Hace ya una semana la prensa burguesa inició una campaña contra los obreros de la cuenca del Donetz. “Anarquía”, “destrucción de las empresas”, “detenciones y apaleamientos” del personal de servicio, ¿qué embuste no habrán lanzado contra ellos los venales periódicos burgueses? Ya entonces podía preverse que se preparaba una cruzada contra los obreros del Donetz, que se desbrozaba el camino para que el gobierno pudiera emprender esa campaña. Y, en efecto, éste “no ha permanecido sordo” a los clamores de los mercenarios de la burguesía. Por algo es el gobierno de la dictadura burguesa. Según informan los periódicos, el Comité Económico Principal adjunto al Gobierno Provisional, naturalmente con la “actitud solidaria” de Kerenski, “ha estimado oportuno enviar a Járkov y a la cuenca del Donetz... a una persona investida de poderes dictatoriales. Esta persona deberá ser encargada de obligar a los industriales a proseguir el trabajo y de influir en la masa obrera en el sentido de tranquilizarla. Se pone a disposición de la citada persona todos los medios coercitivos con que cuentan los poderes públicos” “(Torgovo-Promíshlennaia Gazieta”, 26 de septiembre). Fijaos: “dictador” con “medios coercitivos”... ¿Contra quién se envía a ese “dictador” todavía desconocido? ¿Quizá contra los patronos del Donetz, que vienen reduciendo de intento desde hace tres meses la producción, agravando de modo criminal el desempleo, y que ahora, a la vista de todos, organizan lockouts y amenazan con el desbarajuste de la vida económica del país? ¡Naturalmente que no! El Comité Económico Principal declara sin rodeos que la culpa de todo la tienen los “agitadores malintencionados”, y no los patronos, puesto que: “Con arreglo a los informes existentes, los excesos que se han producido surgieron a causa de algunos grupos de agitadores malintencionados” (v. el periódico citado).

Contra éstos, ante todo, se envía al “dictador” provisto de “medios coercitivos”. Pero hay más. Según informa “Birzhovka”, la Conferencia de los industriales de Járkov ha decidido: 1) “Declarar derecho exclusivo de las empresas el despido y la admisión de empleados y obreros”. 2) “Inadmisibilidad de toda ingerencia del Soviet de Diputados Obreros en la administración y la vigilancia de la producción”. 3) “Las empresas no pueden sufragar los gastos de mantenimiento y pago de los miembros del Soviet de Diputados Obreros, de los comités ejecutivos y de los sindicatos”. 4) “Ningún aumento de salario podrá aliviar la situación de los obreros” (“Birzhevíe Viédomosti”, 27 de septiembre). En pocas palabras: los industriales declaran la guerra a los obreros y a sus organizaciones. Ni que decir tiene que el gobierno del lockoutista Konoválov no dejará de ponerse al frente de esta guerra contra los obreros. Y como los obreros no se entregarán sin combatir, para ello son necesarios precisamente el “dictador” y los “medios coercitivos”. La cosa es bien simple. Se ha llamado contrarrevolucionario a Sávinkov por ser el autor del proyecto de militarización de las empresas que producen para la defensa. Se ha acusado a Kornílov de traición por haber exigido la aplicación de este proyecto. ¿Cómo se llamará a un gobierno que “sin más palabras” envía a la cuenca del Donetz a un “dictador” con facultades ilimitadas, provisto de “todos los medios coercitivos” para hacer la guerra a las masas obreras, para destrozar sus organizaciones? ¿Qué pueden decir a este propósito los señores ministros “socialistas”?

Publicado sin firma el 28 de septiembre de 1917 en el núm. 22 de “Rabochi Put”.