La cuestión del terror económico continúa interesando al “público”. Hemos expresado ya nuestra opinión al respecto condenando el terror económico, pues es perjudicial para la clase obrera y, por tanto, no vale como método de lucha. Aproximadamente, éste es el sentido de lo que han dicho también los obreros en los pozos y en las fábricas. Como es natural, los industriales petroleros también expresan su opinión. Y resulta que su “parecer” difiere radicalmente del parecer de los obreros, pues al condenar el terror económico “por parte de los obreros”; nada dicen contra ese mismo terror cuando lo practican los industriales petroleros. Nos referimos al conocido editorial sobre el terror económico publicado en el conocido órgano de los industriales petroleros (v. “Neftianoe Dielo”, núm. 6, artículo del señor K-za60). Hablemos de ese artículo editorial. Es interesante no sólo como fundamentación del “parecer” de los industriales petroleros, sino también como expresión de su estado de ánimo en la actual fase de su lucha contra los obreros. Para mayor comodidad dividiremos el artículo en tres partes: la primera, aquella en que el señor K-za habla contra los obreros y sus organizaciones, analizando algunos detalles; la segunda, sobre las causas del terror económico, y la tercera, sobre las medidas de lucha contra él.

Comencemos por los detalles. Ante todo, examinemos el caso de los obreros de Mirzóev. Nadie ignora que inmediatamente después de la muerte violenta del administrador de Surajani y del incendio de la sección de calderas, la comisión unificada de los obreros de Mirzóev protestó unánimemente, en nombre de 1.500 obreros, contra tal método de lucha, negando que hubiese relación alguna entre el incendio y el homicidio, por una parte, y la huelga, por otra. Parece que no hay fundamento para dudar de la sinceridad de esa protesta. Pero K-za piensa de distinta manera. Como “crítico” quisquilloso, considera necesario poner en duda, la sinceridad de los obreros y dice que “la comisión se equivoca”, que el incendio y el homicidio tienen una relación directa con la huelga. ¡Y eso después de la protesta unánime de los representantes de 1.500 obreros! ¿Qué es esto sino afán de desvirtuar los hechos difamar a los obreros y “ponerlos en la picota” aunque sea recurriendo a la calumnia? ¿Se puede, después de eso, creer en la sinceridad del señor K-za, que tanto habla en su artículo de “ennoblecer la voluntad delictiva de los hombres”?

De los obreros de Mirzóev el señor K-za pasa a nuestro sindicato. Todo el mundo sabe que nuestro sindicato crece con rapidez. Para que pueda juzgarse de su enorme influencia entre los obreros, basta el hecho de que toda la campaña en torno a la Conferencia se realiza bajo su dirección inmediata. Y “Gudok” no ha hecho más que señalar un fenómeno bien notorio cuando ha dicho que “la influencia y la importancia del sindicato son cada día mayores, y que hasta las capas más atrasadas e incultas de la masa obrera van reconociendo en él al dirigente natural de su lucha económica”. Sí, todo eso es un hecho bien notorio. ¡Pero nuestro inexorable “crítico” no tiene en cuenta los hechos, “pone en duda” todo y está dispuesto hasta a negar los hechos, con tal de rebajar ante los lectores el prestigio y la dignidad del sindicato obrero! ¡Y después de todo eso el señor K-za tiene la suficiente desfachatez para declararse partidario de nuestro sindicato y defensor del “ennoblecimiento de la lucha económica”! Quien ha dicho a, debe decir también b; quien injuria a nuestro sindicato, debe injuriar también a nuestro periódico, y el señor K-za pasa a tratar de “Gudok”.

Resulta que “Gudok” “no hace todo lo que de él depende para limpiar la atmósfera de la lucha económica del encono innecesario, de la irritación peligrosa, del nerviosismo superfluo y de la fobia cerril”; que “Gudok” no hace más que “atacar a otras organizaciones, partidos, clases, periódicos, personas y hasta a su propio colega, el “Promislovi Véstnik””. Así perora el señor K-za. Podríamos no prestar oídos a toda esta charlatanería del famoso “crítico”: ¡qué no dirá un lacayo del capital que quiere complacer a su amo! Pero, en fin, dedicaremos por esta vez algunas palabras al gran crítico de Bakú. Así, pues, “Gudok” “no limpia la atmósfera de la lucha del encono innecesario, de la irritación peligrosa”... Supongamos que todo esto sea cierto. Pero, decid, por amor del santo capital, ¿qué puede sembrar más encono e irritación: la palabra impresa de “Gudok” o los actos de los industriales petroleros, que despiden de un modo sistemático a los obreros, imponen el pago de diez kopeks por la asistencia médica, arrebatan a los obreros las casas populares, recurren a la ayuda de los “kochi”, al apaleamiento, etc.? ¿Por qué el señor K-za, este “abnegado” defensor del “ennoblecimiento de la lucha económica”, no considera necesario decir ni una sola palabra acerca de las acciones que indignan y

exasperan de los industriales petroleros? Los elementos “tenebrosos” que pueden recurrir al terror económico no leen nuestro periódico; lo que más puede indignarles y exasperarles son las represalias y los abusos de los industriales petroleros; ¿por qué, pues, el señor K-za, que tanto habla contra “Gudok”, silencia en absoluto los “asuntos tenebrosos” de los señores industriales petroleros? ¿No está claro, después de todo esto, que la desfachatez del señor K- za no tiene límites? En segundo lugar, ¿de dónde ha sacado el señor K-za que “Gudok” no ha tratado de “limpiar la atmósfera de la lucha económica del encono innecesario y de la irritación peligrosa”? Y la campaña de agitación de “Gudok” contra el terror económico y la huelga de brazos caídos, contra las huelgas que son expresión de una rebeldía anárquica y en pro de las huelgas organizadas, contra las acciones parciales y por la defensa de los intereses obreros por toda la clase, ¿qué es eso sino “limpiar la atmósfera de la lucha del enconó innecesario y de la irritación peligrosa”? ¿Será posible que el señor K-za no lo sepa? ¿O tal vez considera necesario hacerse el ignorante y desempeñar el papel de retórico del capital? Pero ¿a qué vienen entonces todos esos bellos discursos sobre “la moral” y “la conciencia humana”? “Gudok” “ataca a otras organizaciones, partidos, clases, periódicos, personas y hasta a “Promislovi Véstnik””, continúa acusando el señor K-za.

¡Completamente cierto, señor K-za!, ¡usted, sin quererlo, ha dicho la verdad: “Gudok” lucha, en efecto, contra las otras clases y contra sus órganos de prensa! Pero ¿acaso se puede exigir otra cosa de un periódico de los obreros, explotados por todas las otras clases y grupos? Deje de hacerse el “ángel inocente” y responda claramente, sin gestos: ¿no sabe usted que el órgano de los industriales petroleros, “Neftianoe Dielo”, y su dueño, el Consejo del Congreso, han sido creados precisamente para “atacar” a la clase obrera, al partido obrero a los periódicos obreros? ¿Se ha olvidado de las últimas disposiciones del Consejo del Congreso sobre el pago de los 10 kopeks, el aumento del precio de las raciones; la reducción del número de escuelas y barracas, la usurpación de las casas populares a los obreros, etc.? ¿No trata de justificar estas disposiciones asiáticas el órgano de los industriales petroleros, “Neftianoe Dielo”? ¿Q tal vez eso no son “ataques” contra los obreros, sino “ennoblecimiento de la voluntad delictiva”, regulación de la lucha económica, etc.? ¿Cómo, a su entender, debe actuar un periódico obrero en relación con los industriales del petróleo, que explotan a los obreros? ¿Cómo debe actuar en relación con su organización, que engaña a los obreros? ¿Cómo debe actuar en relación con el órgano de esos industriales, que corrompe a los obreros?

¿Cómo debe actuar en relación con el señor K-za, por ejemplo, que se esfuerza ridículamente por dar una base “filosófica” a las medidas, de un salvajismo asiático, de los industriales petroleros? ¿Será posible que el señor K-za no comprenda la necesidad de la lucha de clases entre los obreros y los patronos? ¡Oh, nada de eso! El señor K-za lo comprende todo perfectamente, pues ¡él mismo lucha contra el proletariado y su organización! Pero, en primer lugar, él habla contra la lucha sostenida por los obreros, y no contra la lucha en general; en segundo lugar, los industriales petroleros no luchan, lo que hacen es “embellecer la lucha”; en tercer lugar, K-za no está contra los obreros, está por entero a favor de los obreros... en beneficio de los industriales petroleros; en cuarto lugar, K-za “cobra”; eso ¿saben ustedes? hay que tenerlo también en cuenta... Por lo visto, el atrevimiento del señor k-za puede competir con su “conciencia” en cuanto a capacidad de dilatarse según lo requieran las circunstancias. Eso es lo que dice el editorial del señor K-za contra el proletariado y su organización en cuanto a los detalles. * * * Pasemos ahora a la segunda parte de su artículo. Aquí el autor habla de las causas del terror económico. “Resulta” que la causa es “la oscuridad en las mentes” y “la voluntad delictiva” de las capas atrasadas de la clase obrera.

Ahora bien, la causa de la “oscuridad” y de la “voluntad delictiva” obedece a que los sindicatos y los periódicos obreros no llevan a cabo con suficiente energía la labor de instrucción y de ennoblecimiento de los obreros. Naturalmente, añade el señor K-za, “los programas (¿de los sindicatos?) no aprueban el terror económico”, pero la sola “desaprobación en los programas es insuficiente cuando vemos que la vida ha entrado por un camino falso. En este caso es necesaria la lucha activa... de todos los partidos y sindicatos” “contra el mal hoy existente”. “Sólo -aclara su pensamiento el señor K-za- cuando... todos los amigos de los obreros, sin diferencias de filiación política, sostengan una enérgica lucha contra... el terror económico, sólo entonces dejarán de producirse los asesinatos”, etc. Así, pues, los obreros son ignorantes y por eso se deciden con frecuencia a recurrir al homicidio; pero son ignorantes porque sus sindicatos y sus periódicos no tratan de “instruirlos y ennoblecerlos”; por consiguiente, de todo ello son culpables los sindicatos y los periódicos obreros. Así perora el señor K-za. No nos detendremos a examinar la confusión reinante en la cabeza del señor K-za en cuanto al terror económico: tenemos presente su ignorante declaración acerca de que el terror económico es una cuestión de programa. Sólo queremos observar una cosa: 1) si el señor K-za, aludiendo al “terror

programático”, se refiere a los sindicatos, ¿acaso ignora que en Rusia los sindicatos no tienen programa?, ¡esto lo sabe cada obrero! 2) y si se refiere a los partidos, es que desconoce lo que sabe cada colegial, ¡es que ignora que el terror económico es una cuestión táctica y no programática! ¿A qué viene, pues, toda esa verborrea sobre el programa? Nos extraña que los señores industriales petroleros no hayan podido alquilar un “ideólogo” mejor o, por lo menos, no tan ignorante. Tampoco nos detendremos en otra manifestación, ya disparatada (¡y no sólo producto de la ignorancia!), hecha por el señor K-za. Este dice que, a consecuencia del terror económico, “la vida ha entrado por un camino falso” y que “nosotros” debemos luchar contra la vida. Nos limitaremos a observar que mal nos irían las cosas si fuera en verdad la vida la que hubiese entrado por una senda falsa, y no algunas persona que han quedado rezagadas de la vida. La fuerza de nuestra agitación está precisamente en que la lucha contra el terror económico es una exigencia de la vida misma, de la vida todopoderosa, de la vida en desarrollo. Si el señor K-za no lo comprende, le aconsejaremos que se traslade a cualquier otro planeta; tal vez allí consiga aplicar su disparatada teoría de la lucha contra la vida en desarrollo... Pasemos mejor al “análisis” hecho por el señor K- za.

Ante todo, quisiéramos preguntar: ¿acaso el señor K-za piensa de verdad que son precisamente los sindicatos y los periódicos de los obreros la causa del terror económico? ¿Qué quiere decir “instruir” a los obreros? ¡Quiere decir enseñarles a sostener una lucha consciente, sistemática! (¡El señor K-za está de acuerdo con esto!) Pero ¿quién podría ocuparse de ello sino los sindicatos y los periódicos obreros, con su agitación oral e impresa en favor de una lucha organizada? ¿Qué significa “ennoblecen” la lucha económica? ¡Significa dirigirla contra un orden de cosas, y en ningún caso contra personas! (¡Con eso está de acuerdo también el señor K-za!) Pero ¿quién se ocupa de ello sino los sindicatos y los periódicos obreros? ¿Y acaso no son los industriales petroleros los que reducen la lucha contra la clase obrera a una lucha contra determinados obreros, represaliando y despidiendo a los más conscientes? Y si el señor K-za está, en efecto, convencido de la veracidad de su acusación contra los sindicatos y los periódicos obreros, ¿por qué da consejos precisamente a dichos sindicatos y periódicos? ¿Acaso no sabe que las organizaciones que “atacan a otras clases, periódicos, personas”, etc. no van a actuar ateniéndose a los consejos del señor K-za? ¡Para qué, pues, gasta pólvora en salvas! Evidentemente, él mismo no cree en su acusación.

Y si, a pesar de ello, el señor K-za habla contra los sindicatos, lo hace para distraer la atención del lector de la verdadera causa, para ocultar a los verdaderos “culpables”. ¡Pero no, señor K-za! ¡No logrará usted ocultar al lector las verdaderas causas del terror económico! La verdadera causa de los “asesinatos por cuestiones económicas” no está en los obreros ni en sus organizaciones, sino en los actos que indignan y exasperan de los señores industriales petroleros. Usted señala la “oscuridad” y la “ignorancia” en ciertas capas del proletariado. Pero ¿dónde se ha de luchar contra la “oscuridad” y la “ignorancia” sino en las escuelas y en los cursillos? ¿Por qué, pues, los señores industriales petroleros reducen el número de escuelas y de cursillos? ¿Y por qué usted, partidario “sincero” de la lucha contra la “oscuridad”, no levanta su voz contra los industriales petroleros, que privan a los obreros de escuelas y de cursillos? Usted habla de “ennoblecer” las costumbres. ¿Por qué, pues, usted, respetable caballero, guardó silencio cuando los señores industriales del petróleo arrebataron a los obreros las casas populares, estos centros de recreo del pueblo? Nos entona usted la cantinela de “ennoblecer la lucha económica”.

Pero ¿por qué guardó silencio cuando los mercenarios del capital mataron al obrero Janlar 62 (sociedad Náftalán); cuando “Born”, la Compañía del Caspio, Shibáev, Mirzóev, Mólot, Motovílija, Björing, Mujtárov, Málnikov y otras empresas despidieron a los obreros más avanzados; cuando en las empresas Shibáev, Mujtárov, Mólot, “Runó”, Kókorev de Bibi-Eibat y otras se pegaba a los obreros? Usted habla de la “voluntad delictiva” de los obreros, de “encono innecesario”; etc. Pero ¿dónde se ocultaba usted cuando los señores industriales petroleros exasperaban a los obreros, provocando a los más sensibles, a los más inflamables de entre ellos: a los obreros eventuales y a los sin trabajo? ¿No sabe usted, respetable caballero, que precisamente esta parte de los obreros la condenan al hambre el conocido pago de diez kopeks por la asistencia médica y el aumento de los precios de las raciones en los comedores del Consejo del Congreso? Usted habla de los horrores de “la sangre y las lágrimas” producidas por el terror económico. Pero ¿sabe usted cuánta sangre y cuántas lágrimas se derraman porque los numerosos obreros mutilados no encuentran sitio en los hospitales del Consejo del Congreso? ¿Por qué reducen los señores industriales petroleros el número de barracas? ¿Y por qué no clama usted contra ello como lo hace contra los sindicatos, y los periódicos obreros” Nos entona usted la cantinela de la “conciencia”, etc. ¿Por qué calla su vidriosa conciencia ante todas estas represalias de los señores industriales

petroleros? Usted dice..., ¡pero basta! A nuestro parecer, está claro que la causa principal de los “asesinatos por cuestiones económicas” no radica en los obreros ni en sus organizaciones; sino en esas acciones que indignan y exasperan de los señores industriales petroleros. Está igualmente claro que el señor K-za es un miserable mercenario de los señores industriales petroleros, que culpa de todo a las organizaciones obreras para justificar ante el “público” las acciones de sus amos. * * * Pasemos ahora a la tercera parte del artículo del señor k-za. Aquí el señor K-za habla de las medidas para luchar contra el terror económico; y sus “medidas” corresponden plenamente a su “filosofía” “de las causas” del terror económico. Oigamos al gran filósofo de Bakú. “Es necesario luchar activamente contra el mal que hoy padecemos y lanzar la consigna de esta lucha. En el momento presente, la consigna para todos los partidos y organizaciones, sindicatos y círculos debe ser: “¡Abajo el terror económico!” Sólo cuando se ize valientemente la impoluta bandera blanca con esta consigna, sólo entonces… dejarán de producirse los asesinatos”. Así filosofa el señor K-za. Como veis, el señor K-za permanece fiel hasta el fin a su dios, el capital.

En primer lugar, ha quitado (¡quitado filosóficamente!) a los industriales petroleros toda la “culpa” por los “asesinatos por cuestiones económicas” y la ha echado sobre los obreros, sobre sus sindicatos y sus periódicos. Con ello ha “justificado” por entero a los ojos de la llamada “sociedad” la táctica ofensiva asiática de los señores industriales petroleros. En segundo lugar -y esto es lo más importante para los industriales petroleros-, ha “inventado” el medio más barato contra los “asesinatos”, un medio que no exige de los industriales petroleros ningún gasto: la propaganda intensificada de los sindicatos y de los periódicos contra el terror económico. Con esto, una vez más ha subrayado que los industriales del petróleo no deben ceder ante los obreros, que no deben “gastar su dinero”. ¡Agradable y barato!, pueden decir los señores industriales al oír al señor K-za. Naturalmente, a los señores industriales petroleros podría “importarles un bledo” lo que piense la llamada “sociedad”. Pero ¿qué pueden tener en contra, si un K-za cualquiera se pone a justificarlos ante la “sociedad” en interés de la “conciencia humana”? Y, por el contrario, ¿cómo no van a alegrarse cuando, después de justificarlos, ese mismo K-za propone el medio más “seguro” y más barato contra el terror económico?

¡Que los sindicatos y los periódicos desplieguen con toda libertad su propaganda; lo principal es que no sufra el bolsillo de los industriales petroleros! ¿Pues qué? ¿Acaso esto no es liberal?... ¿Y cómo no sacar después de eso a la escena literaria a su “Ruiseñor Bandido”*, el señor K- za? Sin embargo, basta pensar un poco, basta con situarse en el punto de vista de los obreros conscientes, para comprender en el acto qué ridícula es la medida propuesta por el señor K-za. La cuestión aquí no reside, de ningún modo, sólo en los sindicatos y en los periódicos: hace tiempo que los sindicatos y los periódicos hacen agitación contra el terror económico, y, a pesar de eso, los “asesinatos” continúan produciéndose. La cuestión está, principalmente, en las acciones que indignan y exasperan de los señores industriales petroleros, en las represalias económicas, en los atropellos, en la táctica ofensiva asiática de los señores industriales petroleros, que fomentan y han de seguir fomentando los “asesinatos por cuestiones económicas” que nos ocupan. Decid, por favor: ¿qué puede hacer la sola propaganda de los sindicatos y los periódicos, aun siendo muy influyentes, cuando los señores industriales petroleros cometen acciones que indignan y exasperan, arrebatan a los obreros una conquista tras otra y empujan así a los más inconscientes a los “asesinatos por cuestiones económicas”?

Es claro que, sola, la propaganda antiterrorista, aun cuando sea hecha con la “impoluta bandera blanca”, no puede acabar con los atentados. Es evidente que, para que los “asesinatos por cuestiones económicas” “dejen de producirse”, son necesarias medidas más profundas que la simple propaganda; se impone, ante todo, que los industriales petroleros renuncien a los atropellos y a las represalias, que satisfagan las justas reivindicaciones de los obreros... Sólo cuando los industriales petroleros desistan de su táctica ofensiva asiática de reducción del salario, de usurpación de las casas populares, de disminución del número de escuelas y barracas, del cobro de diez kopeks por la asistencia médica, de elevación de los precios de las raciones, de despido sistemático de los obreros avanzados, de recurrir al empleo de los puños contra éstos, etc., sólo cuando los industriales petroleros entren resueltamente por la senda de unas relaciones europeas cultas con las masas obreras y sus sindicatos, reconociendo en ellos una fuerza “igual en derechos”, sólo entonces se habrá creado las condiciones para que los “asesinatos” “dejen de producirse”. Todo es tan claro, que ni siquiera vale la pena demostrarlo.

* Personaje de la épica popular rusa. (F. del T.)

Pero el señor K-za no lo comprende; no puede, mejor dicho, no quiere comprenderlo, pues ello sería “desventajoso” para los señores industriales petroleros, exigiría de estos últimos determinados gastos y descubriría quiénes son en verdad los “culpables” de los “asesinatos” por cuestiones económicas... Conclusión única: K-za es un lacayo del capital. Pero ¿qué se desprende de ello, del papel lacayuno desempeñado por K-za? De ello se desprende lo siguiente: cuanto dice el señor K-za, no es de su propia cosecha, sino que proviene de los industriales petroleros, que le “inspiran”. Por lo tanto, el artículo de K-za no expresa su filosofía, sino la filosofía de los señores industriales petroleros. Evidentemente, por boca de K-za hablan los propios industriales petroleros; K-za no hace más que transmitir los “pensamientos, deseos y estado de ánimo” de dichos industriales. Eso y sólo eso es lo que encierra de interés el artículo del señor K-za que aquí examinamos. K-za como tal, K-za como “persona”, es para nosotros un cero a la izquierda, materia imponderable, sin ningún valor. Y en vano el señor K-za se queja de “Gudok”, que, según él, “ataca” a su “persona”: nos atrevemos a asegurar al señor K-za que “Gudok” nunca se ha interesado por su llamada “persona”. Pero K-za como un algo impersonal, K-za como falta de “personalidad”, K-za como simple expresión de las opiniones y del estado de ánimo de los señores industriales petroleros, tiene para nosotros sin ningún género de dudas, cierto interés.

Desde este punto de vista, precisamente, consideramos al propio K-za y a su artículo. Es evidente que el señor K-za no entona sin motivo su canción. Si en la primera parte del artículo ataca con furia a los sindicatos, tratando de desacreditarlos; si en la segunda parte acusa a los sindicatos de cultivar el terror económico, sin decir ni una palabra de las disposiciones asiáticas de los industriales petroleros; si en la tercera parte señala la propaganda antiterrorista como la única medida contra los “asesinatos”, pasando por alto la táctica ofensiva de sus amos, quiere decir que los industriales petroleros no están dispuestos a emprender el camino de las concesiones a las masas obreras. Los industriales petroleros proseguirán su ofensiva, los industriales petroleros deben proseguir la ofensiva, y vosotros, obreros y sindicatos, tened la bondad de retroceder: esto es lo que nos dice el artículo del señor K-za, esto es lo que nos dicen los industriales petroleros por boca de su “Ruiseñor Bandido”. Tal es la moraleja del artículo del señor K-za. A los obreros, a nuestras organizaciones y periódicos, nos resta vigilar atentamente a los señores industriales petroleros, no dejamos llevar por sus provocaciones y marchar con firmeza y seguridad, como hasta aquí, por el camino de la conversión de nuestra lucha espontánea en lucha rigurosamente clasista, sistemática y orientada hacia un objetivo determinado. En cuanto a los clamores hipócritas de los distintos mercenarios del capital, podemos no hacerles ningún caso.

Publicado con la firma de K. Kató el 21 de abril, 4 y el 18 de mayo de 1908 en los núm. 28, 30 y 32 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.