Los bolcheviques han lanzado la consigna de: ¡estad preparados! Obedece esta consigna a que se agrava la situación y a que la contrarrevolución moviliza sus fuerzas con el propósito de atacar a la revolución, descabezarla, entregando la capital a Guillermo, y desangrar Petrogrado, evacuando al ejército revolucionario. Pero no todos han comprendido por igual la consigna revolucionaria de nuestro Partido. Los obreros la han comprendido “a su modo” y se arman. Son mucho más perspicaces los obreros que infinidad de “razonables” y “doctos” intelectuales. Los soldados no se han quedado a la zaga de los obreros. Ayer mismo, en la reunión de los Comités de regimiento y de compañía de la guarnición de la capital, se acordó por inmensa mayoría defender a todo trance la revolución y a su jefe, el Soviet de Petrogrado, a cuyo primer llamamiento se comprometen a empuñar las armas. Esto, en cuanto a los obreros y los soldados. No ocurre lo mismo entre otros sectores. La burguesía sabe dónde invernan los cangrejos. “Sin gastar palabras en vano”, ha emplazado cañones junto al Palacio de Invierno, ya que dispone de sus “alféreces” y “cadetes”, de quienes esperamos que no se olvide la historia.

Los agentes de la burguesía de “Dien” y “Volia Naroda” han emprendido una campaña contra nuestro Partido, “confundiendo” a los bolcheviques con los reaccionarios e inquiriendo con insistencia la “fecha de la insurrección”. Sus acólitos, los ordenanzas de Kerenski, los Binasik y los Dan, se han soltado con un manifiesto firmado “Comité Ejecutivo Central”, en el que exhortan a abstenerse de toda acción, inquieren, lo mismo que “Dien” y “Volia Naroda”, cuál es la “fecha de la insurrección” e invitan a los obreros y a los soldados a prosternarse ante Kishkin y Konoválov. Y los empavorecidos neurasténicos de “Nóvaia Zhizn” están sobre ascuas, porque “no pueden callar más” y nos suplican que les digamos, por fin, cuándo se van a sublevar los bolcheviques. En una palabra, si no contamos a los obreros y los soldados, en verdad “rodeáronme toros, muchos y fuertes”, calumniando y denunciando, amenazando y suplicando, interrogando e inquiriendo. Respondemos. Acerca de la burguesía y de su “aparato” con ellos tendremos cuenta aparte. Acerca de los agentes y mercenarios de la burguesía: los enviamos al contraespionaje, donde pueden “informarse”, “informando” a su vez a quien corresponda, acerca del “día” y de la “hora” del “alzamiento”, cuyo itinerario ha sido trazado ya por los provocadores de “Dien”.

Acerca de los Binasik, los Dan y otros ordenanzas de Kerenski en el Comité Ejecutivo Central: no informamos a los “héroes” que se han pasado al lado del gobierno Kishkin-Kerenski contra los obreros, los soldados y los campesinos. Ahora bien, procuraremos que estos héroes del esquirolaje rindan cuentas ante el Congreso de los Soviets, cuya celebración trataban todavía ayer de impedir, pero al que hay han debido convocar, retrocediendo ante la presión de los Soviets. En cuanto a los neurasténicos de “Nóvaia Zhizn”, no alcanzamos a comprender lo que, en realidad, quieren de nosotros. Si quieren saber el “día” de la insurrección para movilizar de antemano las fuerzas de los empavorecidos intelectuales, a fin de... huir oportunamente, pongamos por caso, a Finlandia, no podemos sino... elogiarles, ya que, “en general”, somos partidarios de la movilización de las fuerzas. Si nos preguntan cuál será el “día” de la insurrección para tranquilizar sus nervios de “acero”, les aseguramos que, en el supuesto de que hubiera sido fijado el “día” de la insurrección y de que los bolcheviques se lo dijeran “al oído”, nuestros neurasténicos no sentirían el menor “alivio”: surgirían nuevas “preguntas”, ataques de histerismo y otras cosas similares.

Si quieren, sencillamente, manifestarse de un modo ostensible contra nosotros, con el deseo de deslindarse de nuestro Partido, también en este caso no podemos sino elogiarles, ya que, en primer lugar, este paso razonable les será, sin duda, tenido en cuenta por quien corresponde después de posibles “complicaciones” y “fracasos”; en segundo lugar, introducirá claridad en la conciencia de los obreros y de los soldados, que, al fin, comprenderán que “Nóvaia Zhizn” deserta por segunda vez (¡las jornadas de julio!) de las filas de la revolución a la negra falange de los Búrtsev y los Suvorin. Y todo el mundo sabe que, en general, nosotros somos partidarios de la claridad. ¿Pero tal vez no puedan “callar” porque ahora, en general, todos se han puesto a graznar en el pantano patrio del desconcierto intelectualista? ¿No es esto lo que explica el “no se puede callar” de Gorki? Increíble, pero cierto. No se movieron y callaron, cuando los terratenientes y sus servidores llevaban a los campesinos hasta la desesperación y los

“motines” del hambre. No se movieron y callaron, cuando los capitalistas y sus lacayos preparaban a los obreros el lockout y el desempleo en escala nacional. Supieron callar, cuando la contrarrevolución intentaba entregar la capital y evacuar de ella al ejército. ¡Pero resulta que estas gentes “no pueden callar”, cuando la vanguardia de la revolución, el Soviet de Petrogrado, toma la defensa de los obreros y de los campesinos, que han sido engañados! ¡Y la primera palabra que pronuncian no es una palabra de reproche a la contrarrevolución, sino a esa misma revolución de la que hablan con ardor a la hora del té, pero de la que huyen como de la peste en los momentos de mayor responsabilidad! ¿Acaso no es “extraño”? La revolución rusa ha destronado no pocas eminencias. Su fuerza se expresa, entre otras cosas, en que no se ha puesto de hinojos ante las “celebridades”, en que las ha tomado a su servicio o las ha dado al olvido si no han querido aprender de ella. Estas “celebridades”, rechazadas más tarde por la revolución, son multitud: Plejánov, Kropotkin, Breshkóvskaia, Zasúlich y, en general, todos los viejos revolucionarios, cuya única notabilidad consiste en ser viejos. Nos tememos que los laureles de estos “puntales” no den sosiego a Gorki. Nos tememos que Gorki se vea “mortalmente” atraído hacia donde ellos están, al archivo. ¡Qué se le va a hacer! Allá cada cual... La revolución no sabe ni llorar ni enterrar a sus cadáveres políticos...

Publicado sin firma el 20 de octubre de 1917 en el núm. 41 de “Rabochi Put”.