El problema fundamental en la presente situación es el de la guerra. El desbarajuste económico y el problema de las subsistencias, la cuestión de la tierra y la libertad política son partes integrantes del problema general de la guerra. ¿Cuál es la causa del desbarajuste en la cuestión de las subsistencias? - La duración de la guerra, que ha desorganizado el tránsporte y ha dejado sin pan a las ciudades. ¿Cuál es la causa del desbarajuste financiero y económico? - La guerra interminable, que ha exprimido de Rusia todas sus energías y todos sus recursos. ¿Cuál es la causa de las represiones en el frente y en la retaguardia? - La guerra y la política de ofensiva, que exige una “disciplina de hierro”. ¿Cuál es la causa del triunfo de la contrarrevolución burguesa? - Todo el curso de la guerra, que exige millones y más millones, mientras que nuestra burguesía patria, apoyada por la burguesía aliada, se niega a conceder créditos hasta que no se reduzcan a la nada las conquistas fundamentales de la revolución. Etcétera, etcétera. Por eso, resolver el problema de la guerra es, precisamente, resolver todas y cada una de las “crisis” que estrangulan hoy a nuestro país.

Pero ¿cómo puede resolverse ese problema? Rusia tiene delante dos caminos. O la continuación de la guerra y de la “ofensiva” en el frente, en cuyo caso es inevitable la transferencia del Poder a la burguesía contrarrevolucionaria, para obtener dinero mediante empréstitos interiores y exteriores. En ese caso, “salvar” al país significa cubrir los gastos de la guerra a expensas de los obreros y de los campesinos (¡impuestos indirectos!), para satisfacer a los tiburones imperialistas rusos y aliados. O el paso del Poder a manos de los obreros y de los campesinos, la declaración de unas condiciones democráticas de paz y el cese de la guerra, para impulsar adelante la revolución y entregar la tierra a los campesinos, establecer el control obrero sobre la industria y poner orden, a expensas de los beneficios de los capitalistas y de los terratenientes, en la economía nacional, que se está desmoronando. En ese caso, salvar al país significa liberar a los obreros y a los campesinos del peso financiero de la guerra en detrimento de los tiburones imperialistas.

El primer camino lleva a la dictadura de los terratenientes y de los capitalistas sobre los trabajadores, a la imposición al país de gravosísimos impuestos, a la venta de Rusia, por partes, a los capitalistas extranjeros (¡concesiones!) y a la conversión de Rusia en una colonia de Inglaterra, Norteamérica y Francia. El segundo camino inicia la era de la revolución obrera en Occidente, desgarradas redes financieras que envuelven a Rusia, resquebraja los cimientos mismos de la dominación burguesa y desbroza el camino para la verdadera emancipación de Rusia. Tales son los dos caminos que reflejan los intereses de dos clases antagónicas: la burguesía imperialista y el proletariado socialista. No hay otro camino. Conciliar esos dos caminos es tan imposible como conciliar el imperialismo y el socialismo. El camino de las componendas (la coalición) con la burguesía está fatalmente condenado al fracaso. “Coalición sobre la base de una plataforma democrática: ésa es la salida”, escriben los señores defensistas con motivo de la Conferencia de Moscú (“Izvestiá”69). - ¡Mentira, señores conciliadores! Tres veces habéis amañado coaliciones con la burguesía y cada vez os habéis visto ante una nueva “crisis de Poder”.

¿Por qué? Porque el camino de la coalición con la burguesía es un camino falso, que encubre las lacras de la presente situación. Porque la coalición es una palabra vacía o un instrumento en manos de la burguesía imperialista para fortalecer su poder con las manos de los “socialistas”. ¿Acaso el actual gobierno de coalición, que trató de acomodarse entre los dos campos, no se pasó después al lado del imperialismo? ¿Para qué se ha convocado la “Conferencia de Moscú” si no es para consolidar las posiciones de los contrarrevolucionarios y recibir de los “hombres de la tierra” la sanción (¡y créditos!) para este paso? ¿A qué se reduce sino a la consolidación del imperialismo el discurso de Kerenski en la “Conferencia”, con su llamamiento a hacer “sacrificios” y a la “autorrestricción de clase”, en interés, naturalmente, de la “patria” y de la “guerra”? ¿Y la declaración de Prokopóvich de que el gobierno “no tolerará la ingerencia de los obreros (¡el control obrero!) en la administración de las empresas”? ¿Y la declaración de ese mismo ministro de que “el gobierno no emprenderá ninguna reforma radical

en el problema de la tierra”? ¿Y la declaración de Nekrásov de que “el gobierno no consentirá la confiscación de la propiedad privada”? ¿Qué es todo eso sino servir directamente a la causa de la burguesía imperialista? ¿No está claro que la coalición sólo es una careta, buena y ventajosa para los Miliukov y los Riabushinski? ¿No está claro que la política de componendas y de maniobras entre las clases es una política de engaño y embaucamiento de las masas? Sí, señores de la conciliación, ha llegado la hora en que ya no debe haber lugar para las vacilaciones y las componendas. En Moscú se habla ya concretamente de un “complot” de los contrarrevolucionarios. La prensa burguesa recurre al probado medio del chantaje, propalando rumores acerca de la “entrega de Riga”. En un momento como éste hay que elegir. O con el proletariado, o contra él. Al boicotear la “Conferencia”, el proletariado de Petrogrado y de Moscú llama a seguir el camino que salvará realmente a la revolución. Atended su voz o apartaos del camino.

Editorial publicado el 16 de agosto de 1917 en el núm. 2 de “Proletari”.