(Carta del Cáucaso) Entre los acuerdos que han perpetuado la gloria de la Conferencia de los liquidadores, el relativo a la “autonomía cultural-nacional” ocupa un lugar destacado. Helo aquí: “Habiendo oído la comunicación hecha por la delegación caucasiana acerca de que tanto en la última Conferencia de las organizaciones caucasianas del P.O.S.D.R. como en los órganos de prensa de dichas organizaciones, se ha puesto en claro que en opinión de los camaradas caucasianos es necesario plantear la reivindicación de la autonomía nacional- cultural, la Conferencia, sin pronunciarse acerca del fondo de esta reivindicación, hace constar que tal interpretación del punto del programa del Partido en que se reconoce a cada nacionalidad el derecho de autodeterminación, no va en contra del sentido preciso de dicho programa, y expresa el deseo de que la cuestión nacional sea incluida en el orden del día del próximo Congreso del P.O.S.D.R.” Este acuerdo no sólo tiene importancia por ser la expresión de las maniobras oportunistas de los liquidadores ante la oleada nacionalista que se ha alzado; la tiene, además, porque en su texto cada frase es oro puro.

¿Qué no vale por ejemplo, la declaración de que la Conferencia, “sin pronunciarse acerca del fondo de esta reivindicación”, sin embargo, “hace constar” y resuelve? '¡Así sólo se “resuelve” en las operetas! O la frase de que “tal interpretación del punto del programa del Partido en que se reconoce a cada nacionalidad el derecho de autodeterminación, no va en contra del sentido preciso de dicho programa”. ¡Reflexionad un momento! El referido punto del programa (el punto 9) habla de la libertad de las nacionalidades, del derecho de las nacionalidades a desarrollarse libremente, de la obligación del Partido de combatir toda violencia contra ellas. Hablando en términos generales, el derecho de las nacionalidades, según el sentido de este punto, no debe ser limitado, y puede llegar tanto a la autonomía y la federación como hasta la separación. ¿Quiere esto decir que para el Partido sea indiferente y por igual aceptable que una nacionalidad dada resuelva sus destinos en cualquier forma, en favor del centralismo o del separatismo? ¿Quiere esto decir que solamente sobre la base del derecho abstracto de las nacionalidades, “sin pronunciarse acerca del fondo de esta reivindicación”, cabe recomendar, aunque sea indirectamente, a unas la autonomía, a otras la federación y a otras la separación?

La nacionalidad, decide sus destinos, pero ¿quiere decir eso que el Partido no deba influir sobre la voluntad de la nacionalidad en el sentido de que ésta adopte la decisión que mejor corresponda a los intereses del proletariado? El Partido está por la libertad de conciencia, por el derecho de los hombres a profesar cualquier religión. ¿Se puede deducir de aquí, que el Partido deba estar a favor del catolicismo en Polonia, a favor de la religión ortodoxa en Georgia, a favor de la religión gregoriana en Armenia, y que no deba luchar contra estas concepciones del mundo? ... ¿Y no está claro de por sí que el punto 9 del programa del Partido y la autonomía cultural-nacional son dos cosas completamente distintas, que pueden “ir en contra” la una de la otra, en la misma medida, por ejemplo, que la pirámide de Keops y la famosa Conferencia de los liquidadores? Pues bien, precisamente con esos equilibrios en la cuerda floja es como la Conferencia “resuelve” la cuestión. En el referido acuerdo de los liquidadores, lo más importante es la descomposición ideológica existente entre los liquidadores caucasianos, que han traicionado la vieja bandera del internacionalismo en el Cáucaso y han conseguido que la Conferencia tomase dicho acuerdo.

El viraje de los liquidadores caucasianos hacia el nacionalismo no es casual. Hace mucho que comenzaron a liquidar las tradiciones del Partido. La supresión de la “parte social” del programa mínimo, la eliminación de la “hegemonía del proletariado” (v. “Diskussionni Listok”, núm. 2), la proclamación del Partido clandestino organización auxiliar adjunta a las organizaciones legales (v. “Dnievnik”, núm. 9); todo eso son cosas harto conocidas. Ahora le ha tocado el turno a la cuestión nacional. Desde, el comienzo mismo de su aparición (a principios de la década del 90), las organizaciones del Cáucaso tuvieron un carácter rigurosamente internacionalista. Una organización única de los obreros georgianos, rusos, armenios y musulmanes, que sostenían una lucha común contra los enemigos: tal era el cuadro que ofrecía la vida del Partido... En 1903, en el primer Congreso de las organizaciones socialdemócratas del Cáucaso (propiamente hablando, de la Transcaucasia), Congreso de constitución, que dio comienzo a la Unión del Cáucaso, fue de nuevo proclamado el principio internacionalista en la estructura de la organización, como el único acertado. Desde entonces la

socialdemocracia del Cáucaso se ha desarrollado en lucha contra el nacionalismo. Los socialdemócratas georgianos lucharon contra “sus” nacionalistas, contra los nacional-demócratas y los federalistas; los socialdemócratas armenios contra “sus” dashnaktsakanes; los musulmanes contra los panislamistas. Y en la lucha contra todos ellos ampliaba y fortalecía sus organizaciones la socialdemocracia del Cáucaso, independientemente de las fracciones... En el año 1906, en la Conferencia regional del Cáucaso, salió a relucir por primera vez la cuestión de la autonomía cultural-nacional. La planteó, exigiendo un acuerdo en sentido positivo, el grupito de delegados de Kutaís. La cuestión fue “rechazada estrepitosamente”, como se decía entonces, porque, entre otras razones, contra ella intervinieron de modo igualmente tajante ambas fracciones, en la persona de Kostrov y del que escribe estas líneas. Se decidió que la llamada “autonomía regional del Cáucaso” era la mejor solución de la cuestión nacional, la que mejor correspondía a los intereses del proletariado caucasiano unido en la lucha. Sí, así era en el año 1906. Y este acuerdo se reiteró en las Conferencias sucesivas, siendo defendido y popularizado tanto en la prensa caucasiana menchevique como en la bolchevique, en la legal y en la clandestina... ¡Pero he aquí que llega el año 1912 y “resulta” que “nosotros” necesitamos la autonomía cultural- nacional, naturalmente (¡naturalmente!) en interés del proletariado ¿Qué pasa? ¿Qué ha cambiado? ¿Tal vez el proletariado caucasiano se ha hecho menos socialista? ¡Pero entonces es tanto más insensato alzar entre los obreros barreras nacionales en el terreno de la organización y en el terreno “cultural”!

¿Tal vez se ha hecho más socialista? Pues, en tal caso, ¿cómo denominar a esos “socialistas”, con perdón sea dicho, que de modo artificial levantan y refuerzan unas barreras que se están viniendo abajo y que maldita la falta que le hacen a nadie?.. Así, pues, ¿qué pasa? Lo que pasa es que el Kutaís campesino ha arrastrado a los “octubristas socialdemócratas” de Tiflis. Los asuntos de los liquidadores del Cáucaso ha de regirlos desde ahora el campesino de Kutaís, asustado por el belicoso nacionalismo. Los liquidadores caucasianos no han podido resistir la oleada nacionalista; han dejado caer por tierra la probada bandera del internacionalismo y... han ido a mecerse “en las olas” del nacionalismo, arrojando por la borda el último tesoro: “¿para qué sirve?; es una bagatela sin valor”... Pero quien ha dicho A, deberá decir también B: ¡todo tiene su lógica! Tras la autonomía nacional- cultural georgiana, armenia, musulmana (¿y rusa?) de los liquidadores caucasianos, vendrán los partidos de los liquidadores georgianos, armenios, musulmanes y otros. En lugar de una organización común, vendrán diferentes organizaciones por nacionalidades, por decido así, el “Bund” georgiano, el armenio y otros. ¿No es a eso a lo que llevan con su “solución” de la cuestión nacional los señores liquidadores caucasianos? Bien, podemos desearles audacia. ¡Que hagan lo que quieren hacer! En todo caso, podemos asegurarles que otra parte de las organizaciones caucasianas, los defensores del Partido entre los socialdemócratas georgianos, rusos, armenios y musulmanes, romperán de manera resuelta con los señores nacional-liquidadores, con estos traidores a la gloriosa bandera del internacionalismo en el Cáucaso.

Publicado con la firma de K. St. el 12 (25) de enero de 1913 en el núm. 30 del periódico “Social- Demokrat”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.