¡Camaradas! Ha pasado un año desde el día en que 500 camaradas nuestros fueron asesinados en el Lena. El 4 de abril de 1912, obedeciendo órdenes del zar ruso y para complacer a un puñado de millonarios, 500 hermanos nuestros fueron asesinados en los placeres del Lena por haber declarado una huelga económica pacífica. El capitán de gendarmes Tréschenko, que en nombre del zar perpetró este acto de bandidaje y que ha recibido altas recompensas del gobierno y una espléndida gratificación de los dueños de los placeres, recorre ahora los cabarets aristocráticos en espera de que le nombren jefe de una sección de la Ojrana. En los momentos de apuro prometieron conceder un socorro a las familias de los muertos, pero vemos que mintieron cínicamente. Prometieron implantar el seguro social del Estado para los obreros del Lena, pero fue un engaño. Prometieron “investigar” el asunto, pero, en realidad, archivaron hasta la encuesta hecha por su propio enviado, el senador Manujin. “Así fue y así será”, lanzó desde la tribuna de la Duma el ministro verdugo Makárov. Y tenía razón: el zar y sus gobernantes han sido y serán unos embusteros, unos perjuros, unos asesinos sanguinarios, una camarilla que cumple la voluntad de un puñado de bárbaros terratenientes y millonarios.

El 9 de enero de 1905, en la plaza del Palacio de Invierno, en Petersburgo, fue fusilada la fe en la vieja autocracia, en la autocracia anterior a la revolución. El 4 de abril de 1912, en el lejano Lena, fue fusilada la fe en la autocracia “renovada” de nuestros días, en la autocracia posterior a la revolución. Quien haya creído que en nuestro país existe un régimen constitucional, quien haya pensado que no son ya posibles las ferocidades de otros tiempos, se habrá persuadido de que no es así; que la banda zarista atropella como antes al gran pueblo ruso; que la monarquía de Nicolás Románov exige, como antes, que se inmole en su altar a centenares y millares de obreros y campesinos rusos; que en toda Rusia se oye, como antes, el chasquido de las fustas y el silbar de las balas de los mercenarios zaristas, de los Tréschenko, que se ejercitan disparando sobre inermes ciudadanos rusos. La matanza del Lena abrió una nueva página en nuestra historia. El cáliz de la paciencia se colmó. Rompióse el dique que contenía la indignación popular. Se puso en marcha el río de la cólera del pueblo.

Las palabras del lacayo zarista Makárov - “Así fue y así será”- echaron leña al fuego. Surtieron el mismo efecto que en 1905 la orden de otro perro zarista, Trépov: “¡No escatimar cartuchos!” Se agitó, encrespado, el mar obrero. Y los obreros rusos contestaron unánimes a las descargas de Lena con una huelga de protesta, en la que participaron cerca de medio millón de personas. Y enarbolaron, muy alto, nuestra vieja bandera roja, en la que la clase obrera volvió a inscribir las tres reivindicaciones principales de la revolución rusa: Jornada de 8 horas para los obreros. Confiscación de todas las tierras de los terratenientes y del zar para los campesinos. ¡República democrática para todo el pueblo! Atrás queda un año de lucha. Y volviendo la mirada a ese pasado reciente, podemos decir con satisfacción: se ha sentado el comienzo; este año no ha pasado en balde. La huelga declarada con motivo de los sucesos del Lena se fundió con la huelga del Primero de Mayo. La gloriosa jornada del Primero de Mayo de 1912 es una página de oro en la historia de nuestro movimiento obrero. Desde entonces la lucha no cede ni un instante. Se amplía, se extiende la huelga política.

Al fusilamiento de los 16 marinos de Sebastópol, 150.000 obreros contestan con una huelga revolucionaria, proclamando la alianza del proletariado revolucionario con el ejército revolucionario. Contra el falseamiento de las elecciones a la Duma en la curia obrera, el proletariado de Petersburgo protesta recurriendo a la huelga. El día de la apertura de la IV Duma, el día en que la minoría socialdemócrata hace su interpelación sobre los seguros, los obreros de Petersburgo declaran huelgas de 24 horas y celebran manifestaciones. Y, por último, el 9 de enero de 1913 se declaran en huelga unos 200.000 obreros rusos, honrando la memoria de los luchadores caídos y llamando a una nueva lucha a toda la Rusia democrática. Tal es el balance principal de 1912. ¡Camaradas! Se aproxima el primer aniversario de la matanza del Lena. Nosotros debemos hacer oír, estamos obligados a hacer oír nuestra voz, de una u otra forma, en este día. Debemos demostrar que honramos la memoria de nuestros camaradas asesinados. Debemos demostrar que no hemos olvidado la jornada sangrienta del 4 de abril, como tampoco hemos olvidado el domingo sangriento del 9 de enero.

Con mítines, manifestaciones, colectas, etc., es preciso conmemorar en todas partes el aniversario de la matanza del Lena. Que toda la Rusia obrera se funda ese día en un solo clamor: ¡Abajo la monarquía de los Románov! ¡Viva la nueva revolución! ¡Viva la República democrática! ¡Gloria a los combatientes caídos! El Comité Central del P.O.S.D.R.

¡Copiad y difundir esta proclama! ¡Preparad la celebración del Primero de Mayo!

Escrito en enero-febrero de 1913. Se publica de acuerdo con el texto de la proclama, impresa en hectógrafo.