1. Las elecciones de apoderados Lo que más distingue el estado de ánimo de los obreros, en comparación con 1907, es el gran interés que manifiestan hoy por las elecciones. A excepción de pequeños grupos diseminados acá y allá por las empresas, se puede afirmar con toda seguridad que no hay en absoluto tendencias de boicot. Obújov no ha boicoteado las elecciones: no ha podido votar porque así se le ha antojado a su administración. Los astilleros del Neva han sido el único sitio donde los boicoteadores han actuado de una forma organizada, pero también aquí la aplastante mayoría de los obreros se ha pronunciado en favor de la participación. Las grandes masas obreras se han manifestado por las elecciones. Es más, han hecho lo posible para que se les permitiera votar y han votado con gran interés, siempre que no se les ha puesto obstáculos insuperables. Así lo evidencian, entre otras cosas, las recientes protestas de masas contra las “aclaraciones”... Se ha elegido de un modo casi exclusivo a socialdemócratas o a personas cercanas a ellos. Por causas ajenas a nuestra voluntad, sólo en algunas empresas se ha conseguido propagar con amplitud la plataforma, de la democracia obrera consecuente, tanto más cuanto que los liquidadores ocultaban prudentemente a los obreros su propia plataforma. Pero en todas partes donde eso se ha logrado hacer, los obreros han aprobado como “mandato” la plataforma de los antiliquidadores. En tales casos, los liquidadores -evidentemente, sin el menor respeto a sí mismos ni a sus puntos de vista- declaraban que, “en esencia, ellos también están a favor de tal mandato” (astilleros del Neva), pero a la vez proponían “enmiendas” sobre la libertad de asociación, que eran rechazadas como superfluas. Por consiguiente, se ha elegido, sobre todo, “teniendo en cuenta a las personas”. Y la abrumadora mayoría de los apoderados han resultado ser socialdemócratas o personas cercanas a ellos. La socialdemocracia es el único portavoz de los intereses de la clase obrera: eso es lo que demuestran las elecciones de apoderados.

2. Las elecciones de compromisarios De los 82 apoderados reunidos, había 26 antiliquidadores declarados y 15 liquidadores netos; los restantes eran “simplemente socialdemócratas”, personas cercanas a los socialdemócratas e izquierdistas sin partido. ¿Por quién se pronunciarían esos 41 apoderados?, ¿qué línea política aprobarían?: ésa era la cuestión que interesaba, ante todo, a las “fracciones”. La Asamblea de apoderados se ha pronunciado, por mayoría aplastante, a favor del mandato propuesto por los partidarios de “Pravda”. Con ello la Asamblea ha definido su fisonomía. Ha triunfado la línea política de los antiliquidadores. El intento de los liquidadores de impedir ese triunfo ha fracasado. Si tuvieran honestidad política, si respetaran sus propios puntos de vista, los liquidadores habrían retirado a sus candidatos, cediendo todos los puestos a los partidarios de “Pravda”. Pues era claro de por sí que sólo podían ser candidatos los partidarios del mandato. Únicamente unos fracasados políticos podían, siendo adversario del mandato, presentarse como defensores del mismo. ¡Y los liquidadores obraron así! Ocultando ante los apoderados sus puntos de vista, haciéndose pasar de momento por “partidarios del mandato”, fingiendo “no tener nada contra” el mandato aprobado, jugando a la unidad y quejándose de los antiliquidadores como de unos escisionistas, trataban de enternecer a los apoderados que no pertenecían a ninguna de las dos fracciones y de “hacer pasar” como fuese a sus hombres. Y, efectivamente, han conseguido hacerlos pasar, engañando a los apoderados. Se ha visto claro que el aventurerismo de los liquidadores no tiene límites. No menos claro se ha visto que la línea política de “Pravda”, y sólo ella, cuenta con la simpatía del proletariado de Petersburgo, y que, de acuerdo con la voluntad de los apoderados, únicamente puede ser diputado de los obreros un partidario de “Pravda”. No deseábamos mayor victoria...

3. Dos unidades Antes de pasar a hablar de la elección del diputado, hay que decir dos palabras acerca de esa “unidad” que en la elección de compromisarios ha desempeñado un papel nefasto y a la cual los liquidadores se agarran como a un clavo ardiendo. Trotski escribía hace poco en “Luch” que “Pravda” estuvo en un tiempo a favor de la unidad, pero que ahora está en contra de ella. ¿Es cierto esto? Sí y no. Es cierto que “Pravda” estuvo a favor de la unidad. No es cierto que ahora esté en contra de la unidad: “Pravda” siempre exhorta a la democracia obrera consecuente a la unidad. Entonces, ¿qué ocurre? Pues que “Pravda”, por un

lado, y “Luch” y Trotski, por otro, entienden la unidad de manera completamente distinta. Hay, evidentemente, diferentes clases de unidad. “Pravda” considera que sólo pueden ser unidos en un todo los bolcheviques y aquellos mencheviques que están por el Partido. ¡Unidad sobre la base del deslinde con los elementos contrarios al Partido, con los liquidadores! “Pravda” siempre ha estado y estará en favor de esa unidad. Trotski, en cambio, considera la cuestión de modo distinto: mete en un mismo saco a todos, tanto a los que quieren liquidar el Partido como a los que están por éste. Y, naturalmente, no obtiene unidad alguna: ¡lleva ya cinco años entregado a esa predica pueril, exhortando a unir lo que no tiene unión posible, y ha conseguido que tengamos dos periódicos, dos plataformas, dos Conferencias y ni pizca de unidad entre la democracia obrera y los liquidadores! Mientras que los bolcheviques y aquellos mencheviques que están por el Partido se unen más y más en un todo único, los liquidadores abren un abismo entre ellos y este todo único. La práctica del movimiento confirma el plan de unidad que defiende “Pravda”. La práctica del movimiento desbarata el plan pueril de Trotski de unir lo que no tiene unión posible. Es más. De propugnador de una unidad fantástica, Trotski se convierte en un servidor de los liquidadores, que lleva a cabo una obra grata a los liquidadores. Trotski ha hecho todo lo posible para que tengamos dos periódicos que compiten entre sí, dos plataformas que rivalizan entre sí, dos Conferencias que se niegan recíprocamente; ¡y ahora ese campeón de falsa musculatura nos viene con la cantilena de la unidad! Esto no es unidad, sino fingimiento, digno de un comediante. Y si ese fingimiento ha permitido la elección de tres compromisarios de los liquidadores, ha sido porque en tan poco tiempo no se podía desenmascarar a esos comediantes de la unidad, que han ocultado su bandera a los obreros...

4. La elección del diputado De aquí que no sea difícil comprender de qué “unidad” podían hablar los liquidadores, cuando se dirigían a los partidarios de “Pravda” con la propuesta de votar a un solo candidato a la Duma. Simplemente, proponían votar por el candidato de los liquidadores, en contra de la voluntad de los apoderados, en contra del mandato del proletariado de Petersburgo. ¿Qué podían contestar a esto los partidarios de “Pravda” como no fuese que el mandato de los apoderados es sagrado y que sólo puede ser diputado un partidario del mandato? ¿Burlar la voluntad de los apoderados en favor de la falta de principios de los liquidadores o pasar por encima de los caprichos de estos últimos en favor del mandato del proletariado de Petersburgo? “Luch” vocifera, acusando a “Pravda” de escisionismo, y calumnia a los compromisarios; pero ¿por qué los liquidadores no se han mostrado de acuerdo con echar a suertes entre los seis compromisarios de los obreros, como les había propuesto “Pravda”? En interés de una candidatura única de los obreros, llegamos a hacer incluso tal concesión; pero ¿por qué, preguntamos, los liquidadores han desechado la propuesta? ¿Por qué los partidarios de “Luch” han preferido seis candidaturas a la Duma a una sola? ¿Tal vez en interés de la “unidad”? “Luch” dice que Gudkov propuso como candidato a Badáiev, partidario de “Pravda”, mas -añade modestamente el periódico liquidador- la propuesta no fue aceptada.

Pero ¿acaso los liquidadores de “Luch” han olvidado que fue su partidario Petrov, y no un “pravdista”, quien rehusó retirar su candidatura, demostrando así en la práctica la inclinación de los liquidadores por la “unidad”? ¡Y a eso, no obstante, se le llama unidad! ¿Tal vez el hecho de que otro partidario de “Luch”, Gudkov, presentara su candidatura después de haber sido elegido ya el partidario de “Pravda”, Badáiev, también es señal de unidad? ¿Quién va a creerlo? “Luch” hace de un modo farisaico la propaganda de Sudakov, individuo sin fisonomía política, diciendo que había retirado su candidatura en interés de la unidad. Pero ¿acaso “Luch” no sabe que Sudakov no podía simplemente presentar su candidatura, ya que en su favor sólo hubo dos papeletas? ¿Cómo calificar a un periódico que se atreve a mentir a la vista de todos? Una política sin principios: ¿acaso es ésa la única “virtud” de los liquidadores? Los liquidadores han tratado de llevar a la Duma a su candidato por la voluntad de los demócratas constitucionalistas y de los octubristas y en contra de la voluntad de los obreros de Petersburgo. Pero ¿acaso “Luch”, que no tiene ningún contacto con las masas obreras, no comprende que los obreros de Petersburgo negarían su confianza a semejante diputado?

Publicado con la firma de K. St. El 24 de octubre de 1912 en el núm. 151 del periódico “Pravda”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.