Se aproximan las elecciones a las Dumas de distrito. Las listas de los candidatos han sido aprobadas y hechas públicas. La campaña electoral está en su apogeo. Presentan listas de candidatos los “partidos” más diversos: verdaderos y ficticios, viejos y recién amasados, serios e insignificantes. Al lado del partido demócrata constitucionalista figura el “partido de la honradez, la responsabilidad y la justicia”; al lado del grupo “Edinstvo” y del Bund vemos a “un partido un poco más de izquierda que los demócratas constitucionalistas”; al lado de los mencheviques y de los eseristas defensistas encontramos toda suerte de grupos “sin partido” y “por encima de los partidos”. Una inimaginable variedad de extravagantes banderas. Ya las primeras reuniones preelectorales muestran que el quid de la campaña no reside en la “reforma” municipal en sí, sino en la situación política general del país. La reforma municipal no es más que el terreno sobre el que se despliegan naturalmente las principales plataformas políticas. Ello es comprensible.

Hoy, cuando la guerra ha llevado al país al borde del desbarajuste económico, cuando los intereses de la mayoría de la población exigen una intervención revolucionaria en toda la vida económica del país y cuando el Gobierno Provisional se muestra a todas luces incapaz de sacar al país del atolladero, todas las cuestiones locales, las municipales inclusive, únicamente pueden ser comprendidas y resueltas en indisoluble ligazón con las cuestiones generales de la guerra y la paz, de la revolución y la contrarrevolución. Sin esta conexión con la política general, la campaña de las elecciones municipales degeneraría en vacua palabrería acerca del estañado de lavabos y de la “instalación de buenos retretes públicos” (v. la plataforma de los mencheviques defensistas). Por eso, a través de la abigarrada variedad de las innumerables banderas de los partidos, se abrirán inevitablemente paso, en el curso de la campaña, dos líneas políticas fundamentales: la línea del desarrollo sucesivo de la revolución y la línea de la contrarrevolución. Cuanto más enconada sea la campaña, tanto más dura será la crítica de los partidos, con tanta mayor claridad se perfilarán esas dos líneas, tanto más insostenible será la posición de los grupos intermedios, que tratan de conciliar lo inconciliable, y mayor la claridad con que todo el mundo verá que los defensistas mencheviques y populistas, sentados entre la revolución y la contrarrevolución, frenan de hecho el desarrollo de la revolución y facilitan la obra de las fuerzas contrarrevolucionarias.

El partido de la “libertad popular” Desde el derrocamiento del zarismo, los partidos de derecha se han dispersado. Ello se debe a que su existencia en la vieja forma es ahora desventajosa. ¿Dónde se han metido esos partidos? Se han agrupado en torno al partido de la llamada “libertad popular”, en torno al partido de Miliukov y compañía. El partido de Miliukov es hoy el partido más derechista. Este hecho nadie lo discute. Y precisamente por la razón apuntada, este partido sirve hoy de punto de concentración de las fuerzas contrarrevolucionarias. . El partido de Miliukov quiere que se sujete a los campesinos, pues desea aplastar el movimiento agrario. El partido de Miliukov quiere que se sujete a los obreros, pues está en contra de las reivindicaciones “desmedidas” de los obreros, con la particularidad de que tilda de “desmedidas” todas sus reivindicaciones importantes. El partido de Miliukov quiere que se sujete a los soldados, pues desea una “disciplina de hierro”, es decir, que se restablezca el poder de los oficiales sobre los soldados. El partido de Miliukov quiere la guerra de rapiña, que ha llevado el país al borde del desbarajuste económico y de la ruina. El partido de Miliukov quiere que se tomen “medidas enérgicas” contra la revolución, está “resueltamente” contra la libertad popular, aunque se titula partido de la “libertad popular”. ¿Se puede, acaso, confiar en que ese partido renovará la administración municipal en interés de las capas pobres de la población? ¿Se le puede confiar la suerte de la ciudad? ¡Jamás! ¡En modo alguno! Nuestra consigna es: ¡Ninguna confianza en el partido de Miliukov! ¡Ni un solo voto para el partido de la “libertad popular”!

El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (los bolcheviques) Nuestro Partido es la verdadera antítesis del partido demócrata constitucionalista. Este último es el partido de la burguesía contrarrevolucionaria y de los terratenientes contrarrevolucionarios. Nuestro Partido es el partido de los obreros revolucionarios de la ciudad y del campo. Se trata de dos partidos inconciliables; la victoria de uno de ellos significa la

derrota del otro. Nuestras reivindicaciones son bien conocidas. Nuestro camino es claro. Nosotros estamos contra la actual guerra, porque es una guerra de rapiña, de conquista. Estamos por la paz, por una paz general y democrática, porque esa paz es la salida más segura del desbarajuste económico y de la crisis de subsistencias. Hay quejas por la falta de pan en las ciudades. Pero no hay pan porque la superficie de siembra ha disminuido debido a que la mano de obra ha sido “llevada” a la guerra. No hay pan porque incluso las reservas de que se dispone no pueden ser transportadas, ya que los ferrocarriles han sido puestos al servicio de la guerra. Poned fin a la guerra, y tendremos pan. Hay quejas por la falta de artículos industriales en el campo. Pero estos artículos faltan porque gran parte de las fábricas trabajan para la guerra. Poned fin a la guerra, y habrá artículos industriales. Estamos contra el actual gobierno porque, al llamar a la ofensiva, prolonga la guerra y agrava el desbarajuste económico y el hambre. Estamos contra el actual gobierno porque, en su afán de proteger los beneficios de los capitalistas, frustra la intervención revolucionaria de los obreros en la vida económica del país. Estamos contra el actual gobierno porque, al impedir que los Comités campesinos dispongan de las tierras de los terratenientes, frustra la liberación del campo del poder de los terratenientes. Estamos contra el actual gobierno porque, después de haber comenzado el “asunto” por la retirada de las tropas revolucionarias de Petrogrado, procede ahora a sacar de la ciudad a los obreros revolucionarios (¡descongestión de Petrogrado!) y, de esta manera, condena la revolución a la impotencia.

Estamos contra el actual gobierno porque es completamente incapaz de sacar al país de la crisis. Queremos que todo el Poder pase a manos de los obreros, de los soldados y de los campesinos revolucionarios. Sólo ese Poder puede acabar con la prolongada guerra de rapiña. Sólo ese Poder puede arrebatar los beneficios a los capitalistas y a los terratenientes para impulsar adelante la revolución y salvar al país de la ruina total. Finalmente, estamos en contra de que se restablezca la policía, la vieja y odiada policía, divorciada del pueblo, y subordinada a “mandos” designados desde arriba. Estamos en favor de una milicia general, electiva y amovible, pues sólo tal milicia puede ser un baluarte de los intereses del pueblo. Esas son nuestras reivindicaciones inmediatas. Afirmamos que si esas reivindicaciones no son satisfechas, que si no se lucha por ellas, es inconcebible toda reforma municipal seria, toda democratización de la administración municipal. Quien quiera asegurar el pan al pueblo, quien quiera liquidar la crisis de vivienda, quien quiera que los impuestos municipales sólo recaigan sobre los ricos, quien quiera que todas estas reformas se vean realizadas no sólo de palabra, sino de hecho, debe votar por quiere están contra la guerra de conquista, contra el gobierno de los terratenientes y de los capitalistas, contra el restablecimiento de la policía; debe votar por quienes están en favor de una paz democrática, de que el Poder pase a manos del pueblo mismo, en favor de una milicia de todo el pueblo, de una verdadera democratización de la administración municipal. Sin estas condiciones, la “reforma radical del municipio” es una frase vacía.

El bloque de los defensistas Entre los demócratas constitucionalistas y nuestro Partido hay varios grupos intermedios, que se deslizan de la revolución hacia la contrarrevolución. Son ésos el grupo “Edinstvo”, el Bund, los defensistas mencheviques y eeeristas, los trudoviques y los “socialistas” populares. En algunos distritos presentan sus candidatos separadamente, y en otros han formado bloques con una lista común. ¿Contra quién han formado esos bloques? De palabra, contra los demócratas constitucionalistas. Pero ¿es así en la realidad? Lo primero que salta a la vista es la absoluta falta de principios de ese bloque. ¿Qué puede haber de común, por ejemplo, entre el grupo burgués radical de los trudoviques y el grupo de los mencheviques defensistas, que se consideran a sí mismos “marxistas” y “socialistas”? ¿Desde cuándo los trudoviques, que predican la guerra hasta la victoria, son compañeros de armas de los mencheviques y de los bundistas, que se llaman a sí mismos “zimmerwaldistas” “que no pueden aceptar la guerra”? ¿Y el “Edinstvo” de Plejánov, del mismo Plejánov que ya en tiempos del zarismo plegó la bandera de la Internacional y se puso resueltamente bajo una bandera extraña, bajo la bandera amarilla del imperialismo? ¿Qué puede haber de común entre ese chovinista inveterado y el “zimmerwaldista” Tsereteli, presidente honorífico de la Conferencia menchevique defensista? ¿Hace, acaso, mucho que Plejánov invitaba a apoyar al gobierno zarista en la guerra contra Alemania y el “zimmerwaldista” Tsereteli “machacaba” por eso al chovinista Plejánov? La guerra entre “Edinstvo” y “Rabóchaia Gazieta” está en su apogeo, pero esos señores fingen no ver nada y empiezan ya a “fraternizar”… ¿No es verdad que un bloque de elementos tan heterogéneos sólo puede ser un bloque casual y sin principios? No han sido los principios, sino el miedo a la derrota lo que les ha impelido a formar ese bloque. También salta a la vista que en dos distritos, en los de Kazán y Spass (v. las “listas de candidatos”),

el grupo “Edinstvo”, el Bund y los defensistas mencheviques y eseristas no han presentado sus listas de candidatos, pero los Soviets distritales de Diputados Obreros y Soldados han presentado en esos distritos, y sólo en ellos, su lista de candidatos, contrariamente a la decisión del Comité Ejecutivo. Evidentemente, nuestros valerosos bloquistas, temiendo ser derrotados en las urnas, han preferido ocultarse tras la espalda de los Soviets de los distritos y han decidido explotar el prestigio de esos Soviets. Es risible que a esos nobles caballeros, que se jactan de su sentido de la “responsabilidad”, no les haya alcanzado el valor para salir a escena con la cara destapada y hayan preferido eludir cobardemente la “responsabilidad”... Pero ¿qué es, en fin de cuentas, lo que ha unido en un bloque a todos esos grupos heterogéneos? El hecho de que todos ellos, con la misma indecisión, pero con persistencia, siguen las huellas de los demócratas constitucionalistas; el que todos ellos detestan con igual evidencia a nuestro Partido. Todos ellos, como los demócratas constitucionalistas, son partidarios de la guerra, pero no con fines de conquista (¡Dios nos libre!), sino para... “una paz sin anexiones ni contribuciones”. Una guerra para la paz.

Todos ellos, como los demócratas constitucionalistas, son partidarios de una “disciplina de hierro”, pero no para sujetar a los soldados (¡claro que no!), sino en interés..., de los soldados mismos. Todos ellos, como los demócratas constitucionalistas, son partidarios de una ofensiva, pero no en interés de los banqueros anglo-franceses (¡Dios nos libre!), sino en interés de... “nuestra joven libertad”. Todos ellos, como los demócratas constitucionalistas, están contra “los intentos anárquicos de los obreros para incautarse de las fábricas” (v. “Rabóchaia Gazieta” del 21 de mayo), pero no en interés de los capitalistas (¡qué horror!), sino para que los capitalistas no se espanten de la revolución, es decir, en interés de... la revolución. En general, todos ellos son partidarios de la revolución, pero siempre (¡siempre!) y cuando no perjudique a los capitalistas y a los terratenientes, siempre y cuando no esté en pugna con los intereses de estos últimos. En pocas palabras: todos ellos son partidarios de las mismas medidas prácticas que los demócratas constitucionalistas, pero con reservas y con estribillos de “libertad”, “revolución”, etc. Pero como las palabras y los estribillos no dejan de ser lo que son, resulta que, de hecho, todos ellos siguen la misma política que los demócratas constitucionalistas. Las frases acerca de la liberta y el socialismo únicamente encubren su médula demócrata constitucionalista.

Precisamente por esta razón, su bloque no está dirigido contra los contrarrevolucionarios demócratas constitucionalistas, sino contra los obreros revolucionarios, contra el bloque de nuestro Partido con la “Mezhraionka” y los mencheviques revolucionarios. ¿Se puede esperar, después de todo ello, que esos caballeros casi demócratas Constitucionalistas sean capaces de renovar y reorganizar nuestra dislocada administración municipal? ¿Cómo se puede confiarles la suerte de las capas pobres de la población, cuando a cada instante pisotean los intereses de ésta, apoyando la guerra de rapiña y al gobierno de los capitalistas y de los terratenientes? Para democratizar la administración municipal, para asegurar a la población subsistencias y vivienda, para librar a los pobres de los impuestos municipales y descargar todo su peso sobre los ricos, para eso hay que romper con la política de componendas, incautarse de los beneficios de los capitalistas y de los propietarios de las casas... ¿No está claro que esos moderados caballeros del bloque defensista, que temen irritar a la burguesía, son incapaces de tales medidas revolucionarias?... En la actual Duma de Petrogrado figura el llamado “grupo municipal socialista”, compuesto, principalmente, de defensistas eseristas y mencheviques.

Este grupo ha formado con miembros suyos una “comisión de finanzas” para elaborar “medidas urgentes” de saneamiento de la administración municipal. ¿Y qué? Esos “renovadores” han resuelto que, para democratizar la administración municipal, es necesario: 1) “aumentar el precio del agua” y 2) “aumentar las tarifas del tranvía”. “En cuanto al problema de que los soldados paguen también en los tranvías, se ha resuelto ponerse en contacto con el Soviet de Diputados Obreros y Soldados” (v. “Nóvaia Zhizn” núm. 26). Es evidente que los miembros de la comisión tenían la idea de hacer que los soldados pagasen en los tranvías, pero no se han atrevido a ponerla en práctica sin el consentimiento de los soldados mismos. En lugar de abolir los impuestos que pagan los pobres, los honorables miembros de la comisión han resuelto aumentarlos, ¡sin compadecerse siquiera de los soldados! Ahí tenéis una muestra de la labor práctica municipal de los defensistas eseristas y mencheviques. ¿No es verdad que las frases ampulosas y las rimbombantes “plataformas municipales” son una tapadera para encubrir la detestable práctica municipal de los defensistas? Así fue y así será... Y cuanto mayor es la habilidad con que se encubren valiéndose de frases acerca de la “libertad” y la “revolución”, tanto más resuelta e implacable debe ser la lucha contra ellos.

Arrancar la careta socialista al bloque defensista y poner al desnudo su médula democonstitucionalista burguesa es una de las tareas inmediatas de la presente campaña. ¡Ningún apoyo al bloque defensista! ¡Ninguna confianza en los señores del bloque! Los obreros deben comprender que quienes no están con ellos están contra ellos, que el bloque defensista no está con ellos, y, por consiguiente, está contra ellos.

Los “sin partido” De todos los grupos burgueses que presentan su propia lista de candidatos, los grupos sin partido son los que ocupan una posición más indefinida. Estos grupos son muchos, todo un montón de casi treinta. ¡Quién no figurará entre ellos! Los “Comités de casa reunidos” y el “Grupo de empleados de los establecimientos docentes”; el “Grupo de hombres de negocios sin partido” y el “Grupo de electores al margen de los partidos”; el “Grupo de administradores de casas” y la “Sociedad de caseros”; el “Grupo republicano por encima de los partidos” y la “Liga de la igualdad de las mujeres”; el “Grupo de la Unión de Ingenieros” y la “Unión de comerciantes e industriales”; el “Grupo de la honradez, la responsabilidad y la justicia” y el “Grupo de la construcción democrática”; el “Grupo de la libertad y el orden”, etc., etc.; tal es el abigarrado cuadro del batiburrillo sin-partidista. ¿Quiénes son, de dónde proceden y a dónde van? Todos ellos son grupos burgueses. En su mayor parte, están compuestos de comerciantes, industriales, caseros, gentes de “profesiones liberales”, intelectuales. No tienen programas basados en principios. Los electores nunca podrán saber qué quieren concretamente esos grupos, que invitan a los ciudadanos a votar por ellos.

Esos grupos no tienen una plataforma municipal. Los electores nunca podrán saber qué mejoras exigen en la administración municipal ni por qué deben votar por ellos. Esos grupos no tienen pasado, porque en el pasado no existían. Esos grupos tampoco tienen futuro, porque desaparecerán después de las elecciones, como la nieve al llegar la primavera. Han surgido únicamente en los días de las elecciones y viven sólo por el momento, mientras duren las elecciones; su objetivo es meterse de una forma u otra en las Dumas de distrito, y les importa un bledo lo que venga después. Son grupos burgueses sin programa, que temen la luz y la verdad y que tratan de colar de contrabando en las Dumas de distrito a sus candidatos. Negros son sus fines y negro es su camino. ¿A qué se debe la existencia de esos grupos? Se puede comprender la existencia de grupos sin partido en el pasado, bajo el zarismo, cuando el pertenecer a un partido, a un partido de izquierdas, era implacablemente castigado por la “ley”; cuando muchos tenían que presentarse como gente sin partido para evitar la cárcel y las persecuciones; cuando el sin-partidismo era un escudo contra los esbirros zaristas.

Pero ¿a qué se debe la existencia de grupos sin partido en el momento presente, cuando disfrutamos de la máxima libertad, cuando cada partido puede actuar pública y libremente sin miedo a ser perseguido, cuando la línea política definida y la lucha abierta de los partidos políticos se han convertido en un mandamiento, y en una premisa de la educación política de las masas? ¿Qué es lo que temen a quién ocultan su verdadera faz? No cabe duda de que muchos electores no ven aún claro en los programas de los partidos políticos; el conservadurismo y el atraso político legados por el zarismo son una traba al rápido esclarecimiento de su conciencia. Pero ¿acaso no es evidente que el sin- partidismo y la ausencia de programa no hacen más que reforzar y legitimar este atraso y este conservadurismo? ¿Quién se atreverá a negar que una lucha franca y honrada de los partidos políticos es el mejor medio para despertar a las masas y elevar su actividad política? Preguntamos una vez más: ¿qué temen los grupos sin-partido?, ¿por qué detestan la luz?, ¿de quién se ocultan? ¿Dónde está el secreto? El hecho es que en las actuales condiciones de Rusia, donde la revolución se desarrolla con rapidez y hay un máximo de libertad, donde las masas se elevan políticamente, no por días, sino por horas, para la burguesía es en extremo arriesgado proclamar con franqueza sus verdaderos fines.

Salir a escena en tales condiciones con una plataforma francamente burguesa significa desacreditarse a ciencia cierta a los ojos de las masas. La única manera de “salvar la situación” es ponerse la careta del sin-partidismo y fingirse un inofensivo grupo como ése de “la honradez, la responsabilidad y la justicia”. Eso es muy cómodo para pescar en río revuelto. No cabe duda de que tras las listas de candidatos sin partido se ocultan burgueses que obran como los demócratas constitucionalistas y que se parecen mucho a éstos, gentes que temen salir a escena con la cara destapada y tratan de introducirse de contrabando en las Dumas de distrito. Es muy característico que entre esos grupos no figure ninguno proletario, que los grupos sin partido recluten su gente única y exclusivamente entre las filas de la burguesía. Y esos grupos podrán atraer a sus redes, sin duda alguna, a muchos electores ingenuos e incautos, si los elementos revolucionarios no les dan la réplica que merecen. Ese es todo el secreto. Por ello, el peligro del “sin-partidismo” es uno de los más reales en la presente campaña electoral. Por ello, arrancar a esos señores la careta del sin- partidismo obligarles a mostrar su verdadera faz, para

que las masas puedan juzgarlos como es debido, es una de las tareas más importantes de nuestra campaña. ¡Fuera la careta del sin-partidismo! ¡Por una línea política clara y bien definida! Tal es nuestra consigna. *** Camaradas: Mañana son las elecciones. ¡Acudid a las urnas en apretadas filas y votad unánimemente por la lista de los bolcheviques! ¡Ni un solo voto para los demócratas constitucionalistas, enemigos de la revolución rusa! ¡Ni un solo voto para los defensistas, partidarios de un compromiso con los demócratas constitucionalistas! ¡Ni un solo voto para los “sin-partido”, amigos encubiertos de vuestros enemigos!

Publicado con la firma de K. Stalin el 21, el 24 y el 26 de mayo de 1917 en los núms. 63, 64 y 66 de “Pravda”.