La campaña de la conferencia se halla en su apogeo. Las elecciones de apoderados están tocando a su fin. En fecha próxima se reunirá el Consejo de apoderados. Celebrar o no celebrar la Conferencia, con qué garantías (en qué condiciones) es de desear que se celebre, cómo entender estas garantías: he ahí las cuestiones de que se ocupará, ante todo, el Consejo de apoderados. ¿Cuál debe ser nuestra línea de conducta en el Consejo de apoderados? Repetimos que las Conferencias con los industriales petroleros no son una novedad para nosotros. En 1905 se celebró una Conferencia. En 1906 tuvimos otra. ¿Qué nos proporcionaron estas Conferencias?, ¿qué nos enseñaron?, ¿dieron los resultados apetecidos? Como entonces, también recientemente se nos decía, que la Conferencia une a las masas por sí sola, sin necesidad de condiciones de ninguna clase. Sin embargo, los hechos han demostrado que ni una sola de las Conferencias anteriores unió a las masas, que no podía unirlas: lo único que se hizo fue celebrar las elecciones, y ahí terminó toda la “unión”. ¿Por qué?

Porque, cuando se organizaron las anteriores Conferencias, no hubo ni sombra de libertad de palabra ni de reunión; no se podía reunir a las masas por fábricas, explotaciones petroleras y cuarteles- viviendas; no se podía elaborar mandatos para cada cuestión concreta ni, en general, intervenir de una forma activa en todos los asuntos de la Conferencia. Por tanto, entonces las masas tuvieron que permanecer inactivas; sólo actuaban sus delegados, lejos de las masas obreras. Ahora bien, nosotros sabemos desde hace mucho tiempo que las masas sólo se organizan en plena acción... Además, porque no hubo Consejo de apoderados, como órgano permanente de los obreros, que actuara con libertad durante todo el tiempo de la Conferencia, que uniese en torno suyo a los obreros de todas las empresas y zonas, que elaborara las reivindicaciones de dichos obreros y, sobre la base de esas reivindicaciones, controlase a los delegados de los obreros. Los industriales petroleros no quisieron autorizar la constitución de dicho Consejos de apoderados, y los iniciadores de la Conferencia se conformaron dócilmente. No hablemos ya de que entonces no existían centros del movimiento -los sindicatos- que pudiesen unir en torno suyo al Consejo de apoderados y orientado por la senda de la lucha de clases...

En un tiempo se nos decía que la Conferencia hasta por sí sola podría satisfacer las reivindicaciones de los obreros. Pero la experiencia de las dos primeras Conferencias echó también por tierra esta suposición. Cuando nuestros delegados a la primera Conferencia empezaron a hablar de las reivindicaciones de los obreros, los industriales petroleros les interrumpieron diciendo que “eso no tenía nada que ver con el orden del día de la Conferencia”, que la Conferencia estaba llamada a tratar “del abastecimiento de la industria con combustible líquido”, y no de reivindicaciones. Y cuando nuestros delegados exigieron en la segunda Conferencia que participasen también en ella delegados de los sin trabajo, los industriales petroleros les interrumpieron también esta vez, alegando que ellos no tenían poderes para tratar de semejantes reivindicaciones. En fin, pusieron a nuestros delegados de patitas en la calle. Y cuando algunos de los camaradas plantearon la cuestión de apoyar a nuestros delegados mediante la lucha general, se puso en claro que tal lucha era imposible, porque ambas Conferencias habían sido convocadas por los capitalistas en una época de inactividad, ventajosa para ellos: en el invierno, cuando el Volga está cerrado a la navegación, cuando los precios del petróleo y sus derivados bajan, cuando, por tanto, es sencillamente insensato pensar siquiera en una victoria de los obreros.

Esos son los “resultados positivos” de las dos Conferencias anteriores. Es claro que la Conferencia por sí sola, una Conferencia sin un Consejo de apoderados que pueda actuar libremente, una Conferencia sin la participación y sin la dirección de los sindicatos, y, además, convocada en invierno, en una palabra, una Conferencia sin garantías, es una frase vacía. Una Conferencia como ésa, lejos de unir, desorganiza; lejos de contribuir a la conquista de nuestras reivindicaciones, aplaza su satisfacción, pues no da nada y engaña a los obreros con promesas vacías. Eso es lo que nos han enseñado las dos Conferencias anteriores. Esa es la razón por la cual el proletariado consciente boicoteó la tercera Conferencia en noviembre de 1907. ¡Que lo recuerden los camaradas del Sindicato de Obreros Mecánicos que hacen agitación en favor de una Conferencia sin garantías; a pesar de toda la experiencia de las anteriores Conferencias, en contra de la voluntad de la mayoría del proletariado

petrolero, en contra, por último, del acuerdo concertado entre los sindicatos! Que lo recuerden y no vulneren este acuerdo. Pero ¿quiere eso decir que debemos renunciar a toda Conferencia? ¡No, no quiere decirlo! Cuando los boicoteadores eseristas nos hacen la observación de que no debemos ir a la Conferencia, pues a ella nos invita nuestros enemigos, los burgueses únicamente pueden movernos a risa: a trabajar en la fábrica o en los pozos nos invitan esos mismos enemigos, los burgueses. ¿Debemos boicotear la fábrica o los pozos por la única razón de que nos invitan a trabajar ahí los enemigos, los burgueses? ¡Lo único que se puede conseguir así es reventar de hambre! ¡Resulta, según eso, que todos los obreros han perdido el juicio, pues han accedido a trabajar por invitación de los burgueses! Cuando los dashnaklsakanes lanzan el absurdo de que no debemos acudir a la Conferencia porque es una institución burguesa, podemos no prestarle ninguna atención, pues la vida social de hoy día es también una “institución” burguesa; la fábrica, el taller, los pozos, son “instituciones” burguesas organizadas “a imagen y semejanza” de la burguesía, en beneficio de la burguesía; ¿vamos a boicotear todo eso por la sola razón de que es burgués?

¿A dónde tenemos que trasladarnos en tal caso: a Marte, a Júpiter o tal vez a los castillos en el aire de los dashnakes y de los eseristas?..* ¡No, camaradas! ¡No debemos volver la espalda a las posiciones de la burguesía, sino asaltarlas! ¡No debemos ceder las posiciones a la burguesía, sino arrebatárselas paso a paso, desalojarla de ellas! ¡Sólo la gente que levanta castillos en el aire puede dejar de comprender esta sencilla verdad! No iremos a la Conferencia si no se nos dan previamente las garantías exigidas, pero, del mismo modo que no nos negamos a ir al trabajo después de ver satisfechas determinadas condiciones indispensables para convertir la fábrica y los pozos, de campo de explotación, en campo de liberación, iremos a la Conferencia si conseguimos las garantías exigidas, a fin de apoyarnos en ellas y convertir la Conferencia de un instrumento mendicante en un arma para desarrollar la lucha. Organizando, pues, la Conferencia con las garantías conquistadas por los obreros y llamando a la masa de 50.000 obreros a elegir un Consejo de apoderados y a elaborar nuestras reivindicaciones, llevaremos el movimiento obrero en Bakú a un nuevo

* Toda la inconsistencia y la irrealidad de la posición boicoteadora de los señores dashnaktsakanes y de los eseristas queda probada por el mero hecho de que ellos mismos mantienen una actitud benevolente ante la Conferencia de los obreros tipógrafos con sus patronos y ante el contrato colectivo entre ellos. Es más, a algunos de sus miembros no se les prohíbe tomar parte en este asunto. camino de lucha favorable para él: al camino del movimiento organizado y consciente, y no del movimiento espontáneo (disperso) y del “beshkesh”. He ahí, propiamente, lo que esperamos de una Conferencia con garantías; he ahí la razón por la que decimos: ¡una Conferencia con garantías, o nada de conferencias! 55 ¡Que los señores partidarios de Conferencias al viejo estilo hagan agitación contra las garantías; que ensalcen una Conferencia sin garantías; que se arrastren por el lodo de la charca de Zubátov*: el proletariado los sacará de la charca y les enseñará a marchar por el ancho campo de la lucha de clases! ¡Que “revoloteen” los señores dashnakes y eseristas; que boicoteen, desde sus alturas etéreas las acciones organizadas de los obreros: el proletariado consciente les hará descender a nuestra tierra pecadora y los obligará a inclinar la cerviz ante una Conferencia con garantías! Nuestro objetivo es claro: agrupar al proletariado en torno al Consejo de apoderados y unir a este último en torno a los sindicatos para conseguir nuestras reivindicaciones comunes, para mejorar nuestras condiciones de vida. Nuestro camino es claro: de una Conferencia con garantías a la satisfacción de las necesidades vitales del proletariado petrolero. En su tiempo llamaremos al Consejo de apoderados a luchar tanto contra los elementos de la charca que son partidarios de la Conferencia como contra las fantásticas invenciones de los boicoteadores eseristas y dashnakistas. ¡Una Conferencia con determinadas garantías, o no hace falta la Conferencia!

Publicado sin firma el 3 de febrero de 1908 en el núm. 17 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.

* Véase nota en el tomo 1. (F. del T.)