31 de julio (13 de agosto) de 1917

Camaradas, ante todo debo introducir algunas correcciones de hecho.

El camarada Yaroslavski, refutando mi afirmación de que el proletariado ruso es el más organizado, señala al proletariado austríaco; pero, camaradas, yo hablaba de una organización «roja», y semejante grado de organización no existe en ningún país en la medida en que lo tiene el proletariado ruso.

El camarada Angarski se equivoca por completo al indicar que yo supuestamente promuevo la idea de la unión de todas las fuerzas. Pero nosotros no podemos dejar de ver que, por distintos motivos, no solo el campesinado y el proletariado, sino también la burguesía rusa y el capital extranjero le dieron la espalda al zarismo. Esto es un hecho. No está bien que los marxistas retrocedan ante un hecho.

Pero luego las dos primeras fuerzas se situaron en el campo de la revolución, y las segundas, en el de la contrarrevolución.

Paso al fondo de la cuestión. Con más seriedad que todos planteó la cuestión el camarada Bujarin, pero tampoco él la llevó hasta el final. El camarada Bujarin afirma que el burgués-imperialista ha concertado un bloque con el mujik. Pero ¿con qué mujik? Tenemos mujiks diferentes. Con los de derecha se ha concertado un bloque, pero tenemos mujiks de las capas inferiores, que representan las capas más pobres del campesinado. Con ellos no podía haber tal bloque. Ellos no concertaron un bloque con la gran burguesía, sino que la siguen por inconsciencia; sencillamente los engañan y los arrastran consigo.

¿Contra quién es el bloque?

Esto no lo dijo el camarada Bujarin. Es un bloque del capital aliado y ruso, del alto mando militar y de las capas superiores del campesinado representadas por los socialistas-revolucionarios del tipo de Chernov. Este bloque se ha formado a costa de las capas inferiores del campesinado, a costa de los obreros.

¿Cuál es la perspectiva del camarada Bujarin? Su análisis es erróneo en su propia base. Según él, en la primera etapa nos encaminamos hacia una revolución campesina. Pero esta no puede dejar de encontrarse, de coincidir con la revolución obrera. No puede ser que la clase obrera, que constituye la vanguardia de la revolución, no luche al mismo tiempo por sus propias reivindicaciones. Por ello considero que el esquema del camarada Bujarin no está meditado.

La segunda etapa según el camarada Bujarin es la revolución proletaria con el apoyo de Europa Occidental sin los campesinos, que han recibido la tierra y se han dado por satisfechos. Pero ¿contra quién va dirigida esta revolución? El camarada Bujarin, en su esquema de juguete, no da respuesta a esto. No se propusieron otros enfoques para el análisis de lo que está ocurriendo.

Mientras tanto, la situación es clara. Ahora nadie habla del doble poder. Si antes los Sóviets representaban una fuerza real, ahora no son más que órganos de cohesión de las masas, sin ningún poder. Precisamente por eso es imposible «simplemente» entregarles el poder. El camarada Lenin, en su folleto, va más lejos, señalando decididamente que el doble poder no existe, pues todo el poder ha pasado a manos del capital, y plantear ahora la consigna «Todo el poder a los Sóviets» significa practicar el quijotismo.

Si antes sin la sanción del Comité Ejecutivo ninguna ley tenía fuerza, ahora ni siquiera se habla de doble poder.

¡Conquisten ahora todos los Sóviets, y no tendrán el poder!

Nos burlábamos de los kadetes en las elecciones a las dumas de barrio, pues representaban el grupo más lamentable, con un 20% de los votos. Ahora ellos se burlan de nosotros.

¿Qué ocurre? Que el poder ha pasado, con la complacencia del Comité Ejecutivo Central, a manos de la burguesía.

Los camaradas se apresuran con la cuestión de la organización del poder. ¡Pero si todavía no tienen el poder!

La tarea principal es la propaganda de la idea de la necesidad de

derrocar

el poder existente. Todavía no estamos suficientemente preparados para esta idea. Pero hay que prepararse.

¡Es necesario que los obreros, los campesinos y los soldados comprendan que sin el derrocamiento del poder actual no obtendrán ni la libertad ni la tierra!

Así pues, la cuestión no es la organización del poder, sino su derrocamiento, y cuando tomemos el poder en nuestras manos, sabremos organizarlo.

Ahora unas palabras a los camaradas Angarski y Noguin sobre el socialismo. Ya en la conferencia de abril dijimos que ha llegado el momento de comenzar a dar pasos hacia el socialismo

(lee el final de la resolución de la conferencia de abril «Sobre el momento actual»)

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«El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, entre una masa de población campesina pequeña, no puede proponerse como fin la realización inmediata de transformaciones socialistas.

Pero sería el mayor error, y en la práctica incluso un completo paso al lado de la burguesía, deducir de ello la necesidad de apoyo a la burguesía por parte de la clase obrera, o la necesidad de limitar su actividad al marco de lo aceptable para la pequeña burguesía, o la renuncia al papel dirigente del proletariado en la tarea de explicar al pueblo la urgencia de una serie de pasos hacia el socialismo que han madurado en la práctica».

Los camaradas se han retrasado tres meses. ¿Y qué ha ocurrido en estos tres meses? La pequeña burguesía se ha estratificado, las capas inferiores se separan de las superiores, el proletariado se organiza, la ruina crece, poniendo con más urgencia en el orden del día la cuestión de la realización del control obrero (por ejemplo, en Piter, en la zona del Donets, etc.). Todo va a favor de las tesis adoptadas ya en abril. Y los camaradas tiran hacia atrás.

Ahora sobre los Sóviets. Por el hecho de que retiremos la anterior consigna sobre el poder de los Sóviets, no nos pronunciamos contra los Sóviets. Al contrario, se puede y se debe trabajar en los Sóviets, incluso en el Comité Ejecutivo Central, órgano de cobertura contrarrevolucionaria.

Aunque los Sóviets ahora solo son órganos de cohesión de las masas, nosotros siempre estamos con las masas y no nos iremos de los Sóviets mientras no nos echen de ellos. Pues también permanecemos en los comités de fábrica y en los municipios, aunque no tienen el poder en sus manos.

Pero, permaneciendo en los Sóviets, continuamos desenmascarando la táctica de los socialistas-revolucionarios y los mencheviques.

Después de que la contrarrevolución ha revelado con toda evidencia la vinculación de nuestra burguesía con el capital aliado, se ha hecho aún más evidente que en nuestra lucha revolucionaria debemos apoyarnos en tres factores: el proletariado ruso, el campesinado y el proletariado internacional, pues los destinos de nuestra revolución están estrechamente ligados al movimiento de Europa Occidental.

(Aplausos.)