Los señores industriales petroleros han retrocedido. Por boca del director de su periódico “Neftianoe Dielo” declaraban no hace todavía mucho que los sindicatos eran en Bakú un “elemento extraño, situado al margen de los obreros”. Las autoridades, cumpliendo la voluntad de dichos industriales, fijaron anuncios en los que se invitaba a los obreros a elegir apoderados para la comisión de organización, queriendo así eliminar a los sindicatos de la dirección de la campaña. Eso fue ayer. Y hoy, 7 de enero, el inspector fabril ha comunicado a los secretarios de los sindicatos que se ha celebrado una asamblea de industriales petroleros en la que éstos han decidido solicitar del señor gobernador de la ciudad que conceda a los sindicatos certificados de autorización para organizar asambleas en las explotaciones petroleras y en las fábricas. Los señores capitalistas temen el fortalecimiento de la influencia de los sindicatos, quisieran ver a los obreros en un estado de dispersión y desorganización, y por eso no desean reconocer ni siquiera las comisiones de los pozos y de las fábricas. Pero ahora los hemos obligado a reconocer que los sindicatos desempeñarán y deben desempeñar el papel principal en la solución de uno de los mayores problemas de la vida obrera, el problema de la Conferencia y del contrato colectivo.

Nosotros les hemos obligado a reconocer la importancia de los sindicatos como fuerza dirigente, a pesar de que los señores dashnaktsakanes y los socialistas revolucionarios han acudido en ayuda de los señores industriales petroleros y de las autoridades en su lucha contra las organizaciones obreras. Los señores dashnaktsakanes se hicieron eco apresuradamente de la llamada del señor gobernador de la ciudad y procedieron sin más tardanza a las elecciones, persiguiendo, naturalmente, sus propios fines: hacer que no se cumplieran las condiciones para la campaña presentadas por los sindicatos, y sobre todo la principal de ellas: el reconocimiento de las organizaciones obreras. Sin embargo, la precipitada actividad de los dashnaktsakanes no satisfizo a los señores industriales petroleros, pues sólo siguieron a aquéllos pequeñas empresas, como Abiants, Ráduga, Ararat, Faros y otras, y únicamente en dos o tres empresas armenias importantes hubo elecciones; Los obreros de la Sociedad Caspio-Mar Negro, los de Nóbel, Kókorev, “Born”, Shibáev, Asaduláev, los de la Sociedad Moscú-Cáucaso y los de otras empresas aprobaron resoluciones de protesta contra tales elecciones y se negaron a tomar parte en ellas mientras no fuesen concedidos los certificados de autorización a los sindicatos.

Los obreros de las empresas más importantes y de mayor influencia han manifestado clara y concretamente su voluntad y con ello no sólo han respondido a los señores industriales petroleros, sino también a aquellos “amigos” a quienes gusta decir vaciedades en forma demasiado ampulosa. Los obreros han confirmado clara y precisamente con sus resoluciones que las condiciones presentadas por los sindicatos no han sido inventadas por los “jefes”, como afirman los socialistas revolucionarios en su folleto “Por qué no vamos a la Conferencia”. Las autoridades, los industriales petroleros y los dashnaktsakanes luchan por evitar que la influencia de los sindicatos siga extendiéndose. Los obreros manifiestan su confianza en los sindicatos y se solidarizan con las condiciones que éstos han presentado. Las palabras “Conferencia” y “negociaciones” no asustan ni deben asustar a los obreros, del mismo modo que no les asusta, en vísperas de una huelga, sostener conversaciones y plantear reivindicaciones. El presentar reivindicaciones puede algunas veces resolver un conflicto sin necesidad de recurrir a la huelga, aunque lo más corriente es que suceda lo contrario. Sin embargo, para que las “negociaciones” desplieguen ante los obreros el cuadro completo del verdadero estado de las cosas, para que la campaña en torno a la Conferencia pueda aportar a los obreros inapreciables beneficios con un amplio planteamiento y una discusión pública de todos los problemas de la vida obrera, es necesario que sean cumplidas las condiciones formuladas por los sindicatos y que figurarán en el mandato que se dé a los apoderados elegidos. No hay conversaciones “que sean de temer”, si se sostienen a la vista de la masa obrera. Las condiciones exigidas asegurarían una amplia participación de toda la masa obrera en la discusión de todos los problemas vinculados a la Conferencia. Las conferencias tipo shendrikovista*, de triste recuerdo, han sido enterradas para siempre. Hemos logrado que los camaradas “adheridos” al Sindicato de Obreros Mecánicos vengan con nosotros y renuncien a la consigna de “Conferencia a toda costa”. Ellos también han decidido boicotear las elecciones que se hagan sin observar la condición

* Véase la nota 66. (F. del T.)

fundamental: el reconocimiento de los sindicatos, como fuerza dirigente. Conseguiremos también que no haya más partidarios del boicot “a toda costa”. La Conferencia y -lo que es más importante- la campaña en torno a la Conferencia son aceptables para los obreros si se garantiza las condiciones necesarias para ello. Con sus últimas resoluciones, los obreros han confirmado la justeza de nuestra posición. Se nos ha concedido los certificados de autorización. Hemos logrado, pues, que las autoridades y los industriales petroleros reconozcan el papel dirigente de los sindicatos. La mayoría de los obreros de las empresas más importantes se ha pronunciado por la participación en las elecciones en las condiciones señaladas por nosotros.

Ahora podemos proceder, tranquilamente y con seguridad a las elecciones de apoderados, a quienes recomendamos se dé el siguiente mandato: elegir 16 delegados que exijan ante todo, como condición obligatoria para sostener conversaciones en la comisión de organización, el reconocimiento de los siguientes puntos: 1) La fecha de la Conferencia debe ser fijada por los apoderados de los obreros y de los empresarios, como partes iguales en derechos, es decir, debe ser fijada de mutuo acuerdo. 2) La asamblea de todos los apoderados, elegidos a razón de uno por cada cien obreros, debe subsistir hasta el final de la Conferencia, reuniéndose regularmente y siempre que haga falta para discutir los informes de los obreros delegados a la Conferencia y para indicarles cómo deben actuar. 3) Los apoderados tienen derecho a organizar asambleas en las fábricas, en las explotaciones petroleras y en los talleres para discutir las cláusulas del contrato exigidas y propuestas. 4) Las directivas de los Sindicatos de Obreros Petroleros y de Obreros Mecánicos tienen el derecho de enviar a sus delegados sin derecho a voto a la propia Conferencia con los industriales petroleros, así como también el de hacer informes en todas las comisiones de la Conferencia, en las asambleas de los apoderados, en las asambleas de las fábricas, de los pozos, etc. 5) Los delegados a la comisión de organización son elegidos por el Consejo de apoderados como un todo único, sin ser divididos por industrias. Las conversaciones en la comisión de organización se sostienen también como un todo único (un mismo contrato para todos los obreros).

Publicado sin firma el 13 de enero de 1908 en el núm. 14 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.