Hoy son las elecciones en Petersburgo. Las elecciones de la segunda curia. Luchan dos campos: los socialdemócratas y los demócratas constitucionalistas. Los electores deben decidir a quién confían la suerte del país. ¿Qué quieren los socialdemócratas? ¿Qué quieren los demócratas constitucionalistas? Los socialdemócratas, como representantes de la clase obrera, aspiran a liberar a la humanidad de toda explotación. Los demócratas constitucionalistas, como representantes de la burguesía liberal, edifican su porvenir sobre la explotación del hombre por el hombre, una explotación pulida -cierto-, pero que no por eso deja de ser explotación. Los socialdemócratas consideran que el problema de la renovación del país ha quedado sin resolver, que hay que resolverlo, y resolverlo con los esfuerzos del propio país. En cambio, los demócratas constitucionalistas opinan que huelga hablar de renovación, ya que, “gracias a Dios, tenemos una Constitución”... Los socialdemócratas consideran que, en el camino de su renovación, Rusia se ha dividido en dos: la Rusia vieja, la Rusia oficial, y la Rusia nueva, la Rusia del futuro. En cambio, los demócratas constitucionalistas opinan que, después de haber sido “otorgada la Constitución”, “tal contraposición” de las dos Rusias “ya no es posible”, pues “Rusia es una”. Conclusión única: su ideal constitucionalista ya se ha realizado. No se sienten estrechos en el marco del decreto del 3 de junio. He aquí, por ejemplo, lo que decía Miliukov en un banquete celebrado en Londres en 1909, en el cual “representaban” con él a Rusia el octubrista Guchkov y el cien-negrista “moderado” Bóbrinski: “Tenéis ante vosotros a hombres de convicciones políticas de muy diversos matices, pero estas diferencias, complementándose unas con otras, representan nuestro gran ideal de la Rusia constitucional” (v. el libro de I. Efrémov “Los representantes del pueblo ruso” etc., pág. 81). Por consiguiente, el cien-negrista Bóbrinski, “complementa” al demócrata constitucionalista Miliukov en interés... de la “libertad popular”: tal es, a lo que se ve, el “gran ideal” de los demócratas constitucionalistas.

En el banquete de Londres no hubo ni un solo representante de los obreros, ni un solo representante de los campesinos, pero los “grandes ideales” de los demócratas constitucionalistas pueden prescindir, a lo que se ve, de los obreros y de los campesinos... La Constitución de los Bóbrinski, de los Guchkov y de los Miliukov, sin representantes de los obreros, sin representantes de los campesinos: ¡ahí tenéis los “ideales” de los demócratas constitucionalistas! ¿Puede extrañar, después de eso, que los demócratas constitucionalistas hayan votado en la tercera Duma: 1) por un presupuesto antipopular, 2) por los impuestos indirectos, 3) por las asignaciones para cárceles, etc.? ¿Puede extrañar, después de eso, que los demócratas constitucionalistas se pronuncien contra las reivindicaciones de los obreros, de los campesinos y de toda la democracia? ¿Puede extrañar, después de eso, que los demócratas constitucionalistas, por boca de Maklakov, hayan exigido que se reprima el movimiento estudiantil con “más energía, severidad y dureza” y hayan calificado en “Riech” de “motín espontáneo” la huelga pacífica de los obreros del Lena?

No, ése no es el partido de la “libertad popular”, sino el partido de los traidores a la “libertad popular”. Esa gente sólo es capaz de chalanear con la burocracia a espaldas del pueblo. Las “negociaciones” con Witte, Stolypin y Trépov, y ahora con Sazónov, no son, en manera alguna, fruto del azar. Esa gente sólo es capaz, en alianza con la ultrarreacción, de hacer fracasar a los socialdemócratas en las elecciones en Járkov, Kostromá, Ekaterinodar y Riga. Confiar la suerte del país a esa gente es lo mismo que entregarlo al escarnio de los enemigos. Expresamos nuestra seguridad de que los electores que se estimen a sí mismos no ligarán su honor a la suerte de los demócratas constitucionalistas. ¡Que sufran hoy los demócratas constitucionalistas el castigo que merecen por sus graves pecados contra el pueblo ruso! ¡Electores obreros! ¡Votad por los representantes de vuestros intereses, por los socialdemócratas! ¡Electores empleados de comercio! ¡No votéis por los demócratas constitucionalistas, que no han hecho caso de la cuestión de vuestro descanso; votad por los socialdemócratas, los únicos defensores consecuentes de vuestros intereses! ¡Electores polacos! ¡Tratáis de obtener el derecho

al libre desarrollo nacional; recordad que la libertad de las nacionalidades es inconcebible sin la libertad general, y los demócratas constitucionalistas traicionan la libertad! ¡Electores judíos! ¡Queréis conseguir la igualdad de derechos para los judíos, pero recordad que los Miliukov, que se entienden con los Bóbrinski, y los demócratas constitucionalistas, que forman bloques con las derechas, no harán nada por la igualdad de derechos! Por los traidores a la libertad popular o por los defensores de ella, por los demócratas constitucionalistas o por los socialdemócratas: ¡elegid, ciudadanos!

Publicado con la firma de K. St. el 25 de octubre de 1912 en el núm. 152 del periódico “Pravda”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.