La huelga ferroviaria y los bancarroteros del democratismo

La huelga ferroviaria, grandiosamente concebida y magníficamente organizada, llega, al parecer, a su fin. La victoria es de los ferroviarios, pues es evidente por sí mismo que la coalición de juguete del campo korniloviano-defensista no puede resistir al poderoso empuje de toda la democracia del país. Ahora es claro para todos que la huelga fue «provocada» no por la mala voluntad de los ferroviarios, sino por la política antirrevolucionaria del directorio. Ahora es claro para todos que la huelga fue impuesta al país no por los Comités ferroviarios, sino por las amenazas contrarrevolucionarias de Kerenski-Nikítin. Ahora es claro para todos que la frustración de esta huelga habría significado la probable militarización de los ferrocarriles y... el fortalecimiento del poder de la burguesía imperialista. Los ferroviarios tienen razón al responder a la indigna calumnia de Kerenski-Nikítin con una acusación demoledora:

«No somos nosotros, señores Kerenski y Nikítin, quienes hemos traicionado a la patria, sino que son ustedes quienes han traicionado sus ideales, y el Gobierno Provisional sus promesas, y ahora ya no pueden detenernos ningunas palabras ni amenazas».

Todo esto, repetimos, es claro y de todos conocido.

Sin embargo, resulta que hay en el mundo personas que se llaman demócratas y que consideran lícito en este difícil momento lanzar una piedra contra los ferroviarios, sin comprender o sin querer comprender que con ello echan agua al molino de los caníbales de «Rech» y «Nóvoie Vremia».

Nos referimos a la redacción del periódico menchevique «Rabóchaya Gazeta».

Acusando a los dirigentes de la huelga de haber «ido al encuentro de la espontaneidad» al declarar la huelga, el periódico declara amenazadoramente:

«Esto la democracia no lo perdonará al estado mayor general de los ferroviarios. Así de fácil no se ponen en juego los intereses de todo el país, de toda la democracia» («Rabóchaya Gazeta» n.o 170).

Increíble, pero cierto: un periódico venido a menos, sin democracia alguna, se considera con derecho a lanzar amenazas contra la auténtica democracia, los trabajadores ferroviarios.

«La democracia no lo perdonará»... Pero ¿en nombre de qué democracia hablan ustedes, señores de la «Rabóchaya Gazeta»?

¿Acaso en nombre de esa democracia de los Sóviets, que se ha ido de su lado y cuya voluntad ustedes falsificaron en la conferencia?

¿Pero quién les dio derecho a hablar en nombre de esa democracia?

O quizá tengan a bien hablar en nombre de Tsereteli y Dan, Líber y demás falsificadores, que falsificaron la voluntad de los Sóviets en la conferencia y traicionaron la conferencia misma en las «negociaciones» en el Palacio de Invierno.

¿Pero quién les dio derecho a identificar a estos traidores de la democracia con «la democracia de todo el país»?

¿Comprenderán alguna vez que los caminos de la «Rabóchaya Gazeta» y los de «la democracia de todo el país» se han separado irrevocablemente? Miserables bancarroteros del democratismo...

Los campesinos rusos y el partido de los descabezados

Hace poco escribíamos que en la cuestión fundamental de la lucha del gobierno contra los Sóviets, el partido socialista-revolucionario no tuvo una sola resolución común. Mientras el ala derecha de los eseristas llamaba a la destrucción de los Sóviets «anárquicos» (¡recuerden Tashkent!), organizando expediciones punitivas, y el ala izquierda apoyaba a los Sóviets, el centro chernovista, presa de dudas hamletianas, no tenía opinión propia, prefiriendo guardar «neutralidad». Cierto es que después el centro «se encontró a sí mismo», retirando del Sóviet de Tashkent a los miembros del partido eserista y apoyando así la política de las expediciones punitivas. Pero ¿quién no sabe ahora que esa retirada solo demostró la vergüenza del partido eserista, pues los eseristas no se fueron del Sóviet de Tashkent, y la «contrarrevolucionariedad de las actuaciones» resultó estar no del lado del Sóviet, sino del lado del gobierno de Kerenski y sus secuaces?

Pero no bien los eseristas se libraron de esta «historia», cayeron de nuevo en otra, aún más desagradable. Nos referimos a su votación sobre la cuestión de la tierra en el llamado preparlamento.

El caso es que, al discutirse la declaración del 14 de agosto en el preparlamento, los eseristas de izquierda presentaron una propuesta de entrega de todas las tierras de los terratenientes a la administración de los Comités campesinos. ¿Es necesario decir que la obligación de la democracia es apoyar esta propuesta? ¿Es necesario aún decir que la cuestión de la tierra es la cuestión fundamental de nuestra revolución? ¿Y qué ocurrió? Mientras los bolcheviques y los eseristas de izquierda proponían la entrega de las tierras a los campesinos, y los eseristas de derecha junto con los líberdanistas se pronunciaban en contra de esta propuesta, el centro chernovista resultó una vez más sin «opinión propia», absteniéndose en la votación.

¡El «ministro mujik» Chernov no se atrevió a pronunciarse a favor de la entrega de las tierras de los terratenientes a los campesinos, dejando la resolución de la cuestión a los falsificadores de la voluntad de los campesinos!

¡El partido eserista, partido de la «revolución agraria» y del «socialismo integral», resultó estar sin una resolución definida sobre la cuestión fundamental de los campesinos en el momento crítico de la revolución rusa!

¡Verdaderamente, un partido de razonadores descabezados!

Pobres campesinos rusos...

«Rabochi Put» n.o 21,

27 de septiembre de 1917

Artículo sin firma