En los primeros días de la revolución, la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” era una novedad. En abril, el “Poder de los Soviets” se contrapone por vez primera al Poder del Gobierno Provisional. Por entonces, la mayoría en Petrogrado era todavía favorable al Gobierno Provisional sin Miliukov- Guchkov. En junio, esta consigna es aceptada ostensiblemente por la inmensa mayoría de los obreros y de los soldados. El Gobierno Provisional está ya aislado en Petrogrado. En julio, en torno a la consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!”, estalla la lucha entre la mayoría revolucionaria de la capital y el gobierno Lvov-Kerenski. Apoyándose en el atraso de las provincias, el conciliador Comité Ejecutivo Central se pasa al lado del gobierno. La lucha se decide en favor del gobierno. Se declara fuera de la ley a los partidarios del Poder Soviético. Sobreviene un período estacionario de represiones “socialistas” y de cárceles “republicanas”, de intrigas bonapartistas y de complots militares, de fusilamientos en el frente y de “conferencias” en la retaguardia. Así se llega hasta últimos de agosto. Por aquellas fechas, el panorama cambia radicalmente. El alzamiento de Kornílov pone en tensión todas las fuerzas revolucionarias.

Los Soviets en la retaguardia y los Comités en el frente, casi difuntos en julio y agosto, ahora reviven “de pronto”. Y, vueltos a la vida, toman el Poder en Siberia y en el Cáucaso, en Finlandia y en los Urales, en Odesa y en Járkov. Sin este acto, sin la toma del Poder, la revolución hubiera sido aplastada. De este modo, el “Poder de los Soviets”, proclamado en abril por un “pequeño grupo” bolchevique en Petrogrado, cuenta a finales de agosto con la aceptación casi general de las clases revolucionarias de Rusia. Ahora está claro para todos que el “Poder de los Soviets” no sólo es una consigna popular, sino el único procedimiento acertado en la lucha por la victoria de la revolución, la única salida de la situación creada. Ha llegado el momento en que, por fin, debe ser llevada a la práctica la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Ahora bien, ¿qué significa el “Poder de los Soviets”?, ¿en qué se diferencia de cualquier otro Poder? Se dice que entregar el Poder a los Soviets significa formar un gobierno democrático “homogéneo”, organizar un nuevo “gabinete” con ministros “socialistas” y, en general, llevar a cabo “serios cambios” en la composición del Gobierno Provisional. Pero tal opinión es errónea.

No se trata en absoluto de sustituir unas personas por otras en el Gobierno Provisional. Se trata de qué clases nuevas, las clases revolucionarias, pasen a ser las dueñas de la situación en el país. Se trata del paso del Poder al proletariado y al campesinado revolucionario. Mas, para ello, dista mucho de ser suficiente el simple cambio de gobierno. Para esto es necesario, ante todo, efectuar una depuración radical en todos los ministerios e instituciones oficiales, expulsar de todas partes a los kornilovistas y colocar por doquier a obreros y campesinos fieles. Sólo entonces y sólo en tal caso se podrá hablar del paso del Poder a los Soviets “en la capital y en provincias”. ¿Cómo se explica la notoria impotencia de los ministros “socialistas” del Gobierno Provisional? ¿Cómo se explica el hecho de que estos ministros hayan resultado míseros juguetes en manos de hombres situados fuera del Gobierno Provisional? (¡Recordad los “informes” de Chernov y de Skóbelev, de Zarudni y de Peshejónov en la “Conferencia Democrática”!) Ante todo, porque no eran ellos los que dirigían sus ministerios, sino los ministerios a ellos; porque; entre otras cosas, cada ministerio es una fortaleza, donde continúan encastillados los burócratas del período zarista, quienes convierten en “vanas palabras” los buenos propósitos de los ministros y están dispuestos a sabotear cualquier medida revolucionaria del Poder.

Para que el Poder pase, no sólo de palabra, sino de hecho, a los Soviets, es necesario tomar esas fortalezas y desalojar de ellas a los servidores del régimen democonstitucionalista-zarista, sustituyéndolos por trabajadores electos y amovibles, fieles a la revolución. El Poder a los Soviets significa una depuración radical de todas las instituciones oficiales en la retaguardia y en el frente, de abajo arriba. El Poder a los Soviets significa la elegibilidad y la amovilidad de todos los “jefes” en la retaguardia y en el frente. El Poder a los Soviets significa la elegibilidad y la amovilidad de los “representantes del Poder” en la ciudad y en el campo, en el ejército y en la marina, en los “ministerios” y en los “establecimientos”, en los ferrocarriles y en correos y telégrafos. El Poder a los Soviets significa la dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario. Esta dictadura difiere radicalmente de la dictadura de la burguesía imperialista, de esa misma dictadura que no hace mucho tiempo trataron de implantar Kornílov y Miliukov con la benévola participación de Kerenski y Teréschenko.

La dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario es la dictadura de la mayoría trabajadora sobre la minoría explotadora, sobre los terratenientes y los capitalistas, sobre los especuladores y los banqueros, la dictadura en nombre de una paz democrática, en nombre del control obrero de la producción y la distribución, en nombre de la tierra para los campesinos, en nombre del pan para el pueblo. La dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario es una dictadura abierta, de masas, ejercida ante los ojos de todo el mundo, sin complots y sin actuación secreta, pues tal dictadura no tiene por qué ocultar que será implacable con los capitalistas lockoutistas, que agravan el desempleo mediante diversas “descongestiones”, y con los banqueros especuladores, que suben los precios de las subsistencias y originan el hambre. La dictadura del proletariado y del campesinado es una dictadura sin violencia sobre las masas, una dictadura por la voluntad de las masas, una dictadura para reprimir la voluntad de los enemigos de esas masas. Tal es la esencia de clase de la consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Los acontecimientos de la política interior y exterior, la prolongada guerra y el ansia de paz, las derrotas en el frente y la cuestión de la defensa de la capital, la podredumbre del Gobierno Provisional y la cuestión del “traslado” a Moscú, la ruina y el hambre, él desempleo y la extenuación, todo ello mueve inconteniblemente hacia el Poder a las clases revolucionarias de Rusia. Esto significa que el país ha madurado ya para la dictadura del proletariado y del campesinado revolucionario. Ha llegado el momento de que la consigna revolucionaria “¡Todo el Poder a los Soviets!” debe ser, por fin, puesta en práctica.

Editorial publicado el 13 de octubre de 1917 en el núm. 35 de “Rabochi Put”.