Las reivindicaciones del pueblo ruso, planteadas por el movimiento del año 1905, no han sido satisfechas. El desarrollo de la reacción y del “régimen renovado”, lejos de satisfacer estas reivindicaciones, las ha hecho aún más perentorias. Con frecuencia los obreros no sólo no pueden declararse en huelga, pues nada les garantiza que no se va a abrir fuego contra ellos por eso; no sólo no pueden organizar sindicatos y asambleas, pues nada les garantiza que no van a ser detenidos por eso; tampoco pueden elegir diputados a la Duma, ya que de todas formas se les aplicarán las “aclaraciones” o se los deportará: ¿no se les aplicó las “aclaraciones” días atrás a los obreros de la fábrica Putílov y a los obreros de los astilleros del Neva? Eso sin hablar de las decenas de millones de campesinos hambrientos, entregados a la arbitrariedad de los terratenientes y de los funcionarios de los zemstvos... Todo eso indica la necesidad de que sean satisfechas las reivindicaciones de 1905. El estado de la vida económica de Rusia, los síntomas ya manifiestos de la futura crisis industrial y la depauperación cada vez mayor de vastas capas del campesinado hacen imperiosa la necesidad de realizar las tareas de 1905. Por eso opinamos que Rusia se halla en vísperas de inminentes movimientos de masas, tal vez más profundos que en el año 1905. Así lo evidencian las acciones relacionadas con los sucesos del Lena, las huelgas de protesta contra las “aclaraciones”, etc. El iniciador de estos movimientos será, como lo fue en 1905, la clase más avanzada de la sociedad rusa: el proletariado ruso. Y su aliado puede ser solamente la martirizada masa campesina, vitalmente interesada en la emancipación de Rusia.

Una lucha en dos frentes -contra el régimen burocrático-feudal y contra la burguesía liberal, que busca una alianza con el viejo Poder- es la forma que deben tomar las futuras acciones del pueblo. Y esta lucha sólo será victoriosa siempre y cuando la clase obrera actúe a la cabeza del movimiento popular... Mas, para que la clase obrera pueda cumplir dignamente el papel de jefe del movimiento popular, debe ser armada con el conocimiento de sus intereses y con una gran organización. La tribuna de la Duma es precisamente uno de los mejores medios, en las actuales condiciones, para educar y organizar a las grandes masas del proletariado. Precisamente para eso enviamos a la Duma a nuestro diputado, encargando, tanto a él como a toda la minoría socialdemócrata de la IV Duma, que den amplia difusión desde la tribuna de la Duma a nuestras reivindicaciones, y no se dediquen a un estéril juego legislativo en la Duma de los señores. Nosotros quisiéramos que la minoría socialdemócrata de la IV Duma y nuestro diputado, en particular, mantuviesen bien alta la bandera de la clase obrera en el campo hostil de la Duma negra. Nosotros quisiéramos que desde lo alto de la tribuna de la Duma resonasen con fuerza las voces de los miembros de la minoría socialdemócrata, hablando del objetivo final del proletariado, de las reivindicaciones íntegras y completas del año 1905, de la clase obrera rusa como jefe del movimiento popular, del campesinado como el aliado más seguro de la clase obrera, de la burguesía liberal como traidora a la “libertad popular”. Nosotros quisiéramos que en su actuación sobre la base de las consignas mencionadas la minoría socialdemócrata de la IV Duma se mantuviese cohesionada y unida. Quisiéramos que extrajera sus fuerzas del contacto permanente con las grandes masas. Quisiéramos que fuese al paso de la organización política de la clase obrera de Rusia.

Editado como hoja en la primera quincena de octubre de 1912. Se publica de acuerdo con el texto de la hoja.