I. BAKÚ La situación en la industria petrolera Después de cierta “tranquilización” en el país, después de una buena cosecha en Rusia y de la reanimación del trabajo en la zona industrial del Centro, la industria petrolera ha entrado en una fase de relativo auge. Debido al carácter arriesgado de las huelgas parciales (en vista de la dura represión política y de la creciente organización de los industriales petroleros), la baja en la extracción de petróleo motivada por las huelgas apenas llega a medio millón de puds (en 1908 sumaba 11.000.000 de puds, y en 1907, 26.000.000). La ausencia de huelgas y la marcha normal de la extracción han constituido una de las condiciones favorables para el aumento del petróleo del surtidor. La consolidación (relativa) alcanzada por la industria petrolera le ha devuelto el mercado perdido en los últimos años. La extracción, se ha elevado este año a 500.000.000 de puds, cifra a la que no había llegado en ninguno de los últimos cuatro años (el pasado, fue de 467.000.000 de puds). Gracias al aumento de la demanda de combustible líquido por la zona industrial del Centro y a que los ferrocarriles Sur- Oriental, Riazán-Urales y Moscú-Kazán usan ya petróleo en lugar de hulla del Donetz, este año la expedición de petróleo ha superado en grado considerable la del año pasado.

Los precios del petróleo, a pesar de las lamentaciones de los industriales petroleros, no bajan, sino que siguen como antes, pues el precio medio anual es el mismo que el año pasado (21 kopeks). Y de los benditos pozos brotan a menudo surtidores, beneficiando a los industriales petroleros con una lluvia de petróleo. En una palabra, los “negocios” de los industriales petroleros van reponiéndose. En cambio, las represalias de tipo económico, lejos de atenuarse, cobran mayor vigor. Son abolidas las “gratificaciones” y los pluses de vivienda. El trabajo en tres turnos (jornada de 8 horas) es sustituido por el trabajo en dos turnos (jornada de 12 horas), y los trabajos extraordinarios y a tarea se convierten en sistema. La asistencia médica y los gastos en escuelas son reducidos al mínimo (¡en cambio, los industriales petroleros invierten en policía más de 600.000 rublos al año!). Las casas populares y los comedores les han sido ya arrebatados a los obreros. Las comisiones de los pozos y de las fábricas, así como los sindicatos, no son tenidas absolutamente en cuenta, y, como antes, se sigue despidiendo a los camaradas más conscientes.

Las multas y los malos tratos vuelven a estar a la orden del día. Los servidores del Poder zarista -la policía y la gendarmería- se hallan por entero al servicio de los reyes del petróleo. Confidentes y provocadores infestan las zonas petroleras de Bakú, los obreros son deportados en masa por el menor choque con los industriales petroleros, las “libertades” efectivas -los privilegios de Bakú- son destruidas por completo, las detenciones se suceden: tal es el cuadro de la labor “constitucional” de las autoridades locales. Y se comprende: en primer lugar, las autoridades, “por su naturaleza”, no pueden por menos de estrangular toda “libertad”, aun la más elemental; en segundo lugar, están obligadas a proceder así, además, porque la industria petrolera -que aporta anualmente al erario público no menos de 40.000.000 de rublos de “ingresos” que proporcionan la cuota por pud y la parte del Estado en los beneficios de los yacimientos enclavados en terrenos propiedad del mismo, así como el pago de los impuestos indirectos y de las tarifas de transporte- “necesita” la tranquilidad, “necesita” que no se interrumpa la extracción. Y ni que decir tiene que toda interrupción en el trabajo de la industria petrolera se refleja de forma abrumadora en la zona industrial del Centro, lo que, a su vez, desbarata los “asuntos” del gobierno.

Ciertamente, en un pasado nada lejano el gobierno consideraba necesario permitir determinada “libertad” en las zonas petroleras y por ello organizaba “conferencias” de los obreros del petróleo y sus patronos. Pero eso era en el pasado, cuando las posibilidades de la contrarrevolución aun no se veían con claridad: entonces la política de coqueteo con los obreros era la más conveniente. Ahora la situación ya se ha esclarecido, la contrarrevolución se ha consolidado “definitivamente”, la política de feroces medidas represivas ha ocupado el lugar de la política de coqueteos, y el pogromista Martínov ha sustituido al melifluo Dzhunkovski. Mientras tanto, los obreros van perdiendo toda fe en la utilidad de las huelgas parciales y hablan de manera cada vez más resuelta de la huelga económica general. El hecho de que los “negocios” de los industriales petroleros vayan mejorando y de que, no obstante, aumenten los atropellos, origina la más profunda indignación entre los obreros y los impulsa a la lucha. Y cuanto más resueltamente son arrebatadas las viejas conquistas, tanto más madura la idea de la huelga general en la mente de los obreros, tanto mayor es la impaciencia con que

“esperan” éstos la “declaración” de la huelga. La organización ha tenido en cuenta tanto la situación en la industria petrolera, favorable para la huelga, como la disposición de ánimo de los obreros, propicia a ella, y ha decidido iniciar la preparación de la huelga general. Ahora, el Comité de Bakú consulta a las masas y elabora reivindicaciones generales, capaces de unir estrechamente a todo el proletariado petrolero. En la lista de reivindicaciones figurarán, con toda probabilidad, la jornada de 8 horas, el aumento del salario, la abolición de los trabajos extraordinarios y a tarea, la mejora de la asistencia médica, colonias obreras y pluses de vivienda, casas populares y escuelas, reconocimiento de las comisiones y de los sindicatos. La organización y su organismo ejecutivo, el Comité de Bakú, estiman que, a pesar de haberse fortalecido la contrarrevolución y de que los industriales petroleros están cada día mejor organizados, los obreros conseguirán lo suyo si oponen a las fuerzas enemigas una buena organización de clase, unificando las comisiones de los pozos y de las fábricas, ampliando y fortaleciendo los sindicatos y uniéndose estrechamente en torno a la socialdemocracia. La elección del momento depende de muchas y muy diversas condiciones, que es difícil prever. Por ahora, es clara una sola cosa: que la huelga es inevitable y que hay que prepararse para ella sin perder “ni un minuto”...

La administración autónoma de la zona de los yacimientos. La reanimación de la industria petrolera no es el único fenómeno importante en la vida del proletariado de Bakú. Otro acontecimiento no menos importante es la “campaña, del zemstvo” inaugurada aquí no hace mucho. Nos referimos a la administración autónoma en las zonas petroleras de Bakú. Después de los conocidos “proyectos” del Ministerio del Interior relativos a los zemstvos de la periferia y de la correspondiente “circular” del gobernador del Cáucaso señalando las medidas prácticas para la instauración de los zemstvos en el Cáucaso, los industriales petroleros se han puesto a elaborar el proyecto de la administración autónoma de la zona de los yacimientos. Las bases del proyecto, que, sin duda, aprobará el próximo Congreso (el 28°) de los industriales petroleros, son, más o menos, las siguientes. La zona de los yacimientos (Balajani, Romani, Sabunchi, Surajani, Bibi-Eibat) se constituye en un zemstvo especial, aparte de la ciudad y de su distrito, llamado administración autónoma de la zona de los yacimientos. Las funciones de la administración autónoma de la zona de los yacimientos serán: abastecimiento de aguas, alumbrado, construcción de caminos, servicio de tranvías, asistencia médica, casas populares, escuelas, mataderos y casas de baños, colonias obreras, etc. La propia administración autónoma se organiza, en líneas generales, conforme al tipo establecido en la “disposición” del 12 de junio de 189084, pero con una diferencia: según la “disposición”, la mitad del número de miembros del zemstvo se reserva obligatoriamente a la nobleza, mientras que aquí, por no haber nobleza (al separar la zona de los yacimientos del distrito, los industriales petroleros se han puesto a salvo del predominio de los terratenientes, asegurándose el suyo propio), ese mismo número se reserva a los industriales petroleros, y no a todos, sino a los 23 más poderosos.

De 46 puestos en la administración autónoma, 6 puestos se destinan a los representantes de los negociados públicos y de las instituciones sociales; 4 puestos a una población obrera de 100.000 personas; 18 puestos a quienes pagan 2/3 de todos los impuestos, es decir, a 23 grandes industriales petroleros (todo el presupuesto es de unos 600.000 rublos); 9 puestos a los que pagan 1/6 de los impuestos, es decir, a 140-150 industriales petroleros medios, vasallos de los grandes industriales; los 9 puestos restantes corresponden a la pequeña burguesía mercantil e industrial (cerca de 1.400 personas). Como veis, tenemos, por una parte, a los capitalistas privilegiados y, por otra, un zemstvo puramente industrial, llamado a ser palestra de duros choques entre el trabajo y el capital. Los industriales petroleros organizan el zemstvo precisamente de ese modo porque quieren, en primer término, transferir la mayoría de las funciones culturales y económicas de su “Congreso” a la administración autónoma de la zona de los yacimientos, convirtiendo el “Congreso” en un verdadero consorcio capitalista; y, en segundo término, para que el resto de la burguesía, los dueños de empresas auxiliares, los contratistas dedicados a los trabajos de perforación, etc. contribuyan a los gastos destinados a las necesidades de la población obrera de los yacimientos. En cuanto a los cuatro votos reservados a los obreros que eligen “con arreglo a la disposición de la III Duma de Estado” (apoderados de la curia obrera, y después 4 compromisarios), eso, lejos de representar un sacrificio para los industriales petroleros, es para ellos muy ventajoso: cuatro votos obreros para ornamento de la administración autónoma es algo tan “liberal” y… tan barato, que los reyes del petróleo han accedido a ello sin el menor inconveniente. Por otra parte, no cabe duda de que la administración autónoma de la zona de los yacimientos, al unificar en un todo a la burguesía petrolera y, por así decido, a la burguesía “auxiliar”, debe unificar a su vez a los obreros del petróleo y a los obreros de las empresas auxiliares, dispersos hasta ahora, permitiéndoles presentar sus reivindicaciones comunes a través de sus cuatro representantes. Teniendo todo eso en cuenta, el Comité de Bakú, en su resolución sobre la proyectada administración autónoma de la zona de los yacimientos, ha resuelto participar en ella para utilizada con el fin de hacer agitación en torno a las necesidades económicas generales de los obreros y para reforzar la labor de organización de los mismos. De otro lado, con vistas a una ampliación del marco del sistema electoral y partiendo de que la administración autónoma de la zona de los yacimientos ha de ocuparse de las mismas cuestiones que inquietan a los obreros y que eran el objeto de todas las Conferencias convocadas hasta hoy -en las que siempre se asignó a los obreros igual cantidad de votos que a los industriales petroleros-, la organización exige en su resolución igual cantidad de votos obreros en la administración autónoma, subrayando asimismo que la lucha en el seno de la administración autónoma sólo puede ser eficaz si es apoyada por la lucha fuera de la administración autónoma y si sirve a los intereses de esta lucha. Además, teniendo en cuenta la decisión de la asamblea provincial de dejar fuera de la administración autónoma de la zona de los yacimientos los poblados de Balajani, Sabunchi y Romani -en esencia colonias obreras-, la organización exige, por ser esa decisión desfavorable para los obreros, que se incluya dichos poblados en la administración autónoma de la zona de los yacimientos.

Por último, en la parte general de la resolución, al señalar que el sufragio universal, igual, directo y secreto es una condición necesaria del libre desarrollo de las administraciones autónomas locales y de la libre manifestación de las contradicciones de clase existentes, el Comité de Bakú subraya la necesidad de derrocar el Poder zarista y de convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo, como condición previa para crear administraciones autónomas locales consecuentemente democráticas... La administración autónoma de la zona de los yacimientos se halla por ahora en período de formación. El proyecto de la comisión de industriales petroleros debe ser refrendado por el Congreso de dichos industriales, para llegar posteriormente, a través de la oficina del gobernador del Cáucaso, al Ministerio del Interior, luego a la Duma de Estado, etc. Sin embargo, la organización ha resuelto iniciar ahora mismo la campaña, convocar asambleas en los pozos y en las fábricas, a fin de desenmascarar a los industriales petroleros, popularizar entre las grandes masas su plataforma y hacer agitación en favor de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. A estos mismos fines, la organización no renunciará a “participar” en el Congreso de los industriales petroleros ni a utilizar la tribuna de la Duma, facilitando previamente a nuestra minoría en ella los datos necesarios.

La situación de nuestra organización En vista de ciertas condiciones específicas que se dan en los yacimientos de Bakú (cierta posibilidad de reunirse, no anulada aún del todo por la administración; la existencia de comisiones de los pozos y de las fábricas), nuestra situación en Bakú se distingue ventajosamente de la situación de nuestras organizaciones en el resto de Rusia. Además, las llamadas posibilidades legales con que contamos aquí también facilitan el trabajo. Como consecuencia de ello, la organización tiene numerosos vínculos. Pero esos vínculos quedan sin aprovechar debido a la escasez de fuerzas y de recursos. Hay que hacer agitación oral y, sobre todo, impresa, en tártaro, armenio y ruso, pero la insuficiencia de recursos (y de fuerzas) nos constriñe a limitarnos al ruso, aunque los obreros musulmanes, por ejemplo, ocupan un puesto muy importante en la producción (extracción a mano) y son más que los rusos o los armenios. “Bakinski Proletari” (órgano del Comité de Bakú), que se edita en ruso, hace ya tres meses que no ha salido por no disponer de recursos, principalmente. En su última reunión, el Comité de Bakú aceptó la propuesta del Comité de Tiflis de editar un órgano común, a ser posible en tres o cuatro lenguas (ruso, tártaro, georgiano, armenio). Militantes (en el sentido estricto de la palabra) no hay en nuestra organización más de 300.

La unificación con los camaradas mencheviques (cerca de 100 militantes) aun no se encuentra en vías de realización: por ahora no se advierten más que deseos, pero los deseos no bastan para acabar con la escisión. ...La propaganda sólo se hace en los círculos superiores de estudio, llamados entre nosotros “círculos de charlas”. El sistema es el de conferencias. Se deja sentir una gran escasez de buena literatura de propaganda... Influye nocivamente en la masa del Partido el aislamiento en que se vive con respecto al Partido, el desconocimiento absoluto del trabajo que llevan a cabo en Rusia las organizaciones del Partido. Un órgano de prensa para toda Rusia, Conferencias generales del Partido organizadas con regularidad y visitas sistemáticas de los miembros del C. C. podrían remediar estos males. Entre las decisiones de carácter general adoptadas por el Comité de Bakú sobre problemas de organización, dos son las más importantes: la relativa a la Conferencia general del Partido y la concerniente al órgano de prensa para toda Rusia*. En cuanto a la primera cuestión, el Comité de Bakú estima necesario convocar lo más rápidamente posible una Conferencia para dar solución a los problemas, sobre todo a los de organización, que exigen imperiosamente ser resueltos. A la vez, el Comité de Bakú considera

* Véase el presente tomo. (F. de la Red.)

también necesaria una Conferencia de los bolcheviques para liquidar la situación anómala creada en los últimos meses en el seno de la fracción. En cuanto a la segunda cuestión, el Comité de Bakú señala el aislamiento de las organizaciones entre sí y, considerando que sólo un órgano de prensa para toda Rusia y editado en Rusia podría vincular las organizaciones del Partido en un todo único, propone al Partido que se ocupe de organizar tal periódico.

Las “posibilidades legales” Si nuestra organización ha superado con relativa facilidad la crisis, si no ha interrumpido nunca su actividad y siempre se ha hecho eco, de una u otra forma, de todas las cuestiones del día, lo debe en gran parte a las “posibilidades legales” que la rodean y que continúan existiendo hasta ahora. Naturalmente, las “posibilidades legales” se deben, a su vez, a las condiciones especiales de la industria petrolera, a su papel especial en la economía nacional; pero ahora no se trata de eso... Entre las “posibilidades legales” que tenemos en Bakú, merecen especial interés las comisiones de los pozos y de las fábricas. Estas comisiones son elegidas por todos los obreros de cada empresa, sin excepción ni distinción de nacionalidad ni de convicciones políticas. Sus funciones consisten en sostener negociaciones con la administración de las empresas en nombre de los obreros sobre cuestiones relacionadas con los pozos y las fábricas. En un justo sentido no son todavía organizaciones legales, pero, indirectamente y de hecho, son plenamente legales, pues existen sobre la base del “contrato de diciembre”, cuyo texto íntegro aparece reproducido en las “libretas de pago” de los obreros, editadas con el permiso de las autoridades.

Es comprensible la importancia que tienen para nuestra organización las comisiones de los pozos y de las fábricas: a través de ellas puede nuestra organización influir de manera organizada en toda la masa de los obreros del petróleo; lo que hace falta es que las comisiones defiendan ante la masa las decisiones de la organización. Ciertamente, la importancia de las comisiones no es hoy tan grande, pues los industriales petroleros no las tienen ya en cuenta, pero los obreros sí que las “tienen en cuenta”, y eso es para nosotros lo más importante... Además de las comisiones, tenemos también los sindicatos; propiamente hablando, dos sindicatos: el “de obreros petroleros” (cerca de 900 afiliados) y el “de obreros mecánicos” (cerca de 300 afiliados). Al sindicato “de extracción” lo podemos pasar por alto, pues su importancia es harto insignificante. Nada decimos de los sindicatos de otras profesiones que no tienen una relación directa con la industria petrolera, ni tampoco del sindicato clandestino de marinos (cerca de 200 afiliados), influenciado por los eseristas, aunque este último sindicato tiene importancia para la industria petrolera.

De los dos citados sindicatos, el primero (influencia bolchevique) es particularmente popular entre los obreros. Está estructurado según el principio de organización por industria y agrupa a los obreros petroleros de todas las profesiones (obreros de la extracción, de la perforación, de los talleres, de las refinerías, peones). Imponen este tipo de organización las condiciones de la lucha, que hacen que no sea conveniente la huelga, por ejemplo, de los obreros mecánicos independientemente de los obreros de la extracción, etc. Esto lo han comprendido los obreros* y han comenzado a abandonar en masa el sindicato “de obreros mecánicos”. El caso es que el sindicato “de obreros mecánicos” (influencia menchevique), estructurado según el principio de organización por oficios, rechaza el principio de organización por industria, proponiendo en lugar de un sindicato general tres sindicatos diferentes (talleres, extracción y refinerías). Pero el principio de organización por oficios hace mucho tiempo que ha sido rechazado por la experiencia práctica del movimiento en Bakú. Así se explica, entre otras cosas, la decadencia progresiva del sindicato “de obreros mecánicos”.

Por cierto, eso lo reconocen también los dirigentes del sindicato al admitir como afiliados del mismo a obreros no mecánicos, echando así por tierra su propio principio. De no haber un amor propio mal entendido en los referidos dirigentes, el sindicato “de obreros mecánicos” se hubiera fusionado hace mucho con el sindicato “de obreros petroleros”, reconociendo públicamente su error. A propósito de la fusión. Hace ya dos años que se sostienen “negociaciones” respecto a la fusión de los sindicatos, pero por ahora no han conducido a nada, ya que: 1) los dirigentes mencheviques frenan de manera consciente la fusión, por temor a quedar diluidos en la mayoría bolchevique, 2) las fracciones, bajo cuya influencia actúan los sindicatos, todavía no se han unificado. Además, ¿con quién unificarse? Los 80 ó 100 “miembros” con que, tal vez, cuenten los mencheviques, todavía no están unificados entre sí. En los últimos 8 meses, por lo menos, no sabemos que el “grupo dirigente” menchevique haya lanzado una sola hoja ni intervenido en nada, a pesar de que durante ese tiempo se han desarrollado en las zonas petroleras campañas tan importantes como la de la huelga general, la del zemstvo, la antialcohólica, etc. La organización de los mencheviques de hecho no existe, está liquidada. Simplemente, no hay con quién

* Eso no lo ha comprendido aún Dmítriev, que en su libro “De la práctica del movimiento sindical” “demuestra” la necesidad de los tres sindicatos sobre la base de un “análisis” que no se refiere a las condiciones de la lucha de los obreros petroleros, sino... a la técnica del trabajo: los oficios, dice él, son distintos, y por lo mismo los sindicatos también deben serlo...

unificarse. Y tal estado de cosas frena, como es lógico, la fusión de los sindicatos... Ambos sindicatos son organizaciones sin carácter de partido. Pero eso no es óbice para que mantengan el más estrecho contacto con la organización del Partido. La influencia de los sindicatos en las masas no es pequeña, en particular la del sindicato “de obreros petroleros”. Y eso, por sí solo, facilita la unión de los elementos más activos en torno a nuestra organización. Entre las demás “posibilidades legales” merecen atención los clubs (influencia socialdemócrata) y la cooperativa de consumo “Trud” (influencia eserista y socialdemócrata), como centros de agrupación de los elementos más activos del proletariado de Bakú. De sus relaciones con la organización, en particular del club “Znaniesila”, que funciona en todas las zonas petroleras (el club “Naúka” funciona sólo en la ciudad), se puede decir lo mismo que de los sindicatos... Las dos últimas semanas han sido consagradas a la campaña antialcohólica, que ha exigido la actividad de casi todos los aparatos legales. La posición del Comité de Bakú en cuanto a este asunto ha sido expresada en su resolución, en la que el alcoholismo es considerado como un mal inevitable bajo el régimen capitalista y que sólo puede ser extirpado con la caída del capitalismo, con el triunfo del socialismo. Además, el régimen absolutista- feudal, que reduce a los obreros y a los campesinos a la situación de esclavos sin derechos y les priva de la posibilidad de satisfacer sus exigencias culturales, contribuye en el más alto grado a la propagación del alcoholismo entre las capas trabajadoras.

Eso sin hablar ya de que los representantes del “Poder” estimulan de una manera directa el alcoholismo, por ser éste una fuente de ingresos del erario público. En vista de todo ello, el Comité de Bakú afirma que ni las prédicas de los “liberales”, que organizan congresos para la lucha contra el alcoholismo y “sociedades de temperancia”, ni los sermones de los popes podrán reducir y, menos aún, liquidar el alcoholismo, nacido de la desigualdad en las condiciones de vida y agravado por el régimen autocrático. En el seno del régimen capitalista sólo es posible y necesaria la lucha que se plantee como objetivo, no la abolición del alcoholismo, sino el reducirlo al mínimo. Mas, para que esa lucha se vea coronada por el éxito, es necesario, ante todo, derrocar el Poder zarista y conquistar la república democrática, lo que ha de permitir desarrollar libremente la lucha de clases y organizar al proletariado en la ciudad y en el campo, elevar su nivel cultural y preparar ampliamente sus fuerzas para la gran lucha por el socialismo. El Comité de Bakú estima el próximo Congreso de lucha contra el alcoholismo como un medio de agitación en favor de las reivindicaciones democráticas y socialistas del proletariado ruso y propone a nuestro delegado luchar contra los delegados oportunistas del Congreso, que velan las tareas de clase del proletariado... 20 de diciembre.

Publicado por primera vez con la firma de K. S. el 13 (26) de febrero de 1910 en el núm. 11 del periódico “Sotsial-Demokrat” El apartado “Las posibilidades legales” fue escrito el 20 de diciembre de 1909, con la firma de K. Stefin. Se publica de acuerdo con el texto del periódico. El apartado “Las posibilidades legales” se publica según el manuscrito original.

II. TIFLIS En el sentido del desarrollo industrial, Tiflis ofrece un gran contraste con Bakú. Si Bakú encierra interés como centro de la industria petrolera, Tiflis sólo puede tenerlo como centro administrativo, comercial y “cultural” del Cáucaso. En Tiflis los obreros industriales suman en total unos 20.000, es decir, menos que los soldados y los policías. La única gran empresa son los talleres ferroviarios (unos 3.500 obreros). En las otras empresas hay 200, 100 y, en la mayor parte de ellas, de 40 a 20 obreros. En cambio Tiflis está literalmente abarrotado de establecimientos comerciales y del “proletariado comercial” a ellos vinculado. La débil dependencia en que se halla con respecto a los grandes mercados de Rusia, en los que reinan siempre una viva animación y una actividad febril, imprime a Tiflis un sello de estancamiento. La inexistencia de agudos choques de clases, propios sólo de los grandes centros industriales, lo ha convertido en una especie de pantano, que espera un impulso exterior. Esta es precisamente la causa de que el menchevismo, el auténtico menchevismo “de derecha”, se haya mantenido durante tanto tiempo en Tiflis. ¡Otra cosa es Bakú, donde la posición marcadamente clasista de los bolcheviques encuentra vivo eco entre los obreros! Lo que en Bakú “es claro de por sí”, en Tiflis sólo adquiere claridad tras prolongadas discusiones; los discursos intransigentes de los bolcheviques son digeridos con gran trabajo. De aquí nace precisamente la “especial propensión” de los bolcheviques de Tiflis a las discusiones y, por el contrario, el deseo de los mencheviques de “eludirlas” en lo posible. Pero de lo dicho sólo se desprende que el trabajo de los socialdemócratas revolucionarios encaminado a la educación socialista del proletariado de Tiflis ha de revestir muy a menudo y de manera inevitable la forma de lucha ideológica contra el menchevismo. Por esta razón, presenta singular interés analizar, siquiera brevemente, la atmósfera ideológica creada por los

mencheviques de Tiflis, quienes por el momento predominan todavía en la ciudad. Esa atmósfera, contra la que, ante todo, hay que luchar, puede ser calificada de liquidacionista, liquidacionista no sólo en el terreno de la organización, sino, además, en el táctico y en el programático. Comencemos, pues, nuestro breve examen de la situación en el Partido en Tiflis describiendo esa atmósfera.

El liquidacionismo programático El organismo en el que haya reflejo la “opinión pública” de los mencheviques, es la prensa menchevique georgiana. El credo de los mencheviques de Tiflis está expresado en los artículos “Cuestiones de actualidad” (v. los números de “Azri” y “Dasatskisi”89). El autor de estos artículos es el camarada An, el más influyente de los mencheviques de Tiflis. Pasemos a exponer estos artículos, que han preparado ideológicamente el liquidacionismo en Tiflis. En ellos, el autor emprende una “revisión de todos los valores” y llega a la conclusión de que el Partido (particularmente los bolcheviques) se ha equivocado en determinados principios de su programa y, sobre todo, de su táctica. En opinión del autor, es necesario “modificar radicalmente toda la táctica del Partido”, para hacer posible la “unificación de las fuerzas de la burguesía y del proletariado”, única garantía de la victoria de la revolución. Mas lo mejor será ceder la palabra al propio articulista. “Los bolcheviques han venido demostrando - dice el autor- que éste (el proletariado) debe realizar (en la revolución burguesa) todo su programa mínimo.

Pero la realización de la parte social de este programa mínimo paralizaría la producción burguesa, originaría la protesta de toda la burguesía, dando comienzo a una gigantesca contrarrevolución... ¿Quién se atreverá a afirmar que el establecimiento de la jornada de 8 horas corresponde a los intereses de la actual burguesía, no desarrollada?” Está claro que “la aplicación del programa mínimo de los bolcheviques es pura declamación” (v. “Azri”, núm. 17, febrero de 1908) Naturalmente, no son sólo los bolcheviques los que han hablado de la realización de todo el programa mínimo, y la historia no conoce ningún programa mínimo bolchevique, aparte del programa mínimo general del Partido; pero, en el caso presente, no es eso lo que nos interesa. Lo importante es que, en virtud de la “falta de desarrollo de la burguesía” y del peligro contrarrevolucionario que de ello dimana, nuestro autor se alza contra “la parte social” del programa, estimándola “pura declamación” que, por lo visto, debe ser liquidada. El camarada An no ofrece ningún análisis del estado real de la industria (sin duda, se ha expresado incorrectamente al denominar el atraso de la industria “falta de desarrollo da la burguesía”. K. St.), ni una cifra, ni un dato un tanto serio.

Parte, sencillamente, de la pura y simple afirmación de que la burguesía no consentirá la implantación de la jornada de 8 horas, mientras que sin la “unificación de las fuerzas del proletariado y de la burguesía” la victoria de la revolución es imposible; por consiguiente, ¡abajo “la parte social” del programa!... No vamos a demostrar lo absurdo de tales afirmaciones del autor, afirmaciones hechas a cada paso contra los socialdemócratas por los liberales de hoy. A nuestro parecer, basta citarlas para ver en el acto la fisonomía de los mencheviques de Tiflis.... Pero nuestro autor no sólo arremete contra “la parte social” del programa. Tampoco perdona su parte política, si bien no la ataca de una manera tan directa ni tan clara. Oigámosle: “La lucha del proletariado solo o de la burguesía sola* no podrá en modo alguno quebrantar a la reacción... Es claro que la unificación de sus fuerzas, esta o la otra combinación y orientación de las mismas, hacia un objetivo común constituyen el único camino (subrayado por nosotros) de la victoria sobre la reacción”... “La derrota de la reacción, la conquista de la Constitución y la puesta en práctica de esta última dependen de la unificación consciente de las fuerzas de la burguesía y del proletariado y de la orientación de las mismas hacia un objetivo común”...

Ahora bien, “el proletariado debe avanzar de manera que con su intransigencia no debilite el movimiento conjunto”. Pero como “la reivindicación más inmediata de la burguesía no puede ser sino una Constitución moderada., es evidente que la obligación del proletariado consiste en renunciar a su “Constitución radical”, si no quiere, “con su intransigencia, debilitar el movimiento conjunto” y perturbar “la orientación consciente de las fuerzas de la burguesía y del proletariado hacia un objetivo común”, en una palabra, si no quiere preparar la victoria de la contrarrevolución (v. “Dasatskivi”, núm. 4, 1908). La conclusión es clara: ¡abajo la república democrática, viva el “movimiento conjunto” y... la “Constitución moderada”!, “en interés”, naturalmente, “de la victoria” de la revolución... Se trata, como veis, de una mala paráfrasis del conocido artículo que en 1906 publicó en “Továrisch” el ex socialdemócrata Vasíliev hablando de la “unificación de las clases”, el olvido temporal de las tareas de clase del proletariado, la renuncia a la república democrática, etc. La diferencia está en que Vasíliev hablaba franca y claramente, mientras que el

* Por “burguesía” el autor entiende en todas partes la bur- guesía liberal “media”, “cuyos ideólogos son los demócratas constitucionalistas”. K. St.

camarada An tiene vergüenza de hacerlo con suficiente claridad. En este momento no tenemos ni tiempo ni deseos de examinar todo ese balbuceo liberal, hace ya mucho tiempo analizado y aquilatado, en cuanto a su base, por la prensa socialdemócrata rusa. Quisiéramos únicamente llamar las cosas por su nombre: los ejercicios programáticos de nuestro autor, adoptados por los mencheviques de Tiflis como “nuevo” manifiesto fraccional, significan la liquidación del programa mínimo del Partido, una liquidación que exige se adapte nuestro programa al de los demócratas constitucionalistas. Del “nuevo” programa de los mencheviques de Tiflis pasemos a su “nueva táctica”.

EL liquidacionismo táctico El camarada An está descontento sobre todo de la táctica del Partido, táctica que, en su opinión, es necesario “modificar de raíz” (v. “Dasatskisi”, núm. 4). Dedica por eso la mayor parte de sus artículos a criticar dicha táctica. Sobre todo ataca la conocida “fórmula de Plejánov” (“la revolución, en Rusia vencerá como movimiento obrero o no vencerá en absoluto”91), identificándola con la tesis acerca de la hegemonía del proletariado, y afirma que dicha fórmula no resiste la menor crítica. Propone sustituir esta “fórmula” por la “nueva” (¡vieja!) tesis de la “unificación de las fuerzas de la burguesía y del proletariado” en interés del “movimiento conjunto”... “hacia un objetivo común”. Escuchad: “La tesis acerca del papel dirigente del proletariado en la revolución burguesa no está confirmada ni por la teoría de Marx ni por los hechos históricos”. Referencia a la teoría: “El proletariado no puede edificar con sus propias manos el régimen de sus propios enemigos”. Por tanto, la dirección de la revolución burguesa por el proletariado es imposible”.

Referencia a los hechos históricos: “Nuestra revolución era al mismo tiempo nuestro movimiento obrero, y, a pesar de eso, la revolución no venció. Está claro que la fórmula de Plejánov no ha sido confirmada” (v. “Azri”, núm.17). Breve y claro. Nos resta compadecer a la socialdemocracia alemana, que en su carta de saludo al Congreso de Londres reconoció (¡seguramente por ligereza!) y que el papel dirigente del proletariado en nuestra revolución está confirmado plenamente, tanto “por la teoría de Marx” como “por los hechos históricos”. Eso sin hablar ya de nuestro (¡desgraciado!) Partido... Ahora bien, ¿con qué sustituye nuestro autor el papel dirigente del proletariado?, ¿qué propone a cambio? “La lucha del proletariado solo -dice el camarada An- o de la burguesía sola no podrá en modo alguno quebrantar a la reacción... Es claro que la unificación de sus fuerzas, esta o la otra combinación y orientación de las mismas hacia un objetivo común constituyen el único camino de la victoria sobre la reacción”. Además, “el proletariado debe avanzar de manera que con su intransigencia no debilite el movimiento conjunto”... (v. “Dasatskisi”, núm. 4).

Pues, afirma el autor, “cuanto más débil sea la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, tanto más victoriosa (subrayado en todas partes por nosotros. J. St.) será la revolución burguesa; siempre que sean iguales, naturalmente, las otras condiciones” (v. “Azri”, núm. 15). De qué “otras condiciones iguales” habla el autor, es cosa que quizá Alá sepa. Lo único claro es que predica la atenuación de la lucha de clases en interés de la revolución. La tesis de que la victoria de la revolución será tanto más completa cuanto más se apoye ésta en la lucha de clase del proletariado, qué lleva tras de sí a los campesinos pobres contra los terratenientes y los burgueses liberales, esa tesis, confirmada por la experiencia de toda nuestra revolución, sigue siendo para nuestro autor un secreto debajo de siete llaves. “La unificación de las fuerzas del proletariado con las fuerzas de la burguesía”: he ahí donde ve el camarada An la única garantía del triunfo de la revolución. Pero ¿cuál es la burguesía en la que tantas esperanzas cifra nuestro autor?

Escuchad: “Los reaccionarios -dice nuestro autor- luchan con particular fuerza contra el partido demócrata constitucionalista... ya que... los futuros señores de Rusia saldrán del seno de esa misma clase media cuya ideología expresan los demócratas constitucionalistas. Sólo la burguesía media; que ha madurado para la dominación, es capaz de arrancar a los reaccionarios el Poder del Estado; esa clase es su competidora directa, y por ello los reaccionarios la temen más que a nada”. En general, “en todas las revoluciones las capas reaccionarias no han temido tanto a los revolucionarios como a la burguesía moderada. ¿Por qué? Porque sólo esta clase ha de recoger las riendas del gobierno de manos del viejo régimen, como hemos dicho más arriba. Por lo tanto, es precisamente esta clase la llamada, merced a su Constitución moderada, a hacer el nuevo régimen aceptable para la inmensa mayoría y, de este modo, a privar de toda base a la reacción” (v. “Azri”, núm. 24). Pero como “la burguesía sin el proletariado no podrá establecer un nuevo régimen”, por eso “el proletariado tendrá que apoyar a la oposición burguesa”. (v. “Dasatskisi”, núm. 4). Así, pues, la burguesía demócrata

constitucionalista “moderada”, con su Constitución monárquica “moderada”: he ahí quien ha de salvar a nuestra revolución. En cuanto al campesinado, ¿cuál es su papel en la revolución? “Naturalmente -dice nuestro autor-, el campesinado intervendrá en el movimiento y le dará un carácter espontáneo, pero el papel decisivo sólo lo han de desempeñar las dos clases modernas”: la burguesía moderada y el proletariado (v. “Dasatskisi”, núm. 4). Así, pues, resulta que no hay que contar gran cosa con el campesinado. Ahora todo está claro. Para el triunfo de la revolución hace falta la burguesía demócrata constitucionalista moderada con una Constitución moderada. Pero la burguesía sola no es capaz de vencer; le hace falta la ayuda del proletariado. El proletariado debe ayudarla, pues él no tiene con quién contar -ni siquiera con el campesinado-, como no sea con la burguesía moderada. Mas, para ello debe abandonar su intransigencia y, tendiendo la mano a la burguesía moderada, luchar al lado de ella por una Constitución demócrata constitucionalista moderada. Lo demás vendrá por sí solo. El Partido, que ve la garantía del triunfo de la revolución en la lucha de los obreros y los campesinos contra la burguesía moderada y los terratenientes feudales, se equivoca. En una palabra: en lugar del papel dirigente del proletariado, llevando tras de sí a los campesinos, el papel dirigente de la burguesía demócrata constitucionalista, manejando a su antojo al proletariado. Tal es la “nueva” táctica de los mencheviques de Tiflis. A nuestro parecer, huelga examinar todo este vulgar batiburrillo liberal. Bastará señalar que la “nueva” táctica de los mencheviques de Tiflis es la liquidación de la táctica del Partido confirmada por la revolución, liquidación que exige la transformación del proletariado en apéndice de la burguesía demócrata constitucionalista moderada.

Publicado por primera vez con la firma de K. S t. el 25 de mayo (1 de junio) de 1910 en el núm. 2 de “Diskussionni Listok” (suplemento al periódico “Sotsial-Demokrat”).