¡”Riech” se ha “equivocado” una vez más! Resulta que “no esperaba” del “gobierno” unas explicaciones “faltas de tacto” con motivo de las ferocidades del Lena. ¿Saben ustedes?, “Riech” “esperaba” que el ministro Makárov recabase “responsabilidad legal” para los Tréschenko. ¡Y de pronto aparece la declaración de Makárov diciendo que Tréschenko tiene razón, y que en adelante se seguirá fusilando a los obreros! “Nos hemos equivocado”, observa con hipócrita desolación a este propósito el periódico liberal “Riech” (v. “Riech” del 12 de abril). ¡Pobres demócratas constitucionalistas!, ¡cuántas veces no se habrán “equivocado” al confiar en el gobierno! No hace aún mucho, “pensaban” que en Rusia había una Constitución; y en todas las lenguas juraban ante Europa que “nuestro gobierno de unificación” era “plenamente constitucional”. Eso era en Londres, lejos de Rusia. Pero les bastó regresar a Rusia, al país de los “en vista de” y lo “ordeno y mando”, para reconocer su “error” y “desengañarse”. No hace aún mucho, “creían” que Stolypin había conseguido llevar el país por la vía de la “renovación” parlamentaria. Pero bastó que Stolypin aplicase el famoso artículo 87102, para que los demócratas constitucionalistas de nuevo se lamentasen de sus “errores” y “malentendidos”.

¿Hace, acaso, mucho que los demócratas constitucionalistas trazaban un paralelo entre el gobierno ruso (recodad la huelga de los obreros portuarios) y el inglés en cuanto a su actitud ante las huelgas? Pero bastó que se produjese el drama del Lena para que entonasen una vez más su farisaico “nos hemos equivocado”. Y cosa sintomática: ¡sus “errores” y sus “desengaños” no hacen más que aumentar, pero su táctica de coqueteo con el gobierno sigue siendo la misma! ¡Pobres, pobres demócratas constitucionalistas! Por lo visto, “cuentan” con hallar lectores ingenuos que crean en su sinceridad. “Suponen” que la población no advierte sus reverencias lacayunas ante los enemigos de la emancipación de Rusia. No saben aún que si hasta el presente “se han equivocado” a cada paso en las esperanzas que cifraban en el gobierno, ahora les queda “desengañarse” de las masas de la población, que comprenderán, al fin, su carácter contrarrevolucionario y les volverán la espalda. ¿A quién engañarán entonces los señores demócratas constitucionalistas? Servilismo ante el gobierno, fariseísmo ante el país: ¿por qué, pues, se les llama “partido de la libertad popular”?

Publicado con la firma de S. el 15 de abril de 1912 en el núm. 30 del periódico “Zviezdá”, de Petersburgo. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.