La revolución vive. Después de desbaratar la “sublevación” korniloviana y de poner en pie al frente, después de recorrer las ciudades y de animar los distritos fabriles, se propaga ahora al campo, barriendo los odiados puntales del Poder terrateniente. Se desploma el último pilar de la política de componendas. La lucha contra la korniloviada ha disipado las ilusiones conciliadoras de los obreros y de los soldados, uniéndolos en torno a nuestro Partido. La lucha contra los terratenientes disipará las ilusiones conciliadoras de los campesinos, agrupándolos en torno a los obreros y a los soldados. En la lucha contra los defensistas, y a despecho de ellos, se forma el frente revolucionario de los obreros, los soldados y los campesinos. En la lucha contra los conciliadores, y a despecho de ellos, crece y se vigoriza este frente. La revolución moviliza sus fuerzas, arrojando de su seno a los mencheviques y eseristas conciliadores. Al mismo tiempo, también la contrarrevolución moviliza sus fuerzas. El partido demócrata constitucionalista, nido y vivero de la contrarrevolución, es el primero en abrir el fuego con su propaganda en favor de Kornílov. Después de tomar el Poder y de soltar los perrillos falderos de la cancela de Suvorin, encubriéndose con el anteparlamento eserista-menchevique-korniloviano y habiéndose asegurado el apoyo de los generales contrarrevolucionarios, el partido demócrata constitucionalista trama una nueva korniloviada, amenazando con aplastar a la revolución. La “Unión de personalidades públicas” de Moscú, la unión de los lockoutistas y de la “mano descarnada del hambre”, la misma que ayudara a Kornílov a estrangular a los soldados y los obreros, a disolver los Soviets en la retaguardia y los Comités en el frente, esa unión convoca para dentro de dos días la “segunda Conferencia de Moscú”, invitando insistentemente a asistir a ella a representantes de la “Unión de las tropas cosacas”.

En el frente, sobre todo en el Sur y en el Oeste, la alianza secreta de los generales kornilovianos organiza febrilmente una nueva campaña contra la revolución, agrupando a su alrededor a todas las fuerzas capaces de realizar un “trabajo” abyecto... Y el gobierno Kerenski, el mismo que organizó con Kornílov el complot contra la revolución, prepara la fuga a Moscú, para entregar Petrogrado a los alemanes y organizar con los Riabushinski y los Burishkin, con los Kaledin y los Alexéiev un nuevo complot, aun más peligroso, contra la revolución. No hay lugar a dudas. Como contrapeso al frente de la revolución, se forma y robustece el frente de la contrarrevolución, el frente de los capitalistas y de los terratenientes, del gobierno Kerenski y del anteparlamento. La contrarrevolución trama una nueva korniloviada. El primer complot de la korniloviada fue desbaratado. Pero la contrarrevolución no fue vencida. No hizo más que retroceder, ocultándose tras las espaldas del gobierno Kerenski y afianzándose en nuevas posiciones. El segundo complot de la korniloviada, que ahora se está gestando, debe ser aplastado de raíz, para preservar por largo tiempo de peligros a la revolución. La primera intentona de la contrarrevolución fue desbaratada por las fuerzas de los obreros y de los soldados, por las fuerzas de los Soviets en la retaguardia y de los Comités en el frente. Los Soviets y los Comités deben adoptar todas las medidas necesarias para que la segunda intentona de la contrarrevolución sea barrida por la fuerza poderosa de la gran revolución. Sepan los obreros y los soldados, sepan los campesinos y los marinos que se lucha por la paz y el pan, por la tierra y la libertad, contra los capitalistas y los terratenientes, contra los especuladores y los bandidos del comercio, contra los traidores y los desleales, contra todos los que no quieren terminar de una vez para siempre con la korniloviada en gestación. La korniloviada se moviliza, ¡Preparad la réplica!

Editorial publicado el 10 de octubre de 1917 en el núm. 32 de “Rabochi Put”.