La korniloviada no tiene sólo un aspecto negativo. Como cualquier otro fenómeno de la vida, tiene también su aspecto positivo. La korniloviada ha atentado contra la existencia misma de la revolución. Esto es indudable. Pero al atentar contra la revolución y poner en movimiento todas las fuerzas de la sociedad, de una parte ha espoleado la revolución, la ha impulsado a adquirir más actividad y más organización, y de otra ha revelado la verdadera naturaleza de las clases y de los partidos, les ha arrancado la careta y ha ayudado a identificar su auténtica fisonomía. Debemos a la korniloviada que los Soviets en la retaguardia y los Comités en el frente, que casi habían dejado de existir, hayan revivido al instante y hayan desplegado su actividad. Debemos a la korniloviada que ahora todos hablen de la esencia contrarrevolucionaria de los demócratas constitucionalistas, todos, sin excluir a los que todavía ayer buscaban “convulsivamente” el entendimiento con ellos. Es un hecho que, “después de todo lo ocurrido”, hasta los eseristas y los mencheviques consideran que no es admisible ya la coalición con los demócratas constitucionalistas. Es un hecho que hasta el “directorio” de los cinco, formado por Kerenski, ha tenido que prescindir de representantes oficiales de los demócratas constitucionalistas. Podría pensarse que la ruptura con los demócratas constitucionalistas se ha convertido en un mandamiento de los partidos “democráticos”. En esto consiste el aspecto positivo de la korniloviada. Ahora bien, ¿qué significa romper con los demócratas constitucionalistas? Admitamos que los eseristas y los mencheviques han roto “definitivamente” con los demócratas constitucionalistas como miembros de un partido determinado. ¿Significa que de esta suerte han roto con la política de los demócratas constitucionalistas como representantes de la burguesía imperialista? No, no significa eso. Admitamos que en la próxima Conferencia Democrática del 12 de septiembre los defensistas formen un nuevo Poder sin los demócratas constitucionalistas, y que Kerenski se someta a tal decisión. ¿Significa que de esta suerte han roto con la política de los demócratas constitucionalistas como representantes de la burguesía imperialista? No, no significa eso.

La República imperialista francesa brinda multitud de ejemplos demostrativos de que, sin participar en el gobierno, los representantes del capital “dan acceso” a él a los “socialistas” pequeñoburgueses para, escondidos entre bastidores y actuando con manos ajenas, saquear libremente al país. Sabemos por la historia que los magnates financieros de Francia han puesto al frente del ministerio a “socialistas” (¡Briand! ¡Viviani!), a la sombra de los cuales han podido aplicar con todo éxito la política de su clase. También en Rusia es plenamente posible la existencia de un gobierno no demócrata constitucionalista, que considere necesario aplicar la política demócrata constitucionalista como única posible, en virtud, pongamos por caso, de la presión del capital aliado, del que Rusia se convierte en tributaria , o en virtud de otras circunstancias. Huelga decir que, en último extremo, los demócratas constitucionalistas no tendrán nada en contra de tal gobierno, ya que lo mismo da, en resumidas cuentas, quién va a aplicar la política demócrata constitucionalista, ¡con tal de que se aplique! Evidentemente, el centro de gravedad del problema no reside en quién integre el gobierno, sino en su política.

Por eso, quien desee romper de verdad, y no en apariencia, con los demócratas constitucionalistas, debe romper, ante todo, con la política de los demócratas constitucionalistas. Ahora bien, romper con la política de los demócratas constitucionalistas significa romper con los terratenientes y entregar la tierra de éstos a los Comités campesinos, sin detenerse ante el hecho de que tal medida sea un duro golpe para ciertos Bancos todopoderosos. Romper con la política de los demócratas constitucionalistas significa romper con los capitalistas e implantar el control obrero en la producción y la distribución, sin detenerse ante el hecho de que para ello haya que atentar contra los beneficios de los capitalistas. Romper con la política de los demócratas constitucionalistas significa romper con la guerra expoliadora y con los tratados secretos, sin detenerse ante el hecho de que tal medida sea un duro golpe para las camarillas imperialistas de los aliados. ¿Pueden aceptar los mencheviques y los eseristas tal ruptura con los demócratas constitucionalistas? No, no pueden. Y no pueden porque entonces dejarían de ser defensistas, es decir, partidarios de la guerra en el frente y de la paz de clases en la

retaguardia. ¿A qué se reduce, en tal caso, el alboroto incesante de los mencheviques y los eseristas acerca de la ruptura con los demócratas constitucionalistas? ¡Únicamente a romper de palabra con ellos! Se trata de que después del fracaso del complot korniloviano, después del desenmascaramiento de la naturaleza contrarrevolucionaria del partido de Miliukov, entre los obreros y los soldados es extremadamente impopular el entendimiento público con este partido: bastaría a los mencheviques y los eseristas sellar tal acuerdo, para perder en el acto los últimos restos de lo que fuera su ejército. Por eso, en lugar del entendimiento público, se ven impelidos a recurrir al acuerdo enmascarado. De ahí el alboroto en torno a la ruptura con los demócratas constitucionalistas, que encubre el acuerdo secreto con ellos. Para la galería: ¡abajo los demócratas constitucionalistas! En realidad: ¡alianza con los demócratas constitucionalistas! Para la galería: ¡gobierno sin demócratas constitucionalistas! En realidad: gobierno para los demócratas constitucionalistas, rusos y aliados, que dictan su voluntad a “los investidos de Poder”. Ahora bien, de esto se desprende que Rusia ha entrado en una fase de desarrollo político en la que es arriesgado el entendimiento público con la burguesía imperialista. Vivimos un período de gobiernos socialdefensistas, de composición no demócrata constitucionalista, llamados, sin embargo, a cumplir la voluntad de la burguesía imperialista. El “directorio” aparecido en estos días es el primer intento de formar tal gobierno. Es presumible que la Conferencia convocada para el 12 de septiembre tratará, si no termina, con una farsa, de constituir un gobierno de esa índole, o sea, un gobierno “más izquierdista”. Es deber de los obreros de vanguardia arrancar la careta a semejantes gobiernos no demócratas constitucionalistas y demostrar a las masas que, en realidad, son de esencia demócrata constitucionalista.

Publicado con la firma de K. St. el 6 de septiembre de 1917 en el núm. 3 de “Rabochi Put”.