Constituyen el rasgo característico de las huelgas de enero y febrero ciertas peculiaridades nuevas, que aportan a nuestro movimiento elementos nuevos. De una de estas peculiaridades -del carácter defensivo de las huelgas- ya se ha hablado en “Gudok”. Pero ésta es una peculiaridad externa. Son mucho más interesantes las peculiaridades internas, que arrojan clara luz sobre el desarrollo de nuestro movimiento. Nos referimos al carácter de las reivindicaciones, a los procedimientos de huelga empleados, a los nuevos métodos de lucha, etc. Lo primero que salta a la vista es el contenido de las reivindicaciones. Es característico que en muchas huelgas no se presenta la reivindicación de gratificaciones (Nóbel, Motovílija, Mólot, Mirzóev, Adámov, etc.). Y allí donde se demandan gratificaciones, los obreros tienden a relegarlas entre las últimas reivindicaciones, pues les causa vergüenza luchar sólo por el “beshkesh” (Pitóev, etc.). Evidentemente, asistimos a un serio derrumbamiento de los viejos prejuicios del “beshkesh”. El “beshkesh” empieza a ser mal visto por los obreros. De las reivindicaciones pequeñoburguesas (las gratificaciones) los obreros pasan a reivindicaciones proletarias: destitución de los administradores que más abusos cometen (Nóbel, Mólot, Adámov), readmisión de los camaradas despedidos (Mirzóev), ampliación de los derechos de las comisiones de los pozos y de las fábricas (Nóbel, Mirzóev).

En este sentido encierra particular interés la huelga de los obreros de Mirzóev. Exigen que se reconozca la comisión y se readmita a los camaradas despedidos, como garantía de que en adelante la empresa no ha de despedir ni a un solo obrero sin el acuerdo de la comisión. La huelga dura ya dos semanas y transcurre con extraordinaria unanimidad. Hay que ver a estos obreros, hay que oír con qué orgullo dicen: “no luchamos por las gratificaciones o por la toalla y el jabón, sino por los derechos y el honor de la comisión obrera”; hay que oír, repito, todo eso para comprender qué cambio se ha producido en la mentalidad de los obreros. Constituye la segunda peculiaridad de las últimas huelgas el despertar y las enérgicas acciones de la masa obrera de los pozos. Hasta ahora los obreros de los pozos tenían que marchar tras los obreros de los talleres; no siempre les seguían de buen grado y sólo se alzaban independientemente por las gratificaciones. Además, existía en ellos cierta hostilidad hacia los obreros de los talleres, atizada por la provocadora política “beshkeshista” de los industriales petroleros (la Sociedad Bibi-Eibat el año pasado, Lapshín no hace mucho).

Las últimas huelgas demuestran que la pasividad de los obreros de los pozos va pasando a la historia. La huelga de Nóbel (enero) la promovieron ellos, llevando tras de sí a los obreros de los talleres; ellos han sido el alma de la huelga de Mirzóev (febrero). De suyo se comprende que el despertar de la actividad de los obreros de los pozos elimina su hostilidad hacia los obreros de los talleres. Los obreros de los pozos comienzan a ir del brazo con los obreros de los talleres. Es más interesante todavía la tercera peculiaridad: la simpatía de los huelguistas hacia nuestro sindicato y, en general, el carácter relativamente organizado de las huelgas. Es sobre todo de notar que no se presente listas kilométricas de reivindicaciones, circunstancia que impide llevar las cosas a buen término (recordad la Compañía del Caspio el año pasado); ahora sólo se presentan unas cuantas reivindicaciones importantes, capaces de unir a la masa (Nóbel, Mirzóev, Motovílija, Mólol, Adámov). En segundo lugar, casi ninguna huelga se lleva a cabo sin la intervención activa del sindicato: los obreros consideran necesario invitar a los representantes del sindicato (Kókorev, Nóbel, Mólol, Mirzóev, etc.).

La vieja oposición entre las comisiones de los pozos y de las fábricas y el sindicato va quedando relegada al olvido. Se comienza a mirar al sindicato como a una cosa propia. De competidoras del sindicato, las comisiones de los pozos y de las fábricas se están convirtiendo en sus puntales. De ahí la mayor organización de las huelgas de los últimos tiempos. De ahí también la cuarta peculiaridad: el éxito relativo de las últimas huelgas o, mejor dicho, el hecho de que las huelgas parciales no fracasen tan a menudo y de que no siempre fracasen por completo. Tenemos presente, ante todo, la huelga de Kókorev. Consideramos que la huelga de Kókorev es un punto crucial en el desarrollo de nuestros métodos de lucha. Esta huelga y algunas otras (Pitóev, Motovílija) han demostrado que 1) con una dirección organizada, 2) con una intervención activa del sindicato, 3) con cierta tenacidad y 4) con una acertada elección del momento de la lucha, las huelgas parciales pueden distar mucho de ser estériles. Por lo menos, se hace evidente que los clamores “de principio” de “¡Abajo las huelgas parciales!” son una consigna arriesgada, que no ha tenido suficiente confirmación en el último movimiento. Por el contrario, consideramos que, con la dirección del sindicato y con una acertada elección

del momento, las huelgas parciales podrían convertirse en un factor muy importante para unir al proletariado. Estas son, a nuestro entender, las peculiaridades internas más importantes de las huelgas de los últimos tiempos.

Publicado con la firma de K. Kató el 2 de marzo de 1908 en el núm. 21 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.