¡Queridos amigos!

¡Por fin recibí su carta! Pensaba que se habían olvidado completamente de este siervo de Dios; pero no, resulta que todavía se acuerdan. ¿Cómo vivo? ¿En qué me ocupo? Vivo mal. No me ocupo casi en nada. ¿Y en qué voy a ocuparme aquí, con la ausencia total o casi total de libros serios?

En lo que se refiere a la cuestión nacional, no solo no tengo "trabajos científicos" sobre esta cuestión (sin contar a Bauer, etc.), sino que ni siquiera puedo suscribirme a los miserables "Problemas nacionales" que se publican en Moscú, por falta de dinero.

Preguntas y temas hay muchos en la cabeza, pero material, ni asomo. Me pican las manos, pero no hay nada que hacer. Preguntan por mi situación financiera. Puedo decirles que en ningún destierro he vivido tan precariamente como aquí.

¿Y por qué preguntan por eso? ¿Acaso ha aparecido casualmente algún dinerito y piensan compartirlo conmigo? Pues bien, ¡adelante! Juro por el perro que eso vendría como anillo al dedo. La dirección para el dinero es la misma que para las cartas, es decir, a nombre de Spandarián.

¿Y qué les parece la salida de Béltov sobre las "ranas"? ¿No es cierto que es una vieja que ha perdido la razón, que parlotea tonterías sobre cosas para ella completamente incomprensibles?

Vi en verano a Grádov con su compañía. Todos se parecen un poco a gallinas mojadas. ¡Vaya "águilas"!...

Por cierto. Su carta la recibí en una forma bastante original: unas 10 líneas tachadas, unas 8 recortadas, y en total la carta no tenía más de 30 líneas. Cosas así...

¿No me enviarán algo interesante en francés o inglés? Aunque sea sobre esa misma cuestión nacional. Les estaría muy agradecido.

Con esto termino.

Les deseo a todos todo lo mejor, lo mejor.

Suyo,

Dzhugashvili

Del archivo de V.D. Mochálov.