La campaña en torno a la Conferencia ha sido suspendida. Las conversaciones entre las partes han quedado interrumpidas. La vieja pero eternamente nueva Conferencia ha sido frustrada una vez más. El Consejo de apoderados, la comisión organizadora, la elaboración de las reivindicaciones, los informes hechos ante las masas, la amplia unificación de los obreros en torno a sus comisiones, de las comisiones en torno a los sindicatos, de los sindicatos en torno a la socialdemocracia: todo eso ha cesado y ha pasado a la historia. Han sido olvidados también los viejos discursos farisaicos sobre la necesidad de “normalizar la producción” por medio de la Conferencia, sobre el “ennoblecimiento de las relaciones” entre obreros y patronos. Un viejo payaso de Tiflis, el señor Dzhunkovski, declara terminado el “espectáculo”. El señor Kará-Murzá, ajado lacayo del capital, le aplaude. Cae el telón y se ofrece a nuestros ojos un cuadro conocido hace mucho tiempo: los industriales petroleros y los obreros permanecen, en las viejas posiciones, en espera de nuevas tormentas, de nuevos choques. Eso es un poco “incomprensible”: todavía ayer los industriales petroleros suplicaban a los obreros que acudiesen a la Conferencia, que acabasen con la “anarquía de las huelgas parciales”, que “se entendiesen” con ellos; las autoridades, representadas por el famoso Dzhunkovski, invitaban a obreros influyentes, entablaban con ellos negociaciones oficiales, trataban de persuadirles de la conveniencia de un contrato colectivo y de pronto un cambio tan brusco: ¡la Conferencia es declarada superflua; el contrato colectivo, perjudicial, y la “anarquía de las huelgas parciales”, deseable! ¿Qué significa esto?, ¿a qué se debe ese “fenómeno extraño”?, ¿quién, en fin, es el “culpable” de que se haya malogrado la Conferencia? Los culpables, naturalmente, son los obreros - contesta el señor Dzhunkovski-: aun no habíamos comenzado las negociaciones cuando ya presentaban, con carácter de ultimátum, reivindicaciones relacionadas con los sindicatos; ¡que los obreros renuncien a los sindicatos, y entonces tendremos Conferencia; en caso contrario, no nos hace falta la Conferencia! De acuerdo -le secundan a coro los industriales petroleros-, los obreros son los verdaderos culpables; ¡que renuncien a los sindicatos, no necesitamos sindicatos!

Tienen razón; los obreros son, en efecto, los culpables -repite con los enemigos de los obreros un sindicato sin obreros, el “Sindicato de Obreros Mecánicos”-; efectivamente, ¿por qué los obreros no han de renunciar a los sindicatos?, ¿no sería mejor regatear primero, renunciando a las reivindicaciones, y después hablar de ellas? Eso es, eso es -hace coro al sindicato sin obreros un periódico sin lectores, el “Promislovi Véstnik”-: los obreros decentes primero regatean y después hablan de ultimátum, primero entregan posiciones y después las reconquistan; pero a los obreros de Bakú les ha faltado esa decencia, ha sido demasiado indecentes, casi boicoteadores. Pues nosotros ya lo sabíamos, hace tiempo que habíamos previsto todo eso -observan con grave continente los dashnakes y los socialistas revolucionarios-: si, los obreros proclamaran el boicot, rompiendo por completo con los sindicatos, y se lanzaron directamente a la huelga sin preparación de ninguna clase y sin unión estrecha de esas llamadas grandes masas, comprenderían que sin “tierra y libertad” no habrá Conferencia y que “en la lucha alcanzarás tus derechos”... Así hablan los “amigos” y los enemigos del proletariado de Bakú.

¿Hace falla demostrar la carencia de fundamento de estas acusaciones dirigidas contra el proletariado de Bakú? Basta contraponer los dashnakes y los socialistas revolucionarios -que acusan a los obreros de amor a la Conferencia- al Sindicato de Obreros Mecánicos y a los industriales petroleros -que acusan a los mismos obreros de boicotea la Conferencia-, hasta, digo, contraponen estos puntos de vista, que se excluyen recíprocamente, para comprender en seguida lo absurdas y lo falsas que son esas acusaciones... Pero, en tal caso, ¡quién es el verdadero “culpable” de que la Conferencia se haya malogrado? Lancemos una rápida mirada a la historia de la Conferencia. No es la primera vez que los industriales petroleros invitan a los obreros a una Conferencia: estamos ya ante la cuarta Conferencia (1905, 1906, 1907, 1908). Los industriales petroleros han sido siempre los primeros en propugnar la Conferencia y siempre las autoridades les han ayudado a “entenderse” con los obreros, a concertar un contrato colectivo. Los industriales petroleros perseguían su objetivo: mediante pequeñas concesiones querían asegurarse contra las huelgas, garantizar la extracción ininterrumpida del petróleo. Las autoridades toman aún mayor interés por ver “en paz y tranquilo” el reino del petróleo, sin hablar ya

de que muchos de los miembros del gobierno son accionistas de las más importantes compañías petroleras, de que los impuestos sobre la industria petrolera contribuyen uno de los más importantes capítulos de ingresos del presupuesto del Estado y de que el mazut de Bakú alimenta la “industria nacional”, en vista de lo cual, el menor tropiezo en la industria petrolera repercute necesariamente en la industria de Rusia. Pero eso no es todo. Aparte de lo dicho más arriba, el gobierno necesita la paz en Bakú porque las acciones de masas del proletariado de Bakú, tanto las de los obreros del petróleo como las del proletariado marítimo, ligado a ellos, son contagiosas para el proletariado de otras ciudades. Recordemos los hechos. La primera huelga general de Bakú, en la primavera de 1903, inauguró las famosas huelgas y manifestaciones de julio en las ciudades del Sur de Rusia. La segunda huelga general de noviembre y diciembre de 190471 fue la señal para las gloriosas acciones de enero y febrero en toda Rusia. En 1905, repuesto rápidamente de la matanza entre armenios y tártaros, el proletariado de Bakú se lanza de nuevo al combate, contagiando con su entusiasmo a “todo el Cáucaso”.

Por último, a partir de 1906, ya después del repliegue de la revolución en Rusia, Bakú no “se calma” y hasta hoy goza prácticamente de ciertas libertades y cada año celebra mejor que en ningún otro sitio de Rusia la fiesta proletaria del Primero de Mayo, despertando en otras ciudades un sentimiento de noble envidia... Después de todo eso no cuesta trabajo comprender por qué la autoridades han tratado de no irritar a los obreros de Bakú y han apoyado cada vez a los industriales petroleros en sus intentos de conferenciar con los obreros, de “entenderse” con ellos, de concertar un contrato colectivo. Pero nosotros, los bolcheviques, hemos contestado cada vez con el boicot. ¿Por qué? Porque los industriales petroleros no querían conferenciar ni concretar un contrato con las masas, a la vista de las masas, sino con un puñado de personas, a espaldas de las masas, pues saben bien que sólo así puede engañarse a los millares de obreros petroleros. ¿Qué es, en el fondo, nuestra Conferencia? Nuestra Conferencia no es otra cosa que negociaciones en las que el proletariado petrolero y la burguesía petrolera discuten determinadas reivindicaciones. Si las negociaciones llevan a un acuerdo, la Conferencia termina con un contrato colectivo válido por un determinado plazo y obligatorio para ambas partes. Hablando en general, no tenemos nada en contra de la Conferencia, pues en determinadas condiciones, sobre la base de reivindicaciones comunes, puede agrupar a los obreros en un todo único.

Pero la Conferencia sólo puede unir a los obreros: 1) en el caso de que las masas participen en ella de la forma más activa, discutan libremente sus reivindicaciones, controlen a sus delegados, etc.; 2) en el caso de que las masas puedan, si es necesario, respaldar sus reivindicaciones con la huelga general. ¿Pueden los obreros sostener negociaciones de una manera activa, discutir las reivindicaciones, etc., sin una determinada libertad de reunión en los pozos y en las fábricas, sin un Consejo de apoderados que se reúna libremente y sin que la dirección la lleven los sindicatos? ¡Naturalmente que no! ¿Se puede apoyar las reivindicaciones en invierno, cuando la navegación está paralizada y la exportación de petróleo interrumpida, cuando los patronos puede ofrecer a la huelga general una resistencia más prolongada que nunca? ¡Claro que no! Sin embargo, hasta ahora se ha hecho coincidir todas las Conferencias precisamente con el invierno y eran propuestas precisamente sin que existiese libertad para discutir las reivindicaciones, sin un Consejo de apoderados libre, sin la intervención de los sindicatos; las masas obreras y sus organizaciones han sido siempre apartadas con el mayor celo de la escena, poniéndolo todo en manos de un puñado de “individuos” de mentalidad shendrikovista. ¡Ustedes, señores obreros –parecen decir-, elijan delegados y después pueden marcharse a casa!

Una Conferencia sin obreros, una Conferencia para engañar a los obreros: eso es lo que se nos ha venido proponiendo en el transcurso de tres años. Tales Conferencias únicamente merecen el boicot, y nosotros, los bolcheviques, se lo declaramos... Los obreros no comprendieron en el primer momento todo eso y por ello acudieron en 1905 a la primera Conferencia. Pero se vieron obligados a abandonada, haciéndola fracasar. Los obreros se equivocaron asimismo en 1906, al asistir a la segunda Conferencia. Pero de nuevo se vieron obligados a marcharse de la Conferencia, haciéndola fracasar otra vez. Todo eso hacía ver que la propia vida condenaba y rectificaba los errores de los obreros, impulsando a estos últimos por la senda del boicot de Conferencias entre bastidores, engañosas, de tipo shendrikovista. Los mencheviques, al invitar a los obreros a tales Conferencias, ayudaban inconscientemente a los industriales petroleros a engañar a los obreros... Pero en 1907 las cosas tomaron otro giro. La experiencia de las dos Conferencias, por una parte, y la intensa agitación de los bolcheviques, por otra, dieron sus frutos: a la propuesta de las autoridades y de los industriales petroleros de acudir a la Conferencia (¡ya a la tercera!), contestaron los obreros con una rotunda negativa. A partir de entonces empieza una nueva fase en el movimiento obrero de Bakú... Pero ¿significa eso que los obreros temían la

Conferencia? ¡Naturalmente que no! ¿Cómo iban ellos, que habían pasado por huelgas formidables, a temer las negociaciones con los industriales petroleros? ¿Significa eso que los obreros rehuían el contrato colectivo? ¡Naturalmente que no! ¿Cómo iban ellos, que habían conocido el “contrato de diciembre”, a temer un contrato colectivo? Al boicotear la Conferencia en noviembre de 1907, los obreros evidenciaban que habían madurado lo bastante para no permitir más a los enemigos de los obreros engañarles con Conferencias shendrikovistas entre bastidores. Y cuando las autoridades y los industriales petroleros, ante el fantasma del boicot, nos preguntaron en qué condiciones concretas estábamos dispuestos a acudir a la Conferencia, les contestamos que únicamente acudiríamos si las masas obreras y sus sindicatos participaban con toda amplitud en ella. Los obreros no acudirían a la Conferencia mientras no se les diera la posibilidad de 1) discutir libremente sus reivindicaciones, 2) reunir libremente el futuro Consejo de apoderados, 3) utilizar libremente los servidos de sus sindicatos, 4) elegir libremente el momento de la apertura de la Conferencia. Además presentaban como punto central el del reconocimiento de los sindicatos. Los puntos eran denominados garantías. Entonces fue lanzada por primera vez la famosa consigna: ¡Una Conferencia con garantías, o nada de conferencias!

¿Traicionamos así la táctica del boicot de las viejas Conferencias shendrikovistas sin obreros? ¡En lo más mínimo! El boicot de las viejas Conferencias continuaba en pleno vigor: proclamábamos tan sólo una nueva Conferencia, una Conferencia con garantías, ¡y únicamente una Conferencia así! ¿Hace falta demostrar que esa táctica es acertada, hace falta demostrar que sólo con esa táctica podríamos convertir la Conferencia, de instrumento de engaño de los obreros, en un medio para agruparlos estrechamente en torno a los sindicatos, formando un unido ejército de millares y millares de personas, un ejército capaz de defender con buen éxito sus reivindicaciones? Ni los mencheviques -el Sindicato de Obreros Mecánicos y el “Promislovi Véstnik”-, ni siquiera ellos han podido oponerse a esta posición, y han proclamado, tras de nosotros, el carácter ultimativo del punto sobre los sindicatos. Obran en nuestro poder documentos demostrativos de que los mencheviques no sólo no aceptaban la Conferencia, sino que tampoco aceptaban la elecciones de apoderados, sin previa satisfacción del punto acerca de los sindicatos, y si no se concedía a los sindicatos certificados de autorización. Todo eso ocurría antes de las conversaciones en la comisión organizadora, antes del Consejo de apoderados, antes de la elección de apoderados.

Naturalmente, ahora pueden decir que “las reivindicaciones sólo deben presentarse con carácter ultimativo al final de las negociaciones”, que ellos “desde el comienzo mismo lucharon contra el carácter ultimativo de las reivindicaciones” (v. “Promislovi Véstnik”, núm. 21), ¡pero eso no es otra cosa que las “cabriolas” habituales y archisabidas de los volubles oportunistas del campo de los mencheviques, “cabriolas” que demuestran una vez más la firmeza de nuestra táctica! ¡Hasta los eseristas y los dashnakes, que anatematizahan “todo lo que huela a Conferencia”, hasta ellos “han inclinado sus cabezas” ante nuestra táctica y han resuelto tomar parte en la preparación de la Conferencia! Los obreros han comprendido que nuestra posición es acertada y, por aplastante mayoría, han votado a favor de la misma. De los 35.000 obreros consultados, sólo 8.000 se pronunciaron por los eseristas y los dashnakes (boicot incondicional), 8.000 por los mencheviques (participación incondicional en la Conferencia) y 19.000 por nuestra táctica, por la táctica de una Conferencia con garantías. Así, pues, los obreros no han aceptado la táctica de los mencheviques, la táctica de una Conferencia sin obreros, sin garantías. Los obreros tampoco han aceptado la táctica de los dashnakes y los eseristas, la táctica de un boicot irreal y de una huelga general no organizada.

Los obreros se han manifestado por una Conferencia con garantías, por utilizar sistemáticamente la Conferencia desde el comienzo hasta el fin, para organizar la huelga general. ¡He ahí donde está el secreto de que la Conferencia no se haya celebrado! Los industriales petroleros se han pronunciado unánimes por una Conferencia sin garantías. De esta manera han aprobado la táctica de los mencheviques. Nosotros decimos que ésa es la mejor prueba de que la posición de los mencheviques es equivocada. Pero como los obreros han rechazado una Conferencia sin garantías, los industriales petroleros han cambiado por completo de táctica y... han frustrado la Conferencia, la han boicoteado. De esta forma han expresado su solidaridad con la táctica de los dashnakes y los eseristas. Declaramos que ésa es la mejor prueba de que la posición de los dashnakes y los eseristas es falsa. La táctica del proletariado de Bakú ha resultado ser la única acertada. Por eso mismo la atacan todas las fuerzas de la burguesía petrolera. La burguesía petrolera aprueba por entero la Conferencia sin garantías propuesta por los mencheviques, y, como último recurso, se agarra al boicot propuesto por los dashnakes y los eseristas, pero por nada del mundo quiere llegar a un acuerdo con el proletariado de Bakú, que proclama una Conferencia con garantías. La cosa se comprende. Figuraos el siguiente

cuadro: son satisfechos determinados puntos, las garantías; se lleva a cabo la más amplia discusión de las reivindicaciones obreras; el Consejo de apoderados se afianza más y más entre las masas; en el curso de la elaboración de las reivindicaciones las masas se unen estrechamente en torno a su Consejo y, a través de él, en torno a los sindicatos; una masa de 50.000 obreros, organizada en un ejército unido, presenta sus reivindicaciones a los industriales petroleros; éstos se ven obligados a rendirse sin combate, o a tener que vérselas con una huelga general bien organizada y declarada en el momento más desfavorable para ellos: ¿acaso tal situación puede convenir a la burguesía petrolera? ¿Cómo no van a lanzar ladridos y maullidos los animalitos burgueses de “Neftianoe Dielo” y de “Bakú”? ¡Abajo, pues, esa Conferencia, ya que es irrealizable sin las malditas garantías!, dicen los industriales petroleros, y frustran la Conferencia. Ahí radica la causa de que las autoridades y los industriales petroleros hayan frustrado la Conferencia. Eso es lo que nos dice la historia de la Conferencia. ¡Y “Promblovi Véstnik”, olvidándolo todo, sigue entonando su cantinela de que “los dirigentes no tienen tacto”, repite torpemente y rumia los editoriales de “Bakú” y de “Neftianoe Dielo”! ¡Hasta el periódico georgiano de los mencheviques de Tiflis ha creído necesario “alzar su voz”, coreando a los demócratas constitucionalistas de Bakú!73 ¡Miserables coristas! ¿Cuál debe ser nuestra táctica, en vista del nuevo estado de cosas? Los industriales petroleros han frustrado la Conferencia. Tratan de provocar la huelga general. ¿Quiere decir eso que debamos contestar con una huelga general inmediata? ¡Naturalmente que no! Sin hablar de que ellos han podido ya reunir enormes reservas de petróleo y que se preparan desde hace mucho tiempo para ofrecer resistencia a la huelga general, no debemos olvidar que nosotros mismos no estamos aún preparados para una lucha tan seria.

Por el momento debemos renunciar firmemente a la huelga general económica. Debe reconocerse la huelga por empresas como la única forma de repliegue conveniente y adecuada al momento. Los mencheviques, que niegan poco menos que “por principio” la conveniencia de tales huelgas (v. el folleto de L. A. Rin74), se equivocan de medio a medio. La experiencia de las huelgas de la primavera enseña que si los sindicatos y nuestra organización intervienen activamente, la huelga por empresas puede ser uno de los medios más eficaces para unir estrechamente al proletariado. Por eso debemos, aferramos con tanta mayor fuerza a ella: no podemos olvidar que nuestra organización crecerá precisamente a medida que intervenga de forma activa en todos los aspectos de la lucha del proletariado. Tal es nuestra tarea táctica inmediata. Las autoridades después de haber frustrado la Conferencia, quieren destruir por completo la llamada “libertad de Bakú”, ¿Significa eso que debemos pasar a la clandestinidad más absoluta, cediendo el campo de actividad a las fuerzas negras! ¡Naturalmente que no! Por mucho que se enfurezca la reacción, por más que destruya nuestros sindicatos y organizaciones, no podrá liquidar las comisiones de los pozos y de las fábricas sin provocar “la anarquía y los choques” en las fábricas y en los pozos. Nuestra obligación consiste en fortalecer estas comisiones, imbuyéndoles el espíritu del socialismo y uniéndolas por empresas. Mas, para eso es necesario, a su vez, que nuestras células de las fábricas y de los pozos actúen sistemáticamente a la cabeza de dichas comisiones, unificándose, a su vez, a través de sus representantes, también por empresas, independientemente de las zonas. Tales son nuestras tareas de organización inmediatas. Cumpliendo estas tareas inmediatas y fortaleciendo con ello los sindicatos y nuestra organización, podremos unir monolíticamente a las masas de millares de obreros del petróleo para las futuras batallas contra el capital petrolero.

Publicado con la firma de Koba el 20 de julio de 1908 en el suplemento al núm. 5 del periódico “Bakinshi Proletari”. Se publica de acuerdo con el texto del suplemento al periódico “Bakinski Proletari”.