En el núm. 5 de “Dielo Naroda” ha aparecido un articulillo titulado “Rusia, unión de regiones”. En él se recomienda ni más ni menos que la conversión de Rusia en una “unión de regiones”, en un “Estado federal”. Escuchad: “Que el Estado federal de Rusia acepte de las distintas regiones (Ucrania, Georgia, Siberia, Trirkestán, etc.) los atributos de la soberanía... Pero que garantice a las distintas regiones su soberanía interna. Que la futura Asamblea Constituyente establezca una Unión de Regiones de Rusia”. El autor del articulillo (Ios. Qkúlich) explica esto de la manera siguiente: “Que haya un ejército ruso único, una moneda única, una política exterior única, un único tribunal supremo. Pero que las distintas regiones del Estado único sean libres para organizar independientemente su nueva vida. Si ya en 1776 los norteamericanos... crearon por un tratado de unión los “Estados Unidos”, ¿por qué nosotros no hemos de poder crear, en 1917, una sólida unión de regiones?”. Así habla “Dielo Naroda”. No se puede negar que el articulillo tiene muchas cosas interesantes y que, en todo caso, es original.

También despierta interés lo enfático del tono, su estilo de “manifiesto”, por decirlo así (¡”que haya”, “que sean”!). Con todo y con eso, debemos señalar que, en general, se trata de una extraña aberración, basada en una actitud más que frívola respecto a hechos de la historia del régimen estatal de los Estados Unidos de América del Norte (así como de Suiza y el Canadá). ¿Qué nos dice esa historia? En 1776 los Estados Unidos no constituían una federación, sino una confederación de colonias o Estados hasta entonces independientes. Es decir, eran colonias independientes; pero luego, para defender sus intereses comunes, sobre todo contra los enemigos exteriores, las colonias concertaron entre sí una alianza (confederación), sin dejar, por ello, de ser entidades estatales plenamente independientes. En los años 60 del siglo XIX se operó un viraje radical en la vida política del país: los Estados del Norte exigieron un acercamiento político más estrecho entre los Estados, en oposición a los Estados del Sur, que protestaban contra el “centralismo” y luchaban por el viejo orden de cosas. Estalló la “guerra civil”, en la que vencieron los Estados del Norte.

En Norteamérica se estableció una federación, es decir, una unión de Estados soberanos, que compartían el Poder con el gobierno federal (central). Pero ese sistema no duró mucho. La federación resultó ser tan transitoria como la confederación. La lucha entre los Estados y el gobierno central no cesaba, y la dualidad de poderes se hizo intolerable, por lo que en el curso de su evolución los Estados Unidos se convirtieron, de federación, en Estado unitario, con normas constitucionales únicas y con una autonomía limitada (no estatal, sino política y administrativa), permitida a los Estados por dichas normas. Aplicado a los Estados Unidos, el nombre de “federación” pierde todo sentido, es una reliquia del pasado, que no corresponde, hace ya mucho, al verdadero estado de cosas. Lo mismo cabe decir de Suiza y del Canadá, países a los que también se refiere el autor del articulillo mencionado. Los mismos Estados independientes (los cantones) al comienzo de la historia, la misma lucha por una unión más sólida (la guerra contra el Sonderbund en Suiza, la lucha entre los ingleses y los franceses en el Canadá), la misma conversión subsecuente de la federación en Estado unitario. ¿Qué nos dicen estos hechos?

Únicamente que en Norteamérica, lo mismo que en el Canadá y en Suiza, el desarrollo fue, de regiones independientes, a través de su federación, hacia el Estado unitario; que la tendencia del desarrollo no es favorable a la federación, sino contraria a ella. La federación es una forma transitoria. Eso no es casual, pues, el desarrollo del capitalismo en sus formas superiores y, en relación con ello, la ampliación del marco del territorio económico, con su tendencia centralizadora, no exigen un Estado federal, sino un Estado unitario. No podemos pasar por alto esta tendencia, a menos naturalmente, que no queramos volver atrás la rueda de la historia. Pero de aquí se desprende que sería necio propugnar para Rusia la federación, condenada por la propia vida a desaparecer. “Dielo Naroda” propone repetir en Rusia la experiencia de los Estados Unidos de 1776. Pero ¿existe la más remota analogía entre los Estados Unidos de 1776 y la Rusia de nuestros días? Entonces los Estados Unidos eran un conglomerado de colonias independientes, no ligadas entre sí y que deseaban vincularse, por lo menos, en la forma de una confederación. Y este deseo era completamente lógico. ¿Es, acaso, análoga la

situación en la Rusia de hoy? ¡Naturalmente que no! Todo el mundo ve claro que las regiones (la periferia) están aquí vinculadas a la Rusia Central por lazos económicos y políticos; y cuanto más democrática sea Rusia, más apretados serán esos lazos. Además, para establecer en Norteamérica una confederación o una federación, fue necesario unir colonias no ligadas aun entre sí. Y ello respondía a los intereses del desarrollo económico de los Estados Unidos. Mas, para convertir a Rusia en una federación, habría que romper los lazos económicos y políticos ya existentes y que vinculan unas a otras las regiones, cosa que sería absolutamente absurda y reaccionaria. Finalmente, Norteamérica (lo mismo que el Canadá y Suiza) no se divide en Estados (cantones) según el principio de la nacionalidad, sino según el principio geográfico. Allí los Estados se desarrollaron a partir de colonias-comunidades, independientemente de su composición nacional. En los Estados Unidos hay varias decenas de Estados, pero sólo siete u ocho grupos nacionales. En Suiza hay 25 cantones (regiones), pero sólo tres grupos nacionales. En Rusia la cosa cambia. Lo que en Rusia se acostumbra a llamar regiones que necesitan, supongamos, autonomía (Ucrania, la Transcaucasia, Siberia, Turkestán, etc.), no son simples regiones geográficas, como la de los Urales o la del Volga, sino partes concretas de Rusia, con su propio modo de vida y con una determinada composición nacional (no rusa).

Precisamente por ello, la autonomía (o federación) de los Estados en Norteamérica o en Suiza no sólo no resuelve la cuestión nacional (¡no persigue ese objetivo!), sino que ni siquiera la plantea. Pero la autonomía (o federación) de las regiones de Rusia es propuesta precisamente para plantear y resolver la cuestión nacional, porque la división de Rusia en regiones se basa en el principio de la nacionalidad. ¿No está claro que la analogía entre los Estados Unidos de 1776 y la Rusia de nuestros días es artificial y absurda? ¿No está claro que el federalismo no resuelve ni puede resolver en Rusia la cuestión nacional y que sólo puede complicarla y embrollarla, con quijotescos forcejeos por volver atrás la rueda de la historia? No, indudablemente no se puede aceptar la propuesta de repetir en Rusia la experiencia de la Norteamérica de 1776. La federación, esa medida transitoria y a medias, no satisface ni puede satisfacer los intereses de la democracia. La solución del problema nacional debe ser tan viable como radical y definitiva, es decir: 1) derecho a la separación para las naciones que pueblan determinadas regiones de Rusia y que no pueden, que no quieren permanecer en el marco de un todo único; 2) autonomía política en el marco de un Estado unitario, con normas constitucionales únicas para las regiones que se distinguen por una determinada composición nacional y que quedan en el marco de un todo único. Así, y sólo así, debe resolverse la cuestión de las regiones en Rusia*.

Publicado con la firma de K. Stalin el 28 de marzo de 1917 en el núm. 19 de “Pravda”.

*NOTA DEL AUTOR El presente artículo refleja la desaprobación con que, en general, veía entonces nuestro Partido la estructura federativa del Estado. Esta opinión, contraria al federalismo como forma de organización del Estado, halló su más neta expresión en la conocida carta escrita por Lenin a Shaumián en noviembre de 1913. “Nosotros -decía Lenin en aquella carta- estamos, indudablemente, por el centralismo democrático. Somos contrarios a la federación... Estamos, en principio, contra la federación, que debilita los vínculos económicos y es una forma inservible para lo que es un solo Estado. ¿Quieres separarte? Bien, vete al infierno, si puedes romper los vínculos económicos, o, mejor dicho, si la opresión y los rozamientos originados por la “convivencia” son tales que corroen y destruyen los lazos económicos. ¿No quieres separarte? Entonces, perdona, pero no resuelvas por mí, no pienses que tienes “derecho” a la federación”“ (v. t. XVII, pág. 90)*. Es característico que en la resolución sobre el problema nacional adoptada por la Conferencia de Abril del Partido en 19179, la cuestión de la estructura federativa del Estado ni siquiera fue mencionada. En la resolución se habla del derecho de las naciones a la separación, de la autonomía de las regiones nacionales en el marco de un Estado único (unitario) y, finalmente, de la promulgación de una ley fundamental contra cualquier privilegio nacional; pero no se dice, ni una sola palabra acerca de que sea admisible una estructura federativa del Estado. En el libro de Lenin “El Estado y la revolución” (agosto de 1917), el Partido, en la persona de Lenin, da el primer paso serio hacia el reconocimiento de la admisibilidad de la federación como forma transitoria “hacia una república centralizada”, aunque acompañando este reconocimiento de varias reservas substanciales. “Engels, como Marx -dice Lenin en este libro-, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la república única e indivisa. Considera la república federativa, bien como

* Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de V. I. Lenin, los números romanos se refieren a los tomos de la 3ª edición en ruso de las Obras de V. I. Lenin. (;. del T.)

excepción y como obstáculo para el desarrollo, o bien como transición de la monarquía a la república centralizada, como “un paso adelante” en determinadas circunstancias especiales. Y entre esas circunstancias especiales se destaca la cuestión nacional... Hasta en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber “liquidado” la cuestión nacional en las distintas pequeñas divisiones territoriales del país, incluso aquí tiene en cuenta Engels el hecho evidente de que la cuestión nacional no ha sido superada aún, razón por la cual reconoce que la república federativa representa “un paso adelante”. Se sobreentiende que en esto no hay ni sombra de renuncia a la crítica de los defectos de la república federativa, ni a la propaganda, ni a la lucha más decididas en pro de una república unitaria, de una república democrática centralizada.” (v. t. XXI, pág. 419). Sólo después de la Revolución de Octubre adopta el Partido, firme y definitivamente, el punto de vista de la federación como forma de Estado, presentándola como su propio plan para la estructuración estatal de las Repúblicas Soviéticas durante el período de transición. Este punto de vista fue expresado por primera vez en enero de 1918, en la conocida “Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado”, escrita por Lenin y aprobada por el Comité Central del Partido. En esta declaración se dice: “La República Soviética de Rusia se instituye sobre la base de la unión libre de naciones libres, como Federación de Repúblicas Soviéticas nacionales” (v. t. XXII, pág. 174). Este punto de vista fue aprobado oficialmente por el Partido en su VIII Congreso (1919).

Es conocido que en este Congreso se aprobó el programa del Partido Comunista de Rusia. En este programa se dice: “Como una de las formas transitorias hacia la unidad completa, el Partido proclama la unión federal de los Estados organizados según el tipo soviético” (v. el “Programa del P.C.R.”). Tal es el camino recorrido por el Partido desde la negación de la federación hasta su reconocimiento como “forma de transición a la unidad completa entre los trabajadores de las diversas naciones” (v. las “Tesis sobre la cuestión nacional”, aprobadas en el II Congreso de la Internacional Comunista). Esta evolución del punto de vista de nuestro Partido en cuanto a la federación estatal obedece a tres causas. Primera causa: al estallar la Revolución de Octubre, muchas nacionalidades de Rusia se encontraban, de hecho, completamente separadas y aisladas unas de otras, y por ello la federación resultó ser un paso adelante para acercar, para unir a las aisladas masas trabajadoras de esas nacionalidades. Segunda causa: las formas mismas de federación que se perfilaron en el proceso de la construcción del régimen soviético no resultaron ser, ni mucho menos, tan contradictorias a los objetivos del acercamiento económico de las masas trabajadoras de las nacionalidades de Rusia como lo pareciera en un principio; más aún, resultó que no contradecían en absoluto a estos objetivos, como lo ha demostrado posteriormente la práctica. Tercera causa: el peso específico del movimiento nacional resultó ser mucho mayor y el camino hacia la unión de las naciones mucho más complejo de lo que pareciera antes, en el período anterior a la guerra o en el período precedente a la Revolución de Octubre. J. St. Diciembre de 1924.