La cuestión principal de la revolución es la del Poder. El carácter de la revolución, su desarrollo y desenlace están enteramente determinados por el hecho de quién tiene el Poder en sus manos, de qué clase se encuentra en el Poder. La llamada crisis de Poder no es más que la expresión exterior de la lucha de las clases por él. Las épocas revolucionarias se distinguen precisamente porque la lucha por el Poder adquiere en ellas el carácter más agudo y más descarnado. De ahí la crisis “crónica” de Poder en nuestro país, agravada, además, por la guerra, la ruina y el hambre. De ahí el “asombroso hecho de que en nuestros días no se celebre ni una sola “conferencia”, ni un solo “congreso” donde no se discuta la cuestión del Poder. Tampoco pudo eludir esta cuestión la Conferencia Democrática que se celebra en el Teatro de Alejandro. En esta Conferencia se han perfilado dos líneas en la cuestión del Poder. La primera línea es la de una coalición franca con el partido demócrata constitucionalista, propugnada por los defensistas mencheviques y eseristas. En la Conferencia la ha defendido el acérrimo conciliador Tsereteli.

La segunda línea es la de una ruptura radical con el partido demócrata constitucionalista, propugnada por nuestro Partido y por los internacionalistas eseristas y mencheviques. En la Conferencia la ha defendido Kámenev. La primera línea conduce a la afirmación del Poder de la burguesía imperialista sobre el pueblo, pues la experiencia del gobierno de coalición ha demostrado que la coalición con los demócratas constitucionalistas es el dominio del terrateniente sobre el campesino, al que no se da tierra; el dominio del capitalista sobre el obrero, al que se condena al paro; el dominio de la minoría sobre la mayoría, a la que se deja a merced de la guerra y del desbarajuste económico, del hambre y de la ruina. La segunda línea conduce a la afirmación del Poder del pueblo sobre los terratenientes y los capitalistas, pues romper con el partido demócrata constitucionalista significa, precisamente, garantizar la tierra a los campesinos, el control a los obreros y una paz justa a la mayoría trabajadora. La primera línea expresa confianza al gobierno existente y deja en sus manos todo el Poder.

La segunda expresa desconfianza a ese gobierno y lucha por el paso del Poder a los representantes directos de los Soviets Obreros, Campesinos y Soldados. Hay gente que sueña en conciliar estas dos líneas inconciliables. Entre esa gente figura, por ejemplo, Chernov, que en la Conferencia ha intervenido contra los demócratas constitucionalistas, pero en pro de una coalición con los capitalistas, si (!) los capitalistas renuncian (!) a sus intereses. La inconsistencia interna de la “posición” de Chernov es evidente por sí misma, pero lo que importa aquí no es el carácter contradictorio de esta posición, sino que pasa de contrabando la basura tsereteliana acerca de la coalición con el partido demócrata constitucionalista. Porque esa posición abre el camino a Kerenski para que, “partiendo de la plataforma de la Conferencia”, “complete” el gobierno con distintos Burishkin y Kishkin, dispuestos a firmar cualquier plataforma para no cumplirla. Porque esa falsa “posición” facilita a Kerenski la lucha contra los Soviets y los Comités, poniendo en sus manos un arma bajo la forma de un “anteparlamento” consultivo.

La “línea” de Chernov es la misma línea de Tsereteli, pero enmascarada “astutamente”, para cazar en las redes de la “coalición” a algunos incautos. Hay todas las razones para suponer que la Conferencia seguirá a Chernov. Pero la Conferencia no es la última instancia. Las dos líneas arriba expuestas únicamente expresan lo que existe en la vida y en la vida no tenemos un solo Poder, sino dos poderes: el Poder oficial, el Directorio, y el Poder no oficial, los Soviets y los Comités. La lucha entre estos dos poderes -que por ahora es sorda y de la que aun no se ha adquirido conciencia- constituye el rasgo característico del momento. Por lo visto, la Conferencia está llamada a desempeñar el papel de la pesa que ha de inclinar la balanza del Poder en favor del directorio. Pero sepan los señores de la conciliación encubiertos y francos que quien se manifiesta por el directorio afirma el Poder de la burguesía, choca inevitablemente con las masas de obreras y de soldados y tiene que actuar contra los Soviet y los Comités. Los señores de la conciliación no pueden por menos de saber que la última palabra pertenece a los Soviets y a los Comités revolucionarios.

Editorial publicado el 16 de septiembre de 1917 en el núm. 12 de “Rabochi Put”.