprendían que la Conferencia condenaría su táctica, y por ello decidieron abandonar la Conferencia, por ello decidieron romper con la socialdemocracia. En aras del acuerdo con los demócratas constitucionalistas, los mencheviques iniciaron la escisión. Querían llevar a la Duma a “sus hombres” chalaneando con los demócratas constitucionalistas. Los bolcheviques condenaron resueltamente esa actitud sin principios. Con las cifras en la mano demostraron que el “peligro cien-negrista” no existía. Criticaron implacablemente a los eseristas y a los trudoviques, llamándolos abiertamente a cerrar filas

en torno al proletariado, frente a la contrarrevolución y los demócratas constitucionalistas. Y mientras los bolcheviques unían a los elementos revolucionarios en torno al proletariado, mientras aplicaban invariablemente la táctica intransigente del proletariado, los mencheviques sostenían, a espaldas de los obreros, negociaciones con los demócratas constitucionalistas. En tanto, los demócratas constitucionalistas se iban inclinando hacia la derecha. Stolypin invitó, “para entablar negociaciones”, a Miliukov, el líder de los demócratas constitucionalistas. Estos encargaron por unanimidad a Miliukov que llevara las negociaciones con la reacción “en nombre del partido”. Era claro que los demócratas constitucionalistas querían el acuerdo con la reacción, contra la revolución. Al mismo tiempo, otro líder de los demócratas constitucionalistas, Struve, declaraba abiertamente: “Los demócratas constitucionalistas quieren un acuerdo con el monarca para obtener una Constitución” (v. “Riech” del 18 de enero de 1907). Era evidente que los demócratas constitucionalistas se estaban aliando con la reacción. No obstante, los mencheviques entablaban negociaciones con los demócratas constitucionalistas, buscaban la alianza con ellos. ¡Pobrecillos! ¡No se daban cuenta de que, yendo a un acuerdo con los demócratas constitucionalistas, iban a un acuerdo con la reacción!

Mientras tanto, empezaron las asambleas de controversia, autorizadas por el gobierno. Aquí, en estos mítines, se puso bien en claro que el “peligro cien-negrista” era una fantasía, que la lucha fundamental se libraba entre los demócratas constitucionalistas y los socialdemócratas, y que quien se ponía de acuerdo con los demócratas constitucionalistas traicionaba a la socialdemocracia. Los mencheviques dejaron de aparecer por los mítines: intentaron dos o tres veces salir en defensa de los demócratas constitucionalistas, pero cubriéronse públicamente de vergüenza y se retiraron de la escena. Los lacayos de los demócratas constitucionalistas, los mencheviques, perdieron todo crédito. La tribuna quedó para los bolcheviques y los demócratas constitucionalistas. La lucha entre ellos era la tónica general de los mítines. Los eseristas y los trudoviques se niegan a sostener negociaciones con los demócratas constitucionalistas. Los socialistas populares vacilan. Los bolcheviques encabezan la lucha electoral. ¿Dónde estaban entonces los mencheviques? Conferenciaban con los demócratas constitucionalistas, regateando tres actas de diputados. ¡Increíble, pero cierto!, y nuestro deberes decir públicamente la verdad. Los bolcheviques declaran: ¡Abajo la hegemonía de los demócratas constitucionalistas!

Los mencheviques, en cambio, rechazan esta consigna y se someten, así, a la hegemonía de los demócratas constitucionalistas, marchando a la zaga de éstos. Mientras tanto, se celebran las elecciones en la curia obrera. Se pone en claro que en casi todos los distritos influenciados por los mencheviques los obreros han elegido apoderados a los eseristas. “No podemos votar por quienes mantienen una política de conciliación con los demócratas constitucionalistas; a pesar de todo, los eseristas son mejores que ellos”. Resulta que así hablaban los obreros. ¡Los obreros llaman liberales a los socialdemócratas y prefieren ir con los demócratas burgueses, con los eseristas! ¡A eso condujo el oportunismo de los mencheviques! Los bolcheviques continúan aplicando su táctica intransigente y llaman a todos los elementos revolucionarios a agruparse estrechamente en torno al proletariado. Los eseristas y los trudoviques se adhieren abiertamente a la consigna bolchevique: ¡Abajo la hegemonía de los demócratas constitucionalistas! Los socialistas populares rompen con los demócratas constitucionalistas. Todos pueden ver claramente que el acuerdo entre los socialdemócratas y los eseristas y trudoviques no dividirá en ningún caso los votos hasta el punto de hacer posible la victoria de los "cien-negristas. Vencerán bien los demócratas constitucionalistas o bien la extrema izquierda; el “peligro cien-negrista” es una fantasía.

En tanto, los demócratas constitucionalistas rompen las negociaciones con los mencheviques. Por lo visto, el asunto ha fallado. En cambio, los bolcheviques habían concertado un acuerdo con los eseristas, los trudoviques y los socialistas populares, habían aislado a los demócratas constitucionalistas y pasado a la ofensiva general contra la reacción y contra los demócratas constitucionalistas. En Petersburgo fueron hechas públicas tres listas electorales: la de los cien-negristas, la de los demócratas constitucionalistas y la de la extrema izquierda. Así se confirmó, a despecho de los mencheviques, lo que decían los bolcheviques acerca de las tres listas. Repudiados por el proletariado, abandonados por los demócratas constitucionalistas, que los dejaron con las manos vacías, puestos en ridículo por los eseristas y los trudoviques, cubiertos de vergüenza por la historia, los mencheviques deponen las armas y votan por la lista de la extrema izquierda, contra los demócratas constitucionalistas. La comisión menchevique de la barriada de Víborg declara públicamente que los mencheviques votarán por la extrema izquierda, contra los demócratas constitucionalistas. Eso quería decir que los mencheviques habían reconocido la inexistencia del “peligro cien- negrista”, que habían desistido del acuerdo con los

demócratas constitucionalistas y apoyaban la consigna bolchevique: ¡Abajo la hegemonía de los demócratas constitucionalistas! Eso quería decir, además, que los mencheviques habían renunciado a su táctica y aceptado abiertamente la táctica de los bolcheviques. Eso quería decir, por último, que los mencheviques habían dejado de arrastrarse tras los demócratas constitucionalistas y marchaban a la zaga de los bolcheviques. Finalmente, se celebraron las elecciones y resultó que por Petersburgo ¡no salió elegido ni un solo cien- negrista! Así se ha justificado la táctica bolchevique en Petersburgo. Así han sido derrotados los mencheviques.

Publicado sin firma el 18 de febrero de 1907 en el núm. 1 del periódico “Chveni Tsjovreba”. Traducido del georgiano.