“La burguesía prusiana no era como la burguesía francesa de 1789,... había descendido a la categoría de un estamento,... inclinada desde el primer instante a traicionar al pueblo y a pactar un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad”. Esto escribía C. Marx de los liberales prusianos. En efecto; aun no se había desplegado con toda su fuerza la revolución, cuando los liberales alemanes entraban ya en tratos con el “Poder supremo”. Pronto lograron cerrar el trato y, después, al lado del gobierno, arremetieron contra los obreros y los campesinos. Sabido es con cuánta mordacidad y con qué acierto desenmascaró C. Marx esta doblez de los liberales: “Sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo, gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo, egoísta frente a ambos y consciente de su egoísmo, revolucionaria frente a los conservadores y conservadora frente a los revolucionarios, recelosa de sus propios lemas, empavorecida ante la tempestad mundial y explotándola en provecho propio, sin energía en ningún sentido y plagiando en todos, vulgar por carecer de originalidad y original en su vulgaridad, regateando con sus propios deseos, sin iniciativa, sin una vocación histórica mundial, un viejo maldito... sin ojos, sin orejas, sin dientes, una ruina completa: tal era la burguesía prusiana cuando, después de la revolución de marzo, se encontró al timón del Estado prusiano” (v. la “Nueva Gaceta del Rin”).

Algo semejante sucede ahora en nuestro país, en el curso de la revolución rusa. Nuestra burguesía también se diferencia de la burguesía francesa de 1789. Nuestra burguesía liberal ha declarado, aún más rápida y más abiertamente que la burguesía alemana, que “está dispuesta a llegar a un acuerdo con el poder supremo”, contra los obreros y los campesinos. El partido de la burguesía liberal - los llamados demócratas constitucionalistas- hace tiempo que entabló, a espaldas del pueblo, negociaciones secretas con Stolypin. ¿Qué finalidad perseguían estas conversaciones, de qué tenían que hablar los demócratas constitucionalistas con el ministro de los “consejos de guerra sumarísimas”, si en realidad no traicionaban los intereses del pueblo? A este propósito, los periódicos franceses o ingleses escribían no hace mucho que el gobierno y los demócratas constitucionalistas se disponían a concertar una alianza para poner freno a la revolución.

Las condiciones de esta alianza secreta eran las siguientes: los demócratas constitucionalistas debían renunciar a sus exigencias oposicionistas, a cambio de lo cual el gobierno les ofrecería algunas carteras ministeriales. Los demócratas constitucionalistas se sintieron profundamente ofendidos y aseguraron que eso no era cierto. Pero los hechos han demostrado que sí lo era; los hechos han demostrado que los demócratas constitucionalistas habían concertado ya una alianza con las derechas y el gobierno. ¿Qué evidencia la última votación en la Duma sino la alianza de los demócratas constitucionalistas con el gobierno? Recordad los hechos. Los socialdemócratas proponen que se forme una comisión de ayuda a los campesinos hambrientos. Los socialdemócratas quieren que en la ayuda a los hambrientos participe, además de los diputados y de los burócratas, el pueblo mismo y que éste ponga al desnudo los “actos heroicos” de los Gurkó y de los Lidval. Eso está bien y es deseable, pues fortalece la ligazón de los diputados con el pueblo y da un carácter consciente a las sordas protestas del pueblo. Estaba claro que todo verdadero servidor del pueblo debía apoyar indefectiblemente la propuesta de los socialdemócratas, como una medida favorable a las masas populares.

Ahora bien, ¿cómo procedieron los demócratas constitucionalistas?, ¿apoyaron a los socialdemócratas? ¡No! Al unísono con los octubristas y los cien-negristas, impidieron que fuese aprobada la propuesta de los socialdemócratas. Un líder demócrata constitucionalista, Guessen (v. “Parus”, núm. 24), contestó a los socialdemócratas que su propuesta, de ser realizada, suscitaría un movimiento popular, y que por eso era nociva. Stolypin reconoció los méritos de los demócratas constitucionalistas, diciéndoles: estoy completamente de acuerdo con ustedes; tienen ustedes razón, señores (ídem). En consecuencia, sólo apoyaron a los socialdemócratas los eseristas, los socialistas populares y la mayoría de los trudoviques. Así, pues, la Duma se dividió en dos campos: el campo de los enemigos del movimiento popular y el de los partidarios del movimiento popular. Entre los primeros figuran los cien-negristas, los octubristas, Stolypin, los demócratas constitucionalistas y otros. Entre los segundos se encuentran los socialdemócratas, los eseristas, los socialistas populares, la mayoría de los trudoviques y otros. ¿Qué significa eso sino que los demócratas constitucionalistas ya están aliados con el gobierno?

Como se ve, está justificada la táctica de los bolcheviques, que siembra la desconfianza hacia los traidores al pueblo, los demócratas constitucionalistas, y llama a luchar contra ellos. Pero eso no es todo. Los rumores que, como hemos dicho antes, propalaban los periódicos franceses e ingleses, se han confirmado plenamente. En los últimos días, los periódicos de la capital comunican de “fuentes fidedignas” que los demócratas constitucionalistas y el gobierno ya han cerrado su trato. Y figuraos, resulta que las condiciones de ese trato han sido conocidas, y hasta con detalle. Los demócratas constitucionalistas lo niegan, cierto, pero eso es fariseísmo puro y nada más. Escuchad: “El periódico “Sevodnia” comunica de fuentes fidedignas que el discurso pronunciado ayer por Stolypin en la Duma de Estado no fue, en modo alguno, una sorpresa para los demócratas constitucionalistas y los octubristas. Durante todo el día sostuvieron conversaciones preliminares al respecto el primer ministro, Kútler... y Fiódorov, que representaba al centro de las derechas. Estas personalidades llegaron definitivamente a un acuerdo en la redacción de “Slovo”, adonde se proponía acudir también el conde de Witte... En líneas generales, el acuerdo se reduce a lo siguiente: 1) Los demócratas constitucionalistas rompen públicamente toda relación con los partidos de izquierda y ocupan en la Duma una rigurosa posición de centro. 2) Los demócratas constitucionalistas renuncian a parte de su programa agrario, acercándolo al programa de los octubristas. 3) Los demócratas constitucionalistas no insistirán, por el momento, en la igualdad de derechos de las nacionalidades. 4) Los demócratas constitucionalistas apoyarán el empréstito exterior.

A cambio de esto se promete a los demócratas constitucionalistas: 1) Legalización inmediata del Partido Demócrata Constitucionalista. 2) …Serán ofrecidas a los demócratas constitucionalistas las siguientes carteras ministeriales: Propiedad Territorial y Agricultura, Comercio e Industria, Instrucción Pública y Justicia. 3) Amnistía parcial. 4) Apoyo al proyecto de ley demócrata constitucionalista sobre la abolición de los consejos de guerra sumarísimos” (v. “Parus”, núm. 25). Así están las cosas. ¡Mientras el pueblo lucha, mientras los obreros y los campesinos vierten su sangre para aplastar a la reacción, los demócratas constitucionalistas conciertan una alianza con ella a fin de refrenar la revolución popular! ¡Así son los demócratas constitucionalistas! ¡He ahí por qué quieren “conservar” la Duma! ¡He ahí por qué no apoyaron el proyecto de los socialdemócratas con vistas a formar una comisión de ayuda a los hambrientos! Así se viene a tierra la tesis menchevique acerca del espíritu democrático de los demócratas constitucionalistas. Así se viene a tierra la táctica menchevique de apoyo a los demócratas constitucionalistas: ¡después de eso, apoyados significa apoyar al gobierno! Queda demostrada la razón de los bolcheviques cuando dicen que en los momentos graves sólo nos apoyarán los representantes conscientes de los campesinos, como, por ejemplo, los eseristas y otros. Es claro que también nosotros debemos apoyarles contra los demócratas constitucionalistas. ¿O, tal vez, los mencheviques piensan seguir apoyando a los demócratas constitucionalistas?...

Publicado sin firma el 17 de marzo de 1907 en el núm. 6 del periódico. “Dro”. "Traducido del georgiano.