Se han puesto en claro definitivamente los resultados de las elecciones en la curia obrera. De los seis compromisarios, tres son liquidadores y los otros tres partidarios de “Pravda”. ¿A quién de ellos presentar a diputado? ¿A quién, propiamente, habría que presentar? ¿Ha dado a este respecto algunas indicaciones la Asamblea de apoderados? Los liquidadores han conseguido que fuesen elegidos sus partidarios porque ocultaron a los apoderados sus puntos de vista, velaron las discrepancias, jugando a la “unidad”. Los apoderados sin partido, a quienes no les gustan las discrepancias, creyeron en sus palabras y les apoyaron. Pero por mucho que los liquidadores se hayan esforzado en enturbiar el agua, en una cuestión -la más importante- se puso de manifiesto la voluntad de los apoderados. Nos referimos al mandato. La Asamblea de apoderados aprobó por aplastante mayoría un mandato concreto al diputado, el mandato propuesto por los partidarios de “Pravda”. En su información sobre las elecciones, “Luch” silencia este hecho, pero no consigue ocultar a los lectores la verdad, conocida por todos los apoderados. No consentiremos que “Luch” desvirtúe la voluntad de los apoderados. El mandato es una directiva que se da al diputado. El mandato es el que hace al diputado. A tal mandato, tal diputado. ¿Qué es lo que dice el mandato propuesto por las grandes fábricas de Petersburgo y aprobado por la Asamblea de apoderados? El mandato habla, ante todo, de las tareas del año 1905, de que esas tareas quedaron sin realizar, de que la situación económica y política del país hace inevitable que sean realizadas. Según el mandato, la emancipación del país puede conseguirse por la lucha, por la lucha en dos frentes: contra los vestigios burocráticos feudales, por una parte, y contra la traidora burguesía liberal, por otra.

Además, sólo los campesinos pueden ser los aliados seguros de los obreros. Pero la lucha no puede ser victoriosa sino a condición de que la hegemonía (el papel dirigente) corresponda al proletariado. Cuanto mayores sean la conciencia y la organización de los obreros, tanto mejor cumplirán éstos el papel dé jefe del pueblo. Y como la tribuna de la Duma es, en las condiciones actuales, uno de los mejores medios de organización y educación de las masas, los obreros envían a la Duma a su diputado para que él y toda la minoría socialdemócrata de la IV Duma defiendan los objetivos fundamentales del proletariado, las reivindicaciones íntegras y completas del país... Tal es el contenido del mandato. No es difícil comprender que este mandato difiere radicalmente de la “plataforma” de los liquidadores: todo él es antiliquidador: Y la cuestión que se planteaos ésta: si los liquidadores, pese a todo, se atreven a presentar su candidato a diputado, ¿qué hacer con el mandato, al que debe ajustarse el diputado, una vez que existe al respecto una decisión concreta del Congreso de apoderados? Un mandato antiliquidador, llevado a la práctica por un liquidador: ¿llegarán a tal bochorno nuestros liquidadores? ¿Se dan cuenta de que el juego a la “unidad” los ha llevado a un callejón sin salida? ¿O, tal vez, piensan violar el mandato, relegarlo al olvido? Pero, ¿y la voluntad de los apoderados, en cuya defensa se levantarán, sin duda, los obreros de Petersburgo? ¿Se atreverán los liquidadores a pisotear la voluntad de los apoderados? Los liquidadores hablan aún de su victoria, pero ¿se dan cuenta de que el mandato les ha infligido una derrota mortal al subrayar que sólo puede ser diputado un antiliquidador?

Publicado con la firma de K. St. el 19 de octubre de 1912 en el núm. 141 del periódico “Pravda”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.