Se acercan las elecciones a la IV Duma, y los enemigos del movimiento liberador movilizan fuerzas. Tenemos ante nosotros, en primer término, los partidos contrarrevolucionarios: la extrema derecha, los nacionalistas y los octubristas. Todos ellos apoyan de una u otra forma al gobierno. ¿Con qué pueden contar en la próxima campaña electoral? Naturalmente que no con la simpatía de las vastas masas de la población: ¡los partidos que han unido su suerte a la del gobierno de la matanza del Lena, no pueden contar con la simpatía de las masas! Su única esperanza está en las “disposiciones” gubernamentales. Como es costumbre, las “disposiciones” no escasearán. El Ministerio del Interior ya ha remitido una circular a los gobernadores, en la que recomienda “medidas para garantizar que sean elegidas, como apoderados de los súbdistritos, personas completamente seguras y que no pertenezcan a las izquierdas”. Sabemos por la práctica a qué se reducirán de hecho todas estas “medidas”: serán eliminados de las listas los candidatos de izquierda; basándose en acusaciones falsas, serán procesados, detenidos, desterrados, ¡ésas son las “medidas”!

Por otra parte, el Santo Sínodo aconseja a los obispos de las diócesis que participen de la manera más activa en las próximas elecciones y lleven a la Duma a firmes defensores de los intereses de la Iglesia; con este fin se deberá convocar asambleas preelectorales del clero diocesano, editar especialmente periódicos preelectorales, etc. ¡Mal, mal van los asuntos de los partidos gubernamentales, si hasta los padres de la Iglesia tienen que abandonar por ellos los “asuntos eclesiásticos” para ocuparse de los “asuntos mundanos”! Unas elecciones bajo la presión de los gobernadores eclesiásticos y seglares: éstos son, pues, los medios con que pueden contar. Verdad es que hay otro medio más: pegarse la etiqueta del sin-partidismo y, embaucando a los electores, penetrar como sea en la Duma para quitarse después la careta. Precisamente a eso tienden los nacionalistas de Kovno, que han intervenido en estos días bajo el antifaz del “sin-partidismo”. Pero éste es un medio demasiado sutil y, por tanto, inservible para nuestros torpes ultrarreaccionarios. Otra cosa son los liberales de Rusia: los demócratas constitucionalistas, los renovadores pacíficos y los progresistas. Esa gente es hábil y tal vez conseguiría sacar todo el jugo a la etiqueta del “sin-partidismo”.

Los demócratas constitucionalistas, que están ya muy ajados, necesitan esa etiqueta, la necesitan como el aire que respiran. El hecho es que durante la III Duma el hombre de la calle aprendió a juzgar con sentido crítico a los octubristas y a los demócratas constitucionalistas. Por otra parte, los hombres de la “primera curia”, los grandes burgueses de las ciudades, “se desilusionaron” de los octubristas, que no “justificaron” las esperanzas cifradas en ellos. Hay, por tanto, la posibilidad de “derribar del caballo” a los octubristas, que compiten con los demócratas constitucionalistas en las antesalas ministeriales. Pero ¿cómo se puede tender un puente hasta la “primera curia”, no siendo a través de los renovadores pacíficos progresivos? Por tanto, ¡viva la alianza con los renovadores pacíficos! Ciertamente, para ello es preciso ir “un poquito” a la derecha, pero ¡qué importa!: ¿acaso no se puede ir a la derecha, siendo eso tan ventajoso? Así, pues, ¡alineación derecha! Por otra parte, “la gente humilde y la de posición modesta de la población urbana” de la “segunda curia”, la intelectualidad, los dependientes de comercio, etc. han podido radicalizarse bastante, sobre todo en relación con los acontecimientos que vienen desarrollándose con fuerza creciente debido a la matanza del Lena.

Los demócratas constitucionalistas se sienten culpables de graves pecados políticos; han intentado con demasiada frecuencia traicionar la causa de la “libertad popular”, y también ahora -¡Dios es testigo!- correrían de buena gana a las antesalas ministeriales si estuviesen seguros de que les iban a abrir las puertas. Pero por eso precisamente las capas democráticas urbanas empiezan a mirarles con malos ojos. ¿Acaso hace falta añadir que es un tanto peligroso aparecer ante esos electores sin ponerse una careta, con la propia fisonomía de traidores liberales? Pero, en tal caso, ¿qué se puede idear para la población urbana radicalizada, que ya se está apartando de los demócratas constitucionalistas, pero que todavía no se ha acercado a los socialdemócratas? Naturalmente, la niebla progresista... es decir, el sin-partidismo progresista. ¡Oh, no vayáis a pensar que los progresistas son demócratas constitucionalistas! No, nada de eso. Ellos se limitarán a votar por los candidatos demócratas constitucionalistas; ellos sólo son los mandaderos “sin partido” de los demócratas constitucionalistas... ¡Y estos últimos jalean a los progresistas “sin partido”: no se puede proceder de otra forma; hay que orientarse hacia la izquierda, aunque sea de palabra, volviendo la vista en dirección al... sin-partidismo. Así, pues, ¡alineación izquierda! Por una parte..., por otra parte..., más a la derecha..., más a la izquierda... Tal es la política del partido del engaño liberal al pueblo, del partido de los demócratas constitucionalistas. Engañar a los electores: ése es el medio en el que cifrarán sus esperanzas los liberales de Rusia. Y -hay que subrayar esto- la charlatanería sin- partidista puede desempeñar un papel importante en las elecciones. Puede desempeñar un papel importante si los socialdemócratas no arrancan la careta a los señores liberales enmascarados, si no sostienen una enérgica campaña con vistas a las próximas elecciones, si no vuelcan todas sus fuerzas para hacer que las capas democráticas urbanas se unan estrechamente en torno al jefe del movimiento liberador, en torno al proletariado ruso.

Publicado con la firma de K. Solin el 19 de abril de 1912 en el núm. 32 del periódico “Zviezdá”, de Petersburgo. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.