Desde que comenzaron a agudizarse las relaciones con la Rada ucraniana, vengo recibiendo muchas resoluciones y cartas de camaradas ucranianos a propósito del conflicto con la Rada. Considero imposible y superfluo contestar por separado cada resolución y cada carta, puesto que casi siempre se repiten. Por eso he decidido tomar de ellas las cuestiones que más abundan y responderlas con una precisión que no deje lugar a dudas. Estas cuestiones son bien conocidas de todos: 1) ¿cómo ha surgido el conflicto?, 2) ¿a propósito de qué puntos ha surgido el conflicto?, 3) ¿qué medidas son necesarias para solventar por vía pacífica el conflicto?, 4) ¿será posible que se derrame la sangre de pueblos hermanos? Después sigue la certidumbre general de que el conflicto entre los dos pueblos entroncados se resolverá pacíficamente, sin efusión de sangre fraterna. Ante todo, es necesario señalar cierta confusión en los conceptos de los camaradas ucranianos. A veces presentan el conflicto con la Rada como un conflicto entre los pueblos ucraniano y ruso. Pero eso no es cierto. Entre los pueblos ucraniano y ruso no existen ni pueden existir conflictos.

Los pueblos ucraniano y ruso, como los demás pueblos de Rusia, están formados por obreros y campesinos, soldados y marinos. Todos ellos han luchado juntos contra el zarismo y la kerenskiada, contra los terratenientes y los capitalistas, contra la guerra y el imperialismo. Todos ellos han vertido juntos la sangre por la tierra y la paz, por la libertad y el socialismo. En la lucha contra los terratenientes y los capitalistas, todos ellos son hermanos y camaradas. En la lucha por sus intereses vitales, no existen ni pueden existir conflictos entre ellos. Por supuesto, a los enemigos de los trabajadores les conviene presentar el conflicto con la Rada como un conflicto entre los pueblos ruso y ucraniano, ya que de esa manera se puede incitar más fácilmente unos contra otros a los obreros y campesinos de estos pueblos hermanos, para satisfacción de sus opresores. Mas, ¿acaso a obreros y campesinos conscientes les cuesta trabajo comprender que lo que favorece a los opresores de los pueblos perjudica a los pueblos? El conflicto no ha surgido entre los pueblos de Rusia y de Ucrania, sino entre el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Secretariado General de la Rada. ¿A propósito del qué cuestiones ha surgido el conflicto?

Se dice que el conflicto ha surgido en la cuestión del centralismo y de la autodeterminación, que el Consejo de Comisarios del Pueblo impide al pueblo ucraniano tomar en sus manos el Poder y determinar libremente sus destinos. ¿Es eso cierto? No, no es cierto. El Consejo de Comisarios del Pueblo trata, precisamente, de que todo el Poder en Ucrania pertenezca al pueblo ucraniano, es decir, a los obreros y soldados, a los campesinos y marinos ucranianos. El Poder Soviético, es decir, el Poder de los obreros y los campesinos, de los soldados y los marinos, sin terratenientes ni capitalistas, es precisamente el Poder popular por el que lucha el Consejo de Comisarios del Pueblo. El Secretariado General no quiere ese Poder, puesto que no desea prescindir de los terratenientes ni de los capitalistas. En esto, y no en el centralismo, reside el verdadero fondo de la cuestión. Desde el principio mismo, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha sustentado y sigue sustentando el punto de vista de la libre determinación. No tiene nada en contra incluso de que el pueblo ucraniano se separe y forme un Estado independiente. Así lo ha declarado varias veces con carácter oficial.

Ahora bien, cuando se confunde la autodeterminación de un pueblo con la autocracia de Kaledin, cuando el Secretariado General de la Rada intenta presentar las tropelías contrarrevolucionarias de los generales cosacos como una manifestación de la autodeterminación del pueblo, el Consejo de Comisarios del Pueblo no puede por menos de advertir que el Secretariado General juega a la autodeterminación, encubriendo con tal juego su alianza con Kaledin y Rodzianko. Somos partidarios de la autodeterminación de los pueblos, pero enemigos de que bajo la bandera de la autodeterminación se pase de contrabando la autocracia de Kaledin, quien todavía ayer abogaba por la estrangulación de Finlandia. Se dice que el conflicto ha surgido en la cuestión de la República Ucraniana, que el Consejo de Comisarios del Pueblo no reconoce a la República Ucraniana. ¿Es eso cierto? No, no es cierto. El Consejo de Comisarios del Pueblo ha reconocido oficialmente a la República Ucraniana en el “Ultimátum” y en la “Respuesta” al Estado Mayor ucraniano de Petrogrado. Está dispuesto a reconocer como república a cualquier región nacional de Rusia, si lo desea así la población trabajadora de la región

interesada. Está dispuesto a reconocer la estructura federativa para la vida política de nuestro país, si lo desea así la población trabajadora de las regiones de Rusia. Ahora bien, cuando se confunde la república popular con la dictadura militar de Kaledin, cuando el Secretariado General de la Rada intenta presentar a los monárquicos Kaledin y Rodzianko como pilares de la República, el Consejo de Comisarios del Pueblo no puede por menos de decir que el Secretariado General juega a la república, encubriendo con tal juego su plena supeditación a los ricachones monárquicos. Somos partidarios de la República Ucraniana, pero enemigos de que se encubra con la bandera de la República a los enemigos jurados del pueblo, a los monárquicos Kaledin y Rodzianko, quienes todavía ayer abogaban por el restablecimiento del viejo régimen y de la pena de muerte para los soldados. No, las cuestiones del centralismo y de la autodeterminación no afectan al conflicto con la Rada. El litigio no ha surgido en torno a tales cuestiones. El centralismo y la autodeterminación han sido adosados artificialmente a este asunto por el Secretariado General, como ardid estratégico destinado a ocultar de las masas ucranianas las verdaderas causas del conflicto. El conflicto no ha surgido por las cuestiones del centralismo y de la autodeterminación, sino por las siguientes tres cuestiones concretas: Primera cuestión.

El conflicto arranca de las órdenes del día de Petliura, miembro del Secretariado General, que amenazaban con la completa desorganización del frente. Sin tomar en consideración al Cuartel General ni los intereses del frente, sin tomar en consideración las negociaciones de paz ni el problema de la paz en general, Petliura ha comenzado con sus órdenes a llamar a Ucrania a todas las unidades ucranianas del ejército y de la flota. Es fácil comprender que el frente se habría desmoronado en el acto si las unidades ucranianas hubiesen acatado las órdenes de Petliura: las unidades ucranianas del Norte se habrían desplazado al Sur; las del Sur, no ucranianas, al Norte; las demás nacionalidades también se habrían ido “cada una por su lado”; los ferrocarriles estarían ocupados sólo con el transporte de soldados y pertrechos; hubieran dejado de llegar al frente provisiones porque no habría habido con qué transportarlas. Y del frente no quedaría más que el recuerdo. De este modo se hubiese hecho tambalear de raíz la obra del armisticio y de la paz. Huelga decir que en tiempo normal el lugar del soldado ucraniano es, ante todo, su país, Ucrania. Huelga decir que la “nacionalización” del ejército es una cosa aceptable y apetecible. Así lo ha declarado varias veces oficialmente el Consejo de Comisarios del Pueblo.

Pero en las condiciones de la guerra, cuando el asunto de la paz todavía no está arreglado, y el frente no se estructura según el principio nacional, cuando en vista de la debilidad de nuestro transporte la “nacionalización” inmediata del ejército aparejaría el peligro de dispersión de los soldados y de desmoronamiento del frente, de fracaso de la paz y del armisticio, huelga decir que en tales condiciones no cabía ni hablar de la retirada inmediata de las unidades nacionales. No sé si Petliura se daba cuenta de que con sus descabelladas órdenes rompía el frente y frustraba la conclusión de la paz. Pero los soldados y los marinos ucranianos lo han comprendido en el acto, ya que todos ellos, salvo raras excepciones, se han negado a obedecer a Petliura y permanecen en sus puestos mientras no se concluye la paz. De tal modo los combatientes ucranianos han salvado la paz, y la cuestión de las órdenes irreflexivas de Petliura ha perdido por ahora su excepcional gravedad. Segunda cuestión. El conflicto, que arranca de las órdenes del día de Petliura, ha sido agravado por la política del Secretariado General de la Rada, que ha procedido al desarme de los Soviets de Diputados de Ucrania. Los destacamentos del Secretariado General han atacado por la noche a las tropas soviéticas en Kiev y las han desarmado. Intentos análogos se han registrado en Odessa, en Járkov; estos intentos han fracasado al chocar con la debida réplica. Pero sabemos a ciencia cierta que el Secretariado General concentra tropas contra Odessa y Járkov para desarmar a las tropas soviéticas.

Sabemos a ciencia cierta que en varias ciudades menos importantes las tropas soviéticas han sido ya desarmadas y “licenciadas”. Por consiguiente, el Secretariado General de la Rada se ha propuesto realizar el programa de Kornílov y Kaledin, de Alexéiev y Rodzianko acerca del desarme de los Soviets. Ahora bien, los Soviets son el baluarte y la esperanza de la revolución. Quién desarma a los Soviets, desarma a la revolución, lleva al fracaso la obra de la paz y de la libertad, traiciona la causa de los obreros y de los campesinos. Los Soviets han salvado a Rusia del yugo de la korniloviada. Los Soviets han salvado a Rusia del oprobio de la kerenskiada. Los Soviets han conquistado para los pueblos de Rusia la tierra y el armisticio. Los Soviets, y sólo ellos, son capaces de llevar la revolución popular hasta la victoria completa. Por ello, quien levanta la mano contra los Soviets, ayuda a los terratenientes y capitalistas a ahogar a los obreros y campesinos de toda Rusia, ayuda a los Kaledin y a los Alexéiev a consolidar su Poder “férreo” sobre los soldados y los cosacos. Que no ése nos diga que en el Secretariado General figuran socialistas y que éstos no pueden traicionar la causa del pueblo. Kerenski se llama socialista y, sin embargo, condujo a las tropas contra el Petrogrado revolucionario. Gots se llama socialista y, sin embargo, ha sublevado a los cadetes y oficiales contra los soldados y los marinos de Petrogrado. Sávinkov y Avxéntiev se llaman socialistas y, sin embargo, implantaron la pena de muerte para los

soldados en el frente. De los socialistas no se debe juzgar por sus palabras, sino por sus hechos. El Secretariado General desorganiza y desarma a los Soviets de Ucrania, facilitando a Kaledin la implantación de un régimen sangriento en el Don y en la cuenta hullera: he ahí un hecho, que no puede ser encubierto por ninguna bandera socialista. Por eso, precisamente, el Consejo de Comisarios del Pueblo afirma que la política del Secretariado General es una política contrarrevolucionaria. Por eso, precisamente, el Consejo de Comisarios del Pueblo abriga la esperanza de que los obreros y los soldados ucranianos, que lucharon en Rusia en las primeras filas por el Poder Soviético revolucionario, sabrán llamar al orden a su Secretariado General o elegir otro nuevo en beneficio de la paz entre los pueblos. Se habla del “canje” de unidades militares entre Ucrania y Rusia, del deslindamiento, etc. El Consejo de Comisarios del Pueblo comprende muy bien la necesidad del deslindamiento.

Pero éste debe ser fraterno, amistoso, basado en un acuerdo, y no por la fuerza, no con arreglo al “principio” de “apodérate de lo que puedas”, “desarma a quien puedas”, como hace ahora el Secretariado General apropiándose de los víveres, incautándose de los cargamentos, condenando al ejército al hambre y al frío. Tercera cuestión. El conflicto ha llegado al punto culminante cuando el Secretariado General se ha negado en redondo a dejar pasar a las tropas revolucionarias de los Soviets que marchan contra Kaledin. Los destacamentos del Secretariado General detienen los trenes de tropas revolucionarias, levantan las vías, amenazan con disparar, alegando que no pueden dejar pasar por su territorio a tropas “extrañas”. Los soldados rusos, que todavía ayer luchaban al lado de los ucranianos contra los generales verdugos empeñados en aplastar Ucrania, ¡resultan ahora unos “extraños”! ¡Y ello cuando ese mismo Secretariado General deja pasar libremente hacia Rostov por su territorio a las unidades cosacas de Kaledin y a los ofíciales contrarrevolucionarios que desde todas partes se dirigen para unirse a Kaledin! ¡Los hombres de Kornílov y de Kaledin ensartan en sus lanzas a los guardias rojos de Rostov, y el Secretariado General de la Rada impide la ayuda a nuestros camaradas de Rostov!

¡Los oficiales de Kaledin fusilan a nuestros camaradas en las minas, y el Secretariado General nos impide prestar ayuda a los camaradas mineros! ¿Puede asombrar que Kaledin, todavía ayer derrotado, avance hoy más y más hacia el Norte, se apodere de la cuenca del Donetz y amenace Tsaritsin? ¿Acaso no está claro qué el Secretariado General ha pactado una alianza con Kaledin y Rodzianko? ¿Acaso no está claro que el Secretariado General prefiere la alianza con los kornilovistas a la alianza con el Consejo de Comisarios del Pueblo? Se habla de la necesidad de un acuerdo entre el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Secretariado General de la Rada. Pero ¿acaso es difícil comprender que un acuerdo con el actual Secretariado General es un acuerdo con Kaledin y Rodzianko? ¿Acaso es difícil comprender que el Consejo de Comisarios del Pueblo no puede aceptar el suicidio? No hemos comenzado la revolución contra los terratenientes y los capitalistas para terminarla sellando una alianza con verdugos tipo Kaledin. No han vertido su sangre los obreros y los soldados para entregarse a merced de los Alexéiev y los Rodzianko.

Una de dos: o la Rada rompe con Kaledin, tiende su mano a los Soviets y abre el camino a las tropas revolucionarias que marchan sobre la guarida contrarrevolucionaria del Don, en cuyo caso los obreros y los soldados de Ucrania y de Rusia reforzarán su alianza revolucionaria con un nuevo estallido de fraternización; o la Rada no quiere romper con Kaledin, no abre el camino a las tropas revolucionarias, en cuyo caso el Secretariado General de la Rada conseguirá lo que en vano han tratado de conseguir los enemigos del pueblo, es decir, la efusión de sangre de pueblos hermanos. De la conciencia y del espíritu revolucionario de los obreros y soldados ucranianos depende llamar al orden a su Secretariado General o elegir otro nuevo para llegar a una solución pacífica de este peligroso conflicto. De la firmeza y de la decisión de los obreros y soldados ucranianos depende obligar al Secretariado General a que diga inequívocamente de qué alianza es partidario ahora: de la alianza con Kaledin y Rodzianko contra la revolución o de la alianza con el Consejo de Comisarios del Pueblo contra la contrarrevolución de los demócratas constitucionalistas y los generales. La solución pacífica del conflicto está en manos del pueblo ucraniano. J. Stalin, Comisario del Pueblo 12 de diciembre de 1917.

Publicado el 13 de diciembre de 1917 en el núm. 213 de “Pravda”