Los eseristas de “Dielo Naroda” están descontentos de los bolcheviques. Riñen a los bolcheviques, injurian a los bolcheviques y, finalmente, amenazan a los bolcheviques. ¿Por qué? Por su “demagogia desenfrenada”, por su “sectarismo fraccional”, por su “actividad escisionista”, porque no tienen “disciplina revolucionaria”. En pocas palabras: porque los bolcheviques son contrarios a la unidad con los eseristas de “Dielo Naroda”. Unidad con los eseristas de “Dielo Naroda”... Pero juzgad vosotros mismos: ¿es posible hoy esta unidad? Mientras la Conferencia Democrática, en Petrogrado, se agota en pugilatos verbales y los iniciadores de la Conferencia elaboran deprisa y corriendo fórmulas para “salvar” a la revolución; mientras el gobierno Kerenski, estimulado por Buchanan-Miliukov, sigue marchando por “su” camino, en Rusia se opera el proceso decisivo de surgimiento de un nuevo Poder verdaderamente popular, verdaderamente revolucionario, que lucha desesperadamente por su existencia. De una parte, los Soviets, a la cabeza de la revolución, a la cabeza de la lucha con la contrarrevolución, que aun no ha sido derrotada, que no ha hecho más que retroceder, ocultándose prudentemente tras las espaldas del gobierno.

De otra parte, el gobierno Kerenski, que encubre a los contrarrevolucionarios, que se entiende con los kornilovistas (¡demócratas constitucionalistas!) y que ha declarado la guerra a los Soviets, tratando de aplastarlos para no ser aplastado él mismo. Hoy la cuestión estriba en saber quién vencerá en esa lucha. O el Poder de los Soviets, en cuyo caso tendremos la victoria de la revolución y una paz justa. O el Poder del gobierno Kerenski, en cuyo caso tendremos la victoria de la contrarrevolución y “la guerra hasta el total”... agotamiento de Rusia. La Conferencia no resuelve este problema y se limita, aunque con gran retraso, naturalmente, a reflejar esa lucha. Por esa razón, lo principal no es hoy elaborar una fórmula general para “salvar” a la revolución, sino apoyar directamente a los Soviets en su lucha contra el gobierno Kerenski. ¿Queréis un frente único revolucionario? Apoyad a los Soviets, romped con el gobierno Kerenski, y la unidad se hará por sí sola. La unidad del frente no se forja en los debates, sino en el curso de la lucha.

Los Soviets exigen que se destituya a los comisarios demócratas constitucionalistas. Pero el gobierno Kerenski les impone comisarios indeseables y les amenaza con emplear la fuerza... ¿Por quién estáis, ciudadanos de “Dielo Naroda”: por los Soviets o por los comisarios de Kerenski? En Tashkent, el Soviet, formado en su mayoría de eseristas, ha tomado en sus manos el Poder, destituyendo a los antiguos funcionarios. Pero el gobierno Kerenski envía allí una expedición de castigo y exige que se restablezca el viejo Poder, se “castigue” al Soviet, etc. ¿Por quién estáis, ciudadanos de “Dielo Naroda”: por el Soviet de Tashkent o por la expedición de castigo enviada por Kerenski? La pregunta queda sin responder, pues no sabemos que haya habido la menor protesta, la menor lucha de los seguidores de “Dielo Naroda” contra esos ejercicios contrarrevolucionarios del señor Kerenski. Parece increíble, pero es un hecho. Kerenski, el eserista de Petrogrado que forma parte del directorio, se pertrecha de “ametralladoras” y se lanza al combate contra los eseristas del Soviet de Tashkent, pero “Dielo Naroda”, el órgano central del partido de los eseristas, guarda un silencio grave, ¡como si la cosa nada tuviese que ver con él!

El eserista Kerenski se dispone, a darse de cuchilladas con los eseristas de Tashkent, ¡y “Dielo Naroda”, al publicar la “orden” pogromista de Kerenski, cree posible silenciar el problema, para conservar, por lo visto, la “neutralidad”! ¿Pero qué partido es ése, cuyos militantes se lían a cuchilladas con la evidente connivencia de su órgano central? Se nos habla de la unidad del frente revolucionario. Pero ¿unidad con quién? ¿Con el partido eserista, que no tiene ninguna opinión concreta, puesto que calla? ¿Con el grupo de Kerenski, que se dispone a aplastar a los Soviets? ¿O con el grupo de los eseristas de Tashkent, que crean un nuevo Poder en nombre de la revolución y de sus conquistas? Estamos dispuestos a apoyar al Soviet de Tashkent, lucharemos en las mismas filas que los eseristas revolucionarios y formaremos con ellos un frente único. Pero ¿comprenderán alguna vez los ciudadanos de “Dielo Naroda” que no se puede apoyar al mismo tiempo a los de Tashkent y a Kerenski, porque quien apoya a los de Tashkent rompe con Kerenski? ¿Comprenderán alguna vez que, al no romper con

el gobierno Kerenski y al mantenerse “neutrales”, hacen traición a la causa de sus camaradas de Tashkent? ¿Comprenderán alguna vez que, antes de exigir un frente único con los bolcheviques, hay que establecer esa unidad de puertas adentro, en su propio partido, rompiendo resueltamente o con Kerenski o con los eseristas de izquierda? ¿Queréis un frente único con los bolcheviques? Romped con el gobierno Kerenski, apoyad a los Soviets en su lucha por el Poder, y tendremos la unidad. ¿Por qué la unidad se forjó tan fácil y sencillamente en los días de la sublevación korniloviana? Porque esa unidad no surgió en debates interminables, sino en el proceso de una lucha abierta frente a la contrarrevolución. La contrarrevolución no ha sido aún derrotada. No ha hecho más que retroceder, ocultándose tras las espaldas del gobierno Kerenski. La revolución debe tomar también esa línea, la segunda línea de trincheras de la contrarrevolución, si es que quiere vencer. Una lucha afortunada de los Soviets por el Poder sería precisamente la coronación de esa victoria. Quien no quiera verse “al otro lado de las barricadas”, quien no quiera caer bajo el fuego de los Soviets, quien quiera la victoria de la revolución, deberá romper con el gobierno Kerenski y apoyar la lucha de los Soviets. ¿Queréis la unidad del frente revolucionario? Apoyad a los Soviets contra el directorio. Apoyad resueltamente y hasta el fin la lucha frente a la contrarrevolución, y entonces la unidad se forjará por sí misma, sencilla y naturalmente, como ocurrió en los días de la sublevación korniloviana. ¿Con los Soviets o contra ellos? ¡Elegid, ciudadanos de “Dielo Naroda”!

Editorial publicado el 19 de septiembre de 1917 en el núm. 14 de “Rabochi Put”