Después de los cubileteos con la Conferencia y del escandaloso desmoronamiento del gobierno, después de las “conversaciones” con los bolsistas de Moscú y del secreto visiteo a Sir George Buchanan, después de las citas de tapadillo en el Palacio de Invierno y de varias traiciones de los conciliadores, se ha formado, por último, un

“nuevo” (¡completamente nuevo!) gobierno. Seis ministros capitalistas como núcleo del “gobierno” y diez ministros “socialistas” para servirles como ejecutores de su voluntad. Aun no ha sido hecha pública la declaración del gobierno, pero son conocidas sus bases: “lucha contra la anarquía” (léase: ¡contra los Soviets!), “lucha contra el desbarajuste económico” (léase: ¡contra las huelgas!), “elevación de la capacidad de combate del ejército” (léase: ¡continuación de la guerra y “disciplina”!). Tal es, en términos generales, el “programa” del gobierno Kerenski-Konoválov. Esto significa que los campesinos no verán la tierra, que los obreros no obtendrán el control, que Rusia no conquistará la paz. El gobierno Kerenski-Konoválov es un gobierno de guerra y de dictadura burguesa. Los diez ministros “socialistas” son la pantalla tras la cual operará la burguesía imperialista para fortalecer su dominio sobre los obreros, los campesinos y los soldados. Lo que Kornílov deseaba hacer sin rodeos y al expeditivo modo castrense, procurará efectuarlo el “nuevo” gobierno poco a poco y a la chita callando, con las manos de los mismos “socialistas”.

¿Qué diferencia hay entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario? La dictadura de la burguesía es el dominio de la minoría sobre la mayoría, ejercido exclusivamente por medio de la violencia, aplicada contra la mayoría y que exige la guerra civil contra la mayoría; mientras que la dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario, como dominio de la mayoría sobre la minoría, puede prescindir perfectamente de la guerra civil. Ahora bien, de esto se desprende que la política del “nuevo” gobierno será una política tendente a provocar acciones parciales desafortunadas, a fin de azuzar a los soldados contra los obreros o al frente contra la retaguardia y ahogar así en sangre la pujanza de la revolución. Se diferencian, además, en que la dictadura de la burguesía es una dictadura secreta, encubierta, solapada, que necesita de una u otra tapadera plausible para engañar a las masas; mientras que la dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario es una dictadura franca, una dictadura de las masas, que no necesita del engaño en los asuntos interiores ni de la diplomacia secreta en los exteriores.

Ahora bien, de esto se desprende que nuestros dictadores burgueses procurarán resolver las cuestiones más importantes de la vida del país -por ejemplo, la cuestión de la guerra y de la paz- a espaldas de las masas y sin las masas, mediante una confabulación contra las masas. Así lo evidencian claramente los primeros pasos del gobierno Kerenski-Konoválov. Juzgad vosotros mismos. Los cargos de mayor responsabilidad en materia de política exterior han sido confiados a los puntales democonstitucionalistas-kornilovianos. Teréschenko, ministro de Negocios Extranjeros; Nabókov, embajador en Londres; Maklakov, embajador en París; Efrémov, embajador en Berna, donde ahora se reúne la Conferencia Internacional (¡previa!) de la Paz. ¡Y esas gentes divorciadas de las masas, enemigas declaradas de las masas, han de resolver las cuestiones de la guerra y de la paz, relacionadas con la vida de millones de soldados! Todavía más: según informan los periódicos, “Kerenski, Teréschenko, Verjovski y Verderevski salen hoy para el Cuartel General”, donde, “además de examinar la situación general del frente con la participación de Teréschenko, se celebrará también una conferencia de los agentes militares de las potencias extranjeras acreditados ante el Cuartel General” (“Birzhovka”, ed. vespertina)...

Todo esto, en espera de la conferencia aliada, adonde llevan al célebre Tsereteli a título de Sancho Panza del señor Teréschenko. ¿De qué pueden cuchichear estos hombres fieles a la causa del imperialismo sino de los intereses de los imperialistas rusos y aliados, y a qué pueden reducirse, en esencia, sus negociaciones entre bastidores acerca de la paz y de la guerra sino a una confabulación contra los intereses del pueblo? No hay lugar a dudas. El gobierno Kerenski- Konoválov es un gobierno de la dictadura de la burguesía imperialista. Su política interior es la provocación de la guerra civil. Su política exterior es la solución entre bastidores de las cuestiones de la guerra y de la paz. Su objetivo es afirmar el dominio de la minoría sobre la mayoría de la población de Rusia. El deber del proletariado, como jefe de la revolución rusa, es arrancar la careta a ese gobierno y poner al descubierto ante las masas su auténtica faz

contrarrevolucionaria. El deber del proletariado es agrupar a su alrededor a las amplias masas de soldados y campesinos, y contenerlas para que no cometan acciones prematuras. El deber del proletariado es cerrar filas y prepararse sin cesar para las batallas inminentes. Los obreros y los soldados de la capital han dado ya el primer paso negando su confianza al gobierno Kerenski-Konovátov y exhortando a las masas “a estrechar sus filas en torno a sus Soviets, a abstenerse de acciones parciales” (v. la resolución del Soviet de petrogrado80). Las provincias tienen ahora la palabra.

Editorial publicada el 27 de septiembre de 1917 en el núm. 21 de “Rabochi Put”.