26 de Julio - 3 de agosto de 191752

1. Informe sobre la gestión del Comité Central, 27 de julio. Camaradas: El informe sobre la gestión del Comité Central abarca los dos meses y medio últimos: mayo, junio y la primera quincena de julio. La actividad del Comité Central en mayo transcurrió en tres direcciones. En primer término, fue lanzada la consigna de nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. El Comité Central partía de que nuestra revolución se desarrolla por una vía pacífica, de que mediante nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados era posible modificar la composición de los Soviets y, por lo tanto, la del gobierno. Nuestros adversarios nos atribuían el propósito de adueñarnos del Poder. Eso era una calumnia. No abrigábamos semejantes intenciones. Nosotros decíamos que existía la posibilidad de modificar, mediante nuevas elecciones a los Soviets, el carácter de su actividad, a tenor con los deseos de las amplias masas. Veíamos con claridad que bastaba disponer de la mitad más uno de los votos en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, para que el Poder se viese precisado a seguir otro derrotero. Por eso, en mayo, todo el trabajo transcurrió bajo la bandera de las nuevas elecciones.

En resumidas cuentas, conquistamos cerca de la mitad de las actas de la minoría obrera del Soviet y alrededor de 1/4 de la de los soldados. En segundo lugar, la agitación contra la guerra. La condena a muerte de F. Adler nos dio motivo para organizar diversos mítines de protesta contra la pena de muerte y contra la guerra. Los soldados acogieron bien esta campaña. El tercer aspecto de la actividad del Comité Central fueron las elecciones municipales de mayo. El Comité Central y el Comité de Petersburgo consagraron todos los esfuerzos a dar la batalla tanto a los demócratas constitucionalistas -fuerza básica de la contrarrevolución- como a los mencheviques y eseristas, que, voluntaria o involuntariamente, siguen a los demócratas constitucionalistas. De los 800.000 votos de Petrogrado obtuvimos casi el 20%, siendo de señalar que conquistamos por completo la Duma del distrito de Víborg. Los camaradas soldados y marinos prestaron un particular servicio al Partido. Así, pues, mayo transcurrió bajo el signo de: 1) las elecciones municipales, 2) la agitación contra la guerra y 3) las nuevas elecciones al Soviet de Diputados Obreros y Soldados. Junio.

Los rumores sobre la preparación de una ofensiva en el frente ponían nerviosos a los soldados. Aparecieron toda una serie de órdenes, que reducían a la nada los derechos de los soldados. Todo esto electrizaba a las masas. Cada rumor recorría en el acto todo Petrogrado y ponía en conmoción a los obreros y, particularmente, a los soldados. Los rumores de ofensiva; las órdenes del día de Kerenski con la declaración de los derechos del soldado; las medidas para descongestionar Petrogrado de elementos “innecesarios”, según decían las autoridades, aunque estaba claro que lo que se quería era apartar de Petrogrado a los elementos revolucionarios; el desbarajuste económico, que adquiría contornos más y más acusados: todo esto sembraba el nerviosismo entre los obreros y los soldados. En las fábricas se celebraban asambleas, y llovían las propuestas de regimientos y fábricas de que organizáramos una manifestación. Para el 5 de junio se proyectaba una manifestación. Pero el Comité Central dispuso que no se celebrara por el momento y que el día 7 se convocase una asamblea de representantes de los distritos, de las fábricas y de los regimientos y se resolviera en ella el problema de la manifestación.

La asamblea fue convocada y asistieron unas 200 personas. Se evidenció que quienes estaban más inquietos eran los soldados. Por inmensa mayoría de votos se decidió organizar la manifestación. Se puso a discusión el problema de la conducta a seguir en el caso de que el Congreso de los Soviets, inaugurado por aquellos días, se pronunciase contra la manifestación. La inmensa mayoría de los camaradas que hicieron uso de la palabra estimaba que no había fuerza capaz de detener la manifestación. Después de esto, el Comité Central acordó encargarse de organizar una manifestación pacífica. A la pregunta de los soldados de si podrían ir armados, el Comité Central respondió disponiendo que no se fuera con armas. Sin embargo, los soldados opinaban que era imposible ir a la manifestación desarmados, que las armas eran la única garantía efectiva contra los excesos de los burgueses y que llevarían las armas sólo para defensa propia. El 9 de junio, el Comité Central, el Comité de Petersburgo y la Organización Militar celebran una reunión conjunta. El Comité Central plantea si no convendría diferir nuestra manifestación, en vista de que el Congreso de los Soviets y todos los partidos “socialistas” se pronuncian en contra de ella. Todos responden que no.

A las 12 de la noche del 9 de junio, el Congreso de los Soviets hace público un llamamiento, en el que lanza todo el peso de su autoridad contra nosotros. El Comité Central dispone que no se organice el 10 de junio la manifestación y se aplace hasta el 18 de junio, teniendo en cuenta que el mismo Congreso de los Soviets convoca para dicha fecha una manifestación, en la cual las masas podrán expresar su voluntad. Los obreros y los soldados acogen con reprimido descontento esta disposición del Comité Central, pero la cumplen. Es característico, camaradas, que aquel día, el 10 de junio, por la mañana, cuando diversos oradores del Congreso de los Soviets hacían uso de la palabra en las fábricas para “acabar con los intentos de organizar la manifestación”, la inmensa mayoría de los obreros sólo accediera a escuchar a oradores de nuestro Partido. El Comité Central consiguió tranquilizar a los soldados y a los obreros. De este modo se puso de relieve nuestra organización. El Congreso de los Soviets, al convocar la manifestación para el 18 de junio, anunció al mismo tiempo que se celebraría bajo la bandera de la libertad de consignas. Estaba claro que el Congreso había decidido dar la batalla a nuestro Partido. Nosotros aceptamos el reto y nos pusimos a preparar las fuerzas para la proyectada manifestación. Los camaradas saben cómo transcurrió la manifestación del 18 de junio.

Hasta los periódicos burgueses dijeron que la inmensa mayoría de los manifestantes había seguido las consignas de los bolcheviques. La consigna fundamental fue: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Acudieron, por lo menos, 400.000 manifestantes. Sólo tres grupitos -el Bund, los cosacos y los partidarios de Plejánov- se atrevieron a presentar la consigna de “¡Confianza en el Gobierno Provisional!”, y se arrepintieron de ello, porque les obligaron a enrollar sus banderas. El Congreso de los Soviets hubo de convencerse por sus propios ojos de que la fuerza y la influencia de nuestro Partido son muy grandes. Todos quedaron persuadidos de que la manifestación del 18 de junio, más imponente que la del 21 de abril, no pasaría en vano. Y, en efecto, no debía pasar en vano. “Riech” decía que, según todas las probabilidades, se producirían grandes cambios en el gobierno, ya que las masas no aprobaban la política de los Soviets. Mas, precisamente aquel día comenzó la ofensiva de nuestras tropas en el frente, una ofensiva afortunada, y con este motivo empezaron las manifestaciones de los reaccionarios en la Perspectiva Nevski. Esta circunstancia redujo a la nada la victoria moral de los bolcheviques en la manifestación. También quedaron reducidos a cero los posibles resultados prácticos de que hablaban tanto “Riech” como los portavoces oficiales de los partidos gobernantes eserista y menchevique. El Gobierno Provisional quedó en el Poder.

La ofensiva afortunada, los éxitos parciales del Gobierno Provisional y los diversos proyectos de retirada de las tropas de Petrogrado surtieron el consiguiente efecto en los soldados. Estos hechos les permitieron cerciorarse de que el imperialismo pasivo se transformaba en imperialismo activo. Comprendieron que había llegado un período de nuevos sacrificios. El frente reaccionó a su modo a la política de imperialismo activo. A pesar de la prohibición, diversos regimientos pusieron a votación si debían emprender la ofensiva o no. El Alto Mando no comprendió que, en las nuevas condiciones de Rusia y no estando claros los fines de la guerra, no es posible lanzar ciegamente a las masas a una ofensiva. Ocurrió lo que habíamos pronosticado: la ofensiva se vio condenada al fracaso. Las postrimerías de junio y los primeros días de julio transcurren bajo la divisa de la política de ofensiva. Corren rumores de restauración de la pena de muerte, de disolución de diversos regimientos, de apaleamientos en el frente. De allí llegan delegados que informan de detenciones y apaleamientos en sus unidades. Análogas noticias comunican los regimientos de granaderos y de ametralladoras. Todo esto abonó el terreno para una nueva acción de los obreros y los soldados en Petrogrado. Paso a los acontecimientos del 3 al 5 de julio. Los sucesos comienzan el 3 de julio, a las 3 de la tarde, en el local del Comité de Petersburgo. 3 de julio.

Las 3 de la tarde. Reunión de la Conferencia de Petrogrado de nuestro Partido. Se examina el inocuo problema de las elecciones municipales. Llegan dos representantes de un regimiento de la guarnición y declaran de pronto que “tienen decidido actuar esta tarde”, “no pueden tolerar más en silencio que se esté disolviendo regimiento tras regimiento en el frente” y “han enviado ya delegados a las fábricas y a los regimientos”, invitándoles a sumarse a la acción. El camarada Volodarski, representante de la presidencia de la Conferencia, declara en contestación que “en el Partido existe el acuerdo de no ir a la acción, que los miembros del Partido en el regimiento no deben infringir la decisión del Partido”. Las 4 de la tarde. El Comité de Petersburgo, la Organización Militar y el Comité Central del Partido examinan la cuestión y deciden no ir a la acción. La decisión es aprobada por la Conferencia, cuyos miembros van a las fábricas y los regimientos para disuadir a los camaradas. Las 5 de la tarde. Palacio de Táuride. Sesión del Buró del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Por encargo del Comité Central del Partido, el camarada Stalin somete al Buró del Comité Ejecutivo Central una declaración acerca de todo lo sucedido y da cuenta de la decisión de los bolcheviques de no ir a la acción. Las 7 de la tarde. Ante el local del Comité de Petersburgo. Desfilan varios regimientos con

banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Se detienen ante el local del Comité de Petersburgo y piden a los miembros de nuestra organización que “digan algo”. Los oradores bolcheviques Lashévich y Kuráev explican en sus discursos la situación política del momento e invitan a desistir de la acción. Les contestan con gritos de “¡Fuera!”. Entonces los miembros de nuestra organización proponen que se elija una delegación para exponer los deseos de los manifestantes al Comité Ejecutivo Central de los Soviets y que después se regrese a los regimientos. En respuesta suena un ensordecedor “¡Hurra!”. La banda toca “Le Marsellesa”... A esta hora la noticia de que los demócratas constitucionalistas han abandonado el gobierno recorre todo Petrogrado, sembrando el nerviosismo entre los obreros. Después de los soldados aparecen columnas de obreros. Llevan las mismas consignas que los soldados. Los soldados y los obreros se dirigen hacia el Palacio de Táuride. Las 9 de la noche. Local del Comité de Petersburgo. Desfile incesante de delegados de las fábricas. Todos proponen a las organizaciones de nuestro Partido que intervengan y se encarguen de dirigir la manifestación. En caso contrario, “habrá derramamiento de sangre”. Se oyen voces proponiendo que se elijan delegaciones de las fábricas, con el fin de comunicar al Comité Ejecutivo Central de los Soviets la voluntad de los manifestantes, y que las masas, después de escuchar más tarde los informes de las delegaciones, se disuelvan pacíficamente.

Las 10 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión de la sección obrera del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. En vista de los informes de los obreros de que la manifestación se ha iniciado, la mayoría de la sección decide, a fin de evitar excesos, intervenir en la manifestación para darle un carácter pacífico y organizado. La minoría, disconforme con esta decisión, abandona la sala. La mayoría elige un Buró para poner en práctica el acuerdo recién aprobado. Las 11 de la noche. El lugar de reunión del Comité Central y del Comité de Petersburgo de nuestro Partido se traslada al Palacio de Táuride, adonde desde la tarde no dejan de afluir los manifestantes. Llegan agitadores de los distritos y representantes de las fábricas. Reunión de representantes del Comité Central de nuestro Partido, del Comité de Petersburgo, de la Organización Militar, del Comité Interdistrital, del Buró de la sección obrera del Soviet de Petrogrado. Los informes de los distritos ponen en claro que: 1) será imposible impedir que los obreros y soldados vayan mañana a la manifestación; 2) los manifestantes llevarán armas exclusivamente para defenderse, como garantía efectiva contra los disparos provocadores que puedan hacerse desde la Perspectiva Nevski: “contra gentes armadas no es tan fácil disparan”.

La reunión decide: en el momento en que las masas revolucionarias de obreros y soldados se manifiestan bajo la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, el Partido del proletariado no tiene derecho a lavarse las manos ni a inhibirse, no puede abandonar a las masas a su suerte, debe estar con las masas, para dar un carácter consciente y organizado al movimiento espontáneo. La reunión decide proponer a los obreros y soldados que elijan delegados de los regimientos y de las fábricas y declaren, a través de ellos, sus deseos al Comité Ejecutivo Central de los Soviets. En el espíritu de esta decisión se redacta un llamamiento, invitando a una “manifestación pacífica y organizada”. Las 12 de la noche. Más de 30.000 obreros de la fábrica Putílov aparecen frente al Palacio de Táuride. Banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Elección de delegados. Los delegados informan al Comité Ejecutivo sobre las reivindicaciones de los obreros de la fábrica Putílov. Los soldados y los obreros, congregados frente al Palacio de Táuride, comienzan a dispersarse. 4 de julio. Durante el día. Desfile de obreros y de soldados. Banderas. Consignas bolcheviques. Los manifestantes se encaminan hacia el Palacio de Táuride. Cierran el desfile millares de marinos de Cronstadt. Los manifestantes, según testimonio de los periódicos burgueses (“Birzhovka”), no son menos de 400.000.

Júbilo en las calles. El público acoge a los manifestantes con alegres “¡hurras!”. Después del mediodía comienzan los excesos. Las fuerzas oscuras de los barrios burgueses ensombrecen la manifestación de los obreros con criminales disparos provocativos. Ni siquiera “Birzhevíe Viédomosti” se atreve a negar que quien comenzó a disparar fueron los enemigos de la manifestación. “A las 2 en punto de la tarde -escribe “Birzhovka” (edición vespertina del 4 de julio)-, en la esquina de Sadóvaia y Nevski, cuando pasaban los manifestantes armados y el numeroso público reunido les contemplaba tranquilamente, sonó un ensordecedor disparo por la parte derecha de Sadóvaia, tras el cual comenzó una sucesión de descargas”. Está claro que no comenzaron a disparar los manifestantes, sino unos “desconocidos”, que abrieron fuego contra los manifestantes, y no al revés. Los disparos continuaron simultáneamente en diversos lugares de la parte burguesa de la ciudad. Los provocadores no se habían dormido. A pesar de ello, los manifestantes se limitan a actuar estrictamente en defensa propia. No cabe ni hablar de un complot ni de una insurrección. No se produjo ni un solo caso de ocupación de edificios públicos y oficiales, ni un solo intento de tal ocupación, aunque los manifestantes, con las inmensas fuerzas armadas de que disponían, hubieran podido perfectamente

apoderarse, no ya de alguna que otra institución, sino de toda la ciudad... Las 8 de la noche. Palacio de Táuride. Reuniones del Comité Central, de la Mezhraionka y de otras organizaciones de nuestro Partido. Se decide que, una vez patentizada la voluntad de los obreros y de los soldados revolucionarios, debe ponerse fin a la manifestación. Se redacta un llamamiento a tenor con este acuerdo: “La manifestación ha terminado... Nuestra consigna es: firmeza, entereza, serenidad” (v. el llamamiento, en “Listok Pravdi”55). Este llamamiento, entregado a “Pravda”, no pudo aparecer el 5 de julio, ya que por la noche (del 4 al 5) los cadetes y los del contraespionaje asaltaron y destruyeron el periódico. De 10 a 11 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Se examina el problema del Poder. La salida de los demócratas constitucionalistas del gobierno hace particularmente crítica la situación de los eseristas y mencheviques: “necesitan” el bloque con la burguesía, pero no tienen posibilidad de formarlo, porque la burguesía no quiere ya ningún acuerdo con ellos. La idea del bloque con los demócratas constitucionalistas fracasa. En vista de ello, se plantea en forma terminante el problema de la toma del Poder por los Soviets. Rumores de ruptura de nuestro frente por las tropas alemanas; cierto, aun no comprobados, pero origen ya de alarma.

Rumores de que al día siguiente aparecerá en la prensa una noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets llama al regimiento de Volinia al Palacio de Táuride para protegerlo. ¿Contra quién? Resulta que contra los bolcheviques, quienes se pretende que han llegado al Palacio para “detener” al Comité Ejecutivo y “adueñarse del Poder”, ¡Eso se decía de los bolcheviques, que preconizaban el fortalecimiento de los Soviets, el paso de todo el Poder en el país a los Soviets!... De 2 a 3 de la madrugada. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets no toma el Poder. Encarga a los ministros “socialistas” que formen un nuevo gobierno, incluyendo a elementos burgueses, aunque sea a título personal. Se inviste a los ministros de facultades especiales para la “lucha contra la anarquía”. La situación está clara: el Comité Ejecutivo Central, puesto ante la necesidad de romper de una manera resuelta con la burguesía, cosa que teme particularmente -ya que hasta ahora ha extraído sus fuerzas de unas u otras “combinaciones” con la burguesía-, da por respuesta la ruptura resuelta con los obreros y los bolcheviques para, unido a la burguesía, volver las armas contra los obreros y los soldados revolucionarios. De este modo se inaugura la campaña contra la revolución. Los eseristas y los mencheviques abren, fuego contra la revolución, para alegría de los contrarrevolucionarios... 5 de Julio.

En los periódicos (concretamente, en “Zhivoe Slovo”56) aparece la noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin. “Pravda” no sale a consecuencia del asalto sufrido la noche del 4 al 5. Se implanta la dictadura de los ministros “socialistas”, que buscan un bloque con los demócratas constitucionalistas. Los mencheviques y los eseristas, que no querían tomar el Poder, lo toman esta vez (por corto tiempo) para aplastar a los bolcheviques... Aparecen en las calles unidades militares del frente. Los cadetes y las bandas de contrarrevolucionarios efectúan asaltos y registros, cometen tropelías. La contrarrevolución saca todo el partido que puede de la campaña de azuzamiento contra Lenin y los bolcheviques empezada por Aléxinski, Pankrátov y Pereviérzev. La contrarrevolución crece por horas. El centro de la dictadura es el Estado Mayor. Desenfreno de los agentes del contraespionaje, de los cadetes, de los cosacos. Detenciones y apaleamientos. La campaña franca del Comité Ejecutivo Central de los Soviets contra los obreros y los soldados bolcheviques desencadena las fuerzas de la contrarrevolución... En respuesta a la calumnia de Aléxinskiy Cía., aparece una hoja del Comité Central de nuestro Partido titulada “¡A los tribunales los calumniadores!”. Sale en edición aparte el llamamiento del Comité Central (que no apareció en “Pravda” a consecuencia del asalto) invitando a la terminación de la huelga y de la manifestación.

Sorprende la ausencia de todo llamamiento de otros partidos “socialistas”. Los bolcheviques están solos. Contra ellos se unen tácitamente todos los elementos que forman a su derecha, desde Suvorin y Miliukov hasta Dan y Chernov. 6 de julio. Los puentes son abiertos: El destacamento mixto del apaciguador Mazurenko. En las calles, las tropas proceden a reprimir a los insumisos. De hecho, el estado de sitio. Se detiene y conduce al Estado Mayor a los “sospechosos”. Se desarma a los obreros, a los soldados y a los marinos. Petrogrado está en manos de los militares. A pesar del deseo de los “investidos de Poder” de provocar lo que se llama “un combate”, los obreros y los soldados no caen en la provocación, no “aceptan el combate”. La fortaleza de Pedro y Pablo abre las puertas a los que practican el desarme. El destacamento mixto ocupa el local del Comité de Petersburgo. Registros e incautación de armas en los barrios obreros. La idea de Tsereteli de proceder al desarme de los obreros y soldados, tímidamente enunciada por vez primera el 11 de junio, es puesta ahora en ejecución. Los obreros le llaman con rabia “el ministro del desarme”... La imprenta “Trud” es destrozada. Sale “Listok Pravdi”. El obrero Vóinov, que repartía “Listok”, es asesinado... La prensa burguesa está en pleno paroxismo, presentando la infame calumnia contra el

camarada Lenin como un hecho. Y en su ataque a la revolución, no se limita ya a los bolcheviques: engloba también a los Soviets, a los mencheviques, a los eseristas. Está bien claro que los eseristas y los mencheviques, al traicionar a los bolcheviques, se han traicionado ellos mismos, han traicionado la revolución, desencadenando y dando rienda suelta a las fuerzas de la contrarrevolución. Va a toda marcha la campaña de la dictadura contrarrevolucionaria contra las libertades en la retaguardia y en el frente. Si se tiene en cuenta que la prensa demócrata constitucionalista y aliada, que todavía ayer refunfuñaba contra la Rusia revolucionaria, se siente de pronto satisfecha, puede deducirse que la “obra” de la represión no se ha realizado sin el concurso de los dueños de la bolsa de oro rusos y aliados.

2. Resumen de la discusión, 27 de julio. Camaradas: Por los debates puede verse que ningún camarada ha criticado la línea política del Comité Central ni ha hecho objeciones a sus consignas. El Comité Central ha lanzado tres consignas fundamentales: todo el Poder a los Soviets, control de la producción y confiscación de las tierras de los terratenientes. Estas consignas se han granjeado la simpatía de las masas obreras y de los soldados. Estas consignas son acertadas y, al luchar sobre esta base, hemos mantenido a las masas a nuestro lado. Yo considero que éste es el factor básico que habla en favor del Comité Central. Si en los momentos más difíciles el Comité Central lanza consignas acertadas, significa que, en lo esencial, tiene razón. La crítica no se ha referido a lo esencial, sino a lo secundario. Se ha reducido a señalar que el Comité Central no se ha puesto en contacto con las provincias y que su actividad se ha manifestado principalmente en Petrogrado. El reproche de que tenemos poco contacto con las provincias, no carece de fundamento. Pero no ha habido ninguna posibilidad de abarcar todas las provincias. El reproche de que el Comité Central se ha convertido, de hecho, en Comité de Petersburgo, es justo, en parte.

Así es. Pero aquí, en Petrogrado, se forja la política de Rusia. Aquí están las fuerzas dirigentes de la revolución. Las provincias reaccionan a lo que se hace en Petrogrado. En fin, la explicación reside en que aquí está el Gobierno Provisional, que concentra en sus manos todo el Poder; aquí está el Comité Ejecutivo Central, voz de toda la democracia revolucionaria organizada. De otro lado, los acontecimientos se precipitan, se libra una lucha abierta, no hay ninguna seguridad de que el Poder existente no caiga mañana. En tales condiciones, era inconcebible esperar a que nuestros camaradas de provincias expusieran su opinión. Es sabido que el Comité Ejecutivo Central resuelve los problemas de la revolución sin esperar a las provincias. Ellos tienen en sus manos todo el aparato gubernamental. ¿Y qué tenemos nosotros? Tenemos el aparato del Comité Central. Pero, naturalmente, el aparato del Comité Central es débil. Y exigir del Comité Central que no dé ningún paso sin previa consulta a las provincias, significa exigir que el Comité Central marche a la zaga de los acontecimientos, y no delante de ellos. Pero eso no sería un Comité Central.

Sólo aplicando el método que hemos seguido ha podido el Comité Central mantenerse a la altura de las circunstancias. Se han hecho reproches de carácter parcial. Algunos camaradas han hablado del fracaso de la insurrección del 3 al 5 de julio. Sí, camaradas, ha habido fracaso, pero no se trataba de ninguna insurrección, sino de una manifestación. El fracaso se debe a la ruptura del frente de la revolución a consecuencia de la conducta traidora de los partidos pequeñoburgueses eserista y menchevique, que han vuelto la espalda a la revolución. El camarada Bezrabotni ha dicho que el Comité Central no se ha esforzado por inundar Petrogrado y las provincias de octavillas que explicasen los acontecimientos del 3 al 5 de julio. Pero nuestra imprenta había sido asaltada y destrozada, y no teníamos ninguna posibilidad material de imprimir nada en otras imprentas, porque hubieran corrido el peligro de ser asaltadas y destruidas. A pesar de todo, las cosas no han ido aquí tan mal: si en unas barriadas éramos detenidos, en otras nos acogían con aplausos y excepcional entusiasmo. Y ahora el estado de ánimo de los obreros de Petrogrado es excelente y el prestigio de los bolcheviques muy grande.

Yo quisiera plantear algunas cuestiones. En primer lugar, cómo debemos reaccionar a las calumnias contra nuestros jefes. En relación con los acontecimientos del último tiempo, es preciso redactar un manifiesto dirigido a todo el pueblo, explicando los hechos, para lo cual hay que elegir una comisión. Además, propongo que esa misma comisión, si la elegís, edite un llamamiento a los obreros y soldados revolucionarios de Alemania, de Inglaterra, de Francia, etc., informándoles de los acontecimientos del 3 al 5 de julio, en el que debemos poner en la picota a los calumniadores. Somos la parte más avanzada del proletariado; sobre nosotros recae la responsabilidad de la revolución; debemos decir toda la verdad acerca de los acontecimientos y denunciar a los infames calumniadores. En segundo lugar, a propósito de la no comparecencia de Lenin y Zinóviev ante los “tribunales”. En el momento presente, aun no está claro en manos de quién se encuentra el Poder. No existen garantías de que, si comparecen, no sean objeto de brutales violencias. La cosa será distinta si el tribunal es organizado democráticamente y se dan garantías de que no se recurrirá a la violencia. Al

inquirir a este respecto en el Comité Ejecutivo Central, se nos ha contestado: “No sabemos lo que puede suceder”. En consecuencia, mientras la situación no se haya puesto en claro, mientras aun se libre una lucha sorda entre el Poder oficial y el Poder efectivo, para los camaradas no tiene ningún sentido comparecer ante los “tribunales”. Si al frente hay un Poder que pueda dar garantías a nuestros camaradas contra toda violencia, comparecerán.

3. Informe sobre la situación política, 30 de julio. Camaradas: El problema de la situación política de Rusia es el problema de la suerte de nuestra revolución, el problema de sus victorias y de sus derrotas en plena guerra imperialista. Ya en febrero se puso en claro que las fuerzas básicas de nuestra revolución son el proletariado y los campesinos, vestidos, a consecuencia de la guerra, con el uniforme de soldado. Las cosas han ocurrido de tal modo, que en la lucha contra el zarismo, en el mismo campo que estas fuerzas, y como formando coalición con ellas, se hallaron otras fuerzas: la burguesía liberal y el capital aliado. El proletariado ha sido y continúa siendo el enemigo a muerte del zarismo. El campesinado tenía fe en el proletariado, y al ver que no obtendría la tierra sin derrocar al zarismo, siguió al proletariado. La burguesía liberal estaba decepcionada del zarismo y se apartó de él, ya que, lejos de conquistarle nuevos mercados, ni siquiera había sabido mantener los anteriores y había entregado a Alemania quince provincias. El capital aliado, amigo y bienqueriente de Nicolás II, también se vio “obligado” a traicionar al zarismo, ya que éste no sólo no le garantizaba la apetecida “unidad del frente”, sino que, por añadidura, preparaba con toda evidencia una paz por separado con Alemania.

De tal modo, el zarismo resultó aislado. Así se explica, en esencia, el “asombroso” hecho de que el zarismo “falleciera tan apacible y silenciosamente”. Ahora bien, estas fuerzas perseguían fines totalmente distintos. La burguesía liberal y los capitalistas anglo- franceses querían hacer en Rusia una revolución pequeña, al estilo de la revolución de los Jóvenes Turcos, a fin de suscitar el entusiasmo de las masas populares y utilizarlo para una guerra grande, mientras el Poder de los capitalistas y de los terratenientes quedaría incólume en lo fundamental. ¡Una revolución pequeña para una guerra grande! Por el contrario, los obreros y los campesinos perseguían una demolición radical del viejo régimen, lo que nosotros llamamos una gran revolución, a fin de derrocar a los terratenientes, someter a la burguesía imperialista y, de tal modo, terminar la guerra, y asegurar la paz. ¡Una gran revolución y la paz! Esta contradicción cardinal ha constituido la base del desarrollo de nuestra revolución, de todas y cada una de las “crisis de Poder”. La “crisis” del 20 al 21 de abril es la primera expresión notoria de esta contradicción.

Si en la historia de estas “crisis” la burguesía imperialista siempre ha podido apuntarse, hasta ahora, el éxito, no se debe sólo a que el frente de la contrarrevolución, dirigido por el partido demócrata constitucionalista, estuviera bien organizado, sino, ante todo, a que los partidos conciliadores eserista y menchevique, que se inclinan hacia el imperialismo y que todavía arrastran a grandes masas, rompían en todas las ocasiones el frente de la revolución, se pasaban al bando de la burguesía e inclinaban de este modo la balanza en favor del frente de la contrarrevolución. Así ocurrió en abril. Así ocurrió en julio. El “principio” de la coalición con la burguesía imperialista, promovido por los mencheviques y los eseristas, ha resultado en la práctica el medio pernicioso, gracias al cual el partido demócrata constitucionalista, el partido de los capitalistas y de los terratenientes, aislando a los bolcheviques, ha ido fortaleciendo paso a paso sus posiciones con las manos de esos mismos mencheviques y eseristas... La calma que se produjo en marzo, abril y mayo en el frente fue aprovechada para el desarrollo sucesivo de la revolución.

La revolución, espoleada por el desbarajuste general en él país y estimulada por la existencia de libertades que no tiene ningún país beligerante, ha ido ahondándose más y más, poniendo al orden del día las cuestiones sociales. La revolución irrumpe en la esfera económica, planteando el problema del control obrero en la industria, el de la nacionalización de la tierra y el del suministro de aperos a los campesinos pobres, el de la organización de un intercambio acertado entre la ciudad y el campo, el de la nacionalización de los Bancos y, en fin, el de la toma del Poder por el proletariado y las capas pobres del campesinado. La revolución está ya ante la necesidad de llevar a cabo transformaciones socialistas. Algunos camaradas dicen que, como en nuestro país el capitalismo está poco desarrollado, es utópico plantear el problema de la revolución socialista. Tendrían razón si no hubiese la guerra, si no existiera la ruina, si no se hallaran resquebrajadas las bases de la organización capitalista de la economía nacional. La cuestión de la ingerencia en la esfera económica surge en todos los Estados como algo imprescindible en las condiciones de la guerra. En Alemania esta cuestión también ha sido planteada por la vida y se resuelve sin la participación directa y activa de las masas. No así en Rusia. En nuestro país, la ruina ha

adquirido proporciones más amenazadoras. De otro lado, en ningún país que se encuentre en guerra existe una libertad análoga a la nuestra. Además, hay que tener en cuenta el inmenso grado de organización de los obreros: en Petrogrado, por ejemplo, el 66 % de los metalúrgicos están organizados. Por último, en ninguna parte el proletariado ha tenido ni tiene organizaciones tan amplias como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Es comprensible que, al disponer del máximo de libertad y de organización, los obreros no pudieran renunciar, sin cometer un suicidio político, a la ingerencia activa en la vida económica del país en el sentido de las transformaciones socialistas. Sería indigna pedantería exigir que Rusia “esperase” a efectuar transformaciones socialistas hasta que “comenzara” Europa. “Comienza” el país que dispone de más posibilidades... Por cuanto la revolución ha ido tan lejos, forzosamente tenía que despertar la vigilancia de los contrarrevolucionarios, estimular a la contrarrevolución. Este ha sido el primer factor que ha movilizado a la contrarrevolución. El segundo factor ha sido la aventura comenzada con la política de ofensiva en el frente, y diversas rupturas del frente que han privado al Gobierno Provisional de todo prestigio y han dado alas a la contrarrevolución, llevándola a emprender un ataque contra el gobierno.

Corren rumores de que ha empezado un período de provocaciones en amplia escala. Los delegados del frente consideran que tanto la ofensiva como la retirada, en una palabra, todo lo ocurrido en el frente, estaba preparado para desacreditar la revolución y derribar a los Soviets. No sé si estos rumores son ciertos o no, pero es de notar que el 2 de julio salieran del gobierno los demócratas constitucionalistas, que el 3 comenzaran los acontecimientos de julio y que el 4 se recibieran las noticias sobre la ruptura del frente. ¡Asombrosa coincidencia! No se puede decir que los demócratas constitucionalistas dimitieran a causa de la decisión sobre el problema de Ucrania, ya que ellos no se oponían a la solución de este problema. Existe un segundo hecho, que confirma el supuesto de que ha comenzado verdaderamente un período de provocaciones: me refiero al tiroteo de Ucrania. Ante tales hechos, para los camaradas debe estar claro que la ruptura del frente figuraba en el plan de la contrarrevolución como uno de los factores que debían desprestigiar la idea de la revolución ante las amplias masas pequeñoburguesas. Existe un tercer factor que ha robustecido las fuerzas de la contrarrevolución en Rusia: el capital aliado. Si el capital aliado, viendo que el zarismo iba a la paz por separado, traicionó al gobierno de Nicolás, nadie le impide romper con el gobierno actual, si resulta incapaz de mantener el frente “único”.

Miliukov ha dicho en una reunión que Rusia es considerada en el mercado internacional como proveedora de hombres, a cambio de los cuales recibe dinero, y que si se pusiera en claro que el nuevo Poder, personificado por el Gobierno Provisional, es incapaz de mantener el frente único de la ofensiva contra Alemania, no valdría la pena subsidiar a tal gobierno. Y sin dinero, sin créditos, el gobierno fracasaría. En esto reside el secreto de que en el período de la crisis los demócratas constitucionalistas alcanzaran una gran fuerza. Por su parte, Kerenski y todos los ministros eran muñecos en manos de los demócratas constitucionalistas. La fuerza de los demócratas constitucionalistas consistía en que los respaldaba el capital aliado. Ante Rusia había dos caminos: o cesar la guerra, romper todos los vínculos financieros con el imperialismo, continuar el avance de la revolución, resquebrajar las bases del mundo burgués y comenzar la era de la revolución obrera; o seguir el otro derrotero, el derrotero de la continuación de la guerra, de la continuación de la ofensiva en el frente, de la subordinación a todas las órdenes del capital aliado y de los demócratas constitucionalistas, en cuyo caso se dependerá por entero del capital aliado (en el Palacio de Táuride corrían rumores insistentes de que Norteamérica proporcionaría ocho mil millones de rublos, los recursos para “restablecer” la economía) y triunfará la contrarrevolución. Una tercera opción no existe.

El intento de los eseristas y de los mencheviques de presentar las acciones del 3 y el 4 de julio como una rebelión armada, es sencillamente risible. El 3 de julio propusimos la unidad del frente revolucionario para combatir a la contrarrevolución. Nuestra consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” significa, precisamente, crear un frente único revolucionario. Pero los mencheviques y los eseristas, temerosos de apartarse de la burguesía, nos han vuelto la espalda, lo que ha escindido el frente revolucionario en beneficio de los contrarrevolucionarios. Si hay que hablar de los culpables de la victoria de la contrarrevolución, los culpables son los eseristas y los mencheviques. Nuestra desgracia consiste en que Rusia es un país pequeñoburgués, que por el momento sigue a los eseristas y mencheviques, comprometidos con los demócratas constitucionalistas. Y la revolución cojeará y tropezará hasta que las masas no se decepcionen de la idea de los compromisos con la burguesía. Tenemos ahora ante nosotros el panorama de la dictadura de la burguesía imperialista y del generalato contrarrevolucionario. El gobierno, que en apariencia lucha contra esa dictadura, cumple de hecho su voluntad, siendo únicamente la pantalla que la cubre ante la cólera popular. Los Soviets, debilitados y deshonrados por su política de incesantes concesiones, completan sólo el panorama; y si no los disuelven es porque los “necesitad” como “imprescindible” y muy “cómoda” cobertura.

Así, pues, la situación ha cambiado de raíz. También debe cambiar nuestra táctica. Antes preconizábamos el paso pacífico del Poder a los Soviets presuponiéndose que bastaba adoptar en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets un acuerdo sobre la toma del Poder para que la burguesía dejara pacíficamente la vía franca. En efecto, en marzo, abril y mayo cada decisión de los Soviets era ley, porque en todo momento se la podía respaldar con la fuerza. La situación ha cambiado al ser desarmados los Soviets y quedar reducidos (prácticamente) al grado de simples organizaciones “profesionales”. Ahora no se cuenta para nada con las decisiones de los Soviets. Ahora para tomar el Poder es preciso derrocar primero la dictadura existente. El derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: tal debe ser la consigna del Partido en estos momentos. El período pacífico de la revolución ha terminado. Ha comenzado un período de choques y explosiones. La consigna del derrocamiento de la dictadura actual sólo puede llevarse a cabo a condición de que se produzca un nuevo y potente auge político en toda Rusia.

La marcha toda del desarrollo del país, la circunstancia de que no haya sido solventado ninguno de los problemas cardinales de la revolución, ya que las cuestiones de la tierra, del control obrero, de la paz y del Poder no están resueltas, hacen ese auge inevitable. Las represiones, sin solucionar ningún problema de la revolución, no hacen sino agravar la situación. Las fuerzas básicas del nuevo movimiento serán el proletariado urbano y las capas pobres del campesinado. En caso de victoria, ellos tomarán el Poder en sus manos. El rasgo característico del momento consiste en que las medidas contrarrevolucionarias se aplican con las manos de los “socialistas”. Sólo gracias a tal pantalla puede subsistir todavía la contrarrevolución algún que otro mes. Pero por cuanto se desarrollan las fuerzas de la revolución, se producirán estallidos, y llegará el momento en que los obreros levantarán y agruparán á su alrededor a las capas pobres del campesinado, enarbolarán la bandera de la revolución proletaria y abrirán la era de la revolución socialista en Europa.

4. Respuestas a las preguntas relacionadas con el informe sobre la situación política, 31 de julio. Respecto al primer punto: “¿Qué formas de organización combativa propone el informante en lugar de los Soviets de Diputados Obreros?”. Mi respuesta es que tal modo de plantear el problema no es acertado. Yo no me he pronunciado contra los Soviets como forma de organización de la clase obrera; pero lo que determina una consigna no es la forma orgánica de una institución revolucionaria, sino el contenido que integra su médula. Si los demócratas constitucionalistas formaran parte de los Soviets, nosotros jamás habríamos lanzado la consigna del paso del Poder a los Soviets. Ahora lanzamos la consigna de la transferencia del Poder a manos del proletariado y de los campesinos pobres. En consecuencia, no se trata de la forma, sino de la clase a la que se transfiere el Poder. Se trata de la composición de los Soviets. Los Soviets son la forma más apropiada de organización de la lucha de la clase obrera por el Poder, pero no son el único tipo de organización revolucionaria. Es una forma netamente rusa. En el extranjero hemos visto desempeñar este papel a las municipalidades durante la gran revolución francesa, al Comité Central de la Guardia Nacional durante la Comuna. También, entre nosotros anduvo rodando la idea del Comité revolucionario. Quizá la Sección Obrera sea la forma más adecuada para la lucha por el Poder. Ahora bien, hay que darse clara cuenta de que lo decisivo no ha de ser el problema de la forma de organización. Lo verdaderamente decisivo es el problema de saber si la clase obrera ha adquirido el grado de madurez necesario para ejercer la dictadura; todo lo demás ya vendrá por sus pasos, lo aportará la obra creadora de la revolución.

Respecto a los puntos segundo y tercero -cuál ha de ser, en la práctica, nuestra actitud hacia los Soviets existentes-, la respuesta está completamente clara. Por cuanto se trata de la transferencia de todo el Poder al Comité Ejecutivo Central de los Soviets, tal consigna ha quedado anticuada. Y no se trata más que de eso. La cuestión del derrocamiento de los Soviets es una invención. Nadie la ha planteado aquí. Si proponemos que se retire la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, de ello no se desprende: “¡Abajo los Soviets!”. Y aunque retiramos tal consigna, no salimos ni siquiera del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, a pesar del lamentable papel que ha desempeñado últimamente. Los Soviets locales todavía pueden dar algún juego, ya que habrán de defenderse contra las asechanzas del Gobierno Provisional, y nosotros les apoyaremos en esa lucha. Así, pues, repito: retirar la consigna de la transferencia del Poder a los Soviets, no significa: “¡Abajo los Soviets!”. “Nuestra actitud hacia los Soviets donde estemos en mayoría” es la más solidaria. Que vivan y se fortalezcan tales Soviets. Pero la fuerza no reside ya en los Soviets. Antes el Gobierno Provisional promulgaba decretos y el Comité Ejecutivo Central de los Soviets contradecretos, con la particularidad de que sólo estos últimos adquirían fuerza de ley. Recordad lo ocurrido con la orden Nº 160. En cambio ahora, el Gobierno Provisional hace caso omiso del Comité Ejecutivo Central. Si el Comité Ejecutivo Central de los Soviets no participó en la comisión investigadora

de los sucesos del 3 al 5 de julio; no fue porque él mismo lo acordara así, sino por orden de Kerenski. Ahora no se trata de la conquista de la mayoría en los Soviets, cuestión que de por sí es muy importante, sino del derrocamiento de la dictadura contrarrevolucionaria. Respecto al cuarto punto -acerca de una definición más concreta del concepto “campesinos pobres”, indicando en qué forma deben organizarse-, respondo que el término “campesinos pobres” no es nuevo. En el año cinco es introducido en la literatura marxista por el camarada Lenin, y desde entonces aparece en casi todos los números de “Pravda” y figura en las resoluciones de la Conferencia de Abril. Los sectores pobres del campesinado son los que divergen de las altas capas campesinas. El Soviet de Diputados Campesinos, que se atribuye la “representación” de 80.000.000 de campesinos (incluidas las mujeres), es una organización de las altas capas campesinas. Las capas bajas del campesinado libran una lucha enconada contra la política de ese Soviet. Mientras Chernov, jefe del partido socialrevolucionario, Avxéntiev y otros proponen a los campesinos que no se apoderen de la tierra en el acto, sino que aguarden a que la Asamblea Constituyente resuelva en general la cuestión agraria, los campesinos, en respuesta, se apoderan de la tierra, la labran, se incautan de los aperos, etc. Noticias de este género nos llegan de las provincias de Penza, Vorónezh, Vítebsk, Kazán y otras varias. Estos hechos demuestran claramente por sí solos la diferenciación del campo en capas altas y bajas, demuestran que el campesinado, como un todo único, ha dejado de existir. Las capas altas siguen preferentemente a los socialrevolucionarios. Las capas bajas no pueden vivir sin tierra y están en oposición al Gobierno Provisional; son los campesinos con poca tierra, los que sólo tienen un caballo o no tienen ninguno, etc.

A ellos se adhieren otros sectores, semiproletarios, casi sin tierra. En un período revolucionario sería insensato no intentar llegar a cierto acuerdo con estos sectores del campesinado. Pero al mismo tiempo es necesario organizar aparte a los sectores campesinos formados por los braceros, agruparlos en torno a los proletarios. Es difícil predecir la forma que adoptará la organización de estos sectores. Ahora las capas bajas del campesinado se organizan en Soviets, que surgen espontáneamente, o tratan de apoderarse de los Soviets ya existentes. Así, hace alrededor de mes y medio, en Petrogrado se organizo un Soviet de Campesinos Pobres (integrado por representantes de ochenta unidades de soldados y de las fábricas), que sostiene una lucha desesperada contra la política del Soviet de Diputados Campesinos. En general, los Soviets son la forma más apropiada de organización de las masas, pero no debemos expresarnos en instituciones, sino señalar el contenido de clase; debemos procurar que las masas también distingan entre la forma y el contenido. Hablando en términos generales, el problema de las formas de organización no es el fundamental. Si se produce un auge revolucionario, también se crearán las formas de organización. Que el problema de las formas no vele la cuestión primordial: a manos de qué clase debe pasar el Poder. En lo sucesivo, el bloque con los defensistas es inconcebible para nosotros. Los partidos defensistas han ligado sus destinos a la burguesía, y la idea de un bloque que vaya desde los socialrevolucionarios hasta los bolcheviques, ha fracasado. Luchar contra las capas altas de los Soviets en alianza con los sectores pobres del campesinado y barrer la contrarrevolución: tal es el problema inmediato.

5. Resumen de la discusión, 31 de julio. Camaradas: Ante todo, debo hacer algunas enmiendas concretas. El camarada Yaroslavski, tratando de refutar mi afirmación de que el proletariado de Rusia es el más organizado, se ha referido al proletariado austriaco. Pero, camaradas, yo hablaba de una organización “roja”, revolucionaria, y tal organización no existe en ningún país en la medida en que la tiene el proletariado de Rusia. Angarski no tiene en absoluto razón al decir que yo propugno la idea de la agrupación de todas las fuerzas. Pero no podemos dejar de ver que, por motivos diversos, no sólo el campesinado y el proletariado, sino también la burguesía rusa y el capital extranjero, han vuelto la espalda al zarismo. Esto es un hecho. Y está mal que los marxistas se arredren ante los hechos. Ahora bien, más tarde las dos primeras fuerzas han emprendido el camino del desarrollo sucesivo de la revolución, y las segundas el de la contrarrevolución. Paso al fondo del asunto. Quien ha planteado el problema del modo más tajante ha sido Bujarin, pero tampoco él ha llegado hasta las últimas consecuencias. Bujarin afirma que el burgués imperialista ha concertado un bloque con el mujik. Pero ¿con qué mujik? En nuestro país hay mujiks diversos. El bloque es con los mujiks de derechas, pero tenemos también los mujiks de abajo, los de izquierdas, que constituyen las capas pobres del campesinado. Con estos mujiks no ha podido concertarse tal bloque. Estos mujiks no han concertado un bloque con la gran burguesía, pero van a la zaga de ella por inconsciencia, los engañan pura y simplemente, los arrastran, tras de sí. Ahora bien, ¿contra quién va dirigido este bloque? Bujarin no lo ha dicho. Es el bloque del capital aliado y ruso, de los mandos militares y de las capas altas del campesinado en la persona de socialrevolucionarios tipo Chernov. Este bloque se ha formado contra las capas bajas del campesinado,

contra los obreros. ¿Cuál es la perspectiva de Bujarin? Su análisis es erróneo en la base misma. Según él, en la primera etapa marchamos hacia una revolución campesina. Pero esa revolución no puede dejar de encontrarse, no puede por menos de coincidir con la revolución obrera. No puede ocurrir que la clase obrera, vanguardia de la revolución, no luche al mismo tiempo por sus reivindicaciones propias. Por eso, considero que Bujarin no ha meditado bien su esquema. La segunda etapa, según Bujarin, es la revolución proletaria con el apoyo de la Europa Occidental, sin los campesinos, satisfechos ya después de haber recibido la tierra. Pero ¿contra quién va dirigida esta revolución? En su esquema de juguete, Bujarin no nos contesta. Nadie ha propuesto otra manera de enfocar el análisis de los acontecimientos. A propósito de la situación política. Ahora nadie habla ya de la dualidad de poderes. Si antes los Soviets representaban una fuerza auténtica, ahora no son más que órganos de cohesión de las masas, privados de todo el Poder. Tal es el motivo de que ahora no se pueda transmitirles “sencillamente” el Poder. El camarada Lenin va más lejos en su folleto, señalando con toda precisión que no existe la dualidad de poderes, ya que el Poder ha pasado por entero a manos del capital, y que plantear ahora la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” es puro quijotismo.

Si antes ninguna ley tenía fuerza sin la sanción del Comité Ejecutivo de los Soviets, ahora ni se habla de la dualidad de poderes. ¡Apoderaos de todos los Soviets, pero no tendréis el Poder! Nos burlábamos de los demócratas constitucionalistas en las elecciones a las Dumas de distrito, porque constituían un grupo muy mezquino, que había obtenido el 20% de los votos. Ahora ellos se burlan de nosotros. ¿Qué ha sucedido? Ha sucedido que el Poder ha pasado a manos de la burguesía, con la tolerancia del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Los camaradas plantean con premura el problema de la organización del Poder. ¡Pero si aun no tenéis el Poder! La tarea principal es la propaganda de la necesidad de derrocar el Poder existente. Estamos aún poco preparados para ello. Pero hay que prepararse. ¡Es preciso que los obreros, los campesinos y los soldados comprendan que sin derrocar el Poder actual no conquistarán ni la libertad ni la tierra! Así, pues, el problema no consiste en la organización del Poder, sino en derrocarlo, que cuando nos adueñemos del Poder ya sabremos organizarlo. Ahora algunas palabras en respuesta a Angarski y Noguín con motivo de sus objeciones a las transformaciones socialistas en Rusia.

Ya en la Conferencia de Abril decíamos que había llegado el momento de comenzar a dar pasos hacia el socialismo (lee el final de la resolución de la Conferencia de Abril “Sobre el momento actual”): “El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, en medio de una masa de población de pequeños campesinos, no puede plantearse como objetivo la realización inmediata de transformaciones socialistas. Pero sería un gravísimo error, y en la práctica sería incluso pasarse completamente al bando de la burguesía, deducir de aquí la necesidad, para la clase obrera, de apoyar a la burguesía o de restringir su propia actividad a un marco aceptable para la pequeña burguesía, o renunciar al papel dirigente del proletariado en la tarea de esclarecer al pueblo que no se puede diferir la realización de diversas medidas, prácticamente maduras, hacia el socialismo”. Los camaradas llevan un retraso de tres meses. Y ¿qué ha ocurrido en estos tres meses? La pequeña burguesía se ha dividido, las capas inferiores se alejan de las capas superiores, el proletariado se organiza, aumenta el desbarajuste económico, planteando más imperativamente aún el problema de la implantación del control obrero (por ejemplo, en Petrogrado, en la región del Donetz, etc.).

Todo esto corrobora las tesis adoptadas ya en abril. Pero los camaradas nos llevan hacia atrás. A propósito de los Soviets. El hecho de que retiremos la anterior consigna acerca del Poder de los Soviets no significa que nos pronunciemos contra los Soviets. Al contrario, se puede y se debe trabajar en los Soviets, incluso en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets, órgano de cobertura contrarrevolucionaria. Aunque los Soviets son ahora exclusivamente órganos de cohesión de las masas, nosotros estamos siempre con las masas y no nos marcharemos de los Soviets mientras no nos echen de ellos. También permanecemos en los comités fabriles y en las municipalidades, aunque no tienen el Poder en sus manos. Nos quedamos en los Soviets, pero continuamos denunciando la táctica de los socialrevolucionarios y de los mencheviques. Después de que la contrarrevolución ha descubierto con toda evidencia los vínculos de nuestra burguesía con el capital aliado, se ha visto aún más claramente que en nuestra lucha revolucionaria debemos apoyarnos en tres factores: el proletariado de Rusia, nuestros campesinos y el proletariado internacional, ya que la suerte de nuestra revolución está estrechamente asociada al movimiento de la Europa Occidental.

6. Replica a Preobrazhenski respecto al 9° punto de la resolución “Sobre la situación política”, 3 de agosto. Stalin da lectura al 9° punto de la resolución: 9. “La tarea de estas clases revolucionarias será

entonces poner en tensión todas sus fuerzas para tomar el Poder del Estado y para orientarle, en alianza con el proletariado revolucionario de los países avanzados, hacia la paz y hacia la reestructuración socialista de la sociedad”. Preobrazhenski: Propongo otra redacción del final de la resolución: “para orientarlo hacia la paz y, si se produce la revolución proletaria en Occidente; hacia el socialismo”. Si aprobamos la redacción propuesta por la comisión, resultará una divergencia con la resolución de Bujarin ya aprobada. Stalin: Yo me pronuncio en contra de tal enmienda. No está descartada la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que abra el camino hacia el socialismo. Hasta ahora, en las condiciones de la guerra, ningún país ha disfrutado de tan amplia libertad como Rusia ni ha intentado llevar a cabo el control obrero de la producción. Además, la base de nuestra revolución es más amplia que en la Europa Occidental, donde el proletariado, completamente solo, se enfrenta con la burguesía, mientras que en nuestro país las capas pobres del campesinado apoyan a los obreros. Por último, en Alemania, el aparato del Poder del Estado funciona incomparablemente mejor que el aparato imperfecto de nuestra burguesía, que es, ella misma, tributaria del capital europeo. Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa puede señalarnos el camino. Existe un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me sitúo en el terreno del segundo. El presidente: Pongo a votación la enmienda de Preobrazhenski. Se rechaza*.

Publicado por primera vez en el libro “Actas del VI Congreso del P.O.S.D.R. (bolchevique), ed. “Kommunist”, 1919.

* En vista de la concisión y del evidente carácter incompleto de las “Actas del VI Congreso del P.O.S.D.R.(b)”, editadas, por otro lado, dos años después del Congreso, la redacción ha estimado necesario utilizar, al restablecer el texto de los discursos del camarada Stalin en el VI Congreso, además de las “Actas”, las referencias oficiales de sus intervenciones en el Congreso, aparecidas en julio-agosto de 1917 en los periódicos “Rabochi i Soldat”, núms. 7 y 14, y “Proletari”, núm. 3.