Después del complot korniloviano y de la disgregación del Poder, después del hundimiento del complot y de la formación del ministerio Kerenski- Kishkin, después de la “nueva” crisis y de las “nuevas” negociaciones de Tsereteli y Gots con el mismo Kerenski, tenemos, al fin, el “nuevo” gobierno (¡completamente nuevo!) de los cinco. Kerenski, Teréschenko, Verjovski, Verderevski y Nikitin, el “directorio” de los cinco: he ahí el “nuevo” Poder “elegido” por Kerenski, ratificado por Kerenski, responsable ante Kerenski e independiente de los obreros, de los campesinos y de los soldados. Se dice que este Poder guarda análoga independencia respecto a los demócratas constitucionalistas; pero eso es pura necedad, ya que la ausencia, en el gobierno, de representantes oficiales de los demócratas constitucionalistas no hace sino ocultar la plena dependencia del gobierno respecto a los demócratas constitucionalistas. Para la galería, el eserista Kerenski de Jefe Supremo de las fuerzas armadas. En realidad, el testaferro de los demócratas constitucionalistas, el general Alexéiev, en cuyas manos se pone el Estado Mayor Central, es decir, todos los hilos del frente.

Para la galería; un directorio de “izquierdas”, independiente (¡no bromeen!) de los demócratas constitucionalistas. En realidad, los testaferros de los demócratas constitucionalistas manejando los ministerios y dirigiendo, en la práctica todos los asuntos del Estado. De palabra, la ruptura con los demócratas constitucionalistas. De hecho, el entendimiento con los testaferros de los demócratas constitucionalistas en la retaguardia y en el frente. El directorio, como pantalla que encubre la alianza con los demócratas constitucionalistas; la dictadura de Kerenski, como máscara que protege de la indignación popular la dictadura de los terratenientes y capitalistas. Tal es hoy el panorama. Y como perspectiva, una nueva conferencia de representantes de las “fuerzas vivas”, donde los Tsereteli y los Avxéntiev, contumaces de la conciliación, tratarán de convertir en patente y definido -para alegría de los enemigos de los obreros y campesinos- el acuerdo secreto que ayer concertaran con los demócratas constitucionalistas. En los últimos seis meses, nuestro país ha vivido tres graves crisis de Poder. Todas ellas se han resuelto mediante un acuerdo con la burguesía, y en las tres los obreros y los campesinos han sido engañados.

¿Por qué? Porque los partidos pequeñoburgueses de los eseristas y de los mencheviques, al terciar en la lucha por el Poder, se han situado en todas las ocasiones al lado de los terratenientes y los capitalistas, solventando el pleito en favor de los demócratas constitucionalistas. El complot de Komílov ha revelado todo el carácter contrarrevolucionario de los demócratas constitucionalistas. Tres días se pasaron los defensistas gritando acerca de la traición de los demócratas constitucionalistas, tres días se pasaron gritando acerca de que no era viable la coalición, que se había desmoronado al primer choque con la contrarrevolución. ¿Y qué ha sucedido? Después de todo esto no han encontrado nada mejor que aceptar la coalición enmascarada con los mismos demócratas constitucionalistas que ellos habían cubierto de improperios. Ayer mismo, la mayoría defensista del Comité Ejecutivo Central decidía, con su votación, “apoyar” al directorio de los cinco, fruto de acuerdos ocultos con los demócratas constitucionalistas, en perjuicio de los intereses fundamentales de los obreros y campesinos.

Ese día -día de crisis de Poder agravada, de lucha recrudecida por el Poder ante el Kornílov pulverizado-, los mencheviques y los eseristas han ayudado una vez más a los terratenientes y a los capitalistas a retener el Poder en sus manos, han ayudado una vez más a los contrarrevolucionarios demócratas constitucionalistas a engañar a los obreros y campesinos. Tal es, única y exclusivamente, el sentido político de la votación de ayer en el Comité Ejecutivo Central. Sépanlo los obreros, sépanlo los campesinos y saquen de ello las conclusiones pertinentes. La coalición encubierta de hoy es tan insegura como lo han sido las coaliciones manifiestas de ayer: no se puede establecer un acuerdo firme entre el terrateniente y el campesino, entre el capitalista y el obrero. En vista de ello, la lucha por el Poder, lejos de haber terminado, se intensifica y encona más y más. Sepan los obreros que en esta lucha serán derrotados indefectiblemente mientras los eseristas y los mencheviques cuenten con influencia en las masas. Recuerden los obreros que para tomar el Poder es necesario sustraer las masas de campesinos y soldados a la influencia de los conciliadores, de los eseristas y los mencheviques, uniéndolas en torno al

proletariado revolucionario. Recuérdenlo y abran los ojos a los campesinos y a los soldados, denunciando ante ellos la traición de los eseristas y mencheviques. Lucha implacable contra la influencia de los eseristas y los mencheviques en las masas, trabajo infatigable para unir a los campesinos y a los soldados en torno a la bandera del Partido del proletariado: tal es la enseñanza de la crisis que acabamos de vivir.

Editorial publicado el 3 de septiembre de 1917 en el núm. 1 de “Rabochi Put”.