La contrarrevolución de los terratenientes y capitalistas ha sido quebrantada, pero aun no está rematada. Los generales kornilovistas han sido derrotados, pero aun no se ha asegurado el triunfo de la revolución. ¿Por qué? Porque los conciliadores, en lugar de combatir implacablemente a los enemigos, se ponen al habla con ellos. Porque los defensistas, en lugar de romper con los terratenientes y los capitalistas, pactan acuerdos con ellos. Porque el gobierno, en lugar de ponerlos fuera de la ley, les invita a participar en el ministerio. En el Sur de Rusia, el general Kaledin promueve un alzamiento contra la revolución, y su amigo, el general Alexéiev, es nombrado jefe del Estado Mayor Central. En la capital de Rusia, el partido de Miliukov respalda públicamente la contrarrevolución, y los Maklakov y los Kishkin, representantes de ese partido, son invitados a participar en el ministerio. ¡Es hora deponer término a este crimen contra la revolución! ¡Es hora de decir resuelta e irrevocablemente que a los enemigos hay que combatirlos, y no pactar compromisos con ellos! Contra los terratenientes y los capitalistas, contra los generales y los banqueros, por los intereses de los pueblos de Rusia, por la paz, por la libertad, por la tierra: tal es nuestra consigna. Ruptura con la burguesía y con los terratenientes: tal es la primera tarea. Formación de un gobierno de obreros y campesinos: tal es la segunda tarea.

Editorial publicado el 31 de agosto de 1917 en el núm. 9 de “Rabochi”.