Búrtsev escribía hace poco en el periódico “Obscheie Dielo” que “no ha existido ningún complot korniloviano”, que “existía sólo un convenio” entre Kornílov y el gobierno Kerenski para extirpar a los bolcheviques y a los Soviets con vistas a implantar una dictadura militar. Para confirmar su opinión, Búrtsev publica en el núm. 6 de “Obscheie Dielo” una “memoria explicativa” de Kornílov integrada por varios documentos, que describen la historia del complot. El objetivo inmediato de todo este empeño de Búrtsev es crear una atmósfera favorable a Kornílov e impedir que se juzgue al general. Distamos mucho de admitir que los documentos de Kornílov agoten la cuestión. El general, además de procurar sacudirse las acusaciones de traición, no habla, por ejemplo, de ciertas personas y organizaciones encartadas en el complot, y, ante todo, de ciertos representantes de las embajadas en el Cuartel General, quienes, según muestran las declaraciones de los testigos, han desempeñado un papel que no es de segundo orden, ni mucho menos. También debe señalarse que la “memoria explicativa” de Kornílov ha pasado por la redacción policíaca de Búrtsev, quien ha suprimido de ella pasajes a buen seguro muy importantes. No por ello deja de tener gran valor como documento, y mientras no se le opongan pruebas testificales de análogo peso, veremos en ella un documento. Por eso estimamos necesario hablar de este documento al lector.

¿Quiénes eran ellos? ¿Quiénes eran los consejeros e inspiradores de Kornílov, a los que confiaba, ante todo, sus ideas conspirativas? “Quise -dice Kornílov- que, en el examen del estado del país y de las medidas necesarias para salvar del hundimiento definitivo al país y al ejercito, participaran M. Rodzianko, el príncipe G. Lvov y P. Miliukov, a quienes se enviaron telegramas rogándoles que se personaran en el Cuartel General no más tarde del 29 de agosto”. Tales eran, según, confesión del mismo Kornílov, los consejeros principales. Pero esto no es todo. Además de los consejeros y de los inspiradores existían los colaboradores principales, en quienes cifraba sus esperanzas Kornílov, con quienes contaba y con los cuales se disponía a ejecutar su complot. Escuchad: “Se esbozó un proyecto de “consejo de defensa nacional”, con la participación del Jefe Supremo como presidenta, de Kerenski como ministro adjunto, de Sávinkov, del general Alexeiev, del almirante Kolchak y de Filonenko. Este consejo de defensa debía ejercer la dictadura colectiva, puesto que no se estimó conveniente la implantación de una dictadura unipersonal. Para desempeñar las otras carteras ministeriales, se pensaba en los señores Tajtamíshev, Tretiakov, Pokrovski, Ignátiev, Aladin, Plejánov, Lvov y Zavoiko”. Tal era la cofradía de honorables conspiradores que alentaba a Kornílov y era alentada por él, que secreteaba con Kornílov a espaldas del pueblo y le aplaudía en la Conferencia de Moscú. Miliukov, como jefe del partido de la libertad popular; Rodzianko, como jefe del consejo de personalidades públicas; Tretiakov, como jefe de los industriales; Kerenski, como jefe de los defensistas eseristas; Plejánov, como maestro de los defensistas mencheviques; Aladin, como agente de no se sabe qué casa de Londres. Helos ahí, la esperanza y la confianza de la korniloviada, el alma y el nervio de la contrarrevolución. Esperemos que la historia no los olvide y que la generación presente les dé su merecido.

Sus objetivos Sus objetivos eran “sencillos y claros”: “elevar la capacidad de combate del ejército” y “sanear la retaguardia”, para “salvar a Rusia”. A fin de elevar la capacidad de combate del ejército, “señalé” -dice Kornílov- “la necesidad de restablecer en el acto la ley de pena de muerte en el teatro de las operaciones militares”, A fin de sanear la retaguardia, “señalé” -prosigue Kornílov- “la necesidad de hacer extensiva la ley de pena de muerte y de los tribunales militares revolucionarios a las circunscripciones interiores, partiendo de la idea de que ninguna medida tendente a restablecer la capacidad de combate del ejército nos daría el resultado apetecido mientras a este fueran a parar desde la retaguardia bandas de soldados indisciplinados, sin instrucción e influenciados por la propaganda”. Pero esto no es todo. A juicio de Kornílov, “para alcanzar los objetivos de la guerra”… es necesario tener tres ejércitos: “el de las trincheras, más el obrero y el ferroviario en la retaguardia”. Dicho con otras palabras: es “necesario” hacer extensiva la

“disciplina” militar, con todas sus consecuencias, a las fábricas que trabajan para la defensa y a los ferrocarriles, o sea, es “necesario” militarizarlos. Así, pues, la pena de muerte en el frente, la pena de muerte en la retaguardia, la militarización de las fábricas y de los ferrocarriles, la transformación del país en un campamento “militar” y, como remate de todo, la dictadura militar presidida por Kornílov. Tales son, por lo que se ve, los objetivos perseguidos por la cofradía de los conspiradores. Estos objetivos fueron expuestos en un “informe” especial, que se hizo famoso ya antes de la Conferencia de Moscú. Aparecen en los telegramas y en la “memoria” como “demandas de Kornílov”. ¿Conocía el gobierno Kerenski estas “demandas”? - Sin duda alguna. ¿Estaba de acuerdo el gobierno Kerenski con Kornílov? - Evidentemente. “Después de suscribir el informe general acerca de las medidas de saneamiento del ejército y de la retaguardia, firmado ya por los señores Sávinkov y Filonenko -dice Kornílov-, di cuenta de él en una reunión privada del Gobierno Provisional, a la que asistieron los señores Kerenski, Nekrásov y Teréschenko.

Tras de estudiarse el informe, se me declaró que el gobierno accedía a todas las medidas propuestas por mí; el problema de su ejecución dependía del ritmo de las medidas gubernamentales”. Lo mismo dice Sávinkov, quien el 24 de agosto declaró a Kornílov que “su demandas serán satisfechas por el Gobierno Provisional en los próximos días”. ¿Conocía el partido de la libertad popular los objetivos de Kornílov? - Sin duda alguna. ¿Estaba de acuerdo con Kornílov? - Evidentemente, porque el órgano central del partido de la libertad popular, el periódico “Riech”, dijo sin rodeos que “comparte por entero los ideales del general Kornílov”. Nuestro Partido llevaba razón al afirmar que el partido de la libertad popular es el partido de la dictadura burguesa. Nuestro Partido llevaba razón al afirmar que el gobierno Kerenski es la pantalla para encubrir tal dictadura. Ahora, cuando los kornilovistas se han repuesto del primer golpe, los conspiradores que ejercen el Poder hablan otra vez de “elevar la capacidad de combate del ejército” y de “sanear la retaguardia”. Los obreros y los soldados deben tener presente que “elevar la capacidad de combate del ejército” y “sanear la retaguardia” significa la pena de muerte en la retaguardia y en el frente.

Su camino Su camino era tan “sencillo y claro” como sus objetivos: la extirpación del bolchevismo, la disolución de los Soviets, el desglosamiento de Petrogrado en una gobernación militar especial, el desarme de Cronstadt. En una palabra: el aplastamiento de la revolución. Para esto se necesitaba el tercer cuerpo de caballería. Para esto se necesitaba la División salvaje. Escuchemos lo que dice Sávinkov a Kornílov después de examinar con él la cuestión relativa al establecimiento de los límites de la gobernación militar de Petrogrado: - “Por consiguiente, Lavr Gueórguievich, sus demandas serán satisfechas por el Gobierno Provisional en los próximos días; ahora bien, el gobierno teme que puedan surgir en Petrogrado graves complicaciones. Usted, por supuesto, sabe que para el o el de agosto, aproximadamente, se espera en Petrogrado un importante alzamiento de los bolcheviques. La publicación de las demandas de usted, ejecutadas a través del Gobierno Provisional, servirá, naturalmente, de impulso al alzamiento de los bolcheviques. Aunque disponemos de suficientes tropas, no podemos confiar plenamente en ellas. Tanto más, cuanto que se ignora aún la actitud del Soviet de Diputados Obreros y Soldados respecto a la nueva ley. Puede ocurrir que la actitud de este último sea también contraria al gobierno; en cuyo caso no podremos contar con nuestras tropas.

Por eso le ruego que dé orden de que el tercer cuerpo de caballería se concentre cerca de Petrogrado hacia finales de agosto y sea puesto a disposición del Gobierno Provisional. En caso de que, además de los bolcheviques, actúen los miembros del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, tendremos que proceder también contra ellos”. Al mismo tiempo, Sávinkov dijo que el carácter de las acciones debía ser de lo más resuelto e implacable. El general Kornílov repuso que “no lo concibe de otra manera. Si se produce un alzamiento de los bolcheviques y del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, será aplastado con toda energía”. Para la aplicación directa de estas medidas, Kornílov fijó “dos misiones” al general Krímov, jefe del tercer cuerpo de caballería y de la división indígena: “1) En caso de recibir de mí (de Kornílov) o de obtener directamente noticias relativas al comienzo de un alzamiento de los bolcheviques, debía avanzar inmediatamente con el Cuerpo sobre Petrogrado, ocupar la ciudad, desarmar a las unidades de la guarnición de la capital que se uniesen al movimiento de los bolcheviques, desarmar a la población y disolver los Soviets. 2) Cumplida esta misión, el general Krímov debía destacar una brigada con artillería a Oranienbaum y, a su arribo, exigir de la guarnición de Cronstadt el desarme de la fortaleza

y el traslado de los efectivos al continente. La conformidad del ministro presidente al desarme de la fortaleza de Cronstadt y a la evacuación de su guarnición tuvo efecto el 8 de agosto, y el informe correspondiente del Estado Mayor Naval con la resolución del ministro presidente fue presentado, adjunto a la carta del almirante Maxímov, al jefe del Estado Mayor del Jefe Supremo”. Tal es el camino de la cofradía de conspiradores contra la revolución y sus conquistas. El gobierno Kerenski no sólo estaba al corriente de este plan diabólico, sino que participó en su confección y se disponía a ejecutarlo del brazo de Kornílov. Sávinkov, entonces subsecretario de Guerra, lo declara públicamente, y esta declaración, que conoce todo el mundo, no ha sido refutada aún por nadie. Dice así: “Considero un deber declarar, para restablecer la verdad histórica, que, por encargo del ministro presidente, pedí a usted (a Kornílov) el cuerpo de caballería, a fin de asegurar el cumplimiento de la orden de declaración del estado de guerra en Petrogrado y a fin de sofocar todo intento de rebelión contra el Gobierno Provisional, procediera de donde procediera...”. Parece que la cosa está clara. ¿Conocía el Partido demócrata constitucionalista la existencia del plan de Kornílov? - Sin duda alguna. Porque el órgano central de ese partido, el periódico “Riech”, divulgaba con ahínco, en vísperas del alzamiento korniloviano, rumores provocativos acerca de una “insurrección bolchevique”, desbrozando de ese modo el camino a Kornílov para que entrara en Petrogrado y en Cronstadt.

Porque el señor Maklakov, representante del partido demócrata constitucionalista, participó “personalmente”, como puede verse en la “memoria” de Kornílov, en todas las conversaciones entre Sávinkov y Kornílóv respecto a los planes de entrada en Petrogrado. Por lo que sabemos, Maklakov no desempeñaba entonces ningún cargo oficial cerca o en el seno del Gobierno Provisional. ¿A título de qué pudo, entonces, participar en estas conversaciones, sino como representante de su partido? Tales son los hechos: Nuestro Partido llevaba razón al afirmar que el gobierno Kerenski es el gobierno de la contrarrevolución burguesa, que se apoya en la korniloviada, y que lo único que lo distingue de ella es cierta “indecisión”. Nuestro Partido llevaba razón al afirmar que los hilos ideológicos y políticos de la contrarrevolución convergen en el Comité Central del Partido demócrata constitucionalista. Si el plan contrarrevolucionario de los conspiradores de Petrogrado y de Moguiliov no cuajó, de ello no hay que culpar a Kerenski y a Kornílov, ni a Maklakov y a Sávinkov, sino a esos mismos Soviets que ellos se disponían a “disolver” y contra los cuales, empero, fueron incapaces de resistir. Ahora, cuando los kornilovistas se han repuesto y han negado subrepticiamente al Poder con ayuda de los conciliadores, la cuestión de la lucha contra los Soviets vuelve a estar a la orden del día. Los obreros y los soldados deben tener presente que, si no apoyan a los Soviets en su lucha contra el gobierno de los kornilovistas, corren el peligro de caer bajo el talón de hierro de una dictadura militar.

La dictadura de la burguesía imperialista ¿Qué es la “dictadura colectiva”, para cuya implantación se confabularon los que conspiraban contra la revolución: Kornílov y Miliukov, Aladin y Filonenko, Kerenski y el príncipe Lvov, Rodzianko y Sávinkov? ¿De qué formas políticas querían revestirla? ¿Qué instituciones políticas estimaban necesarias para instaurar y organizar la “dictadura colectiva”? Cedamos la palabra a los documentos. “El general Kornílov preguntó a Filonenko si no consideraba que la única salida de la difícil situación existente podía ser la proclamación de una dictadura militar. Filonenko respondió que, pensando de un modo realista en la dictadura, sólo podía concebirla, dada la situación presente, encarnada en el general Kornílov. Filonenko hizo la siguiente objeción a la dictadura unipersonal: el general Kornílov no dispone de suficientes conocimientos respecto a la situación política y, por ello, bajo su dictadura imperaría lo que comúnmente se llama camarilla. Las esferas democráticas y republicanas habrán de ir contra ello y, en consecuencia, contra la dictadura unipersonal. El general Kornílov: ¿Y qué vamos a hacer si el gobierno no adopta ninguna medida? Filonenko: Puede encontrarse la salida en la creación de un directorio. Será preciso formar en el gobierno un gabinete militar restringido, del que deberán formar parte hombres de excepcional fuerza de voluntad, con la participación imprescindible de Kerenski, del general Kornílov y de Sávinkov en este gabinete, que puede ser llamado “consejo de defensa nacional” o de cualquier otro modo, ya que el problema no reside en la denominación. Este gabinete restringido deberá plantearse como tarea primordial la defensa del país. En tal forma el gobierno deberá aceptar el proyecto de directorio. Kornílov: Tiene usted razón. Necesitamos un directorio, y cuanto antes mejor...” (“Nóvoe Vremia”). Y más adelante:

“Se esbozó un proyecto de consejo de defensa nacional”, con la participación del Jefe Supremo como presidente, de A. F. Kerenski como ministro adjunto, del señor Sávinkov, del general Alexéiev, del almirante Kolchak y del señor Filonenko. Este consejo de defensa debía ejercer la dictadura colectiva, puesto que no se estimó conveniente la implantación de una dictadura unipersonal” (“Obscheie Dielo”). Así, pues, el directorio era la forma política que debía revestir la “dictadura colectiva” de Kornílov- Kerenski. Ahora está claro para todos que, al formar el directorio, después de la fracasada “sublevación” korniloviana, Kerenski instauraba por otros procedimientos la misma dictadura korniloviana. Ahora está claro para todos que, al pronunciarse en la conocida reunión nocturna en favor del directorio de Kerenski, el senil Comité Ejecutivo Central votaba en favor del plan contrarrevolucionario del general Kornílov. Ahora está claro para todos que, al defender a capa y espada al directorio de Kerenski, los sabihondos de “Dielo Naroda” traicionaban, sin advertirlo, la revolución, para regocijo de los kornilovistas declarados y encubiertos.

Nuestro Partido llevaba razón al afirmar que el directorio es una forma enmascarada de dictadura de la contrarrevolución. Ahora bien, con el directorio solo “no se va lejos”. Los artífices de la contrarrevolución no podían por menos de comprender que a un país, que ha saboreado los frutos de la democracia, no se le puede “gobernar” única y exclusivamente con ayuda de un directorio, sin ninguna tapadera “democrática”. Una “dictadura colectiva” en forma de directorio, ¡desde luego! Mas, ¿para qué arrancarle los velos? ¿No sería mejor cubrirla con cualquier “anteparlamento”? ¡Que viva y divague el “anteparlamento democrático”, con tal de que el aparato del Estado se encuentre en manos del directorio! Es sabido que el señor Zavoiko, abogado de Kornílov, el señor Aladin, agente de no se sabe qué casa de Londres, y Kornílov “en persona”, amigo de Miliukov, fueron los primeros en lanzar el proyecto de “anteparlamento” como puntal y tapadera del directorio, “responsable” (¡déjense de bromas!) ante este “anteparlamento”. Cedamos la palabra a un documento. “Al insistir en la formación de un directorio, el general Kornílov y sus allegados no lo concebían sin responsabilidad ante el país. M. M.

Filonenko es uno de los partidarios más convencidos del proyecto de Aladin acerca de un órgano representativo, ante el cual el gobierno debe indudablemente responder hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente. De este órgano representativo, conforme a la idea de Aladin, deberían formar parte la IV Duma de Estado (sin el ala derecha y excluyendo a todos sus miembros inactivos), los elementos de izquierda de las primeras tres Dumas, una delegación del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados (sin restringir la representación de los partidos) y las diez o veinte personalidades revolucionarias más destacadas, como Breshko-Breshkóvskaia, Kropotkin, Fígner y otros, cooptados por el mismo órgano representativo. En consecuencia, la idea del “anteparlamento” se le ocurrió por vez primera a A. F. Aladin” (“Nóvoe Vremia”). Así, pues, el “anteparlamento” es el “órgano representativo” que debía servir de puntal “democrático” a la “dictadura colectiva” de Kornílov-Kerenski.

El “anteparlamento” como órgano ante el cual “responde” el gobierno “hasta la convocatoria” de la Asamblea Constituyente; el “anteparlamento” que sustituye a la Asamblea Constituyente hasta su convocatoria; el “anteparlamento” que sustituye a la Asamblea Constituyente, si se difiere su convocatoria; el “anteparlamento” que da una “base jurídica” (¡alegraos, juristas!) para diferir la convocatoria de la Asamblea Constituyente; el “anteparlamento” como medio para frustrar la Asamblea Constituyente: he ahí todo el sentido de la “democracia” contrarrevolucionaria de los que conspiran contra la revolución. Ahora está claro para todos que al “sancionar” el “anteparlamento” korniloviano convocado para dentro de dos días, Kerenski no hace sino poner en ejecución por otros medios el mismo plan contrarrevolucionario de los que conspiran contra la revolución. Ahora está claro para todos que al organizar el “anteparlamento” y al efectuar para ello diversas falsificaciones, los Avxéntiev y los Dan han trabajado para los kornilovistas declarados y encubiertos, contra la revolución y sus conquistas. Ahora está claro para todos que al hablar a voz en grito de la Asamblea Constituyente y al fortalecer al mismo tiempo el “anteparlamento” korniloviano, los sabihondos de “Dielo Naroda” trabajan para frustrar la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Discípulos de Kornílov: he ahí todo lo que han sido capaces de ser en la “Conferencia Democrática” los charlatanes “responsables”, los Tsereteli y los Chernov, los Avxéntiev y los Dan.

Primera conclusión Por los documentos antes examinados, se ve que “el asunto de Kornílov” no es una “sublevación” contra el Gobierno Provisional ni tampoco una simple “aventura” de un general ambicioso, sino todo un complot contra la revolución, un complot organizado y meditado minuciosamente. Los organizadores y los inspiradores del complot son: la parte contrarrevolucionaria del generalato,

representantes del partido demócrata constitucionalista, representantes de las “personalidades públicas” de Moscú, los miembros más “iniciados” del Gobierno Provisional y -¡no en último lugar!- ciertos representantes de ciertas embajadas (Kornílov no dice nada de ellos en su “memoria”). Es decir, todos los que en la Conferencia de Moscú recibieron con “entusiasmo” a Kornílov, como “jefe reconocido de Rusia”. El “complot de Kornílov” es un complot de la burguesía imperialista contra las clases revolucionarias de Rusia, contra el proletariado y el campesinado. Objetivo del complot: aplastar la revolución y establecer la dictadura de la burguesía imperialista. Entre los conspiradores hubo discrepancias, pero pequeñas, de grado. Estas discrepancias se expresaron en el “ritmo de las medidas gubernamentales”: Kerenski deseaba proceder con cautela y prudencia, Kornílov “tiraba por el camino de en medio”. Pero, en lo fundamental, todos coincidían: implantación de la dictadura de la burguesía imperialista bajo la forma de la “dictadura colectiva” del directorio, encubierta por el anteparlamento “democrático” para embaucar a los incautos. ¿Cuál es el rasgo característico de la dictadura de la burguesía imperialista? Ante todo, que esa dictadura es el dominio de una minoría belicosa y explotadora sobre la mayoría trabajadora y ansiosa de paz. Leed la “memoria” de Kornílov, revisad las “negociaciones” con los miembros del gobierno: allí se habla de las medidas para aplastar la revolución, se habla de los procedimientos para fortalecer el régimen burgués y continuar la guerra imperialista, pero no hay ni una sola palabra acerca de los campesinos, que piden la tierra, de los obreros, que piden el pan, de la mayoría de los ciudadanos, que anhelan la paz.

Es más: toda la “memoria” se basa en el supuesto de que es necesario mantener férreamente atenazadas a las masas y de que las riendas del gobierno deben estar en manos de un puñado de dictadores. En segundo lugar, que la dictadura de la burguesía imperialista es una dictadura solapada, secreta, encubierta, destinada a engañar a las masas. Leed la “memoria” y comprenderéis con qué celo procuraron los señores conspiradores ocultar sus siniestros planes y sus maquinaciones secretas, no ya a las masas, sino a sus colegas y a sus “amigos” de partido. Para engañar a las masas, se tramó el plan del ante parlamento “democrático”, pues ¿de qué democracia puede hablarse cuando se implanta la pena de muerte en la retaguardia y en el frente? Para engañar a las masas, se dejó en pie la “República Rusa”, pues ¿de qué república puede hablarse si se entrega todo el Poder a un grupito de cinco dictadores? Por último, que la dictadura de la burguesía imperialista es una dictadura que descansa en el empleo de la violencia contra las masas. Tal dictadura no tiene ni puede tener más puntal “seguro” que el empleo sistemático de la violencia contra las masas. La pena de muerte en la retaguardia y en el frente, la militarización de las fábricas y de los ferrocarriles y los fusilamientos: tal es el arsenal de esa dictadura. El engaño “democrático” reforzado por la violencia, la violencia encubierta por el engaño “democrático”: tal es el alfa y omega de la dictadura de la burguesía imperialista. Esa es precisamente la dictadura que deseaban implantar en Rusia los conspiradores.

Segunda conclusión Distamos mucho de tomar por causa del complot la mala voluntad de tales o cuales héroes. También distamos mucho de explicarlo por la ambición de poder de sus iniciadores. El complot contrarrevolucionario tiene raíces más hondas. Hay que buscarlas en las condiciones de la guerra imperialista. Hay que buscarlas en las necesidades de esta guerra. En la política de ofensiva en el frente, adoptada en junio por el Gobierno Provisional, es donde debe buscarse la base preparatoria del complot de los contrarrevolucionarios. En todas partes, en todos los Estados beligerantes, la política de ofensiva en un ambiente de guerra imperialista ha suscitado, la necesidad de suprimir las libertades, de implantar el estado de guerra, de establecer una “disciplina de hierro”, puesto que, existiendo las libertades máximas, es inconcebible que se pueda arrastrar impunemente a las masas a la matanza urdida por las aves de rapiña del mundo. Rusia no podía ser una excepción en este sentido. Bajo la presión de las camarillas imperialistas, rusas y aliadas, en junio se proclama la ofensiva en el frente. Los soldados se niegan a ir a la ofensiva sin previa discusión. Comienza la disolución de regimientos. La medida resulta ineficaz. En vista de ello, se declara al ejército “incapaz de combatir”. Para “elevar la capacidad de combate” del ejército, Kornílov (¡y no sólo Kornílovl) exige una ley que implante la pena de muerte en el frente, prohibiendo previamente los mítines y las asambleas de soldados. En la retaguardia, los soldados y los obreros protestan contra esta medida, estimulando la indignación de los soldados del frente. En respuesta, los generales del frente exigen, con el apoyo de la burguesía, que se aplique también la pena de muerte en la retaguardia, exigen la militarización de las fábricas y de los ferrocarriles. El plan de la dictadura y el complot no son otra cosa que el desarrollo lógico de estas medidas. Tal es la sucinta historia del “restablecimiento de una disciplina de hierro” y del desarrollo de la contrarrevolución, elocuentemente relatada en la “memoria” de Kornílov. La contrarrevolución vino del frente, nacida sobre la

base de las necesidades de la ofensiva, en las condiciones de la guerra imperialista. El complot tenía por objetivo organizar y legitimar la contrarrevolución ya existente, propagándola a toda Rusia. Los ultrarreaccionarios de la Duma Zarista del 3 de junio sabían lo que hacían al exigir, ya a principios de junio, la ofensiva “inmediata” en estrecho contacto con los aliados. Expertos manipuladores de la contrarrevolución, sabían que la política de ofensiva entrañaría inevitablemente la contrarrevolución. Nuestro Partido llevaba razón al advertir entonces, en su declaración ante el Congreso de los Soviets, que la ofensiva en el frente suponía un peligro de muerte para la revolución. Los jefes del defensismo rechazaron la declaración de nuestro Partido y demostraron una vez más su falta de madurez política y su dependencia ideológica respecto a la burguesía imperialista. ¿Qué se deduce de esto? No cabe más que una conclusión. El complot que nos ocupa es la continuación de la contrarrevolución, nacida de las necesidades de la guerra imperialista y de la política de ofensiva. Mientras exista tal guerra y tal política existirá también el peligro de los complots contrarrevolucionarios. Para preservar a la revolución de este peligro, es preciso poner término a la guerra imperialista, es preciso acabar con la posibilidad de la política de ofensiva, es preciso conquistar una paz democrática.

Tercera conclusión Kornílov y sus “cómplices” han sido detenidos. La comisión de encuesta organizada por el gobierno efectúa las diligencias “con toda premura”. El Gobierno Provisional se presenta como juez supremo. A Kornílov y a sus “cómplices” se les reserva el papel de “sublevados”. A la gente de “Riech” y de “Nóvoe Vremia”, el de defensores de Kornílov. “El proceso será interesante”, dicen los aficionados a las novedades. “El proceso pondrá al descubierto muchas cosas importantes”, señala en tono doctoral “Dielo Naroda”. ¿Contra quién era la sublevación? ¡Naturalmente, contra la revolución! ¿Y dónde se encuentra la revolución? Naturalmente, en el Gobierno Provisional, ya que la sublevación era contra él. ¿Y quiénes integran esa revolución? El “invariable” Kerenski, representantes del partido demócrata constitucionalista, representantes de las “personalidades públicas” de Moscú, y un sir que se oculta detrás de estos gentlemen. Primera voz: “Pero allí falta Kornílov”. Segunda voz: “¿Qué tiene que ver aquí Kornílov? Se le ha ordenado que se siente en el banquillo de los acusados”... Bajemos, no obstante, el telón. En efecto, Kornílov organizó el complot contra la revolución. Pero no estaba solo. Tenía inspiradores: Miliukov y Rodzianko, Lvov y Maklakov, Filonenko y Nabókov. Tenía colaboradores: Kerenski y Sávinkov, Alexéiev y Kaledin. ¿Acaso es un cuento que estos gentlemen y otros semejantes se pasean ahora tranquilamente en libertad, y no sólo eso, sino que “gobiernan” al país con arreglo a la Constitución del “propio” Kornílov? Kornílov contaba, en fin, con el apoyo de la burguesía imperialista rusa y anglo-francesa, en nombre de cuyos intereses “gobiernan” ahora al país todos esos colaboradores de Kornílov. ¿Acaso no está claro que juzgar sólo a Kornílov es una farsa mezquina y ridícula? De otra parte, ¿cómo llevar ante los tribunales a la burguesía imperialista, culpable principal del complot contra la revolución? ¡Oh, sabios artesanos del Ministerio de Justicia: solventadlo!

No se trata, evidentemente, de esa farsa de proceso. Lo que ocurre es que, después de la intentona de Kornílov, después de las sonadas detenciones y de la “rigurosa” investigación, el Poder “se ha visto” de nuevo, íntegra y totalmente, en manos de los kornilovistas. Lo que Kornílov quería alcanzar por la fuerza de las armas, es realizado gradualmente, pero con firmeza, aunque siguiendo otros procedimientos, por los kornilovistas que ocupan el Poder. Hasta han puesto en marcha al “anteparlamento” korniloviano. Lo que ocurre es que después de la feliz “liquidación” del complot contra la revolución, de nuevo “nos vemos” en poder de la plana mayor de los conspiradores, de ese mismo Kerenski y de Teréschenko, de los mismos representantes del partido demócrata constitucionalista y de las “personalidades públicas”, de los mismos sires y de los generales a lo sir. Falta Kornílov, pero ¿qué tiene de peor sir Alexéiev, del que no se prescinde en ningún asunto público importante y que se dispone, por lo que se ve, a representar no se sabe si a Rusia o a Inglaterra en la Conferencia de la Entente? Lo que ocurre es que no es posible seguir tolerando a ese “gobierno” de conspiradores. Lo que ocurre es que no se puede confiar en ese “gobierno” de conspiradores, sin correr el riesgo de someter la revolución al peligro mortal de nuevos complots. Sí, hay que juzgar a los que conspiran contra la revolución. Pero no en un juicio que es una farsa y una falsificación, sino en un juicio auténtico y popular. Este juicio consiste en despojar del Poder a la burguesía imperialista, en nombre de cuyos intereses actúa el presente “gobierno” de conspiradores. Este juicio consiste en depurar radicalmente el Poder, de abajo arriba, de elementos kornilovianos. Hemos dicho ya que, sin poner término a la guerra imperialista y sin conquistar una paz democrática, es imposible preservar a la revolución de los complots de la contrarrevolución. Pero mientras ejerza el Poder el actual “gobierno”, no cabe ni soñar con una paz

democrática. Para conseguir tal paz, hay que “quitar” este Poder y “poner” uno nuevo. Para ello es necesario entregar el Poder a las clases nuevas, a las clases revolucionarias, al proletariado y al campesinado revolucionario. Para ello es necesario concentrar el Poder en las organizaciones revolucionarias de masas, en los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Estas clases y estas organizaciones, y sólo ellas, han salvado del complot korniloviano a la revolución. Ellas le asegurarán la victoria. En eso consistirá el juicio contra la burguesía imperialista y sus agentes, los conspiradores.

Dos cuestiones Primera cuestión. Hace unas cuantas semanas, cuando comenzaron a aparecer en la prensa las primeras escandalosas denuncias relativas al complot del Poder (¡del Poder, que no de Kornílov!) contra la revolución, la minoría bolchevique presentó una interpelación en el Comité Ejecutivo Central, dirigida a Avxéntiev y Skóbelev, ex miembros del Gobierno Provisional en el período de la “epopeya korniloviana”. La interpelación se interesaba por las declaraciones que, como un deber de honor y una obligación ante la democracia, debían hacer Avxéntiev y Skóbelev respecto a las denuncias dirigidas contra el Gobierno Provisional. Aquel mismo día, el Buró del Comité Ejecutivo Central aceptó la interpelación de nuestra minoría, que, en consecuencia, pasó a ser interpelación de “toda la democracia revolucionaria”. Ha transcurrido un mes, llueven las denuncias, a cual más escandalosa, y Avxéntiev y Skóbelev siguen callando, como si se hubieran vuelto mudos y como si la cosa no fuera con ellos. ¿No le parece al lector que ya es hora de que estos “responsables” ciudadanos recuerden las normas elementales del simple decoro y respondan, por fin, a la interpelación que les ha hecho “toda la democracia revolucionaria”? Segunda cuestión.

En plena lluvia de nuevas denuncias contra el gobierno Kerenski, “Dielo Naroda” exhortaba a los lectores a “aguantar” a este gobierno, a “esperar” hasta la Asamblea Constituyente. Por supuesto, es divertido escuchar ahora discursos sobre la necesidad de “aguantar” en boca de quienes formaron con sus propias manos este gobierno para “salvar al país”. ¿Será posible que lo formaran exclusivamente para, haciendo de tripas corazón, “aguantarlo” “por breve tiempo”?.. Pero ¿qué significa “aguantar” al gobierno Kerenski? Significa poner los destinos del pueblo, los destinos de muchos millones de hombres, en manos de los que conspiran contra la revolución. Significa poner los destinos de la guerra y de la paz en manos de los agentes de la burguesía imperialista. Significa poner los destinos de la Asamblea Constituyente en manos de contrarrevolucionarios al acecho, ¿Cómo se puede llamar “socialista” a un partido que vincula sus destinos políticos a los destinos de un “gobierno” de conspiradores contra la revolución? Se habla de la “candidez” de los jefes del partido eserista. Se habla de la “miopía” de “Dielo Naroda”. Sin duda, los “responsables” jefes eseristas no andan escasos de estas “virtudes”. Pero... ¿no le parece al lector que la candidez en política es un crimen rayano en la traición?

Publicado con la firma de K. Stalin el 4, el 5 y el 7 de octubre de 1917 en los núms. 27, 28 y 30 de “Rabochi Put”.