Marx explicaba la debilidad de la revolución de 1848 en Alemania, entre otras razones, por la inexistencia de una contrarrevolución fuerte, que espoleara la revolución y la templara en el fuego de la lucha. En este sentido, los rusos carecemos de motivos para quejarnos de la suerte, ya que tenemos contrarrevolución, y, por añadidura, bastante respetable. Y las últimas intentonas de la contrarrevolución del generalato y de la burguesía, así como la oleada de respuesta del movimiento revolucionario han demostrado con singular claridad que la revolución crece y cobra vigor precisamente en los combates con la contrarrevolución. En el fuego de estos combates revivieron y se desarrollaron los casi difuntos Soviets y Comités, a quienes aplastaran los manejos de la burguesía de julio a agosto. Apoyándose en los hombros de estas organizaciones, se ha alzado la revolución hasta triunfar sobre la contrarrevolución. Ahora, cuando la korniloviada retrocede en desorden y Kerenski se atribuye con desfachatez laureles ajenos, es cuando se ve con particular claridad que sin estas organizaciones, sin los Comités “arbitrarios” de los ferroviarios, los soldados, los marinos, los campesinos, los obreros, los empleados de correos y telégrafos, etc., sin su iniciativa revolucionaria y su actitud combativa, la revolución habría sido barrida. Con tanto mayor respeto se debería tratar a estas organizaciones. Tanto más enérgico debe ser nuestro trabajo para fortalecerlas y ampliarlas. La consigna de los amigos de la revolución debe ser: vida y desarrollo, fortalecimiento y victoria de los Comités “arbitrarios”. Sólo unos enemigos, unos enemigos acérrimos del pueblo ruso podrían atentar contra la integridad de estas organizaciones. Sin embargo, el gobierno Kerenski, desde los primeros días de la intentona de la contrarrevolución, ha mirado con recelo los Comités “arbitrarios”.

Desde los primeros días de la intentona de Kornílov, el gobierno, que no ha sido capaz ni ha querido luchar contra la korniloviada y que teme a las masas y al movimiento de éstas más que a la contrarrevolución, ha puesto trabas al Comité de Petrogrado de lucha popular frente a la contrarrevolución. Y no ha cejado en este sabotaje de la lucha contra la korniloviada. Mas, no paran aquí las cosas. El 4 de septiembre, el gobierno Kerenski dictó una orden especial en la que declara abiertamente la guerra a los Comités revolucionarios y los pone fuera de la ley. El gobierno tilda de “acciones usurpatorias” la gestión de estos Comités y declara que “no se deberán tolerar en adelante las acciones arbitrarias, el Gobierno Provisional las combatirá como acciones usurpatorias perjudiciales para la República”. Por lo visto, Kerenski ha olvidado que el “directorio” no ha sido sustituido todavía por el “consulado”, y que él no es el primer cónsul de la República Rusa. Por lo visto, Kerenski no sabe que entre el “directorio” y el “consulado” hubo un golpe de Estado, que debería haberse realizado antes de publicar semejantes órdenes. Kerenski no sabe que en la lucha contra los Comités “usurpadores” en la retaguardia y en el frente tendría que apoyarse en los Kaledin y los Kornílov, y nada más que en ellos, con la particularidad de que, en todo caso, le convendría recordar la suerte que han corrido estos últimos... Estamos persuadidos de que los Comités revolucionarios darán la réplica merecida a esta puñalada traicionera de Kerenski. Expresamos la firme convicción de que los Comités revolucionarios no abandonarán su camino. Y si los caminos del “directorio” y de los Comités revolucionarios divergen definitivamente, tanto peor para él “directorio”. El peligro contrarrevolucionario aun no ha pasado, ¡vivan los Comités revolucionarios!

Editorial publicado el 6 de septiembre de 1917 en el núm. 3 de “Rabochi Put”.